{"id":1004,"date":"2013-01-15T13:21:08","date_gmt":"2013-01-15T12:21:08","guid":{"rendered":"http:\/\/arzmadrid.es\/svsc\/wp\/?page_id=1004"},"modified":"2013-01-15T13:21:08","modified_gmt":"2013-01-15T12:21:08","slug":"capitulo-i-dignidad-del-matrimonio-y-de-la-familia","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=1004","title":{"rendered":"Cap\u00edtulo I: Dignidad del Matrimonio y de la Familia"},"content":{"rendered":"<h1 align=\"center\"><span style=\"color: #800080;\"><b>CAP\u00cdTULO I: DIGNIDAD DEL MATRIMONIO Y DE LA FAMILIA<\/b><\/span><\/h1>\n<p align=\"center\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/arzmadrid.es\/svsc\/wp\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/la-familia.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"1005\" data-permalink=\"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?attachment_id=1005\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/la-familia.jpg?fit=800%2C624&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"800,624\" data-comments-opened=\"0\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"la-familia\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-medium-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/la-familia.jpg?fit=300%2C234&amp;ssl=1\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/la-familia.jpg?fit=800%2C624&amp;ssl=1\" class=\"aligncenter size-medium wp-image-1005\" alt=\"la-familia\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/arzmadrid.es\/svsc\/wp\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/la-familia-300x234.jpg?resize=300%2C234\" width=\"300\" height=\"234\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/la-familia.jpg?resize=300%2C234&amp;ssl=1 300w, https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/la-familia.jpg?w=800&amp;ssl=1 800w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>El matrimonio y la familia en el mundo actual<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>47. El bienestar de la persona y de la sociedad humana y cristiana est\u00e1 estrechamente ligado a la prosperidad de la comunidad conyugal y familiar. Por eso los cristianos, junto con todos lo que tienen en gran estima a esta comunidad, se alegran sinceramente de los varios medios que permiten hoy a los hombres avanzar en el fomento de esta comunidad de amor y en el respeto a la vida y que ayudan a los esposos y padres en el cumplimiento de su excelsa misi\u00f3n; de ellos esperan, adem\u00e1s, los mejores resultados y se afanan por promoverlos.<\/p>\n<p>Sin embargo, la dignidad de esta instituci\u00f3n no brilla en todas partes con el mismo esplendor, puesto que est\u00e1 oscurecida por la poligamia, la epidemia del divorcio, el llamado amor libre y otras deformaciones; es m\u00e1s, el amor matrimonial queda frecuentemente profanado por el ego\u00edsmo, el hedonismo y los usos il\u00edcitos contra la generaci\u00f3n. Por otra parte, la actual situaci\u00f3n econ\u00f3mico, social-psicol\u00f3gica y civil son origen de fuertes perturbaciones para la familia. En determinadas regiones del universo, finalmente, se observan con preocupaci\u00f3n los problemas nacidos del incremento demogr\u00e1fico. Todo lo cual suscita angustia en las conciencias. Y, sin embargo, un hecho muestra bien el vigor y la solidez de la instituci\u00f3n matrimonial y familiar: las profundas transformaciones de la sociedad contempor\u00e1nea, a pesar de las dificultades a que han dado origen, con much\u00edsima frecuencia manifiestan, de varios modos, la verdadera naturaleza de tal instituci\u00f3n.<\/p>\n<p>Por tanto el Concilio, con la exposici\u00f3n m\u00e1s clara de algunos puntos capitales de la doctrina de la Iglesia, pretende iluminar y fortalecer a los cristianos y a todos los hombres que se esfuerzan por garantizar y promover la intr\u00ednseca dignidad del estado matrimonial y su valor eximio.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>El car\u00e1cter sagrado del matrimonio y de la familia<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>48. Fundada por el Creador y en posesi\u00f3n de sus propias leyes, la \u00edntima comunidad conyugal de vida y amor se establece sobre la alianza de los c\u00f3nyuges, es decir, sobre su consentimiento personal e irrevocable. As\u00ed, del acto humano por el cual los esposos se dan y se reciben mutuamente, nace, aun ante la sociedad, una instituci\u00f3n confirmada por la ley divina. Este v\u00ednculo sagrado, en atenci\u00f3n al bien tanto de los esposos y de la prole como de la sociedad, no depende de la decisi\u00f3n humana. Pues es el mismo Dios el autor del matrimonio, al cual ha dotado con bienes y fines varios, todo lo cual es de suma importancia para la continuaci\u00f3n del g\u00e9nero humano, para el provecho personal de cada miembro de la familia y su suerte eterna, para la dignidad, estabilidad, paz y prosperidad de la misma familia y de toda la sociedad humana. Por su \u00edndole natural, la instituci\u00f3n del matrimonio y el amor conyugal est\u00e1n ordenados por s\u00ed mismos a la procreaci\u00f3n y a la educaci\u00f3n de la prole, con las que se ci\u00f1en como con su corona propia. De esta manera, el marido y la mujer, que por el pacto conyugal ya no son dos, sino una sola carne (<i>Mt<\/i> 19,6), con la uni\u00f3n \u00edntima de sus personas y actividades se ayudan y se sostienen mutuamente, adquieren conciencia de su unidad y la logran cada vez m\u00e1s plenamente. Esta \u00edntima uni\u00f3n, como mutua entrega de dos personas, lo mismo que el bien de los hijos, exigen plena fidelidad conyugal y urgen su indisoluble unidad.<\/p>\n<p>Cristo nuestro Se\u00f1or bendijo abundantemente este amor multiforme, nacido de la fuente divina de la caridad y que est\u00e1 formado a semejanza de su uni\u00f3n con la Iglesia. Porque as\u00ed como Dios antiguamente se adelant\u00f3 a unirse a su pueblo por una alianza de amor y de fidelidad, as\u00ed ahora el Salvador de los hombres y Esposo de la Iglesia sale al encuentro de los esposos cristianos por medio del sacramento del matrimonio. Adem\u00e1s, permanece con ellos para que los esposos, con su mutua entrega, se amen con perpetua fidelidad, como El mismo am\u00f3 a la Iglesia y se entreg\u00f3 por ella. El genuino amor conyugal es asumido en el amor divino y se rige y enriquece por la virtud redentora de Cristo y la acci\u00f3n salv\u00edfica de la Iglesia para conducir eficazmente a los c\u00f3nyuges a Dios y ayudarlos y fortalecerlos en la sublime misi\u00f3n de la paternidad y la maternidad. Por ello los esposos cristianos, para cumplir dignamente sus deberes de estado, est\u00e1n fortificados y como consagrados por un sacramento especial, con cuya virtud, al cumplir su misi\u00f3n conyugal y familiar, imbuidos del esp\u00edritu de Cristo, que satura toda su vida de fe, esperanza y caridad, llegan cada vez m\u00e1s a su propia perfecci\u00f3n y a su mutua santificaci\u00f3n, y , por tanto, conjuntamente, a la glorificaci\u00f3n de Dios.<\/p>\n<p>Gracias precisamente a los padres, que preceder\u00e1n con el ejemplo y la oraci\u00f3n en familia, los hijos y aun los dem\u00e1s que viven en el c\u00edrculo familiar encontrar\u00e1n m\u00e1s f\u00e1cilmente el camino del sentido humano, de la salvaci\u00f3n y de la santidad. En cuanto a los esposos, ennoblecidos por la dignidad y la funci\u00f3n de padre y de madre, realizar\u00e1n concienzudamente el deber de la educaci\u00f3n, principalmente religiosa, que a ellos, sobre todo, compete.<\/p>\n<p>Los hijos, como miembros vivos de la familia, contribuyen, a su manera, a la santificaci\u00f3n de los padres. Pues con el agradecimiento, la piedad filial y la confianza corresponder\u00e1n a los beneficios recibidos de sus padres y, como hijos, los asistir\u00e1n en las dificultades de la existencia y en la soledad, aceptada con fortaleza de \u00e1nimo, ser\u00e1 honrada por todos. La familia har\u00e1 part\u00edcipes a otras familias, generosamente, de sus riquezas espirituales. As\u00ed es como la familia cristiana, cuyo origen est\u00e1 en el matrimonio, que es imagen y participaci\u00f3n de la alianza de amor entre Cristo y la Iglesia, manifestar\u00e1 a todos la presencia viva del Salvador en el mundo y la aut\u00e9ntica naturaleza de la Iglesia, ya por el amor, la generosa fecundidad, la unidad y fidelidad de los esposos, ya por la cooperaci\u00f3n amorosa de todos sus miembros.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Del amor conyugal<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>49. Muchas veces a los novios y a los casados les invita la palabra divina a que alimenten y fomenten el noviazgo con un casto afecto, y el matrimonio con un amor \u00fanico. Muchos contempor\u00e1neos nuestros exaltan tambi\u00e9n el amor aut\u00e9ntico entre marido y mujer, manifestado de varias maneras seg\u00fan las costumbres honestas de los pueblos y las \u00e9pocas. Este amor, por ser eminentemente humano, ya que va de persona a persona con el afecto de la voluntad, abarca el bien de toda la persona, y , por tanto, es capaz de enriquecer con una dignidad especial las expresiones del cuerpo y del esp\u00edritu y de ennoblecerlas como elementos y se\u00f1ales espec\u00edficas de la amistad conyugal. El Se\u00f1or se ha dignado sanar este amor, perfeccionarlo y elevarlo con el don especial de la gracia y la caridad. Un tal amor, asociando a la vez lo humano y lo divino, lleva a los esposos a un don libre y mutuo de s\u00ed mismos, comprobado por sentimientos y actos de ternura, e impregna toda su vida; m\u00e1s a\u00fan, por su misma generosa actividad crece y se perfecciona. Supera, por tanto, con mucho la inclinaci\u00f3n puramente er\u00f3tica, que, por ser cultivo del ego\u00edsmo, se desvanece r\u00e1pida y lamentablemente.<\/p>\n<p>Esta amor se expresa y perfecciona singularmente con la acci\u00f3n propia del matrimonio. Por ello los actos con los que los esposos se unen \u00edntima y castamente entre s\u00ed son honestos y dignos, y, ejecutados de manera verdaderamente humana, significan y favorecen el don rec\u00edproco, con el que se enriquecen mutuamente en un clima de gozosa gratitud. Este amor, ratificado por la mutua fidelidad y, sobre todo, por el sacramento de Cristo, es indisolublemente fiel, en cuerpo y mente, en la prosperidad y en la adversidad, y, por tanto, queda excluido de \u00e9l todo adulterio y divorcio. El reconocimiento obligatorio de la igual dignidad personal del hombre y de la mujer en el mutuo y pleno amor evidencia tambi\u00e9n claramente la unidad del matrimonio confirmada por el Se\u00f1or. Para hacer frente con constancia a las obligaciones de esta vocaci\u00f3n cristiana se requiere una insigne virtud; por eso los esposos, vigorizados por la gracia para la vida de santidad, cultivar\u00e1n la firmeza en el amor, la magnanimidad de coraz\u00f3n y el esp\u00edritu de sacrificio, pidi\u00e9ndolos asiduamente en la oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Se apreciar\u00e1 m\u00e1s hondamente el genuino amor conyugal y se formar\u00e1 una opini\u00f3n p\u00fablica sana acerca de \u00e9l si los esposos cristianos sobresalen con el testimonio de su fidelidad y armon\u00eda en el mutuo amor y en el cuidado por la educaci\u00f3n de sus hijos y si participan en la necesaria renovaci\u00f3n cultural, psicol\u00f3gica y social en favor del matrimonio y de la familia. Hay que formar a los j\u00f3venes, a tiempo y convenientemente, sobre la dignidad, funci\u00f3n y ejercicio del amor conyugal, y esto preferentemente en el seno de la misma familia. As\u00ed, educados en el culto de la castidad, podr\u00e1n pasar, a la edad conveniente, de un honesto noviazgo al matrimonio.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Fecundidad del matrimonio<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>50. El matrimonio y el amor conyugal est\u00e1n ordenados por su propia naturaleza a la procreaci\u00f3n y educaci\u00f3n de la prole. Los hijos son, sin duda, el don m\u00e1s excelente del matrimonio y contribuyen sobremanera al bien de los propios padres. El mismo Dios, que dijo: \u00abNo es bueno que el hombre est\u00e9 solo\u00bb (<i>Gen<\/i> 2,18), y que \u00abdesde el principio &#8230; hizo al hombre var\u00f3n y mujer\u00bb (<i>Mt<\/i> 19,4), queriendo comunicarle una participaci\u00f3n especial en su propia obra creadora, bendijo al var\u00f3n y a la mujer diciendo: \u00abCreced y multiplicaos\u00bb (<i>Gen<\/i> 1,28). De aqu\u00ed que el cultivo aut\u00e9ntico del amor conyugal y toda la estructura de la vida familiar que de \u00e9l deriva, sin dejar de lado los dem\u00e1s fines del matrimonio, tienden a capacitar a los esposos para cooperar con fortaleza de esp\u00edritu con el amor del Creador y del Salvador, quien por medio de ellos aumenta y enriquece diariamente a su propia familia.<\/p>\n<p>En el deber de transmitir la vida humana y de educarla, lo cual hay que considerar como su propia misi\u00f3n, los c\u00f3nyuges saben que son cooperadores del amor de Dios Creador y como sus int\u00e9rpretes. Por eso, con responsabilidad humana y cristiana cumplir\u00e1n su misi\u00f3n y con d\u00f3cil reverencia hacia Dios se esforzar\u00e1n ambos, de com\u00fan acuerdo y com\u00fan esfuerzo, por formarse un juicio recto, atendiendo tanto a su propio bien personal como al bien de los hijos, ya nacidos o todav\u00eda por venir, discerniendo las circunstancias de los tiempos y del estado de vida tanto materiales como espirituales, y, finalmente, teniendo en cuanta el bien de la comunidad familiar, de la sociedad temporal y de la propia Iglesia. Este juicio, en \u00faltimo t\u00e9rmino, deben formarlo ante Dios los esposos personalmente. En su modo de obrar, los esposos cristianos sean conscientes de que no pueden proceder a su antojo, sino que siempre deben regirse por la conciencia, lo cual ha de ajustarse a la ley divina misma, d\u00f3ciles al Magisterio de la Iglesia, que interpreta aut\u00e9nticamente esta ley a la luz del Evangelio. Dicha ley divina muestra el pleno sentido del amor conyugal, lo protege e impulsa a la perfecci\u00f3n genuinamente humana del mismo. As\u00ed, los esposos cristianos, confiados en la divina Providencia cultivando el esp\u00edritu de sacrificio, glorifican al Creador y tienden a la perfecci\u00f3n en Cristo cuando con generosa, humana y cristiana responsabilidad cumplen su misi\u00f3n procreadora. Entre los c\u00f3nyuges que cumplen de este modo la misi\u00f3n que Dios les ha confiado, son dignos de menci\u00f3n muy especial los que de com\u00fan acuerdo, bien ponderado, aceptan con magnanimidad una prole m\u00e1s numerosa para educarla dignamente.<\/p>\n<p>Pero el matrimonio no ha sido instituido solamente para la procreaci\u00f3n, sino que la propia naturaleza del v\u00ednculo indisoluble entre las personas y el bien de la prole requieren que tambi\u00e9n el amor mutuo de los esposos mismos se manifieste, progrese y vaya madurando ordenadamente. Por eso, aunque la descendencia, tan deseada muchas veces, falte, sigue en pie el matrimonio como intimidad y comuni\u00f3n total de la vida y conserva su valor e indisolubilidad.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>El amor conyugal debe compaginarse\u00a0<\/i><\/b><b><i>con el respeto a la vida humana<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>51. El Concilio sabe que los esposos, al ordenar armoniosamente su vida conyugal, con frecuencia se encuentran impedidos por algunas circunstancias actuales de la vida, y pueden hallarse en situaciones en las que el n\u00famero de hijos, al manos por ciento tiempo, no puede aumentarse, y el cultivo del amor fiel y la plena intimidad de vida tienen sus dificultades para mantenerse. Cuando la intimidad conyugal se interrumpe, puede no raras veces correr riesgos la fidelidad y quedar comprometido el bien de la prole, porque entonces la educaci\u00f3n de los hijos y la fortaleza necesaria para aceptar los que vengan quedan en peligro.<\/p>\n<p>Hay quienes se atreven a dar soluciones inmorales a estos problemas; m\u00e1s a\u00fan, ni siquiera retroceden ante el homicidio; la Iglesia, sin embargo, recuerda que no puede hacer contradicci\u00f3n verdadera entre las leyes divinas de la transmisi\u00f3n obligatoria de la vida y del fomento del genuino amor conyugal.<\/p>\n<p>Pues Dios, Se\u00f1or de la vida, ha confiado a los hombres la insigne misi\u00f3n de conservar la vida, misi\u00f3n que ha de llevarse a cabo de modo digno del hombre. Por tanto, la vida desde su concepci\u00f3n ha de ser salvaguardada con el m\u00e1ximo cuidado; el aborto y el infanticidio son cr\u00edmenes abominables. La \u00edndole sexual del hombre y la facultad generativa humana superan admirablemente lo que de esto existe en los grados inferiores de vida; por tanto, los mismos actos propios de la vida conyugal, ordenados seg\u00fan la genuina dignidad humana, deben ser respetados con gran reverencia. Cuando se trata, pues, de conjugar el amor conyugal con la responsable transmisi\u00f3n de la vida, la \u00edndole moral de la conducta no depende solamente de la sincera intenci\u00f3n y apreciaci\u00f3n de los motivos, sino que debe determinarse con criterios objetivos tomados de la naturaleza de la persona y de sus actos, criterios que mantienen \u00edntegro el sentido de la mutua entrega y de la humana procreaci\u00f3n, entretejidos con el amor verdadero; esto es imposible sin cultivar sinceramente la virtud de la castidad conyugal. No es l\u00edcito a los hijos de la Iglesia, fundados en estos principios, ir por caminos que el Magisterio, al explicar la ley divina reprueba sobre la regulaci\u00f3n de la natalidad.<\/p>\n<p>Tengan todos entendido que la vida de los hombres y la misi\u00f3n de transmitirla no se limita a este mundo, ni puede ser conmensurada y entendida a este solo nivel, sino que siempre mira el destino eterno de los hombres.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>El progreso del matrimonio y de la familia, obra de todos<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>52. La familia es escuela del m\u00e1s rico humanismo. Para que pueda lograr la plenitud de su vida y misi\u00f3n se requieren un clima de ben\u00e9vola comunicaci\u00f3n y uni\u00f3n de prop\u00f3sitos entre los c\u00f3nyuges y una cuidadosa cooperaci\u00f3n de los padres en la educaci\u00f3n de los hijos. La activa presencia del padre contribuye sobremanera a la formaci\u00f3n de los hijos; pero tambi\u00e9n debe asegurarse el cuidado de la madre en el hogar, que necesitan principalmente los ni\u00f1os menores, sin dejar por eso a un lado la leg\u00edtima promoci\u00f3n social de la mujer. La educaci\u00f3n de los hijos ha de ser tal, que al llegar a la edad adulta puedan, con pleno sentido de la responsabilidad, seguir la vocaci\u00f3n, aun la sagrada, y escoger estado de vida; y si \u00e9ste es el matrimonio, puedan fundar una familia propia en condiciones morales, sociales y econ\u00f3micas adecuadas. Es propio de los padres o de los tutores guiar a los j\u00f3venes con prudentes consejos, que ellos deben o\u00edr con gusto, al tratar de fundar una familia, evitando, sin embargo, toda coacci\u00f3n directa o indirecta que les lleve a casarse o a elegir determinada persona.<\/p>\n<p>As\u00ed, la familia, en la que distintas generaciones coinciden y se ayudan mutuamente a lograr una mayor sabidur\u00eda y a armonizar los derechos de las personas con las dem\u00e1s exigencias de la vida social, constituye el fundamente de la sociedad. Por ello todos los que influyen en las comunidades y grupos sociales deben contribuir eficazmente al progreso del matrimonio y de la familia. El poder civil ha de considerar obligaci\u00f3n suya sagrada reconocer la verdadera naturaleza del matrimonio y de la familia, protegerla y ayudarla, asegurar la moralidad p\u00fablica y favorecer la prosperidad dom\u00e9stica. Hay que salvaguardar el derecho de los padres a procrear y a educar en el seno de la familia a sus hijos. Se debe proteger con legislaci\u00f3n adecuada y diversas instituciones y ayudar de forma suficiente a aquellos que desgraciadamente carecen del bien de una familia propia.<\/p>\n<p>Los cristianos, rescatando el tiempo presente y distinguiendo lo eterno de lo pasajero, promuevan con diligencia los bienes del matrimonio y de la familia as\u00ed con el testimonio de la propia vida como con la acci\u00f3n concorde con los hombres de buena voluntad, y de esta forma, suprimidas las dificultades, satisfar\u00e1n las necesidades de la familia y las ventajas adecuadas a los nuevos tiempos. Para obtener este fin ayudar\u00e1n mucho el sentido cristiano de los fieles, la recta conciencia moral de los hombres y la sabidur\u00eda y competencia de las personas versadas en las ciencias sagradas.<\/p>\n<p>Los cient\u00edficos, principalmente los bi\u00f3logos, los m\u00e9dicos, los soci\u00f3logos y los psic\u00f3logos, pueden contribuir mucho al bien del matrimonio y de la familia y a la paz de las conciencias si se esfuerzan por aclarar m\u00e1s a fondo, con estudios convergentes, las diversas circunstancias favorables a la honesta ordenaci\u00f3n de la procreaci\u00f3n humana.<\/p>\n<p>Pertenece a los sacerdotes, debidamente preparados en el tema de la familia, fomentar la vocaci\u00f3n de los esposos en la vida conyugal y familiar con distintos medios pastorales, con la predicaci\u00f3n de la palabra de Dios, con el culto lit\u00fargico y otras ayudas espirituales; fortalecerlos humana y pacientemente en las dificultades y confortarlos en la caridad para que formen familias realmente espl\u00e9ndidas.<\/p>\n<p>Las diversas obras, especialmente las asociaciones familiares, pondr\u00e1n todo el empe\u00f1o posible en instruir a los j\u00f3venes y a los c\u00f3nyuges mismos, principalmente a los reci\u00e9n casados, en la doctrina y en la acci\u00f3n y en formarlos para la vida familiar, social y apost\u00f3lica.<\/p>\n<p>Los propios c\u00f3nyuges, finalmente, hechos a imagen de Dios vivo y constituidos en el verdadero orden de personas, vivan unidos, con el mismo cari\u00f1o, modo de pensar id\u00e9ntico y mutua santidad, para que, habiendo seguido a Cristo, principio de vida, en los gozos y sacrificios de su vocaci\u00f3n por medio de su fiel amor, sean testigos de aquel misterio de amor que el Se\u00f1or con su muerte y resurrecci\u00f3n revel\u00f3 al mundo.<\/p>\n<div class=\"sharelinks\" style=\"\">\n\t<a title=\"Cap\u00edtulo I: Dignidad del Matrimonio y de la Familia\" rel=\"nofollow\" target=\"_blank\" href=\"http:\/\/www.facebook.com\/sharer.php?u=https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=1004\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"56\" height=\"20\" alt=\"facebook\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/plugins\/facebook-google-twitter-share\/images\/facebook.png?resize=56%2C20&#038;ssl=1\"><\/a>\n\t<a title=\"Cap\u00edtulo I: Dignidad del Matrimonio y de la Familia\" rel=\"nofollow\" target=\"_blank\" href=\"https:\/\/plus.google.com\/share?url=https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=1004\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"60\" height=\"20\" alt=\"google plus\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/plugins\/facebook-google-twitter-share\/images\/googleplus.png?resize=60%2C20&#038;ssl=1\"><\/a>\n\t<a title=\"Cap\u00edtulo I: Dignidad del Matrimonio y de la Familia\" Nagar\" rel=\"nofollow\" target=\"_blank\" href=\"http:\/\/twitter.com\/home?status=Cap\u00edtulo I: Dignidad del Matrimonio y de la Familia https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=1004\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"70\" height=\"20\" alt=\"twitter\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/plugins\/facebook-google-twitter-share\/images\/twitter.png?resize=70%2C20&#038;ssl=1\"><\/a>\n\t<\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CAP\u00cdTULO I: DIGNIDAD DEL MATRIMONIO Y DE LA FAMILIA El matrimonio y la familia en el mundo actual 47. El bienestar de la persona y de la sociedad humana y cristiana est\u00e1 estrechamente ligado a la prosperidad de la comunidad conyugal y familiar. Por eso los cristianos, junto con todos lo que tienen en gran &hellip; <\/p>\n<p><a class=\"more-link btn\" href=\"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=1004\">Seguir leyendo<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":1005,"parent":1001,"menu_order":1,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"footnotes":""},"class_list":["post-1004","page","type-page","status-publish","has-post-thumbnail","hentry","nodate","item-wrap"],"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/P2YM3J-gc","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_likes_enabled":false,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/1004","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages"}],"about":[{"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/page"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1004"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/1004\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1006,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/1004\/revisions\/1006"}],"up":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/1001"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/1005"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1004"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}