{"id":1018,"date":"2013-01-15T13:57:27","date_gmt":"2013-01-15T12:57:27","guid":{"rendered":"http:\/\/arzmadrid.es\/svsc\/wp\/?page_id=1018"},"modified":"2013-01-15T13:57:27","modified_gmt":"2013-01-15T12:57:27","slug":"capitulo-v-el-fomento-de-la-paz","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=1018","title":{"rendered":"Cap\u00edtulo V: El Fomento de la Paz"},"content":{"rendered":"<h1 align=\"center\"><span style=\"color: #800080;\"><b>CAP\u00cdTULO V: EL FOMENTO DE LA PAZ Y LA PROMOCI\u00d3N DE LA COMUNIDAD DE LOS PUEBLOS<\/b><\/span><\/h1>\n<p align=\"center\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/arzmadrid.es\/svsc\/wp\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/paloma-2.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"1019\" data-permalink=\"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?attachment_id=1019\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/paloma-2.jpg?fit=800%2C600&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"800,600\" data-comments-opened=\"0\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"paloma-2\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-medium-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/paloma-2.jpg?fit=300%2C225&amp;ssl=1\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/paloma-2.jpg?fit=800%2C600&amp;ssl=1\" class=\"aligncenter size-medium wp-image-1019\" alt=\"paloma-2\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/arzmadrid.es\/svsc\/wp\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/paloma-2-300x225.jpg?resize=300%2C225\" width=\"300\" height=\"225\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/paloma-2.jpg?resize=300%2C225&amp;ssl=1 300w, https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/paloma-2.jpg?w=800&amp;ssl=1 800w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Introducci\u00f3n<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>77. En estos \u00faltimos a\u00f1os, en los que a\u00fan perduran entre los hombres la aflicci\u00f3n y las angustias nacidas de la realidad o de la amenaza de una guerra, la universal familia humana ha llegado en su proceso de madurez a un momento de suprema crisis. Unificada paulatinamente y ya m\u00e1s consciente en todo lugar de su unidad, no puede llevar a cabo la tarea que tiene ante s\u00ed, es decir, construir un mundo m\u00e1s humano para todos los hombres en toda la extensi\u00f3n de la tierra, sin que todos se conviertan con esp\u00edritu renovado a la verdad de la paz. De aqu\u00ed proviene que el mensaje evang\u00e9lico, coincidente con los m\u00e1s profundos anhelos y deseos del g\u00e9nero humano, luzca en nuestros d\u00edas con nuevo resplandor al proclamar bienaventurados a los constructores de la paz, porque ser\u00e1n llamados hijos de Dios (<i>Mt<\/i> 5,9).<\/p>\n<p>Por esto el Concilio, al tratar de la nobil\u00edsima y aut\u00e9ntica noci\u00f3n de la paz, despu\u00e9s de condenar la crueldad de la guerra, pretende hacer un ardiente llamamiento a los cristianos para que con el auxilio de Cristo, autor de la paz, cooperen con todos los hombres a cimentar la paz en la justicia y el amor y a aportar los medios de la paz.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Naturaleza de la paz<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>78. La paz no es la mera ausencia de la guerra, ni se reduce al solo equilibrio de las fuerzas adversarias, ni surge de una hegemon\u00eda desp\u00f3tica, sino que con toda exactitud y propiedad se llama obra de la justicia (<i>Is<\/i> 32, 7). Es el fruto del orden plantado en la sociedad humana por su divino Fundador, y que los hombres, sedientos siempre de una m\u00e1s perfecta justicia, han de llevar a cabo. El bien com\u00fan del g\u00e9nero humano se rige primariamente por la ley eterna, pero en sus exigencias concretas, durante el transcurso del tiempo, est\u00e1 cometido a continuos cambios; por eso la paz jam\u00e1s es una cosa del todo hecha, sino un perpetuo quehacer. Dada la fragilidad de la voluntad humana, herida por el pecado, el cuidado por la paz reclama de cada uno constante dominio de s\u00ed mismo y vigilancia por parte de la autoridad leg\u00edtima.<\/p>\n<p>Esto, sin embargo, no basta. Esta paz en la tierra no se puede lograr si no se asegura el bien de las personas y la comunicaci\u00f3n espont\u00e1nea entre los hombres de sus riquezas de orden intelectual y espiritual. Es absolutamente necesario el firme prop\u00f3sito de respetar a los dem\u00e1s hombres y pueblos, as\u00ed como su dignidad, y el apasionado ejercicio de la fraternidad en orden a construir la paz. As\u00ed, la paz es tambi\u00e9n fruto del amor, el cual sobrepasa todo lo que la justicia puede realizar.<\/p>\n<p>La paz sobre la tierra, nacida del amor al pr\u00f3jimo, es imagen y efecto de la paz de Cristo, que procede de Dios Padre. En efecto, el propio Hijo encarnado, Pr\u00edncipe de la paz, ha reconciliado con Dios a todos los hombres por medio de su cruz, y, reconstituyendo en un solo pueblo y en un solo cuerpo la unidad del g\u00e9nero humano, ha dado muerte al odio en su propia carne y, despu\u00e9s del triunfo de su resurrecci\u00f3n, ha infundido el Esp\u00edritu de amor en el coraz\u00f3n de los hombres.<\/p>\n<p>Por lo cual, se llama insistentemente la atenci\u00f3n de todos los cristianos para que, viviendo con sinceridad en la caridad (<i>Eph<\/i> 4,15), se unan con los hombres realmente pac\u00edficos para implorar y establecer la paz.<\/p>\n<p>Movidos por el mismo Esp\u00edritu, no podemos dejar de alabar a aquellos que, renunciando a la violencia en la exigencia de sus derechos, recurren a los medios de defensa, que, por otra parte, est\u00e1n al alcance incluso de los m\u00e1s d\u00e9biles, con tal que esto sea posible sin lesi\u00f3n de los derechos y obligaciones de otros o de la sociedad.<\/p>\n<p>En la medida en que el hombre es pecador, amenaza y amenazar\u00e1 el peligro de guerra hasta el retorno de Cristo; pero en la medida en que los hombres, unidos por la caridad, triunfen del pecado, pueden tambi\u00e9n reportar la victoria sobre la violencia hasta la realizaci\u00f3n de aquella palabra: De sus espadas forjar\u00e1n arados, y de sus lanzas hoces. Las naciones no levantar\u00e1n ya m\u00e1s la espada una contra otra y jam\u00e1s se llevar\u00e1 a cabo la guerra (<i>Is<\/i> 2,4).<\/p>\n<h2 style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #800080;\"><b>Secci\u00f3n I.- Obligaci\u00f3n de evitar la guerra<\/b><\/span><\/h2>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Hay que frenar la crueldad de las guerras<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>79. A pesar de que las guerras recientes han tra\u00eddo a nuestro mundo da\u00f1os grav\u00edsimos materiales y morales, todav\u00eda a diario en algunas zonas del mundo la guerra contin\u00faa sus devastaciones. Es m\u00e1s, al emplear en la guerra armas cient\u00edficas de todo g\u00e9nero, su crueldad intr\u00ednseca amenaza llevar a los que luchan a tal barbarie, que supere, enormemente la de los tiempos pasados. La complejidad de la situaci\u00f3n actual y el laberinto de las relaciones internaciones permiten prolongar guerras disfrazadas con nuevos m\u00e9todos insidiosos y subversivos. En muchos casos se admite como nuevo sistema de guerra el uso de los m\u00e9todos del terrorismo.<\/p>\n<p>Teniendo presente esta postraci\u00f3n de la humanidad el Concilio pretende recordar ante todo la vigencia permanente del derecho natural de gentes y de sus principios universales. La misma conciencia del g\u00e9nero humano proclama con firmeza, cada vez m\u00e1s, estos principios. Los actos, pues, que se oponen deliberadamente a tales principios y las \u00f3rdenes que mandan tales actos, son criminales y la obediencia ciega no puede excusar a quienes las acatan. Entre estos actos hay que enumerar ante todo aquellos con los que met\u00f3dicamente se extermina a todo un pueblo, raza o minor\u00eda \u00e9tnica: hay que condenar con energ\u00eda tales actos como cr\u00edmenes horrendos; se ha de encomiar, en cambio, al m\u00e1ximo la valent\u00eda de los que no temen oponerse abiertamente a los que ordenan semejantes cosas.<\/p>\n<p>Existen sobre la guerra y sus problemas varios tratados internacionales, suscritos por muchas naciones, para que las operaciones militares y sus consecuencias sean menos inhumanas; tales son los que tratan del destino de los combatientes heridos o prisioneros y otros por el estilo. Hay que cumplir estos tratados; es m\u00e1s, est\u00e1n obligados todos, especialmente las autoridades p\u00fablicas y los t\u00e9cnicos en estas materias, a procurar cuanto puedan su perfeccionamiento, para que as\u00ed se consiga mejor y m\u00e1s eficazmente atenuar la crueldad de las guerras. Tambi\u00e9n parece razonable que las leyes tengan en cuenta, con sentido humano, el caso de los que se niegan a tomar las armas por motivo de conciencia y aceptan al mismo tiempo servir a la comunidad humana de otra forma.<\/p>\n<p>Desde luego, la guerra no ha sido desarraigada de la humanidad. Mientras exista el riesgo de guerra y falte una autoridad internacional competente y provista de medios eficaces, una vez agotados todos los recursos pac\u00edficos de la diplomacia, no se podr\u00e1 negar el derecho de leg\u00edtima defensa a los gobiernos. A los jefes de Estado y a cuantos participan en los cargos de gobierno les incumbe el deber de proteger la seguridad de los pueblos a ellos confiados, actuando con suma responsabilidad en asunto tan grave. Pero una cosa es utilizar la fuerza militar para defenderse con justicia y otra muy distinta querer someter a otras naciones. La potencia b\u00e9lica no legitima cualquier uso militar o pol\u00edtico de ella. Y una vez estallada lamentablemente la guerra, no por eso todo es l\u00edcito entre los beligerantes.<\/p>\n<p>Los que, al servicio de la patria, se hallan en el ejercicio, consid\u00e9rense instrumentos de la seguridad y libertad de los pueblos, pues desempe\u00f1ando bien esta funci\u00f3n contribuyen realmente a estabilizar la paz.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>La guerra total<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>80. El horror y la maldad de la guerra se acrecientan inmensamente con el incremento de las armas cient\u00edficas. Con tales armas, las operaciones b\u00e9licas pueden producir destrucciones enormes e indiscriminadas, las cuales, por tanto, sobrepasan excesivamente los l\u00edmites de la leg\u00edtima defensa. Es m\u00e1s, si se empleasen a fondo estos medios, que ya se encuentran en los dep\u00f3sitos de armas de las grandes naciones, sobrevendr\u00eda la matanza casi plena y totalmente rec\u00edproca de parte a parte enemiga, sin tener en cuanta las mil devastaciones que parecer\u00edan en el mundo y los perniciosos efectos nacidos del uso de tales armas.<\/p>\n<p>Todo esto nos obliga a examinar la guerra con mentalidad totalmente nueva. Sepan los hombres de hoy que habr\u00e1n de dar muy seria cuanta de sus acciones b\u00e9licas. Pues de sus determinaciones presentes depender\u00e1 en gran parte el curso de los tiempos venideros.<\/p>\n<p>Teniendo esto es cuenta, este Concilio, haciendo suyas las condenaciones de la guerra mundial expresadas por los \u00faltimos Sumos Pont\u00edfices, declara:<\/p>\n<p>Toda acci\u00f3n b\u00e9lica que tienda indiscriminadamente a la destrucci\u00f3n de ciudades enteras o de extensas regiones junto con sus habitantes, es un crimen contra Dios y la humanidad que hay que condenar con firmeza y sin vacilaciones.<\/p>\n<p>El riesgo caracter\u00edstico de la guerra contempor\u00e1nea est\u00e1 en que da ocasi\u00f3n a los que poseen las recientes armas cient\u00edficas para cometer tales delitos y con cierta inexorable conexi\u00f3n puede empujar las voluntades humanas a determinaciones verdaderamente horribles. Para que esto jam\u00e1s suceda en el futuro, los obispos de toda la tierra reunidos aqu\u00ed piden con insistencia a todos, principalmente a los jefes de Estado y a los altos jefes del ej\u00e9rcito, que consideren incesantemente tan gran responsabilidad ante Dios y ante toda la humanidad.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>La carrera de armamentos<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>81. Las armas cient\u00edficas no se acumulan exclusivamente para el tiempo de guerra. Puesto que la seguridad de la defensa se juzga que depende de la capacidad fulminante de rechazar al adversario, esta acumulaci\u00f3n de armas, que se agrava por a\u00f1os, sirve de manera ins\u00f3lita para aterrar a posibles adversarios. Muchos la consideran como el m\u00e1s eficaz de todos los medios para asentar firmemente la paz entre las naciones.<\/p>\n<p>Sea lo que fuere de este sistema de disuasi\u00f3n, conv\u00e9nzanse los hombres de que la carrera de armamentos, a la que acuden tantas naciones, no es camino seguro para conservar firmemente la paz, y que el llamado equilibrio de que ella proviene no es la paz segura y aut\u00e9ntica. De ah\u00ed que no s\u00f3lo no se eliminan las causas de conflicto, sino que m\u00e1s bien se corre el riesgo de agravarlas poco a poco. Al gastar inmensas cantidades en tener siempre a punto nuevas armas, no se pueden remediar suficientemente tantas miserias del mundo entero. En vez de resta\u00f1ar verdadera y radicalmente las disensiones entre las naciones, otras zonas del mundo quedan afectadas por ellas. Hay que elegir nuevas rutas que partan de una renovaci\u00f3n de la mentalidad para eliminar este esc\u00e1ndalo y poder restablecer la verdadera paz, quedando el mundo liberado de la ansiedad que le oprime.<\/p>\n<p>Por lo tanto, hay que declarar de nuevo: la carrera de armamentos es la plaga m\u00e1s grave de la humanidad y perjudica a los pobres de manera intolerable. Hay que temer seriamente que, si perdura, engendre todos los estragos funestos cuyos medios ya prepara.<\/p>\n<p>Advertidos de las calamidades que el g\u00e9nero humano ha hecho posibles, empleemos la pausa de que gozamos, concedida de lo Alto, para, con mayor conciencia de la propia responsabilidad, encontrar caminos que solucionen nuestras diferencias de un modo m\u00e1s digno del hombre. La Providencia divina nos pide insistentemente que nos liberemos de la antigua esclavitud de la guerra. Si renunci\u00e1ramos a este intento, no sabemos a d\u00f3nde nos llevar\u00e1 este mal camino por el que hemos entrado.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Prohibici\u00f3n absoluta de la guerra.\u00a0<\/i><\/b><b><i>La acci\u00f3n internacional para evitar la guerra<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>82. Bien claro queda, por tanto, que debemos procurar con todas nuestras fuerzas preparar un \u00e9poca en que, por acuerdo de las naciones, pueda ser absolutamente prohibida cualquier guerra. Esto requiere el establecimiento de una autoridad p\u00fablica universal reconocida por todos, con poder eficaz para garantizar la seguridad, el cumplimiento de la justicia y el respeto de los derechos. Pero antes de que se pueda establecer tan deseada autoridad es necesario que las actuales asociaciones internacionales supremas se dediquen de lleno a estudiar los medios m\u00e1s aptos para la seguridad com\u00fan. La paz ha de nacer de la mutua confianza de los pueblos y no debe ser impuesta a las naciones por el terror de las armas; por ello, todos han de trabajar para que la carrera de armamentos cese finalmente, para que comience ya en realidad la reducci\u00f3n de armamentos, no unilateral, sino simult\u00e1nea, de mutuo acuerdo, con aut\u00e9nticas y eficaces garant\u00edas.<\/p>\n<p>No hay que despreciar, entretanto, los intentos ya realizados y que a\u00fan se llevan a cabo para alejar el peligro de la guerra. M\u00e1s bien hay que ayudar la buena voluntad de much\u00edsimos que, aun agobiados por las enormes preocupaciones de sus altos cargos, movidos por el grav\u00edsimo deber que les acucia, se esfuerzan, por eliminar la guerra, que aborrecen, aunque no pueden prescindir de la complejidad inevitable de las cosas. Hay que pedir con insistencia a Dios que les d\u00e9 fuerzas para perseverar en su intento y llevar a cabo con fortaleza esta tarea de sumo amor a los hombres, con la que se construye virilmente la paz. Lo cual hoy exige de ellos con toda certeza que ampl\u00eden su mente m\u00e1s all\u00e1 de las fronteras de la propia naci\u00f3n, renuncien al ego\u00edsmo nacional ya a la ambici\u00f3n de dominar a otras naciones, alimenten un profundo respeto por toda la humanidad, que corre ya, aunque tan laboriosamente, hacia su mayor unidad.<\/p>\n<p>Acerca de los problemas de la paz y del desarme, los sondeos y conversaciones diligente e ininterrumpidamente celebrados y los congresos internacionales que han tratado de este asunto deben ser considerados como los primeros pasos para solventar temas tan espinosos y serios, y hay que promoverlos con mayor urgencia en el futuro para obtener resultados pr\u00e1cticos. Sin embargo, hay que evitar el confiarse s\u00f3lo en los conatos de unos pocos, sin preocuparse de la reforma en la propia mentalidad. Pues los que gobiernan a los pueblos, que son garantes del bien com\u00fan de la propia naci\u00f3n y al mismo tiempo promotores del bien de todo el mundo, dependen enormemente de las opiniones y de los sentimientos de las multitudes. Nada les aprovecha trabajar en la construcci\u00f3n de la paz mientras los sentimientos de hostilidad, de menos precio y de desconfianza, los odios raciales y las ideolog\u00edas obstinadas, dividen a los hombres y los enfrentan entre s\u00ed. Es de suma urgencia proceder a una renovaci\u00f3n en la educaci\u00f3n de la mentalidad y a una nueva orientaci\u00f3n en la opini\u00f3n p\u00fablica. Los que se entregan a la tarea de la educaci\u00f3n, principalmente de la juventud, o forman la opini\u00f3n p\u00fablica, tengan como grav\u00edsima obligaci\u00f3n la preocupaci\u00f3n de formar las mentes de todos en nuevos sentimientos pac\u00edficos. Tenemos todos que cambiar nuestros corazones, con los ojos puestos en el orbe entero y en aquellos trabajos que toso juntos podemos llevar a cabo para que nuestra generaci\u00f3n mejore.<\/p>\n<p>Que no nos enga\u00f1e una falsa esperanza. Pues, si no se establecen en el futuro tratados firmes y honestos sobre la paz universal una vez depuestos los odios y las enemistades, la humanidad, que ya est\u00e1 en grave peligro, aun a pesar de su ciencia admirable, quiz\u00e1 sea arrastrada funestamente a aquella hora en la que no habr\u00e1 otra paz que la paz horrenda de la muerte. Pero, mientras dice todo esto, la Iglesia de Cristo, colocada en medio de la ansiedad de hoy, no cesa de esperar firmemente. A nuestra \u00e9poca, una y otra vez, oportuna e importunamente, quiere proponer el mensaje apost\u00f3lico:<i>Este es el tiempo aceptable<\/i> para que cambien los corazones, <i>\u00e9ste es el d\u00eda de la salvaci\u00f3n<\/i>.<\/p>\n<h2 style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #800080;\"><b>Secci\u00f3n 2.- Edificar la comunidad internacional<\/b><\/span><\/h2>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Causas y remedios de las discordias<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>83. Para edificar la paz se requiere ante todo que se desarraiguen las causas de discordia entre los hombres, que son las que alimentan las guerras. Entre esas causas deben desaparecer principalmente las injusticias. No pocas de \u00e9stas provienen de las excesivas desigualdades econ\u00f3micas y de la lentitud en la aplicaci\u00f3n de las soluciones necesarias. Otras nacen del deseo de dominio y del desprecio por las personas, y, si ahondamos en los motivos m\u00e1s profundos, brotan de la envidia, de la desconfianza, de la soberbia y dem\u00e1s pasiones ego\u00edstas. Como el hombre no puede soportar tantas deficiencias en el orden, \u00e9stas hacen que, aun sin haber guerras, el mundo est\u00e9 plagado sin cesar de luchas y violencias entre los hombres. Como, adem\u00e1s, existen los mismos males en las relaciones internacionales, es totalmente necesario que, para vencer y prevenir semejantes males y para reprimir las violencias desenfrenadas, las instituciones internacionales cooperen y se coordinen mejor y m\u00e1s firmemente y se estimule sin descanso la creaci\u00f3n de organismos que promuevan la paz.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>La comunidad de las naciones y las instituciones internacionales<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>84. Dados los lazos tan estrechos y recientes de mutua dependencia que hoy se dan entre todos los ciudadanos y entre todos los pueblos de la tierra, la b\u00fasqueda certera y la realizaci\u00f3n eficaz del bien com\u00fan universal exigen que la comunidad de las naciones se d\u00e9 a s\u00ed misma un ordenamiento que responda a sus obligaciones actuales, teniendo particularmente en cuanta las numerosas regiones que se encuentran a\u00fan hoy en estado de miseria intolerable.<\/p>\n<p>Para lograr estos fines, las instituciones de la comunidad internacional deben, cada una por su parte, proveer a las diversas necesidades de los hombres tanto en el campo de la vida social, alimentaci\u00f3n, higiene, educaci\u00f3n, trabajo, como en m\u00faltiples circunstancias particulares que surgen ac\u00e1 y all\u00e1; por ejemplo, la necesidad general que las naciones en v\u00edas de desarrollo sienten de fomentar el progreso, de remediar en todo el mundo la triste situaci\u00f3n de los refugiados o ayudar a los emigrantes y a sus familias.<\/p>\n<p>Las instituciones internacionales, mundiales o regionales ya existentes son benem\u00e9ritas del g\u00e9nero humano. Son los primeros conatos de echar los cimientos internaciones de toda la comunidad humana para solucionar los grav\u00edsimos problemas de hoy, se\u00f1aladamente para promover el progreso en todas partes y evitar la guerra en cualquiera de sus formas. En todos estos campos, la Iglesia se goza del esp\u00edritu de aut\u00e9ntica fraternidad que actualmente florece entre los cristianos y los no cristianos, y que se esfuerza por intensificar continuamente los intentos de prestar ayuda para suprimir ingentes calamidades.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>La cooperaci\u00f3n internacional en el orden econ\u00f3mico<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>85. La actual uni\u00f3n del g\u00e9nero humano exige que se establezca tambi\u00e9n una mayor cooperaci\u00f3n internacional en el orden econ\u00f3mico. Pues la realidad es que, aunque casi todos los pueblos han alcanzado la independencia, distan mucho de verse libres de excesivas desigualdades y de toda suerte de inadmisibles dependencias, as\u00ed como de alejar de s\u00ed el peligro de las dificultades internas.<\/p>\n<p>El progreso de un pa\u00eds depende de los medios humanos y financieros de que dispone. Los ciudadanos deben prepararse, pro medio de la educaci\u00f3n y de la formaci\u00f3n profesional, al ejercicio de las diversas funciones de la vida econ\u00f3mica y social. Para esto se requiere la colaboraci\u00f3n de expertos extranjeros que en su actuaci\u00f3n se comporten no como dominadores, sino como auxiliares y cooperadores. La ayuda material a los pa\u00edses en v\u00edas de desarrollo no podr\u00e1 prestarse si no se operan profundos cambios en las estructuras actuales del comercio mundial. Los pa\u00edses desarrollados deber\u00e1n prestar otros tipos de ayuda, en forma de donativos, pr\u00e9stamos o inversi\u00f3n de capitales; todo lo cual ha de hacerse con generosidad y sin ambici\u00f3n por parte del que ayuda y con absoluta honradez por parte del que recibe tal ayuda.<\/p>\n<p>Para establecer un aut\u00e9ntico orden econ\u00f3mico universal hay que acabar con las pretensiones de lucro excesivo, las ambiciones nacionalistas, el af\u00e1n de dominaci\u00f3n pol\u00edtica, los c\u00e1lculos de car\u00e1cter militarista y las maquinaciones para difundir e imponer las ideolog\u00edas. Son muchos los sistemas econ\u00f3micos y sociales que hoy se proponen; es de desear que los expertos sepan encontrar en ellos los principios b\u00e1sicos comunes de un sano comercio mundial. Ello ser\u00e1 f\u00e1cil si todos y cada uno deponen sus prejuicios y se muestran dispuestos a un di\u00e1logo sincero.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Algunas normas oportunas<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>86. Para esta cooperaci\u00f3n parecen oportunas las normas siguientes:<\/p>\n<p>a) Los pueblos que est\u00e1n en v\u00edas de desarrollo entiendan bien que han de buscar expresa y firmemente, como fin propio del progreso, la plena perfecci\u00f3n humana de sus ciudadanos. Tengan presente que el progreso surge y se acrecienta principalmente por medio del trabajo y la preparaci\u00f3n de los propios pueblos, progreso que debe ser impulsado no s\u00f3lo con las ayudas exteriores, sino ante todo con el desenvolvimiento de las propias fuerzas y el cultivo de las dotes y tradiciones propias. En esta tarea deben sobresalir quienes ejercen mayor influjo sobre sus conciudadanos.<\/p>\n<p>b) Por su parte, los pueblos ya desarrollados tienen la obligaci\u00f3n grav\u00edsima de ayudar a los pa\u00edses en v\u00edas de desarrollo a cumplir tales cometidos. Por lo cual han de someterse a las reformas psicol\u00f3gicas y materiales que se requieren para crear esta cooperaci\u00f3n internacional. Busquen as\u00ed, con sumo cuidado en las relaciones comerciales con los pa\u00edses m\u00e1s d\u00e9biles y pobres, el bien de estos \u00faltimos, porque tales pueblos necesitan para su propia sustentaci\u00f3n los beneficios que logran con la venta de sus mercanc\u00edas.<\/p>\n<p>c) Es deber de la comunidad internacional regular y estimular el desarrollo de forma que los bienes a este fin destinados sean invertidos con la mayor eficacia y equidad. Pertenece tambi\u00e9n a dicha comunidad, salvado el principio de la acci\u00f3n subsidiaria, ordenar las relaciones econ\u00f3micas en todo el mundo para que se ajusten a la justicia. F\u00fandense instituciones capaces de promover y de ordenar el comercio internacional, en particular con las naciones menos desarrolladas, y de compensar los desequilibrios que proceden de la excesiva desigualdad de poder entre las naciones. Esta ordenaci\u00f3n, unida a otras ayudas de tipo t\u00e9cnico, cultural o monetario, debe ofrecer los recursos necesarios a los pa\u00edses que caminan hacia el progreso, de forma que puedan lograr convenientemente el desarrollo de su propia econom\u00eda.<\/p>\n<p>d) En muchas ocasiones urge la necesidad de revisar las estructuras econ\u00f3micas y sociales; pero hay que prevenirse frente a soluciones t\u00e9cnicas poco ponderadas y sobre todo aquellas que ofrecen al hombre ventajas materiales, pero se oponen a la naturaleza y al perfeccionamiento espiritual del hombre. Pues no s\u00f3lo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios (<i>Mt<\/i>4,4). Cualquier parcela de la familia humana, tanto en s\u00ed misma como en sus mejores tradiciones, lleva consigo algo del tesoro espiritual confiado por Dios a la humanidad, aunque muchos desconocen su origen.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Cooperaci\u00f3n internacional en lo tocante al crecimiento demogr\u00e1fico<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>87. Es sobremanera necesaria la cooperaci\u00f3n internacional en favor de aquellos pueblos que actualmente con harta frecuencia, aparte de otras muchas dificultades, se ven agobiados por la que proviene del r\u00e1pido aumento de su poblaci\u00f3n. Urge la necesidad de que, por medio de una plena e intensa cooperaci\u00f3n de todos los pa\u00edses, pero especialmente de los m\u00e1s ricos, se halle el modo de disponer y de facilitar a toda la comunidad humana aquellos bienes que son necesarios para el sustento y para la conveniente educaci\u00f3n del hombre. Son varios los pa\u00edses que podr\u00edan mejorar mucho sus condiciones de vida si pasaran, dotados de la conveniente ense\u00f1anza, de m\u00e9todos agr\u00edcolas arcaicos al empleo de las nuevas t\u00e9cnicas, aplic\u00e1ndolas con la debida prudencia a sus condiciones particulares una vez que se haya establecido un mejor orden social y se haya distribuido m\u00e1s equitativamente la propiedad de las tierras.<\/p>\n<p>Los gobiernos respectivos tienen derechos y obligaciones, en lo que toca a los problemas de su propia poblaci\u00f3n, dentro de los l\u00edmites de su espec\u00edfica competencia. Tales son, por ejemplo, la legislaci\u00f3n social y la familiar, la emigraci\u00f3n del campo a la ciudad, la informaci\u00f3n sobre la situaci\u00f3n y necesidades del pa\u00eds. Como hoy la agitaci\u00f3n que en torno a este problema sucede a los esp\u00edritus es tan intensa, es de desear que los cat\u00f3licos expertos en todas estas materias, particularmente en las universidades, contin\u00faen con intensidad los estudios comenzados y los desarrollen cada vez m\u00e1s.<\/p>\n<p>Dado que muchos afirman que el crecimiento de la poblaci\u00f3n mundial, o al menos el de algunos pa\u00edses, debe frenarse por todos los medios y con cualquier tipo de intervenci\u00f3n de la autoridad p\u00fablica, el Concilio exhorta a todos a que se prevenga frente a las soluciones, propuestas en privado o en p\u00fablico y a veces impuestas, que contradicen a la moral. Porque, conforme al inalienable derecho del hombre al matrimonio y a la procreaci\u00f3n, la decisi\u00f3n sobre el n\u00famero de hijos depende del recto juicio de los padres, y de ning\u00fan modo puede someterse al criterio de la autoridad p\u00fablica. Y como el juicio de los padres requiere como presupuesto una conciencia rectamente formada, es de gran importancia que todos puedan cultivar una recta y aut\u00e9nticamente humana responsabilidad que tenga en cuanta la ley divina, consideradas las circunstancias de la realidad y de la \u00e9poca. Pero esto exige que se mejoren en todas partes las condiciones pedag\u00f3gicas y sociales y sobre todo que se d\u00e9 una formaci\u00f3n religiosa o, al menos, una \u00edntegra educaci\u00f3n moral. D\u00e9se al hombre tambi\u00e9n conocimiento sabiamente cierto de los progresos cient\u00edficos con el estudio de los m\u00e9todos que pueden ayudar a los c\u00f3nyuges en la determinaci\u00f3n del n\u00famero de hijos, m\u00e9todos cuya seguridad haya sido bien comprobada y cuya concordancia con el orden moral est\u00e9 demostrada.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Misi\u00f3n de los cristianos en la cooperaci\u00f3n internacional<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>88. Cooperen gustosamente y de coraz\u00f3n los cristianos en la edificaci\u00f3n del orden internacional con la observancia aut\u00e9ntica de las leg\u00edtimas libertades y la amistosa fraternidad con todos, tanto m\u00e1s cuanto que la mayor parte de la humanidad sufre todav\u00eda tan grandes necesidades, que con raz\u00f3n puede decirse que es el propio Cristo quien en los pobres levanta su voz para despertar la caridad de sus disc\u00edpulos. Que no sirva de esc\u00e1ndalo a la humanidad el que algunos pa\u00edses, generalmente los que tienen una poblaci\u00f3n cristiana sensiblemente mayoritaria, disfrutan de la opulencia, mientras otros se ven privados de lo necesario para la vida y viven atormentados por el hambre, las enfermedades y toda clase de miserias. El esp\u00edritu de pobreza y de caridad son gloria y testimonio de la Iglesia de Cristo.<\/p>\n<p>Merecen, pues, alabanza y ayuda aquellos cristianos, en especial j\u00f3venes, que se ofrecen voluntariamente para auxiliar a los dem\u00e1s hombres y pueblos. M\u00e1s a\u00fan, es deber del Pueblo de Dios, y los primeros los Obispos, con su palabra y ejemplo, el socorrer, en la medida de sus fuerzas, las miserias de nuestro tiempo y hacerlo, como era ante costumbre en la Iglesia, no s\u00f3lo con los bienes superfluos, sino tambi\u00e9n con los necesarios.<\/p>\n<p>El modo concreto de las colectas y de los repartos, sin que tenga que ser regulado de manera r\u00edgida y uniforme, ha de establecerse, sin embargo, de modo conveniente en los niveles diocesano, nacional y mundial, unida, siempre que parezca oportuno, la acci\u00f3n de los cat\u00f3licos con la de los dem\u00e1s hermanos cristianos. Porque el esp\u00edritu de caridad en modo alguno proh\u00edbe el ejercicio fecundo y organizado de la acci\u00f3n social caritativa, sino que lo impone obligatoriamente. Por eso es necesario que quienes quieren consagrarse al servicio de los pueblos en v\u00edas de desarrollo se formen en instituciones adecuadas.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Presencia eficaz de la Iglesia en la comunidad internacional<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>89. La Iglesia, cuando predica, basada en su misi\u00f3n divina, el Evangelio a todos los hombres y ofrece los tesoros de la gracia, contribuye a la consolidaci\u00f3n de la paz en todas partes y al establecimiento de la base firme de la convivencia fraterna entre los hombres y los pueblos, esto es, el conocimiento de la ley divina y natural. Es \u00e9ste el motivo de la absolutamente necesaria presencia de la Iglesia en la comunidad de los pueblos para fomentar e incrementar la cooperaci\u00f3n de todos, y ello tanto por sus instituciones p\u00fablicas como por la plena y sincera colaboraci\u00f3n de los cristianos, inspirada pura y exclusivamente por el deseo de servir a todos.<\/p>\n<p>Este objetivo podr\u00e1 alcanzarse con mayor eficacia si los fieles, conscientes de su responsabilidad humana y cristiana, se esfuerzan por despertar en su \u00e1mbito personal de vida la pronta voluntad de cooperar con la comunidad internacional. En esta materia pr\u00e9stese especial cuidado a la formaci\u00f3n de la juventud tanto en la educaci\u00f3n religiosa como en la civil.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Participaci\u00f3n del cristiano en las instituciones internacionales<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>90. Forma excelente de la actividad internacional de los cristianos es, sin duda, la colaboraci\u00f3n que individual o colectivamente prestan en las instituciones fundadas o por fundar para fomentar la cooperaci\u00f3n entre las naciones. A la creaci\u00f3n pac\u00edfica y fraterna de la comunidad de los pueblos pueden servir tambi\u00e9n de m\u00faltiples maneras las varias asociaciones cat\u00f3licas internacionales, que hay que consolidar aumentando el n\u00famero de sus miembros bien formados, los medios que necesitan y la adecuada coordinaci\u00f3n de energ\u00edas. La eficacia en la acci\u00f3n y la necesidad del di\u00e1logo piden en nuestra \u00e9poca iniciativas de equipo. Estas asociaciones contribuyen adem\u00e1s no poco al desarrollo del sentido universal, sin duda muy apropiado para el cat\u00f3lico, y a la formaci\u00f3n de una conciencia de la genuina solidaridad y responsabilidad universales.<\/p>\n<p>Es de desear, finalmente, que los cat\u00f3licos, para ejercer como es debido su funci\u00f3n en la comunidad internacional, procuren cooperar activa y positivamente con los hermanos separados que juntamente con ellos practican la caridad evang\u00e9lica, y tambi\u00e9n con todos los hombres que tienen sed de aut\u00e9ntica paz.<\/p>\n<p>El Concilio, considerando las inmensas calamidades que oprimen todav\u00eda a la mayor\u00eda de la humanidad, para fomentar en todas partes la obra de la justicia y el amor de Cristo a los pobres juzga muy oportuno que se cree un organismo universal de la Iglesia que tenga como funci\u00f3n estimular a la comunidad cat\u00f3lica para promover el desarrollo a los pa\u00edses pobres y la justicia social internacional.<\/p>\n<div class=\"sharelinks\" style=\"\">\n\t<a title=\"Cap\u00edtulo V: El Fomento de la Paz\" rel=\"nofollow\" target=\"_blank\" href=\"http:\/\/www.facebook.com\/sharer.php?u=https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=1018\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"56\" height=\"20\" alt=\"facebook\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/plugins\/facebook-google-twitter-share\/images\/facebook.png?resize=56%2C20&#038;ssl=1\"><\/a>\n\t<a title=\"Cap\u00edtulo V: El Fomento de la Paz\" rel=\"nofollow\" target=\"_blank\" href=\"https:\/\/plus.google.com\/share?url=https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=1018\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"60\" height=\"20\" alt=\"google plus\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/plugins\/facebook-google-twitter-share\/images\/googleplus.png?resize=60%2C20&#038;ssl=1\"><\/a>\n\t<a title=\"Cap\u00edtulo V: El Fomento de la Paz\" Nagar\" rel=\"nofollow\" target=\"_blank\" href=\"http:\/\/twitter.com\/home?status=Cap\u00edtulo V: El Fomento de la Paz https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=1018\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"70\" height=\"20\" alt=\"twitter\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/plugins\/facebook-google-twitter-share\/images\/twitter.png?resize=70%2C20&#038;ssl=1\"><\/a>\n\t<\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CAP\u00cdTULO V: EL FOMENTO DE LA PAZ Y LA PROMOCI\u00d3N DE LA COMUNIDAD DE LOS PUEBLOS Introducci\u00f3n 77. 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