{"id":1038,"date":"2013-01-15T18:12:32","date_gmt":"2013-01-15T17:12:32","guid":{"rendered":"http:\/\/arzmadrid.es\/svsc\/wp\/?page_id=1038"},"modified":"2013-01-15T18:12:32","modified_gmt":"2013-01-15T17:12:32","slug":"capitulo-i-principios-doctrinales","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=1038","title":{"rendered":"Cap\u00edtulo I: Principios Doctrinales"},"content":{"rendered":"<h1 align=\"center\"><span style=\"color: #800080;\"><b>CAP\u00cdTULO I: PRINCIPIOS DOCTRINALES\u00a0<\/b><\/span><\/h1>\n<p align=\"center\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/arzmadrid.es\/svsc\/wp\/wp-content\/uploads\/2012\/11\/la-biblia.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"514\" data-permalink=\"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?attachment_id=514\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2012\/11\/la-biblia.jpg?fit=400%2C300&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"400,300\" data-comments-opened=\"0\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"la-biblia\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-medium-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2012\/11\/la-biblia.jpg?fit=300%2C225&amp;ssl=1\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2012\/11\/la-biblia.jpg?fit=400%2C300&amp;ssl=1\" class=\"aligncenter size-medium wp-image-514\" alt=\"la-biblia\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/arzmadrid.es\/svsc\/wp\/wp-content\/uploads\/2012\/11\/la-biblia-300x225.jpg?resize=300%2C225\" width=\"300\" height=\"225\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2012\/11\/la-biblia.jpg?resize=300%2C225&amp;ssl=1 300w, https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2012\/11\/la-biblia.jpg?w=400&amp;ssl=1 400w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Designio del Padre<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>2. La Iglesia peregrinante es misionera por su naturaleza, puesto que toma su origen de la misi\u00f3n del Hijo y del Esp\u00edritu Santo, seg\u00fan el designio de Dios Padre. pero este designio dimana del \u00abamor fontal\u00bb o de la caridad de Dios Padre, que, siendo Principio sin principio, engendra al Hijo, y a trav\u00e9s del Hijo procede el Esp\u00edritu Santo, por su excesiva y misericordiosa benignidad, cre\u00e1ndonos libremente y llam\u00e1ndonos adem\u00e1s sin inter\u00e9s alguno a participar con El en la vida y en la gloria, difundi\u00f3 con liberalidad la bondad divina y no cesa de difundirla, de forma que el que es Creador del universo, se haga por fin \u00abtodo en todas las cosas\u00bb (<i>1 Cor<\/i>, 15,28), procurando a un tiempo su gloria y nuestra felicidad. Pero plugo a Dios llamar a los hombres a la participaci\u00f3n de su vida no s\u00f3lo en particular, excluido cualquier g\u00e9nero de conexi\u00f3n mutua, sino constituirlos en pueblo, en el que sus hijos que estaban dispersos se congreguen en unidad (Cf.\u00a0<i>Jn<\/i>, 11,52).<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Misi\u00f3n del Hijo<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>3. Este designio universal de Dios en pro de la salvaci\u00f3n del g\u00e9nero humano no se realiza solamente de un modo secreto en la mente de los hombres, o por los esfuerzos, incluso de tipo religioso, con los que los hombres buscan de muchas maneras a Dios, para ver si a tientas le pueden encontrar; aunque no est\u00e1 lejos de cada uno de nosotros (Cf.\u00a0<i>Act<\/i>., 17,27), porque estos esfuerzos necesitan ser iluminados y sanados, aunque, por benigna determinaci\u00f3n del Dios providente, pueden tenerse alguna vez como pedagog\u00eda hacia el Dios verdadero o como preparaci\u00f3n evang\u00e9lica. Dios, para establecer la paz o comuni\u00f3n con El y armonizar la sociedad fraterna entre los hombres, pecadores, decret\u00f3 entrar en la historia de la humanidad de un modo nuevo y definitivo enviando a su Hijo en nuestra carne para arrancar por su medio a los hombres del poder de las tinieblas y de Satan\u00e1s (Cf.<i>Col<\/i>., 1,13;\u00a0<i>Act<\/i>., 10,38), y en El reconciliar consigo al mundo (Cf.\u00a0<i>2 Cor.<\/i>, 5,19). A El, por quien hizo el mundo, lo constituy\u00f3 heredero de todo a fin de instaurarlo todo en El (Cf.\u00a0<i>Ef<\/i>., 1,10).<\/p>\n<p>Cristo Jes\u00fas fue enviado al mundo como verdadero mediador entre Dios y los hombres. Por ser Dios habita en El corporalmente toda la plenitud de la divinidad (Cf.\u00a0<i>Col<\/i>., 2,9); seg\u00fan la naturaleza humana, nuevo Ad\u00e1n, lleno de gracia y de verdad (Cf.\u00a0<i>Jn<\/i>., 1,14), es constituido cabeza de la humanidad renovada. As\u00ed, pues, el Hijo de Dios sigui\u00f3 los caminos de la Encarnaci\u00f3n verdadera: para hacer a los hombres part\u00edcipes de la naturaleza divina; se hizo pobre por nosotros, siendo rico, para que nosotros fu\u00e9semos ricos por su pobreza (2\u00a0<i>Cor<\/i>., 8,9).<\/p>\n<p>El Hijo del Hombre no vino a ser servido, sino a servir y a dar su vida para redenci\u00f3n de muchos, es decir, de todos (Cf.\u00a0<i>Mc<\/i>., 10,45). Los Santos Padres proclaman constantemente que no est\u00e1 sanado lo que no ha sido asumido por Cristo. Pero tom\u00f3 la naturaleza humana \u00edntegra, cual se encuentra en nosotros miserables y pobres, a excepci\u00f3n del pecado (Cf.\u00a0<i>Heb<\/i>., 4,15); 9,28). De s\u00ed mismo afirm\u00f3 Cristo, a quien el Padre santific\u00f3 y envi\u00f3 al mundo (Cf.\u00a0<i>Jn<\/i>., 10,36): \u00abEl Esp\u00edritu del Se\u00f1or est\u00e1 sobre m\u00ed, porque me ungi\u00f3, y me envi\u00f3 a evangelizar a los pobres, a sanar a los contritos de coraz\u00f3n, a predicar a los cautivos la libertad y a los ciegos la recuperaci\u00f3n de la vista\u00bb (<i>Lc<\/i>., 4,18), y de nuevo: \u00abEl Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido\u00bb (<i>Lc<\/i>., 19,10).<\/p>\n<p>Mas lo que el Se\u00f1or ha predicado una vez o lo que en El se ha obrado para la salvaci\u00f3n del g\u00e9nero humano hay que proclamarlo y difundirlo hasta los confines de la tierra (Cf.\u00a0<i>Act<\/i>., 1,8), comenzando por Jerusal\u00e9n (Cf.\u00a0<i>Lc<\/i>., 24,47), de suerte que lo que ha efectuado una vez para la salvaci\u00f3n de todos consiga su efecto en la sucesi\u00f3n de los tiempos.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Misi\u00f3n del Esp\u00edritu Santo<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>4. Y para conseguir esto envi\u00f3 Cristo al Esp\u00edritu Santo de parte del Padre, para que realizara interiormente su obra salv\u00edfica e impulsara a la Iglesia hacia su propia dilataci\u00f3n. Sin duda, el Esp\u00edritu Santo obraba ya en el mundo antes de la glorificaci\u00f3n de Cristo. Sin embargo, descendi\u00f3 sobre los disc\u00edpulos en el d\u00eda de Pentecost\u00e9s, para permanecer con ellos eternamente (Cf.\u00a0<i>Jn<\/i>., 14,16), la Iglesia se manifest\u00f3 p\u00fablicamente delante de la multitud, empez\u00f3 la difusi\u00f3n del Evangelio entre las gentes por la predicaci\u00f3n, y por fin qued\u00f3 prefigurada la uni\u00f3n de los pueblos en la catolicidad de la fe por la Iglesia de la Nueva Alianza, que en todas las lenguas se expresa, las entiende y abraza en la caridad y supera de esta forma la dispersi\u00f3n de Babel. Fue en Pentecost\u00e9s cuando empezaron \u00ablos hechos de los Ap\u00f3stoles\u00bb, como hab\u00eda sido concebido Cristo al venir al Esp\u00edritu Santo sobre la Virgen Mar\u00eda, y Cristo hab\u00eda sido impulsado a la obra de su ministerio, bajando el mismo Esp\u00edritu Santo sobre \u00c9l mientras oraba.<\/p>\n<p>Mas el mismo Se\u00f1or Jes\u00fas, antes de entregar libremente suvida por el mundo, orden\u00f3 de tal suerte el ministerio apost\u00f3lico y prometi\u00f3 el Esp\u00edritu Santo que hab\u00eda de enviar, que ambos quedaron asociados en la realizaci\u00f3n de la obra de la salud en todas partes y para siempre. El Esp\u00edritu Santo \u00abunifica en la comuni\u00f3n y en el servicio y provee de diversos dones jer\u00e1rquicos y carism\u00e1ticos\u00bb, a toda la Iglesia a trav\u00e9s de los tiempos, vivificando las instituciones eclesi\u00e1sticas como alma de ellas e infundiendo en los corazones de los fieles el mismo impulso de misi\u00f3n del que hab\u00eda sido llevado el mismo Cristo. Alguna vez tambi\u00e9n se anticipa visiblemente a la acci\u00f3n apost\u00f3lica, lo mismo que la acompa\u00f1a y dirige incesantemente de varios modos.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>La Iglesia, enviada por Cristo<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>5. El Se\u00f1or Jes\u00fas, ya desde el principio \u00abllam\u00f3 a s\u00ed a los que El quiso, y design\u00f3 a doce para que lo acompa\u00f1aran y para enviarlos a predicar\u00bb (<i>Mc<\/i>., 3,13; Cf.\u00a0<i>Mt<\/i>., 10,1-42). De esta forma los Ap\u00f3stoles fueron los g\u00e9rmenes del nuevo Israel y al mismo tiempo origen de la sagrada Jerarqu\u00eda. Despu\u00e9s el Se\u00f1or, una vez que hubo completado en s\u00ed mismo con su muerte y resurrecci\u00f3n los misterios de nuestra salvaci\u00f3n y de la renovaci\u00f3n de todas las cosas, recibi\u00f3 todo poder en el cielo y en la tierra (Cf.\u00a0<i>Mt<\/i>., 28,18), antes de subir al cielo (Cf.\u00a0<i>Act<\/i>., 1,4-8), fund\u00f3 su Iglesia como sacramento de salvaci\u00f3n, y envi\u00f3 a los Ap\u00f3stoles a todo el mundo, como El hab\u00eda sido enviado por el Padre (Cf.\u00a0<i>Jn<\/i>., 20,21), orden\u00e1ndoles: \u00abId, pues, ense\u00f1ad a todas las gentes, bautiz\u00e1ndolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Esp\u00edritu Santo: ense\u00f1\u00e1ndoles a observar todo cuanto yo os he mandado\u00bb (<i>Mt<\/i>., 28,19s).<\/p>\n<p>\u00abId por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado se salvar\u00e1, mas el que no creyere se condenar\u00e1\u00bb (<i>Mc<\/i>., 16,15-16). Por ello incumbe a la Iglesia el deber de propagar la fe y la salvaci\u00f3n de Cristo, tanto en virtud del mandato expreso, que de los Ap\u00f3stoles hered\u00f3 el orden de los Obispos con la cooperaci\u00f3n de los presb\u00edteros, juntamente con el sucesor de Pedro, Sumo Pastor de la Iglesia, como en virtud de la vida que Cristo infundi\u00f3 en sus miembros \u00abde quien todo el cuerpo, coordinado y unido por los ligamentos en virtud del apoyo, seg\u00fan la actividad propia de cada miembro y obra el crecimiento del cuerpo en orden a su edificaci\u00f3n en el amor\u00bb (<i>Ef<\/i>., 4,16). La misi\u00f3n, pues, de la Iglesia se realiza mediante la actividad por la cual, obediente al mandato de Cristo y movida por la caridad del Esp\u00edritu Santo, se hace plena y actualmente presente a todos los hombres y pueblos para conducirlos a la fe, la libertad y a la paz de Cristo por el ejemplo de la vida y de la predicaci\u00f3n, por los sacramentos y dem\u00e1s medios de la gracia, de forma que se les descubra el camino libre y seguro para la plena participaci\u00f3n del misterio de Cristo.<\/p>\n<p>Siendo as\u00ed que esta misi\u00f3n contin\u00faa y desarrolla a lolargo de la historia la misi\u00f3n del mismo Cristo, que fue enviado a evangelizar a los pobres, la Iglesia debe caminar, por moci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, por el mismo camino que Cristo sigui\u00f3, es decir, por el camino de la pobreza, de la obediencia, del servicio, y de la inmolaci\u00f3n de s\u00ed mismo hasta la muerte, de la que sali\u00f3 victorioso por su resurrecci\u00f3n. pues as\u00ed caminaron en la esperanza todos los Ap\u00f3stoles, que con muchas tribulaciones y sufrimientos completaron lo que falta a la pasi\u00f3n de Cristo en provecho de su Cuerpo, que es la Iglesia. Semilla fue tambi\u00e9n, muchas veces, la sangre de los cristianos.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Actividad misionera<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>6. Este deber que tiene que cumplir el Orden de los Obispos, presidio por el sucesor de Pedro, con la oraci\u00f3n y cooperaci\u00f3n de toda la Iglesia, es \u00fanico e id\u00e9ntico en todas partes y en todas las condiciones, aunque no se realice del mismo modo seg\u00fan las circunstancias. Por consiguiente, las diferencias que hay que reconocer en esta actividad de la Iglesia no proceden de la naturaleza misma de la misi\u00f3n, sino de las circunstancias en que esta misi\u00f3n se ejerce.<\/p>\n<p>Estas condiciones dependen, a veces, de la Iglesia, y a veces tambi\u00e9n, de los pueblos, de los grupos o de los hombres a los que la misi\u00f3n se dirige. Pues, aunque la Iglesia contenga en s\u00ed la totalidad o la plenitud de los medios de salvaci\u00f3n, ni siempre ni en un momento obra ni puede obrar con todos sus recursos, sino que, partiendo de modestos comienzos, avanza gradualmente en su esforzada actividad por realizar el designio de Dios; m\u00e1s a\u00fan, en ocasiones, despu\u00e9s de haber incoado felizmente el avance, se ve obligada a deplorar de nuevo un regreso, o a lo menos se detiene en un estado de semiplenitud y de insuficiencia. pero en cuanto se refiere a los hombres, a los grupos y a los pueblos, tan s\u00f3lo gradualmente, establece contacto y se adentra en ellos, y de esta forma los trae a la plenitud cat\u00f3lica.<\/p>\n<p>Pero a cualquier condici\u00f3n o situaci\u00f3n deben corresponder acciones propias y medios adecuados.Las empresas peculiares con que los heraldos del Evangelio, enviados por la Iglesia, yendo a todo el mundo, realizan el encargo de predicar el Evangelio y de implantar la Iglesia misma entre los pueblos o grupos que todav\u00eda no creen en Cristo, com\u00fanmente se llaman \u00abmisiones\u00bb, que se llevan a cabo por la actividad misional, y se desarrollan, de ordinario, en ciertos territorios reconocidos por la Santa Sede.<\/p>\n<p>El fin propio de esta actividad misional es la evangelizaci\u00f3n e implantaci\u00f3n de la Iglesia en los pueblos o grupos en que todav\u00eda no ha arraigado. De suerte que de lasemilla de la palabra de Dios crezcan las Iglesias aut\u00f3ctonas particulares en todo el mundo suficientemente organizadas y dotadas de energ\u00edas propias y de madurez, las cuales, provistas convenientemente de su propia Jerarqu\u00eda unida al pueblo fiel y de medios connaturales al plano desarrollo de la vida cristiana, aportes su cooperaci\u00f3n al bien de toda la Iglesia.<\/p>\n<p>El medio principal de esta implantaci\u00f3n es la predicaci\u00f3n del Evangelio de Jesucristo, para cuyo anuncio envi\u00f3 el Se\u00f1or a sus disc\u00edpulos a todo el mundo, para que los hombres regenerados se agreguen por el Bautismo a la Iglesia que como Cuerpo del Verbo Encarnado se nutre y vive de la palabra de Dios y del pan eucar\u00edstico.<\/p>\n<p>Es esta actividad misional de la Iglesia se entrecruzan, a veces, diversas condiciones: en primer lugar de comienzo y de plantaci\u00f3n, y luego de novedad o de juventud. La acci\u00f3n misional de la Iglesia no cesa despu\u00e9s de llenar esas etapas, sino que, constituidas ya las Iglesias particulares, pesa sobre ellas el deber de continuar y de predicar el Evangelio a cuantos permanecen fuera.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, los grupos en que vive la Iglesia cambian completamente con frecuencia por varias causas, de forma que pueden originarse condiciones enteramente nuevas. Entonces la Iglesia tiene que ponderar si estas condiciones exigen de nuevo su actividad misional. Adem\u00e1s en ocasiones, se dan tales circunstancias que no permiten, por alg\u00fan tiempo, proponer directa e inmediatamente el mensaje del Evangelio; entonces las misiones pueden y deben dar testimonio al menos de la caridad y bondad de Cristo con paciencia, prudencia y mucha confianza, preparando as\u00ed los caminos del Se\u00f1or y hacerlo presente de alg\u00fan modo.<\/p>\n<p>As\u00ed es manifiesto que la actividad misional fluye \u00edntimamente de la naturaleza misma de la Iglesia, cuya fe salv\u00edfica propaga, cuya unidad cat\u00f3lica realiza dilat\u00e1ndola, sobre cuya apostolicidad se sostiene, cuyo afecto colegial de Jerarqu\u00eda ejercita, cuya santidad testifica, difunde y promueve.<\/p>\n<p>Por ello la actividad misional entre las gentes se diferencia tanto de la actividad pastoral que hay que desarrollar con los fieles, cuanto de los medios que hay que usar para conseguir la unidad de los cristianos. Ambas actividades, sin embargo, est\u00e1n muy estrechamente relacionadas con la acci\u00f3n misional de la Iglesia. Pero la divisi\u00f3n de los cristianos perjudica a la santa causa de la predicaci\u00f3n del Evangelio a toda criatura, y cierra a muchos la puerta de la fe. Por lo cual la causa de la actividad misional y la del restablecimiento de la unidad de los cristianos est\u00e1n estrechamente unidas: la necesidad de la misi\u00f3n exige a todos los bautizados reunirse en una sola grey, para poder dar, de esta forma, testimonio un\u00e1nime de Cristo, su Se\u00f1or, delante de todas las gentes. pero si todav\u00eda no pudieron dar plenamente testimonio de una sola fe, es necesario, por lo menos, que se vean animados de mutuo aprecio y caridad.<\/p>\n<p><b><i>Causas y necesidad de la actividad misionera<\/i><\/b><\/p>\n<p>7. La raz\u00f3n de esta actividad misional se basa en la voluntad de Dios, que \u00abquiere que todos los hombres sean salvos y vengas al conocimiento de la verdad. porque uno es Dios, uno tambi\u00e9n el mediador entre Dios y los hombres, el Hombre Cristo Jes\u00fas, que se entreg\u00f3 a s\u00ed mismo para redenci\u00f3n de todos\u00bb, \u00aby en ning\u00fan otro hay salvaci\u00f3n\u00bb. Es, pues, necesario que todos se conviertan a El, una vez conocido por la predicaci\u00f3n del Evangelio, y a El y a la Iglesia, que es su Cuerpo, se incorporen por el bautismo.<\/p>\n<p>Porque Cristo mismo, \u00abinculcando expresamente por su palabra la necesidad de la fe y del bautismo, confirm\u00f3, al mismo tiempo, la necesidad de la Iglesia, en la que entran los hombres por la puerta del bautismo. Por lo cual no podr\u00edan salvarse aquellos que, no ignorando que Dios fund\u00f3, por medio de Jesucristo, la Iglesia Cat\u00f3lica como necesaria, con todo no hayan querido entrar o perseverar en ella\u00bb.<\/p>\n<p>Pues aunque el Se\u00f1or puede conducir por caminos que El sabe a los hombres, que ignoran el Evangelio inculpablemente, a la fe, sin la cual es imposible agradarle, la Iglesia tiene el deber, a la par que el derecho sagrado de evangelizar, y, por tanto, la actividad misional conserva \u00edntegra, hoy como siempre, su eficacia y su necesidad.<\/p>\n<p>Por ella el Cuerpo m\u00edstico de Cristo re\u00fane y ordena indefectiblemente sus energ\u00edas para su propio crecimiento. Los miembros de la Iglesia son impulsados para su consecuci\u00f3n por la caridad con que aman a Dios, y con la que desean comunicar con todos los hombres en los bienes espirituales propios, tanto de la vida presente como de la venidera.<\/p>\n<p>Y por fin, por esta actividad misional se glorifica a Dios plenamente, al recibir los hombres, deliberada y cumplidamente, su obra de salvaci\u00f3n, que complet\u00f3 en Cristo. As\u00ed se realiza por ella el designio de Dios, al que sirvi\u00f3 Cristo con obediencia y amor para gloria del Padre que lo envi\u00f3, para que todo el g\u00e9nero humano forme un solo Pueblo de Dios, se constituya en Cuerpo de Cristo, se estructure en un templo del Esp\u00edritu Santo; lo cual, como expresi\u00f3n de la concordia fraterna, responde, ciertamente, al anhelo \u00edntimo de todos los hombres.<\/p>\n<p>Y as\u00ed por fin, se cumple verdaderamente el designio del Creador, al hacer al hombre a su imagen y semejanza, cuando todos los que participan de la naturaleza humana, regenerados en Cristo por el Esp\u00edritu Santo, contemplando un\u00e1nimes la gloria de Dios, puedan decir: \u00abPadre nuestro\u00bb.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Actividad misionera en la vida y en la historia humana<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>8.\u00a0La actividad misional tiene tambi\u00e9n una conexi\u00f3n \u00edntima con la misma naturaleza humana y sus aspiraciones. Porque manifestando a Cristo, la Iglesia descubre a los hombres la verdad genuina de su condici\u00f3n y de su vocaci\u00f3n total, porque Cristo es el principio y el modelo de esta humanidad renovada, llena de amor fraterno, de sinceridad y de esp\u00edritu pac\u00edfico, a la que todos aspiran. Cristo y la Iglesia, que da testimonio de El por la predicaci\u00f3n evang\u00e9lica, trascienden toda particularidad de raza y de naci\u00f3n, y por tanto nadie y en ninguna parte puede ser tenido como extra\u00f1o.<\/p>\n<p>El mismo Cristo es la verdad y el camino manifiesto a todos por la predicci\u00f3n evang\u00e9lica, cuando hace resonar en todos los o\u00eddos estas palabras del mismo Cristo: \u00abHaced penitencia y creed en el Evangelio\u00bb. Y como el que no cree ya est\u00e1 juzgado, las palabras de Cristo son, a un tiempo, palabras de condenaci\u00f3n y de gracia, de muerte y de vida. Pues s\u00f3lo podemos acercarnos a la novedad de la vida exterminando todo lo antiguo: cosa que en primer lugar se aplica a las personas, pero tambi\u00e9n puede decirse de los diversos bienes de este mundo, marcados a un tiempo con el pecado del hombre y con la bendici\u00f3n de Dios: \u00abPues todos pecaron y todos est\u00e1n privados de la gloria de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>Nadie por s\u00ed y sus propias fuerzas se libra del pecado, ni se eleva sobre s\u00ed mismo; nadie se ve enteramente libre de su debilidad, de su soledad y de su servidumbre, sino que todos tienen necesidad de Cristo modelo, maestro, liberador, salvador y vivificador. En realidad, el Evangelio fue el fermento de la libertad y del progreso en la historia humana, incluso temporal, y se presenta constantemente como germen de fraternidad, de unidad y de paz. No carece, pues, de motivo el que los fieles celebren a Cristo como esperanza de las gentes y salvador de ellas\u00bb.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Car\u00e1cter escatol\u00f3gico de la actividad misionera<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>9.\u00a0El tiempo de la actividad misional discurre entre la primer ay la segunda venida del Se\u00f1or, en que la Iglesia, como la mies, ser\u00e1 recogida de los cuatro vientos en el Reino de Dios. Es, pues, necesario predicar el Evangelio a todas las gentes antes que venga el Se\u00f1or (Cf.\u00a0<i>Mc<\/i>., 13,10).<\/p>\n<p>La actividad misional es nada m\u00e1s y nada menos que la manifestaci\u00f3n o epifan\u00eda del designio de Dios y su cumplimiento en el mundo y en su historia, en la que Diosrealiza abiertamente, por la misi\u00f3n, la historia de la salud. Por la palabra de la predicaci\u00f3n y por la celebraci\u00f3n de los sacramentos, cuyo centro y cumbre es la Sagrada Eucarist\u00eda, la actividad misionera hace presente a Cristo autor de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Libera de contactos malignos todo cuanto de verdad y de gracia se hallaba entre las gentes como presencia velada de Dios y lo restituye a su Autor, Cristo, que derroca el imperio del diablo y aparta la multiforme malicia de los pecadores. As\u00ed, pues, todo lo bueno que se halla sembrado en el coraz\u00f3n y en la mente de los hombres, en los propios ritos y en las culturas de los pueblos, no solamente no perece, sino que es purificado, elevado y consumado para gloria de Dios, confusi\u00f3n del demonio y felicidad del hombre. As\u00ed la actividad misional tiende a la plenitud escatol\u00f3gica: pues por ella se dilata el Pueblo de Dios, hasta la medida y el tiempo que el Padre ha fijado en virtud de su poder, pueblo al que se ha dicho prof\u00e9ticamente: \u00abAmpl\u00eda el lugar de tu tiempo y extiende las pieles que te cubren. \u00a1No temas!\u00bb, se aumenta el Cuerpo m\u00edstico hasta la medida de la plenitud de Cristo, y el tiempo espiritual en que se adora a Dios en esp\u00edritu y en verdad, se ampl\u00eda y se edifica sobre el fundamento de los Ap\u00f3stoles y de los profetas siendo piedra angular el mismo Cristo Jes\u00fas (Cf.\u00a0<i>Ef<\/i>., 2,20).<\/p>\n<div class=\"sharelinks\" style=\"\">\n\t<a title=\"Cap\u00edtulo I: Principios Doctrinales\" rel=\"nofollow\" target=\"_blank\" href=\"http:\/\/www.facebook.com\/sharer.php?u=https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=1038\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"56\" height=\"20\" alt=\"facebook\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/plugins\/facebook-google-twitter-share\/images\/facebook.png?resize=56%2C20&#038;ssl=1\"><\/a>\n\t<a title=\"Cap\u00edtulo I: Principios Doctrinales\" rel=\"nofollow\" target=\"_blank\" href=\"https:\/\/plus.google.com\/share?url=https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=1038\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"60\" height=\"20\" alt=\"google plus\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/plugins\/facebook-google-twitter-share\/images\/googleplus.png?resize=60%2C20&#038;ssl=1\"><\/a>\n\t<a title=\"Cap\u00edtulo I: Principios Doctrinales\" Nagar\" rel=\"nofollow\" target=\"_blank\" href=\"http:\/\/twitter.com\/home?status=Cap\u00edtulo I: Principios Doctrinales https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=1038\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"70\" height=\"20\" alt=\"twitter\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/plugins\/facebook-google-twitter-share\/images\/twitter.png?resize=70%2C20&#038;ssl=1\"><\/a>\n\t<\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CAP\u00cdTULO I: PRINCIPIOS DOCTRINALES\u00a0 Designio del Padre 2. La Iglesia peregrinante es misionera por su naturaleza, puesto que toma su origen de la misi\u00f3n del Hijo y del Esp\u00edritu Santo, seg\u00fan el designio de Dios Padre. pero este designio dimana del \u00abamor fontal\u00bb o de la caridad de Dios Padre, que, siendo Principio sin principio, &hellip; <\/p>\n<p><a class=\"more-link btn\" href=\"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=1038\">Seguir leyendo<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":514,"parent":1032,"menu_order":2,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"footnotes":""},"class_list":["post-1038","page","type-page","status-publish","has-post-thumbnail","hentry","nodate","item-wrap"],"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/P2YM3J-gK","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_likes_enabled":false,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/1038","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages"}],"about":[{"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/page"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1038"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/1038\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1039,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/1038\/revisions\/1039"}],"up":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/1032"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/514"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1038"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}