{"id":1040,"date":"2013-01-15T18:16:35","date_gmt":"2013-01-15T17:16:35","guid":{"rendered":"http:\/\/arzmadrid.es\/svsc\/wp\/?page_id=1040"},"modified":"2013-01-15T18:16:35","modified_gmt":"2013-01-15T17:16:35","slug":"capitulo-ii-la-obra-misionera","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=1040","title":{"rendered":"Cap\u00edtulo II: La Obra Misionera"},"content":{"rendered":"<h1 align=\"center\"><span style=\"color: #800080;\"><b>CAP\u00cdTULO II: LA OBRA MISIONERA<\/b><\/span><\/h1>\n<p align=\"center\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/arzmadrid.es\/svsc\/wp\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/cruz.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"1041\" data-permalink=\"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?attachment_id=1041\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/cruz.jpg?fit=299%2C300&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"299,300\" data-comments-opened=\"0\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"cruz\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-medium-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/cruz.jpg?fit=299%2C300&amp;ssl=1\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/cruz.jpg?fit=299%2C300&amp;ssl=1\" class=\"aligncenter size-full wp-image-1041\" alt=\"cruz\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/arzmadrid.es\/svsc\/wp\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/cruz.jpg?resize=299%2C300\" width=\"299\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/cruz.jpg?w=299&amp;ssl=1 299w, https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/cruz.jpg?resize=150%2C150&amp;ssl=1 150w\" sizes=\"auto, (max-width: 299px) 100vw, 299px\" \/><\/a><\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Introducci\u00f3n<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>10. La Iglesia, enviada por Cristo para manifestar y comunicar la caridad de Dios a todos los hombres y pueblos, sabe que le queda por hacer todav\u00eda una obra misionera ingente. Pues los dos mil millones de hombre, cuyo n\u00famero aumenta sin cesar, que se re\u00fanen en grandes y determinados grupos con lazos estables de vida cultural, con las antiguas tradiciones religiosas, con los fuertes v\u00ednculos de las relaciones sociales, todav\u00eda nada o muy poco oyeron del Evangelio; de ellos unos siguen alguna de las grandes religiones, otras permanecen ajenos al conocimiento del mismo Dios, otros niegan expresamente su existencia e incluso a veces lo persiguen.<\/p>\n<p>La Iglesia, para poder ofrecer a todos el misterio de la salvaci\u00f3n y la vida tra\u00edda por Dios, debe insertarse en todos estos grupos con el mismo afecto con que Cristo se uni\u00f3 por su encarnaci\u00f3n a determinadas condiciones sociales y culturalesde los hombres con quienes convivi\u00f3.<\/p>\n<h2 style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #800080;\"><b>ART. 1. EL TESTIMONIO CRISTIANO<\/b><\/span><\/h2>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Testimonio y di\u00e1logo<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>11.\u00a0Es necesario que la Iglesia est\u00e9 presente en estos grupos humanos por medio de sus hijos, que viven entre ellos o que a ellos son enviados. Porque todos los fieles cristianos, dondequiera que vivan, est\u00e1n obligados a manifestar con el ejemplo de su vida y el testimonio de la palabra el nombre nuevo de que se revistieron por el bautismo, y la virtud del Esp\u00edritu Santo, por quien han sido fortalecidos con la confirmaci\u00f3n, de tal forma que, todos los dem\u00e1s, al contemplar sus buenas obras, glorifiquen al Padre y perciban, cabalmente, el sentido aut\u00e9ntico de la vid y el v\u00ednculo universal de la uni\u00f3n de los hombres.<\/p>\n<p>Para que los mismos fieles puedan dar fructuosamente este testimonio de Cristo, re\u00fananse con aquellos hombres por el aprecio y la caridad, recon\u00f3zcanse como miembros del grupo humano en que viven, y tomen parte en la vida cultural y social por las diversas relaciones y negocios de la vida humana; est\u00e9n familiarizados con sus tradiciones nacionales y religiosas, descubran con gozo y respeto las semillas de la Palabra que en ellas laten; pero atiendan, al propio tiempo, a la profunda transformaci\u00f3n que se realiza entre las gentes y trabajen para que los hombres de nuestro tiempo, demasiado entregados a la ciencia y a la tecnolog\u00eda del mundo moderno, no se alejen de las cosas divinas, m\u00e1s todav\u00eda, para que despierten a un deseo m\u00e1s vehemente de la verdad y de la caridad revelada por Dios.<\/p>\n<p>Como el mismo Cristo escudri\u00f1\u00f3 el coraz\u00f3n de los hombres y los ha conducido con un coloquio verdaderamente humano a la luz divina, as\u00ed sus disc\u00edpulos, inundados profundamente por el esp\u00edritu de Cristo, deben conocer a los hombres entre los que viven, y tratar con ellos, para advertir en di\u00e1logo sincero y paciente las riquezas que Dios generoso ha distribuido a las gentes; y, al mismo tiempo, esfu\u00e9rcense en examinar sus riquezas con la luz evang\u00e9lica, liberarlas y reducirlas al dominio de Dios Salvador.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Presencia de la caridad<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>12.\u00a0La presencia de los fieles cristianos en los grupos humanos ha de estar animada por la caridad con que Dios nos am\u00f3, que quiere que tambi\u00e9n nosotros nos amemos unos a otros. En efecto, la caridad cristiana se extiende a todos sin distinci\u00f3n de raza, condici\u00f3n social o religi\u00f3n; no espera lucro o agradecimiento alguno; pues como Dios nos am\u00f3 con amor gratuito, as\u00ed los fieles han de vivir preocupados por el hombre mismo, am\u00e1ndolo con el mismo sentimiento con que Dios lo busc\u00f3. Pues como Cristo recorr\u00eda las ciudades y las aldeas curando todos los males y enfermedades, en prueba de la llegada del Reino de Dios, as\u00ed la Iglesia se une, por medio de sus hijos, a los hombres de cualquier condici\u00f3n, pero especialmente con los pobres y los afligidos, ya ellos se consagra gozosa. Participa en sus gozos y en sus dolores, conoce los anhelos y los enigmas de la vida, y sufre con ellos en las angustias de la muerte. A los que buscan la paz desea responderles en di\u00e1logo fraterno ofreci\u00e9ndoles la paz y la luz que brotan del Evangelio.<\/p>\n<p>Trabajen los cristianos y colaboren con los dem\u00e1s hombres en la recta ordenaci\u00f3n de los asuntos econ\u00f3micos y sociales. Entr\u00e9guense con especial cuidado a la educaci\u00f3n de los ni\u00f1os y de los adolescentes por medio de las escuelas de todo g\u00e9nero, que hay que considerar no s\u00f3lo como medio excelente para formar y atender a la juventud cristiana, sino como servicio de gran valor a los hombres, sobre todo de las naciones en v\u00edas de desarrollo, para elevar la dignidad humana y para preparar unas condiciones de vida m\u00e1s favorables. Tomen parte, adem\u00e1s, los fieles cristianos en los esfuerzos de aquellos pueblos que, luchando con el hambre, la ignorancia y las enfermedades, se esfuerzan en conseguir mejores condiciones de vida y en afirmar la paz en el mundo. Gusten los fieles de cooperar prudentemente a este respecto con los trabajos emprendidos por instituciones privadas y p\u00fablicas, por los gobiernos, por los organismos internacionales, por diversas comunidades cristianas y por las religiones no cristianas.<\/p>\n<p>La Iglesia, con todo, no pretende mezclarse de ninguna forma en el r\u00e9gimen de la comunidad terrena. No reivindica para s\u00ed otra autoridad que la de servir, con el favor de Dios, a los hombres con amor y fidelidad.<\/p>\n<p>Los disc\u00edpulos de Cristo, unidos \u00edntimamente en su vida y en su trabajo con los hombres, esperan poder ofrecerles el verdadero testimonio de Cristo, y trabajar por su salvaci\u00f3n, incluso donde no pueden anunciar a Cristo plenamente. Porque no buscan el progreso y la prosperidad meramente material de los hombres, sino que promueven su dignidad y uni\u00f3n fraterna, ense\u00f1ando las verdades religiosas y morales, que Cristo esclareci\u00f3 con su luz, y con ello preparan gradualmente un acceso m\u00e1s amplio hacia Dios. Con esto se ayuda a los hombres en la consecuci\u00f3n de la salvaci\u00f3n por el amor a Dios y al pr\u00f3jimo y empieza a esclarecerse el misterio de Cristo, en quien apareci\u00f3 el hombre nuevo, creado seg\u00fan Dios (Cf. Ef.,4,24), y en quien se revela el amor divino.<\/p>\n<h2 style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #800080;\"><b>ART. 2. PREDICACI<\/b><b>\u00d3N DEL EVANGELIO<br \/>\nY REUNI<\/b><b>\u00d3N DEL PUEBLO DE DIOS<\/b><\/span><\/h2>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Evangelizaci\u00f3n y conversi\u00f3n<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>13.\u00a0Dondequiera que Dios abre la puerta de la palabra para anunciar el misterio de Cristo a todos los hombres, confiada y constantemente hay que anunciar al Dios vivo y a Jesucristo enviado por El para salvar a todos, a fin de que los no cristianos abri\u00e9ndoles el coraz\u00f3n el Esp\u00edritu Santo, creyendo se conviertan libremente al Se\u00f1or y se unan a El con sinceridad, quien por ser \u00abcamino, verdad y vida\u00bb satisface todas sus exigencias espirituales, m\u00e1s a\u00fan, las colma hasta el infinito.<\/p>\n<p>Esta conversi\u00f3n hay que considerarla ciertamente inicial, pero suficiente para que el hombre perciba que, arrancado del pecado, entra en el misterio del amor de Dios, que lo llama a iniciar una comunicaci\u00f3n personal consigo mismo en Cristo. Puesto que, por la gracia de Dios, el nuevo convertido emprende un camino espiritual por el que, participando ya por la fe del misterio de la Muerte y de la Resurrecci\u00f3n, pasa del hombre viejo al nuevo hombre perfecto seg\u00fan Cristo. Trayendo consigo este tr\u00e1nsito un cambio progresivo de sentimientos y de costumbres, debe manifestarse con sus consecuencias sociales y desarrollarse poco a poco durante el catecumenado. Siendo el Se\u00f1or, al que se conf\u00eda, blanco de contradicci\u00f3n, el nuevo convertido sentir\u00e1 con frecuencia rupturas y separaciones, pero tambi\u00e9n gozos que Dios concede sin medida. La Iglesia proh\u00edbe severamente que a nadie se obligue, o se induzca o se atraiga por medios indiscretos a abrazar la fe, lo mismo que vindica en\u00e9rgicamente el derecho a que nadie sea apartado de ella con vejaciones inicuas.<\/p>\n<p>Invest\u00edguense los motivos de la conversi\u00f3n, y si es necesario purif\u00edquense, seg\u00fan la antiqu\u00edsima costumbre de la Iglesia.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Catecumenado e iniciaci\u00f3n cristiana<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>14. Los que han recibido de Dios, por medio de la Iglesia, la fe en Cristo, sean admitidos con ceremonias religiosas alcatecumenado; que no es una mera exposici\u00f3n de dogmas y preceptos, sino una formaci\u00f3n y noviciado convenientemente prolongado de la vida cristiana, en que los disc\u00edpulos se unen con Cristo su Maestro. In\u00edciense, pues, los catec\u00famenos convenientemente en el misterio de la salvaci\u00f3n, en el ejercicio de las costumbres evang\u00e9licas y en los ritos sagrados que han de celebrarse en los tiempos sucesivos, introd\u00fazcanse en la vida de fe, de la liturgia y de la caridad del Pueblo de Dios.<\/p>\n<p>Libres luego de los Sacramentos de la iniciaci\u00f3n cristiana del poder de las tinieblas, muertos, sepultados y resucitados con Cristo, reciben el Esp\u00edritu de hijos de adopci\u00f3n y asisten con todo el Pueblo de Dios al memorial de la muerte y de la resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Es de desear que la liturgia del tiempo cuaresmal y pascual se restaure de forma que prepare las almas de los catec\u00famenos para la celebraci\u00f3n del misterio pascual en cuyas solemnidades se regeneran para Cristo por medio del bautismo.<\/p>\n<p>Pero esta iniciaci\u00f3n cristiana durante el catecumenado no deben procurarla solamente los catequistas y sacerdotes, sino toda la comunidad de los fieles, y en modo especial los padrinos, de suerte que sientan los catec\u00famenos, ya desde el principio, que pertenecen al Pueblo de Dios. Y como la vida de la Iglesia es apost\u00f3lica, los catec\u00famenos han de aprender tambi\u00e9n a cooperar activamente en la evangelizaci\u00f3n y edificaci\u00f3n de la Iglesia con el testimonio de la vida y la profesi\u00f3n de la fe.<\/p>\n<p>Exp\u00f3ngase por fin, claramente, en el nuevo C\u00f3digo, el estado jur\u00eddico de los catec\u00famenos. Porque ya est\u00e1n vinculados a la Iglesia, ya son de la casa de Cristo y, con frecuencia, ya viven una vida de fe, de esperanza y de caridad.<\/p>\n<h2 style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #800080;\"><b>ART. 3. FORMACI<\/b><b>\u00d3N DE LA COMUNIDAD CRISTIANA<\/b><\/span><\/h2>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>La Comunidad cristiana<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>15. El Esp\u00edritu Santo, que llama a todos los hombres a Cristo, por la siembra de la palabra y proclamaci\u00f3n del Evangelio, y suscita el homenaje de la fe en los corazones, cuando engendra para una nueva vida en el seno de la fuente bautismal a los que creen en Cristo, los congrega en el \u00fanico Pueblo de Dios que es \u00ablinaje escogido, sacerdocio real, naci\u00f3n santa, pueblo de adquisici\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Los misioneros, por consiguiente, cooperadores de Dios, susciten tales comunidades de fieles que, viviendo conforme a la vocaci\u00f3n a la que han sido llamados, ejerciten las funciones que Dios les ha confiado, sacerdotal, prof\u00e9tica y real. De esta forma, la comunidad cristiana se hace signo de la presencia de Dios en el mundo; porque ella, por el sacrificio eucar\u00edstico, incesantemente pasa con Cristo al Padre, nutrida cuidadosamente con la palabra de Dios da testimonio de Cristo y, por fin, anda en la caridad y se inflama de esp\u00edritu apost\u00f3lico.<\/p>\n<p>La comunidad cristiana ha de establecerse, desde el principio de tal forma que, en lo posible, sea capaz de satisfacer por s\u00ed misma sus propias necesidades.<\/p>\n<p>Esta comunidad de fieles, dotada de las riquezas de la cultura de su naci\u00f3n, ha de arraigar profundamente en el pueblo; florezcan las familias henchidas de esp\u00edritu evang\u00e9lico y ay\u00fadeseles con escuelas convenientes; er\u00edjanse asociaciones y grupos por los que el apostolado seglar llene toda la sociedad de esp\u00edritu evang\u00e9lico. Brille, por fin, la caridad entre los cat\u00f3licos de los diversos ritos.<\/p>\n<p>Cult\u00edvese el esp\u00edritu ecum\u00e9nico entre los ne\u00f3fitos para que aprecien debidamente que los hermanos en la fe son disc\u00edpulos de Cristo, regenerados por el bautismo, part\u00edcipes con ellos de los innumerables bienes del Pueblo de Dios. En cuanto lo permitan las condiciones religiosas, promu\u00e9vase la acci\u00f3n ecum\u00e9nica de forma que, excluido todo indiferentismo y confusionismo como emulaci\u00f3n insensata, los cat\u00f3licos colaboren fraternalmente con los hermanos separados, seg\u00fan las normas del Decreto sobre el Ecumenismo, en la com\u00fan profesi\u00f3n de la fe en Dios y en Jesucristo delante de las naciones -en cuanto sea posible- y en la cooperaci\u00f3n en asuntos sociales y t\u00e9cnicos, culturales y religiosos colaboren, por la causa de Cristo, su com\u00fan Se\u00f1or: \u00a1que su nombre los junte! Esta colaboraci\u00f3n hay que establecerla no s\u00f3lo entre las personas privadas, sino tambi\u00e9n, a juicio del ordinario del lugar, entre las Iglesias o comunidades eclesiales y sus obras.<\/p>\n<p>Los fieles cristianos, congregados de entre todas las gentes en la Iglesia, \u00abno son distintos de los dem\u00e1s hombres ni por el r\u00e9gimen, ni por la lengua, ni por las instituciones pol\u00edticas de la vida, por tanto, vivan para Dios y para Cristo seg\u00fan las costumbres honestas de su pueblo; cultiven como buenos ciudadanos verdadera y eficazmente el amor a la Patria, evitando enteramente el desprecio de las otras razas y el nacionalismo exagerado, y promoviendo el amor universal de los hombres.<\/p>\n<p>Para conseguir todo esto son de grand\u00edsimo valor y dignos de especial atenci\u00f3n los laicos, es decir, los fieles cristianos que, incorporados a Cristo por el bautismo, viven en medio del mundo. Es muy propio de ellos, imbuidos del Esp\u00edritu Santo, el convertirse en constante fermento para animar y ordenar los asuntos temporales seg\u00fan el Evangelio de Cristo.<\/p>\n<p>Sin embargo, no basta que el pueblo cristiano est\u00e9 presente y establecido en un pueblo, ni que desarrolle el apostolado del ejemplo; se establece y est\u00e1 presente para anunciar con su palabra y con su trabajo a Cristo a sus conciudadanos no cristianos y ayudarles a la recepci\u00f3n plena de Cristo.<\/p>\n<p>Ahora bien, para la implantaci\u00f3n de la Iglesia y el desarrollo de la comunidad cristiana son necesarios varios ministerios que todos deben favorecer y cultivas diligentemente, con la vocaci\u00f3n de una suscitada de entre la misma congregaci\u00f3n de los fieles, entre los que se cuentan las funciones de los sacerdotes, de los di\u00e1conos y de los catequistas y la Acci\u00f3n Cat\u00f3lica. Prestan, asimismo, un servicio indispensable los religiosos y religiosas con su oraci\u00f3n y trabajo diligente, para enraizar y asegurar en las almas el Reino de Cristo y ensancharlo m\u00e1s y m\u00e1s.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Constituci\u00f3n del clero local<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>16. La Iglesia da gracias, con mucha alegr\u00eda, por la merced inestimable de la vocaci\u00f3n sacerdotal que Dios ha concedido a tantos j\u00f3venes de entre los pueblos convertidos recientemente a Cristo. Pues la Iglesia profundiza sus m\u00e1s firmes ra\u00edces en cada grupo humano, cuando las varias comunidades de fieles tienen de entre sus miembros los propios ministros de la salvaci\u00f3n en el Orden de los Obispos, de los presb\u00edteros y di\u00e1conos, que sirven a sus hermanos, de suerte que las nuevas Iglesias consigan, paso a paso con su clero la estructura diocesana.<\/p>\n<p>Todo lo que ha establecido este Concilio sobre la vocaci\u00f3n y formaci\u00f3n sacerdotal, obs\u00e9rvese cuidadosamente en donde la Iglesia se establece por primera vez y en las nuevas Iglesias. Hay que tener particularmente en cuenta lo que se dice sobre la necesidad de armonizar \u00edntimamente la formaci\u00f3n espiritual con la doctrinal y la pastoral, sobre la vida que hay que llevar seg\u00fan el modelo del Evangelio, sin consideraci\u00f3n del provecho propio o familiar, sobre el cultivo del sentimiento \u00edntimo del misterio de la Iglesia. Con ello aprender\u00e1n maravillosamente a entregarse por entero al servicio del Cuerpo de Cristo y a la obra del Evangelio, a unirse con su propio Obispo como fieles cooperadores y a colaborar con sus hermanos.<\/p>\n<p>Para lograr este fin general hay que ordenar toda la formaci\u00f3n de los alumnos a la luz del misterio de la salvaci\u00f3n como se presenta en la Escritura. Descubran y vivan este misterio de Cristo y de la Salvaci\u00f3n humana presente a la Liturgia.<\/p>\n<p>Armon\u00edcese, seg\u00fan las normas del Concilio, estasexigencias comunes de la formaci\u00f3n sacerdotal, incluso pastoral y pr\u00e1ctica, con el deseo de acomodarse al modo peculiar de pensar y de proceder del propio pa\u00eds. Abranse, pues, y av\u00edvense las mentes de los alumnos para que conozcan bien y puedan juzgar la cultura de su pueblo; conozcan claramente en las disciplinas filos\u00f3ficas y teol\u00f3gicas las diferencias y semejanzas que hay entre las tradiciones, la religi\u00f3n patria y la religi\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>Atienda tambi\u00e9n la formaci\u00f3n sacerdotal a las necesidades pastorales de la regi\u00f3n; aprendan los alumnos la historia, el fin y el m\u00e9todo, de la acci\u00f3n misional de la Iglesia, y las especiales condiciones sociales, econ\u00f3micas y culturales de su pueblo. Ed\u00faquense en el esp\u00edritu del ecumenismo y prep\u00e1rense convenientemente para el di\u00e1logo fraterno con los no cristianos. Todo esto exige que los estudios para el sacerdocio se hagan, en cuanto sea posible, en comunicaci\u00f3n y convivencia con su propio pueblo. Cu\u00eddense tambi\u00e9n la formaci\u00f3n en la buena administraci\u00f3n eclesi\u00e1stica e incluso econ\u00f3mica.<\/p>\n<p>El\u00edjanse, adem\u00e1s, sacerdotes id\u00f3neos que, despu\u00e9s de alguna experiencia pastoral, realicen estudios superiores en las universidades incluso extranjeras, sobre todo de Roma, y otros Institutos cient\u00edficos, para que las Iglesias j\u00f3venes puedan contar con elementos del clero local dotados de ciencia y de experiencia convenientes para desempe\u00f1ar cargos eclesi\u00e1sticos de mayor responsabilidad.<\/p>\n<p>Rest\u00e1urese el Orden del Diaconado como estado permanente de vida seg\u00fan la norma de la Constituci\u00f3n\u00a0<i>\u00abDe Ecclesia\u00bb<\/i>, donde lo crean oportuno las Conferencias episcopales. Pues parece bien que aquellos hombres que desempe\u00f1an un ministerio verdaderamente diaconal, o que predican la palabra divina como catequistas, o que dirigen en nombre del p\u00e1rroco o del Obispo comunidades cristianas distantes, o que practican la caridad en obras sociales y caritativas sean fortalecidos y unidos m\u00e1s estrechamente al servicio del altar por la imposici\u00f3n de las manos, transmitida ya desde los Ap\u00f3stoles, para que cumplan m\u00e1s eficazmente su ministerio por la gracia sacramental del diaconado.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Formaci\u00f3n de los catequistas<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>17. Digna de alabanza es tambi\u00e9n esa legi\u00f3n tan benem\u00e9rita de la obra de las misiones entre los gentiles, es decir, los catequistas, hombres y mujeres, que llenos de esp\u00edritu apost\u00f3lico, prestan con grandes sacrificios una ayuda singular y enteramente necesaria para la propagaci\u00f3n de la fe y de la Iglesia.<\/p>\n<p>En nuestros d\u00edas, el oficio de los catequistas tiene una importancia extraordinaria porque resultan escasos los cl\u00e9rigos para evangelizar tantas multitudes y para ejercer el ministerio pastoral. Su educaci\u00f3n, por consiguiente debe efectuarse y acomodarse al progreso cultural de tal forma que puedan desarrollar lo mejor posible su cometido agravado con nuevas y mayores obligaciones, como cooperadores eficaces del orden sacerdotal.<\/p>\n<p>Multipl\u00edquense, pues, las escuelas diocesanas y regionales en que los futuros catequistas estudien la doctrina cat\u00f3lica, sobre todo en su aspecto b\u00edblico y lit\u00fargico, y el m\u00e9todo catequ\u00e9tico, con la pr\u00e1ctica pastoral, y se formen en la moral cristiana, procurando practicar sin cesar la piedad y la santidad de vida.<\/p>\n<p>Hay que tener, adem\u00e1s, reuniones o cursos en tiempos determinados, en los que los catequistas se renueven en la ciencia y en las artes convenientes para su ministerio y se nutra y robustezca su vida espiritual. Adem\u00e1s, hay que procurar a quienes se entregan por entero a esta obra una condici\u00f3n de vida decente y la seguridad social por medio de una justa remuneraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Es de desear que se provea de un modo congruo a la formaci\u00f3n y sustento de los catequistas con subsidios especiales de la Sagrada Congregaci\u00f3n de Propaganda Fide. Si pareciere necesario y oportuno, f\u00fandese una Obra para los catequistas.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, las Iglesias reconocer\u00e1n, agradecidas, la obra generosa de los catequistas auxiliares, de cuya ayuda necesitar\u00e1n. Ellos presiden la oraci\u00f3n y ense\u00f1an en sus comunidades. Hay que atender convenientemente a su formaci\u00f3n doctrinal y espiritual. E incluso es de desear que, donde parezca oportuno, se confiere a los catequistas debidamente formados misi\u00f3n can\u00f3nica en la celebraci\u00f3n p\u00fablica de la acci\u00f3n lit\u00fargica, para que sirvan a la fe con m\u00e1s autoridad delante del pueblo.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Promoci\u00f3n de la vida religiosa<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>18. Promu\u00e9vase diligentemente la vida religiosa desde el momento de la implantaci\u00f3n de la Iglesia, que no solamente proporciona a la actividad misional ayudas preciosas y enteramente necesarias, sino que por una m\u00e1s \u00edntima consagraci\u00f3n a Dios, hecha en la Iglesia, indica claramente tambi\u00e9n la naturaleza \u00edntima de la vocaci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>Esfu\u00e9rcense los Institutos religiosos, que trabajan en la implantaci\u00f3n de la Iglesia, en exponer y comunicar, seg\u00fan el car\u00e1cter y la idiosincrasia de cada pueblo, las riquezas m\u00edsticas de que est\u00e1n totalmente llenos, y que distinguen latradici\u00f3n religiosa de la Iglesia. Consideren atentamente el modo de aplicar a la vida religiosa cristiana las tradiciones asc\u00e9ticas y contemplativas, cuyas semillas hab\u00eda Dios esparcido con frecuencia en las antiguas culturas antes de la proclamaci\u00f3n del Evangelio.<\/p>\n<p>En las iglesias j\u00f3venes hay que cultivar diversas formas de vida religiosa que presenten los diversos aspectos de la misi\u00f3n de Cristo y de la vida de la Iglesia, y se entreguen a variadas obras pastorales y preparen convenientemente a sus miembros para cumplirlas. Con todo, procuren los Obispos en la Conferencia que las Congregaciones, que tienen los mismos fines apost\u00f3licos, no se multipliquen, con detrimento de la vida religiosa y del apostolado.<\/p>\n<p>Son signos de especial menci\u00f3n los varios esfuerzos realizados para arraigar la vida contemplativa, por los que unos, reteniendo los elementos esenciales de la instituci\u00f3n mon\u00e1stica, se esfuerzan en implantar la riqu\u00edsima tradici\u00f3n de su Orden, y otros, vuelven a las formas m\u00e1s sencillas del antiguo monacato. Procuren todos, sin embargo, buscar la adaptaci\u00f3n oportuna a las condiciones locales. Conviene establecer por todas partes en las iglesias nuevas la vida contemplativa porque pertenece a la plenitud de la presencia de la Iglesia.<\/p>\n<div class=\"sharelinks\" style=\"\">\n\t<a title=\"Cap\u00edtulo II: La Obra Misionera\" rel=\"nofollow\" target=\"_blank\" href=\"http:\/\/www.facebook.com\/sharer.php?u=https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=1040\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"56\" height=\"20\" alt=\"facebook\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/plugins\/facebook-google-twitter-share\/images\/facebook.png?resize=56%2C20&#038;ssl=1\"><\/a>\n\t<a title=\"Cap\u00edtulo II: La Obra Misionera\" rel=\"nofollow\" target=\"_blank\" href=\"https:\/\/plus.google.com\/share?url=https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=1040\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"60\" height=\"20\" alt=\"google plus\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/plugins\/facebook-google-twitter-share\/images\/googleplus.png?resize=60%2C20&#038;ssl=1\"><\/a>\n\t<a title=\"Cap\u00edtulo II: La Obra Misionera\" Nagar\" rel=\"nofollow\" target=\"_blank\" href=\"http:\/\/twitter.com\/home?status=Cap\u00edtulo II: La Obra Misionera https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=1040\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"70\" height=\"20\" alt=\"twitter\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/plugins\/facebook-google-twitter-share\/images\/twitter.png?resize=70%2C20&#038;ssl=1\"><\/a>\n\t<\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CAP\u00cdTULO II: LA OBRA MISIONERA Introducci\u00f3n 10. La Iglesia, enviada por Cristo para manifestar y comunicar la caridad de Dios a todos los hombres y pueblos, sabe que le queda por hacer todav\u00eda una obra misionera ingente. Pues los dos mil millones de hombre, cuyo n\u00famero aumenta sin cesar, que se re\u00fanen en grandes y &hellip; <\/p>\n<p><a class=\"more-link btn\" href=\"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=1040\">Seguir leyendo<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":1041,"parent":1032,"menu_order":3,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"footnotes":""},"class_list":["post-1040","page","type-page","status-publish","has-post-thumbnail","hentry","nodate","item-wrap"],"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/P2YM3J-gM","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_likes_enabled":false,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/1040","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages"}],"about":[{"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/page"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1040"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/1040\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1042,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/1040\/revisions\/1042"}],"up":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/1032"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/1041"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1040"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}