{"id":859,"date":"2013-01-08T12:51:48","date_gmt":"2013-01-08T11:51:48","guid":{"rendered":"http:\/\/arzmadrid.es\/svsc\/wp\/?page_id=859"},"modified":"2013-01-08T12:53:03","modified_gmt":"2013-01-08T11:53:03","slug":"capitulo-i-el-misterio-de-la-iglesia","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=859","title":{"rendered":"Cap\u00edtulo I: El misterio de la Iglesia"},"content":{"rendered":"<h1 align=\"center\"><span style=\"color: #800080;\"><b>CAP\u00cdTULO I:\u00a0<\/b><b><i>EL MISTERIO DE LA IGLESIA<\/i><\/b><\/span><\/h1>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/arzmadrid.es\/svsc\/wp\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/cafayate-campanario-1024w1.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"860\" data-permalink=\"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?attachment_id=860\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/cafayate-campanario-1024w1.jpg?fit=1024%2C770&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"1024,770\" data-comments-opened=\"0\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"cafayate-campanario-1024w1\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-medium-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/cafayate-campanario-1024w1.jpg?fit=300%2C225&amp;ssl=1\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/cafayate-campanario-1024w1.jpg?fit=1024%2C770&amp;ssl=1\" class=\"alignleft size-thumbnail wp-image-860\" alt=\"cafayate-campanario-1024w1\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/arzmadrid.es\/svsc\/wp\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/cafayate-campanario-1024w1-150x150.jpg?resize=150%2C180\" width=\"150\" height=\"180\" \/><\/a>1. Cristo es la luz de los pueblos. Por ello este sacrosanto S\u00ednodo, reunido en el Esp\u00edritu Santo, desea ardientemente iluminar a todos los hombres, anunciando el Evangelio a toda criatura (cf. <i>Mc<\/i>16,15) con la claridad de Cristo, que resplandece sobre la faz de la Iglesia. Y porque la Iglesia es en Cristo como un sacramento, o sea signo e instrumento de la uni\u00f3n \u00edntima con Dios y de la unidad de todo el g\u00e9nero humano, ella se propone presentar a sus fieles y a todo el mundo con mayor precisi\u00f3n su naturaleza y su misi\u00f3n universal, abundando en la doctrina de los concilios precedentes. Las condiciones de nuestra \u00e9poca hacen m\u00e1s urgente este deber de la Iglesia, a saber, el que todos los hombres, que hoy est\u00e1n m\u00e1s \u00edntimamente unidos por m\u00faltiples v\u00ednculos sociales t\u00e9cnicos y culturales, consigan tambi\u00e9n la plena unidad en Cristo.<\/p>\n<p>2. El Padre Eterno, por una disposici\u00f3n lib\u00e9rrima y arcana de su sabidur\u00eda y bondad, cre\u00f3 todo el universo, decret\u00f3 elevar a los hombres a participar de la vida divina, y como ellos hubieran pecado en Ad\u00e1n, no los abandon\u00f3, antes bien les dispens\u00f3 siempre los auxilios para la salvaci\u00f3n, en atenci\u00f3n a Cristo Redentor, \u00abque es la imagen de Dios invisible, primog\u00e9nito de toda criatura\u00bb (<i>Col<\/i> 1,15). A todos los elegidos, el Padre, antes de todos los siglos, \u00ablos conoci\u00f3 de antemano y los predestin\u00f3 a ser conformes con la imagen de su Hijo, para que \u00e9ste sea el primog\u00e9nito entre muchos hermanos\u00bb (<i>Rm<\/i> 8,29). Y estableci\u00f3 convocar a quienes creen en Cristo en la santa Iglesia, que ya fue prefigurada desde el origen del mundo, preparada admirablemente en la historia del pueblo de Israel y en la Antigua Alianza [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn1\">1<\/a>], constituida en los tiempos definitivos, manifestada por la efusi\u00f3n del Esp\u00edritu y que se consumar\u00e1 gloriosamente al final de los tiempos. Entonces, como se lee en los Santos Padres, todos los justos desde Ad\u00e1n, \u00abdesde el justo Abel hasta el \u00faltimo elegido\u00bb [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn2\">2<\/a>], ser\u00e1n congregados en una Iglesia universal en la casa del Padre.<\/p>\n<p>3. Vino, por tanto, el Hijo, enviado por el Padre, quien nos eligi\u00f3 en El antes de la creaci\u00f3n del mundo y nos predestin\u00f3 a ser hijos adoptivos, porque se complaci\u00f3 en restaurar en El todas las cosas (cf. <i>Ef<\/i> 1,4-5 y 10). As\u00ed, pues, Cristo, en cumplimiento de la voluntad del Padre, inaugur\u00f3 en la tierra el reino de los cielos, nos revel\u00f3 su misterio y con su obediencia realiz\u00f3 la redenci\u00f3n. La Iglesia o reino de Cristo, presente actualmente en misterio, por el poder de Dios crece visiblemente en el mundo. Este comienzo y crecimiento est\u00e1n simbolizados en la sangre y en el agua que manaron del costado abierto de Cristo crucificado (cf. <i>Jn<\/i> 19,34) y est\u00e1n profetizados en las palabras de Cristo acerca de su muerte en la cruz: \u00abY yo, si fuere levantado de la tierra, atraer\u00e9 a todos a m\u00ed\u00bb (<i>Jn<\/i> 12,32 gr.). La obra de nuestra redenci\u00f3n se efect\u00faa cuantas veces se celebra en el altar el sacrificio de la cruz, por medio del cual \u00abCristo, que es nuestra Pascua, ha sido inmolado\u00bb (<i>1 Co<\/i> 5,7). Y, al mismo tiempo, la unidad de los fieles, que constituyen un solo cuerpo en Cristo, est\u00e1 representada y se realiza por el sacramento del pan eucar\u00edstico (cf. <i>1 Co<\/i> 10,17). Todos los hombres est\u00e1n llamados a esta uni\u00f3n con Cristo, luz del mundo, de quien procedemos, por quien vivimos y hacia quien caminamos.<\/p>\n<p>4. Consumada la obra que el Padre encomend\u00f3 realizar al Hijo sobre la tierra (cf. <i>Jn<\/i> 17,4), fue enviado el Esp\u00edritu Santo el d\u00eda de Pentecost\u00e9s a fin de santificar indefinidamente la Iglesia y para que de este modo los fieles tengan acceso al Padre por medio de Cristo en un mismo Esp\u00edritu (cf. <i>Ef<\/i>2,18). El es el Esp\u00edritu de vida o la fuente de agua que salta hasta la vida eterna (cf. <i>Jn<\/i> 4,14; 7,38-39), por quien el Padre vivifica a los hombres, muertos por el pecado, hasta que resucite sus cuerpos mortales en Cristo (cf. <i>Rm<\/i> 8,10-11). El Esp\u00edritu habita en la Iglesia y en el coraz\u00f3n de los fieles como en un templo (cf. <i>1 Co<\/i> 3,16; 6,19), y en ellos ora y da testimonio de su adopci\u00f3n como hijos (cf. <i>Ga<\/i>4,6; <i>Rm<\/i> 8,15-16 y 26). Gu\u00eda la Iglesia a toda la verdad (cf. <i>Jn<\/i> 16, 13), la unifica en comuni\u00f3n y ministerio, la provee y gobierna con diversos dones jer\u00e1rquicos y carism\u00e1ticos y la embellece con sus frutos (cf. <i>Ef<\/i> 4,11-12; <i>1 Co<\/i> 12,4; <i>Ga<\/i> 5,22). Con la fuerza del Evangelio rejuvenece la Iglesia, la renueva incesantemente y la conduce a la uni\u00f3n consumada con su Esposo [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn3\">3<\/a>]. En efecto, el Esp\u00edritu y la Esposa dicen al Se\u00f1or Jes\u00fas: \u00a1Ven! (cf. <i>Ap<\/i> 22,17).<\/p>\n<p>Y as\u00ed toda la Iglesia aparece como \u00abun pueblo reunido en virtud de la unidad del Padre y del Hijo y del Esp\u00edritu Santo\u00bb [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn4\">4<\/a>].<\/p>\n<p>5. El misterio de la santa Iglesia se manifiesta en su fundaci\u00f3n. Pues nuestro Se\u00f1or Jes\u00fas dio comienzo a la Iglesia predicando la buena nueva, es decir, la llegada del reino de Dios prometido desde siglos en la Escritura: \u00abPorque el tiempo est\u00e1 cumplido, y se acerc\u00f3 el reino de Dios\u00bb (<i>Mc<\/i>1,15; cf. <i>Mt<\/i> 4,17). Ahora bien, este reino brilla ante los hombres en la palabra, en las obras y en la presencia de Cristo. La palabra de Dios se compara a una semilla sembrada en el campo (cf. <i>Mc<\/i>4,14): quienes la oyen con fidelidad y se agregan a la peque\u00f1a grey de Cristo (cf. <i>Lc<\/i> 12,32), \u00e9sos recibieron el reino; la semilla va despu\u00e9s germinando poco a poco y crece hasta el tiempo de la siega (cf. <i>Mc<\/i> 4,26-29). Los milagros de Jes\u00fas, a su vez, confirman que el reino ya lleg\u00f3 a la tierra: \u00abSi expulso los demonios por el dedo de Dios, sin duda que el reino de Dios ha llegado a vosotros\u00bb (<i>Lc<\/i>11,20; cf. <i>Mt<\/i> 12,28). Pero, sobre todo, el reino se manifiesta en la persona misma de Cristo, Hijo de Dios e Hijo del hombre, quien vino \u00aba servir y a dar su vida para la redenci\u00f3n de muchos\u00bb (<i>Mc<\/i>10,45).<\/p>\n<p>Mas como Jes\u00fas, despu\u00e9s de haber padecido muerte de cruz por los hombres, resucit\u00f3, se present\u00f3 por ello constituido en Se\u00f1or, Cristo y Sacerdote para siempre (cf. <i>Hch<\/i> 2,36; <i>Hb<\/i> 5,6; 7,17-21) y derram\u00f3 sobre sus disc\u00edpulos el Esp\u00edritu prometido por el Padre (cf. <i>Hch<\/i> 2,33). Por esto la Iglesia, enriquecida con los dones de su Fundador y observando fielmente sus preceptos de caridad, humildad y abnegaci\u00f3n, recibe la misi\u00f3n de anunciar el reino de Cristo y de Dios e instaurarlo en todos los pueblos, y constituye en la tierra el germen y el principio de ese reino. Y, mientras ella paulatinamente va creciendo, anhela simult\u00e1neamente el reino consumado y con todas sus fuerzas espera y ansia unirse con su Rey en la gloria.<\/p>\n<p>6. Del mismo modo que en el Antiguo Testamento la revelaci\u00f3n del reino se propone frecuentemente en figuras, as\u00ed ahora la naturaleza \u00edntima de la Iglesia se nos manifiesta tambi\u00e9n mediante diversas im\u00e1genes tomadas de la vida pastoril, de la agricultura, de la edificaci\u00f3n, como tambi\u00e9n de la familia y de los esponsales, las cuales est\u00e1n ya insinuadas en los libros de los profetas.<\/p>\n<p>As\u00ed la Iglesia es un redil, cuya \u00fanica y obligada puerta es Cristo (cf.<i>Jn<\/i> 10,1-10). Es tambi\u00e9n una grey, de la que el mismo Dios se profetiz\u00f3 Pastor (cf. <i>Is<\/i> 40,11; <i>Ez<\/i> 34,11 ss), y cuyas ovejas, aunque conducidas ciertamente por pastores humanos, son, no obstante, guiadas y alimentadas continuamente por el mismo Cristo, buen Pastor y Pr\u00edncipe de los pastores (cf. <i>Jn<\/i> 10,11; <i>1 P<\/i> 5,4), que dio su vida por las ovejas (cf. <i>Jn<\/i> 10,11-15).<\/p>\n<p>La Iglesia es labranza, o arada de Dios (cf. <i>1 Co<\/i> 3,9). En ese campo crece el vetusto olivo, cuya ra\u00edz santa fueron los patriarcas, y en el cual se realiz\u00f3 y concluir\u00e1 la reconciliaci\u00f3n de los jud\u00edos y gentiles (cf. <i>Rm<\/i> 11,13- 26). El celestial Agricultor la plant\u00f3 como vi\u00f1a escogida \u00a0(cf. <i>Mt<\/i> 21,33-34 par.; cf. <i>Is<\/i>5,1 ss). La verdadera vid es Cristo, que comunica vida y fecundidad a los sarmientos, que somos nosotros, que permanecemos en El por medio de la Iglesia, y sin El nada podemos hacer (cf. <i>Jn<\/i>15,1-5).<\/p>\n<p>A veces tambi\u00e9n la Iglesia es designada como edificaci\u00f3n de Dios (cf. <i>1 Co<\/i> 3,9). El mismo Se\u00f1or se compar\u00f3 a la piedra que rechazaron los constructores, pero que fue puesta como piedra angular (cf.<i>Mt<\/i> 21,42 par.; <i>Hch<\/i> 4,11; <i>1 P<\/i> 2,7; <i>Sal<\/i> 117,22). Sobre este fundamento los Ap\u00f3stoles levantan la Iglesia (cf. <i>1 Co<\/i> 3,11) y de \u00e9l recibe esta firmeza y cohesi\u00f3n. Esta edificaci\u00f3n recibe diversos nombres: casa de Dios (cf. <i>1 Tm<\/i> 3,15), en que habita su familia; habitaci\u00f3n de Dios en el Esp\u00edritu (cf.<i>Ef<\/i> 2,19-22), tienda de Dios entre los hombres (<i>Ap<\/i> 21,3) y sobre todo templo santo, que los Santos Padres celebran como representado en los templos de piedra, y la liturgia, no sin raz\u00f3n, la compara a la ciudad santa, la nueva Jerusal\u00e9n [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn5\">5<\/a>]. Efectivamente, en este mundo servimos, cual piedras vivas, para edificarla (cf. <i>1 P<\/i> 2,5). San Juan contempla esta ciudad santa y bajando, en la renovaci\u00f3n del mundo, de junto a Dios, ataviada como esposa engalanada para su esposo (<i>Ap<\/i> 21,1 s).<\/p>\n<p>La Iglesia, llamada \u00abJerusal\u00e9n de arriba\u00bb y \u00abmadre nuestra\u00bb (<i>Ga<\/i> 4,26; cf. <i>Ap<\/i> 12,17), es tambi\u00e9n descrita como esposa inmaculada del Cordero inmaculado (cf. <i>Ap<\/i> 19,7; 21,2 y 9; 22,17), a la que Cristo \u00abam\u00f3 y se entreg\u00f3 por ella para santificarla\u00bb (<i>Ef<\/i> 5,25-26), la uni\u00f3 consigo en pacto indisoluble e incesantemente la \u00abalimenta y cuida\u00bb (<i>Ef<\/i> 5,29); a ella, libre de toda mancha, la quiso unida a s\u00ed y sumisa por el amor y la fidelidad (cf. <i>Ef<\/i> 5,24), y, en fin, la enriqueci\u00f3 perpetuamente con bienes celestiales, para que comprendi\u00e9ramos la caridad de Dios y de Cristo hacia nosotros, que supera toda ciencia (cf. <i>Ef<\/i> 3,19). Sin embargo, mientras la Iglesia camina en esta tierra lejos del Se\u00f1or (cf. <i>2 Co<\/i> 5,6), se considera como en destierro, buscando y saboreando las cosas de arriba, donde Cristo est\u00e1 sentado a la derecha de Dios, donde la vida de la Iglesia est\u00e1 escondida con Cristo en Dios hasta que aparezca con su Esposo en la gloria (cf. <i>Col<\/i> 3,1-4).<\/p>\n<p>7. El Hijo de Dios, en la naturaleza humana unida a s\u00ed, redimi\u00f3 al hombre, venciendo la muerte con su muerte y resurrecci\u00f3n, y lo transform\u00f3 en una nueva criatura (cf. <i>Ga<\/i> 6,15; <i>2 Co<\/i> 5,17). Y a sus hermanos, congregados de entre todos los pueblos, los constituy\u00f3 m\u00edsticamente su cuerpo, comunic\u00e1ndoles su esp\u00edritu.<\/p>\n<p>En ese cuerpo, la vida de Cristo se comunica a los creyentes, quienes est\u00e1n unidos a Cristo paciente y glorioso por los sacramentos, de un modo arcano, pero real [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn6\">6<\/a>]. Por el bautismo, en efecto, nos configuramos en Cristo: \u00abporque tambi\u00e9n todos nosotros hemos sido bautizados en un solo Esp\u00edritu\u00bb (<i>1 Co<\/i> 12,13), ya que en este sagrado rito se representa y realiza el consorcio con la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo: \u00abCon El fuimos sepultados por el bautismo para participar de su muerte; mas, si hemos sido injertados en El por la semejanza de su muerte, tambi\u00e9n lo seremos por la de su resurrecci\u00f3n\u00bb (<i>Rm<\/i> 6,4-5). Participando realmente del Cuerpo del Se\u00f1or en la fracci\u00f3n del pan eucar\u00edstico, somos elevados a una comuni\u00f3n con El y entre nosotros. \u00abPorque el pan es uno, somos muchos un solo cuerpo, pues todos participamos de ese \u00fanico pan\u00bb (<i>1 Co<\/i> 10,17). As\u00ed todos nosotros nos convertimos en miembros de ese Cuerpo (cf. <i>1 Co<\/i> 12,27) \u00aby cada uno es miembro del otro\u00bb (<i>Rm<\/i> 12,5).<\/p>\n<p>Y del mismo modo que todos los miembros del cuerpo humano, aun siendo muchos, forman, no obstante, un solo cuerpo, as\u00ed tambi\u00e9n los fieles en Cristo (cf. <i>1 Co<\/i> 12, 12). Tambi\u00e9n en la constituci\u00f3n del cuerpo de Cristo est\u00e1 vigente la diversidad de miembros y oficios. Uno solo es el Esp\u00edritu, que distribuye sus variados dones para el bien de la Iglesia seg\u00fan su riqueza y la diversidad de ministerios (<i>1 Co<\/i> 12,1-11). Entre estos dones resalta la gracia de los Ap\u00f3stoles, a cuya autoridad el mismo Esp\u00edritu subordina incluso los carism\u00e1ticos (cf. <i>1 Co<\/i> 14). El mismo produce y urge la caridad entre los fieles, unificando el cuerpo por s\u00ed y con su virtud y con la conexi\u00f3n interna de los miembros. Por consiguiente, si un miembro sufre en algo, con \u00e9l sufren todos los dem\u00e1s; o si un miembro es honrado, gozan conjuntamente los dem\u00e1s miembros (cf.<i>1 Co<\/i> 12,26).<\/p>\n<p>La Cabeza de este cuerpo es Cristo. El es la imagen de Dios invisible, y en El fueron creadas todas las cosas. El es antes que todos, y todo subsiste en El. El es la cabeza del cuerpo, que es la Iglesia. El es el principio, el primog\u00e9nito de los muertos, de modo que tiene la primac\u00eda en todas las cosas (cf. <i>Col<\/i> 1,15-18). Con la grandeza de su poder domina los cielos y la tierra y con su eminente perfecci\u00f3n y acci\u00f3n llena con las riquezas de su gloria todo el cuerpo (cf. <i>Ef<\/i> 1,18-23) [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn7\">7<\/a>].<\/p>\n<p>Es necesario que todos los miembros se hagan conformes a El hasta el extremo de que Cristo quede formado en ellos (cf. <i>Ga<\/i> 4,19). Por eso somos incorporados a los misterios de su vida, configurados con El, muertos y resucitados con El, hasta que con El reinemos (cf. <i>Flp<\/i> 3,21; <i>2 Tm<\/i> 2,11; <i>Ef<\/i> 2,6;<i>Col<\/i> 2,12, etc.). Peregrinando todav\u00eda sobre la tierra, siguiendo de cerca sus pasos en la tribulaci\u00f3n y en la persecuci\u00f3n, nos asociamos a sus dolores como el cuerpo a la cabeza, padeciendo con El a fin de ser glorificados con El (cf. <i>Rm<\/i> 8,17).<\/p>\n<p>Por El \u00abtodo el cuerpo, alimentado y trabado por las coyunturas: y ligamentos, crece en aumento divino\u00bb (<i>Col<\/i> 2, 19). El mismo conforta constantemente su cuerpo, que es la Iglesia, con los dones de los ministerios, por los cuales, con la virtud derivada de El, nos prestamos mutuamente los servicios para la salvaci\u00f3n, de modo que, viviendo la verdad en caridad, crezcamos por todos los medios en El, que es nuestra Cabeza (cf. <i>Ef<\/i> 4,11-16 gr.).<\/p>\n<p>Y para que nos renov\u00e1ramos incesantemente en El (cf. <i>Ef<\/i> 4,23), nos concedi\u00f3 participar de su Esp\u00edritu, quien, siendo uno solo en la Cabeza y en los miembros, de tal modo vivifica todo el cuerpo, lo une y lo mueve, que su oficio pudo ser comparado por los Santos Padres con la funci\u00f3n que ejerce el principio de vida o el alma en el cuerpo humano [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn8\">8<\/a>].<\/p>\n<p>Cristo, en verdad, ama a la Iglesia como a su esposa, convirti\u00e9ndose en ejemplo del marido, que ama a su esposa como a su propio cuerpo (cf. <i>Ef<\/i> 5,25-28). A su vez, la Iglesia le est\u00e1 sometida como a su Cabeza (<i>ib.<\/i> 23-24). \u00abPorque en El habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad\u00bb (<i>Col<\/i> 2,9), colma de bienes divinos a la Iglesia, que es su cuerpo y su plenitud (cf. <i>Ef<\/i> 1, 22-23), para que tienda y consiga toda la plenitud de Dios (cf. <i>Ef<\/i> 3,19).<\/p>\n<p>8. Cristo, el \u00fanico Mediador, instituy\u00f3 y mantiene continuamente en la tierra a su Iglesia santa, comunidad de fe, esperanza y caridad, como un todo visible [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn9\">9<\/a>], comunicando mediante ella la verdad y la gracia a todos. Mas la sociedad provista de sus \u00f3rganos jer\u00e1rquicos y el Cuerpo m\u00edstico de Cristo, la asamblea visible y la comunidad espiritual, la Iglesia terrestre y la Iglesia enriquecida con los bienes celestiales, no deben ser consideradas como dos cosas distintas, sino que m\u00e1s bien forman una realidad compleja que est\u00e1 integrada de un elemento humano y otro divino [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn10\">10<\/a>]. Por eso se la compara, por una notable analog\u00eda, al misterio del Verbo encarnado, pues as\u00ed como la naturaleza asumida sirve al Verbo divino como de instrumento vivo de salvaci\u00f3n unido indisolublemente a El, de modo semejante la articulaci\u00f3n social de la Iglesia sirve al Esp\u00edritu Santo, que la vivifica, para el acrecentamiento de su cuerpo (cf. <i>Ef<\/i> 4,16) [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn11\">11<\/a>].<\/p>\n<p>Esta es la \u00fanica Iglesia de Cristo, que en el S\u00edmbolo confesamos como una, santa, cat\u00f3lica y apost\u00f3lica [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn12\">12<\/a>], y que nuestro Salvador, despu\u00e9s de su resurrecci\u00f3n, encomend\u00f3 a Pedro para que la apacentara (cf. <i>Jn<\/i> 21,17), confi\u00e1ndole a \u00e9l y a los dem\u00e1s Ap\u00f3stoles su difusi\u00f3n y gobierno (cf. <i>Mt<\/i>28,18 ss), y la erigi\u00f3 perpetuamente como columna y fundamento de la verdad (cf.<i>1 Tm<\/i>3,15). Esta Iglesia, establecida y organizada en este mundo como una sociedad, subsiste en la Iglesia cat\u00f3lica, gobernada por el sucesor de Pedro y por los Obispos en comuni\u00f3n con \u00e9l [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn13\">13<\/a>] si bien fuera de su estructura se encuentren muchos elementos de santidad y verdad que, como bienes propios de la Iglesia de Cristo, impelen hacia la unidad cat\u00f3lica.<\/p>\n<p>Pero como Cristo realiz\u00f3 la obra de la redenci\u00f3n en pobreza y persecuci\u00f3n, de igual modo la Iglesia est\u00e1 destinada a recorrer el mismo camino a fin de comunicar los frutos de la salvaci\u00f3n a los hombres. Cristo Jes\u00fas, \u00abexistiendo en la forma de Dios&#8230;, se anonad\u00f3 a s\u00ed mismo, tomando la forma de siervo\u00bb (<i>Flp<\/i> 2,6-7), y por nosotros \u00abse hizo pobre, siendo rico\u00bb (<i>2 Co<\/i> 8,9); as\u00ed tambi\u00e9n la Iglesia, aunque necesite de medios humanos para cumplir su misi\u00f3n, no fue instituida para buscar la gloria terrena, sino para proclamar la humildad y la abnegaci\u00f3n, tambi\u00e9n con su propio ejemplo. Cristo fue enviado por el Padre a \u00abevangelizar a los pobres y levantar a los oprimidos\u00bb (<i>Lc<\/i> 4,18), \u00abpara buscar y salvar lo que estaba perdido\u00bb (<i>Lc<\/i> 19,10); as\u00ed tambi\u00e9n la Iglesia abraza con su amor a todos los afligidos por la debilidad humana; m\u00e1s a\u00fan, reconoce en los pobres y en los que sufren la imagen de su Fundador pobre y paciente, se esfuerza en remediar sus necesidades y procura servir en ellos a Cristo. Pues mientras Cristo, \u00absanto, inocente, inmaculado\u00bb (<i>Hb<\/i> 7,26), no conoci\u00f3 el pecado (cf. <i>2 Co<\/i> 5,21), sino que vino \u00fanicamente a expiar los pecados del pueblo (cf. <i>Hb<\/i> 2,17), la Iglesia encierra en su propio seno a pecadores, y siendo al mismo tiempo santa y necesitada de purificaci\u00f3n, avanza continuamente por la senda de la penitencia y de la renovaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La Iglesia \u00abva peregrinando entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios\u00bb [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn14\">14<\/a>] anunciando la cruz del Se\u00f1or hasta que venga (cf. <i>1 Co<\/i> 11,26). Est\u00e1 fortalecida, con la virtud del Se\u00f1or resucitado, para triunfar con paciencia y caridad de sus aflicciones y dificultades, tanto internas como externas, y revelar al mundo fielmente su misterio, aunque sea entre penumbras, hasta que se manifieste en todo el esplendor al final de los tiempos.<\/p>\n<p><strong>________________________________________________________________________________________<\/strong><\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref1\">1<\/a>] Cf. San Cipriano, <i>Epist.<\/i> 64, 4; PL 3, 1.017. CSEL (Hartel) III B. p. 720 San Hilario Pict.,<i>In Mt.<\/i>, 23, 6: PL 9, 1.047. San Agust\u00edn, <i>passim<\/i>. San Cirilo Alej., <i>Glaph. in Gen.<\/i> 2, 10: PG 69, 110A.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref2\">2<\/a>] Cf. San Gregorio M., <i>Hom. in Evang.<\/i>, 19, 1: PL 76 1.154 B. San Agust\u00edn, <i>Serm.<\/i>, 341, 9, 11: PL 39, 1.499 s. San J. Damasceno, <i>Adv. iconocl.<\/i>, 11: PG 96, 1357.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref3\">3<\/a>] Cf. San Ireneo, <i>Adv. Haer.<\/i>, III, 24, 1; PG 7, 966. Harvey, 2, 131: ed. Sagnard. <i>Sources Chr.<\/i>, p. 398.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref4\">4<\/a>] San Cipriano, <i>De Orat. Dom.<\/i>, 23: PL 4, 553. Hartel, III A. p. 285. San Agust\u00edn, <i>Serm.<\/i>, 71, 20, 53: PL 38, 463 s. San J. Damasceno, <i>Adv. iconocl.<\/i>, 12: PG 96, 1358D.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref5\">5<\/a>] Cf. Or\u00edgenes. <i>In Mt.<\/i>, 16, 21: PG 13, 1.443C; Tertuliano, <i>Adv. Mar.<\/i>, 3, 7: PL 2, 357C: CSEL 47, 3, p. 386. Para los documentos lit\u00fargicos, cf. <i>Sacramentarium Gregorianum:<\/i> PL 76, 160B; o bien C. Mohlberg, <i>Liber Sacramentorum Romanae Ecclesiae<\/i>, Roma, 1960, p. 111 XC: \u00abDeus qui ex omni coaptatione sanctorum aeternum tibi condis habitaculum&#8230;\u00bb. El himno <i>Urbis Ierusalem beata,<\/i> en el Breviario mon\u00e1stico, y <i>Caelestis urbs Ierusalem,<\/i> en el Breviario Romano.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref6\">6<\/a>] Cf. Santo Tom\u00e1s, <i>Summa Theol<\/i>., III, q. 62, a. 5, ad 1.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref7\">7<\/a>] Cf. P\u00edo XII, enc. <i>Mystici Corporis<\/i>, 29 jun. 1943: AAS 35 (1943), p. 208.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref8\">8<\/a>] Cf. Le\u00f3n XIII, enc. <i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/leo_xiii\/encyclicals\/documents\/hf_l-xiii_enc_09051897_divinum-illud-munus_sp.html\">Divinum illud<\/a>,<\/i> 9 mayo 1897: AAS 29 (1896-1807), p. 650. P\u00edo XII, enc.<i>Mystici Corporis<\/i>, l. c., pp. 219-220. Denz., 2.288 (3807), San Agust\u00edn, <i>Serm<\/i>., 268, 2: PL 38, 1232, y en otros sitios; San J. Cris\u00f3stomo, <i>In Eph. Hom.<\/i>, 9, 3: PG 62, 72. D\u00eddimo Alej., <i>Trin.<\/i>, 2, 1: PG 39, 449 s.; Santo Tom\u00e1s, <i>In Col.<\/i>, 1, 18, lect. 5; ed. Marietti, II, n. 46: \u00abAs\u00ed como se constituye un solo cuerpo por la unidad del alma, as\u00ed la Iglesia por la unidad del Esp\u00edritu&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref9\">9<\/a>] Le\u00f3n XIII, enc. <i>Sapientiae christianae<\/i>, 10 jun. 1890: ASS 22 (1889-90), p. 392; Id. \u00a0enc.<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/leo_xiii\/encyclicals\/documents\/hf_l-xiii_enc_29061896_satis-cognitum_sp.html\">Satis cognitum<\/a><\/i><i>,<\/i> 29 jun. 1896: ASS 28 (1895-96), pp. 710 y 724ss; P\u00edo XII, enc. <i>Mystici Corporis<\/i>, l. c., pp. 199-200.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref10\">10<\/a>] Cf. P\u00edo XII. enc. <i>Mystici Corporis<\/i>, l. c., p\u00e1gina 221 ss; Id. enc. <i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/pius_xii\/encyclicals\/documents\/hf_p-xii_enc_12081950_humani-generis_sp.html\">Humani generis<\/a>,<\/i> 12 agosto 1950: AAS 42 (1950) 571.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref11\">11<\/a>] Le\u00f3n XIII, enc. <i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/leo_xiii\/encyclicals\/documents\/hf_l-xiii_enc_29061896_satis-cognitum_sp.html\">Satis cognitum<\/a>,<\/i> l. c. p. 713.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref12\">12<\/a>] Cf.<i>Symbolum Apostolicum:<\/i> Denz., 6-9 (10-13): <i>Symb. Nic.-Const.<\/i>: Denz., 86 (150); col.<i>Prof. fidei Trid.<\/i>: Denz., 994 y 999 (1862 y 1868).<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref13\">13<\/a>] Se dice \u00abSanta (cat\u00f3lica apost\u00f3lica) Romana Iglesia\u00bb: en <i>Prof. fidei Trid.<\/i>, 1. c., y Conc. Vat. I. const. dogm. de fe cat\u00f3lica <i>Dei Filius<\/i>: Denz., 1782 (3001).<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref14\">14<\/a>] San Agust\u00edn, <i>De civ. Dei.<\/i>, XVIII, 51, 2: PL 41, 614.<\/p>\n<div class=\"sharelinks\" style=\"\">\n\t<a title=\"Cap\u00edtulo I: El misterio de la Iglesia\" rel=\"nofollow\" target=\"_blank\" href=\"http:\/\/www.facebook.com\/sharer.php?u=https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=859\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"56\" height=\"20\" alt=\"facebook\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/plugins\/facebook-google-twitter-share\/images\/facebook.png?resize=56%2C20&#038;ssl=1\"><\/a>\n\t<a title=\"Cap\u00edtulo I: El misterio de la Iglesia\" rel=\"nofollow\" target=\"_blank\" href=\"https:\/\/plus.google.com\/share?url=https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=859\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"60\" height=\"20\" alt=\"google plus\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/plugins\/facebook-google-twitter-share\/images\/googleplus.png?resize=60%2C20&#038;ssl=1\"><\/a>\n\t<a title=\"Cap\u00edtulo I: El misterio de la Iglesia\" Nagar\" rel=\"nofollow\" target=\"_blank\" href=\"http:\/\/twitter.com\/home?status=Cap\u00edtulo I: El misterio de la Iglesia https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=859\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"70\" height=\"20\" alt=\"twitter\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/plugins\/facebook-google-twitter-share\/images\/twitter.png?resize=70%2C20&#038;ssl=1\"><\/a>\n\t<\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CAP\u00cdTULO I:\u00a0EL MISTERIO DE LA IGLESIA 1. Cristo es la luz de los pueblos. Por ello este sacrosanto S\u00ednodo, reunido en el Esp\u00edritu Santo, desea ardientemente iluminar a todos los hombres, anunciando el Evangelio a toda criatura (cf. Mc16,15) con la claridad de Cristo, que resplandece sobre la faz de la Iglesia. Y porque la &hellip; <\/p>\n<p><a class=\"more-link btn\" href=\"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=859\">Seguir leyendo<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":860,"parent":856,"menu_order":1,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"footnotes":""},"class_list":["post-859","page","type-page","status-publish","has-post-thumbnail","hentry","nodate","item-wrap"],"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/P2YM3J-dR","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_likes_enabled":false,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/859","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages"}],"about":[{"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/page"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=859"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/859\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":863,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/859\/revisions\/863"}],"up":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/856"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/860"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=859"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}