{"id":871,"date":"2013-01-08T13:04:57","date_gmt":"2013-01-08T12:04:57","guid":{"rendered":"http:\/\/arzmadrid.es\/svsc\/wp\/?page_id=871"},"modified":"2013-01-08T13:08:24","modified_gmt":"2013-01-08T12:08:24","slug":"capitulo-iii-constitucion-jerarquica-2","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=871","title":{"rendered":"Cap\u00edtulo III: Constituci\u00f3n Jer\u00e1rquica"},"content":{"rendered":"<h1 align=\"center\"><span style=\"color: #800080;\"><b>CAP\u00cdTULO III:\u00a0<\/b><b><i>CONSTITUCI\u00d3N JER\u00c1RQUICA DE LA IGLESIA,<br \/>\n<\/i><\/b><b><i>Y PARTICULARMENTE EL EPISCOPADO<\/i><\/b><\/span><\/h1>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/arzmadrid.es\/svsc\/wp\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/Jueves-Santo-Lavatorio-de-Pies.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft\" alt=\"Jueves-Santo-Lavatorio-de-Pies\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/arzmadrid.es\/svsc\/wp\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/Jueves-Santo-Lavatorio-de-Pies-150x150.jpg?resize=150%2C150\" width=\"150\" height=\"150\" \/><\/a>18. Para apacentar el Pueblo de Dios y acrecentarlo siempre, Cristo Se\u00f1or instituy\u00f3 en su Iglesia diversos ministerios, ordenados al bien de todo el Cuerpo. Pues los ministros que poseen la sacra potestad est\u00e1n al servicio de sus hermanos, a fin de que todos cuantos pertenecen al Pueblo de Dios y gozan, por tanto, de la verdadera dignidad cristiana, tendiendo libre y ordenadamente a un mismo fin, alcancen la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Este santo S\u00ednodo, siguiendo las huellas del Concilio Vaticano I, ense\u00f1a y declara con \u00e9l que Jesucristo, Pastor eterno, edific\u00f3 la santa Iglesia enviando a sus Ap\u00f3stoles lo mismo que El fue enviado por el Padre (cf.\u00a0<i>Jn<\/i>\u00a020,21), y quiso que los sucesores de aqu\u00e9llos, los Obispos, fuesen los pastores en su Iglesia hasta la consumaci\u00f3n de los siglos. Pero para que el mismo Episcopado fuese uno solo e indiviso, puso al frente de los dem\u00e1s Ap\u00f3stoles al bienaventurado Pedro e instituy\u00f3 en la persona del mismo el principio y fundamento, perpetuo y visible, de la unidad de fe y de comuni\u00f3n [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn37\">37<\/a>]. Esta doctrina sobre la instituci\u00f3n, perpetuidad, poder y raz\u00f3n de ser del sacro primado del Romano Pont\u00edfice y de su magisterio infalible, el santo Concilio la propone nuevamente como objeto de fe inconmovible a todos los fieles, y, prosiguiendo dentro de la misma l\u00ednea, se propone, ante la faz de todos, profesar y declarar la doctrina acerca de los Obispos, sucesores de los Ap\u00f3stoles, los cuales, junto con el sucesor de Pedro, Vicario de Cristo [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn38\">38<\/a>] y Cabeza visible de toda la Iglesia, rigen la casa del Dios vivo.<\/p>\n<p>19. El Se\u00f1or Jes\u00fas, despu\u00e9s de haber hecho oraci\u00f3n al Padre, llamando a s\u00ed a los que El quiso, eligi\u00f3 a doce para que viviesen con El y para enviarlos a predicar el reino de Dios (cf.\u00a0<i>Mc<\/i>\u00a03,13-19;\u00a0<i>Mt<\/i>10,1-42); a estos Ap\u00f3stoles (cf.\u00a0<i>Lc<\/i>\u00a06,13) los instituy\u00f3 a modo de colegio, es decir, de grupo estable, al frente del cual puso a Pedro, elegido de entre ellos mismos (cf.\u00a0<i>Jn<\/i>\u00a021,15-17). Los envi\u00f3 primeramente a los hijos de Israel, y despu\u00e9s a todas las gentes (cf.<i>Rm<\/i>\u00a01,16), para que, participando de su potestad, hiciesen disc\u00edpulos de El a todos los pueblos y los santificasen y gobernasen (cf.\u00a0<i>Mt<\/i>\u00a028,16-20;\u00a0<i>Mc<\/i>\u00a016, 15; Le 24,45-48;\u00a0<i>Jn<\/i>\u00a020,21-23), y as\u00ed propagasen la Iglesia y la apacentasen, sirvi\u00e9ndola, bajo la direcci\u00f3n del Se\u00f1or, todos los d\u00edas hasta la consumaci\u00f3n de los siglos (<i>Mt<\/i>\u00a028,20). En esta misi\u00f3n fueron confirmados plenamente el d\u00eda de Pentecost\u00e9s (cf.\u00a0<i>Hch<\/i>\u00a02,1-36), seg\u00fan la promesa del Se\u00f1or: \u00abRecibir\u00e9is la virtud del Esp\u00edritu Santo, que vendr\u00e1 sobre vosotros, y ser\u00e9is mis testigos as\u00ed en Jerusal\u00e9n como en toda la Judea y Samar\u00eda y hasta el \u00faltimo conf\u00edn de la tierra\u00bb (<i>Hch<\/i>\u00a01,8). Los Ap\u00f3stoles, pues, predicando en todas partes el Evangelio (cf.\u00a0<i>Mc<\/i>\u00a016,20), recibido por los oyentes bajo la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, congregan la Iglesia universal que el Se\u00f1or fund\u00f3 en los Ap\u00f3stoles y edific\u00f3 sobre el bienaventurado Pedro, su cabeza, siendo el propio Cristo Jes\u00fas la piedra angular (cf.\u00a0<i>Ap<\/i>\u00a021, 14;\u00a0<i>Mt<\/i>\u00a016, 18;\u00a0<i>Ef<\/i>\u00a02, 20) [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn39\">39<\/a>].<\/p>\n<p>20. Esta divina misi\u00f3n confiada por Cristo a los Ap\u00f3stoles ha de durar hasta \u00e9l fin del mundo (cf.\u00a0<i>Mt<\/i>28,20), puesto que el Evangelio que ellos deben propagar es en todo tiempo el principio de toda la vida para la Iglesia. Por esto los Ap\u00f3stoles cuidaron de establecer sucesores en esta sociedad jer\u00e1rquicamente organizada.<\/p>\n<p>En efecto, no s\u00f3lo tuvieron diversos colaboradores en el ministerio[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn40\">40<\/a>], sino que, a fin de que la misi\u00f3n a ellos confiada se continuase despu\u00e9s de su muerte, dejaron a modo de testamento a sus colaboradores inmediatos el encargo de acabar y consolidar la obra comenzada por ellos [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn41\">41<\/a>], encomend\u00e1ndoles que atendieran a toda la grey, en medio de la cual el Esp\u00edritu Santo los hab\u00eda puesto para apacentar la Iglesia de Dios (cf.\u00a0<i>Hch<\/i>\u00a020,28). Y as\u00ed establecieron tales colaboradores y les dieron adem\u00e1s la orden de que, al morir ellos, otros varones probados se hicieran cargo de su ministerio [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn42\">42<\/a>]. Entre los varios ministerios que desde los primeros tiempos se vienen ejerciendo en la Iglesia, seg\u00fan el testimonio de la Tradici\u00f3n, ocupa el primer lugar el oficio de aquellos que, ordenados Obispos por una sucesi\u00f3n que se remonta a los mismos or\u00edgenes [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn43\">43<\/a>], conservan la semilla apost\u00f3lica [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn44\">44<\/a>]. As\u00ed, como atestigua San Ireneo, por medio de aquellos que fueron instituidos por los Ap\u00f3stoles Obispos y sucesores suyos hasta nosotros, se manifiesta [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn45\">45<\/a>] y se conserva la tradici\u00f3n apost\u00f3lica en todo el mundo [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn46\">46<\/a>].<\/p>\n<p>Los Obispos, pues, recibieron el ministerio de la comunidad con sus colaboradores, los presb\u00edteros y di\u00e1conos [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn47\">47<\/a>], presidiendo en nombre de Dios la grey [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn48\">48<\/a>], de la que son pastores, como maestros de doctrina, sacerdotes del culto sagrado y ministros de gobierno [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn49\">49<\/a>]. Y as\u00ed como permanece el oficio que Dios concedi\u00f3 personalmente a Pedro; pr\u00edncipe de los Ap\u00f3stoles, para que fuera transmitido a sus sucesores, as\u00ed tambi\u00e9n perdura el oficio de los Ap\u00f3stoles de apacentar la Iglesia, que debe ejercer de forma permanente el orden sagrado de los Obispos [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn50\">50<\/a>]. Por ello, este sagrado S\u00ednodo ense\u00f1a que los Obispos han sucedido [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn51\">51<\/a>], por instituci\u00f3n divina, a los Ap\u00f3stoles como pastores de la Iglesia, de modo que quien los escucha, escucha a Cristo, y quien los desprecia, desprecia a Cristo y a quien le envi\u00f3 (cf.\u00a0<i>Lc<\/i>\u00a010,16) [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn52\">52<\/a>].<\/p>\n<p>21. En la persona, pues, de los Obispos, a quienes asisten los presb\u00edteros, el Se\u00f1or Jesucristo, Pont\u00edfice supremo, est\u00e1 presente en medio de los fieles. Porque, sentado a la diestra del Padre, no est\u00e1 ausente la congregaci\u00f3n de sus pont\u00edfices [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn53\">53<\/a>], sino que, principalmente a trav\u00e9s de su servicio eximio, predica la palabra de Dios a todas las gentes y administra continuamente los sacramentos de la fe a los creyentes, y por medio de su oficio paternal (cf.<i>1 Co<\/i>\u00a04,15) va congregando nuevos miembros a su Cuerpo con regeneraci\u00f3n sobrenatural; finalmente, por medio de su sabidur\u00eda y prudencia dirige y ordena al Pueblo del Nuevo Testamento en su peregrinar hacia la eterna felicidad. Estos pastores, elegidos para apacentar la grey del Se\u00f1or, son los ministros de Cristo y los dispensadores de los misterios de Dios (cf.\u00a0<i>1 Co<\/i>\u00a04,1), a quienes est\u00e1 encomendado el testimonio del Evangelio de la gracia de Dios (cf.\u00a0<i>Rm<\/i>\u00a015,16;\u00a0<i>Hch<\/i>\u00a020,24) y la gloriosa administraci\u00f3n del Esp\u00edritu y de la justicia (cf.\u00a0<i>2 Co<\/i>\u00a03,8-9).<\/p>\n<p>Para realizar estos oficios tan excelsos, los Ap\u00f3stoles fueron enriquecidos por Cristo con una efusi\u00f3n especial del Esp\u00edritu Santo, que descendi\u00f3 sobre ellos (cf.\u00a0<i>Hch<\/i>\u00a01,8; 2,4;\u00a0<i>Jn<\/i>\u00a020,22-23), y ellos, a su vez, por la imposici\u00f3n de las manos, transmitieron a sus colaboradores este don espiritual (cf.\u00a0<i>1 Tm<\/i>4,14;\u00a0<i>2 Tm<\/i>\u00a01,6-7), que ha llegado hasta nosotros en la consagraci\u00f3n episcopal [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn54\">54<\/a>]. Ense\u00f1a, pues, este santo S\u00ednodo que en la consagraci\u00f3n episcopal se confiere la plenitud del sacramento del orden, llamada, en la pr\u00e1ctica lit\u00fargica de la Iglesia y en la ense\u00f1anza de los Santos Padres, sumo sacerdocio, cumbre del ministerio sagrado [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn55\">55<\/a>]. La consagraci\u00f3n episcopal, junto con el oficio de santificar, confiere tambi\u00e9n los oficios de ense\u00f1ar y de regir, los cuales, sin embargo, por su misma naturaleza, no pueden ejercerse sino en comuni\u00f3n jer\u00e1rquica con la Cabeza y los miembros del Colegio. Pues seg\u00fan la Tradici\u00f3n, que se manifiesta especialmente en los ritos lit\u00fargicos y en el uso de la Iglesia tanto de Oriente como de Occidente, es cosa clara que por la imposici\u00f3n de las manos y las palabras de la consagraci\u00f3n se confiere [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn56\">56<\/a>] la gracia del Esp\u00edritu Santo y se imprime el sagrado car\u00e1cter [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn57\">57<\/a>], de tal manera que los Obispos, de modo visible y eminente, hacen las veces del mismo Cristo, Maestro, Pastor y Pont\u00edfice, y act\u00faan en lugar suyo [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn58\">58<\/a>]. Pertenece a los Obispos incorporar, por medio del sacramento del orden, nuevos elegidos al Cuerpo episcopal.<\/p>\n<p>22. As\u00ed como, por disposici\u00f3n del Se\u00f1or, San Pedro y los dem\u00e1s Ap\u00f3stoles forman un solo Colegio apost\u00f3lico, de igual manera se unen entre s\u00ed el Romano Pont\u00edfice, sucesor de Pedro, y los Obispos, sucesores de los Ap\u00f3stoles. Ya la m\u00e1s antigua disciplina, seg\u00fan la cual los Obispos esparcidos por todo el orbe comunicaban entre s\u00ed y con el Obispo de Roma en el v\u00ednculo de la unidad, de la caridad y de la paz [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn59\">59<\/a>], y tambi\u00e9n los concilios convocados [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn60\">60<\/a>] para decidir en com\u00fan las cosas m\u00e1s importantes [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn61\">61<\/a>], sometiendo la resoluci\u00f3n al parecer de muchos [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn62\">62<\/a>], manifiestan la naturaleza y la forma colegial del orden episcopal, confirmada manifiestamente por los concilios ecum\u00e9nicos celebrados a lo largo de los siglos. Esto mismo est\u00e1 indicado por la costumbre, introducida de antiguo, de llamar a varios Obispos para tomar parte en la elevaci\u00f3n del nuevo elegido al ministerio del sumo sacerdocio. Uno es constituido miembro del Cuerpo episcopal en virtud de la consagraci\u00f3n sacramental y por la comuni\u00f3n jer\u00e1rquica con la Cabeza y con los miembros del Colegio.<\/p>\n<p>El Colegio o Cuerpo de los Obispos, por su parte, no tiene autoridad, a no ser que se considere en comuni\u00f3n con el Romano Pont\u00edfice, sucesor de Pedro, como cabeza del mismo, quedando totalmente a salvo el poder primacial de \u00e9ste sobre todos, tanto pastores como fieles. Porque el Romano Pont\u00edfice tiene sobre la Iglesia, en virtud de su cargo, es decir, como Vicario de Cristo y Pastor de toda la Iglesia, plena, suprema y universal potestad, que puede siempre ejercer libremente. En cambio, el Cuerpo episcopal, que sucede al Colegio de los Ap\u00f3stoles en el magisterio y en el r\u00e9gimen pastoral, m\u00e1s a\u00fan, en el que perdura continuamente el Cuerpo apost\u00f3lico, junto con su Cabeza, el Romano Pont\u00edfice, y nunca sin esta Cabeza, es tambi\u00e9n sujeto de la suprema y plena potestad sobre la Iglesia universal [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn63\">63<\/a>], si bien no puede ejercer dicha potestad sin el consentimiento del Romano Pont\u00edfice. El Se\u00f1or estableci\u00f3 solamente a Sim\u00f3n como roca y portador de las llaves de la Iglesia (<i>Mt<\/i>\u00a016,18-19) y le constituy\u00f3 Pastor de toda su grey (cf.\u00a0<i>Jn<\/i>\u00a021, 15 ss); pero el oficio de atar y desatar dado e Pedro (cf.\u00a0<i>Mt<\/i>\u00a016,19) consta que fue dado tambi\u00e9n al Colegio de los Ap\u00f3stoles unido a su Cabeza (cf.\u00a0<i>Mt<\/i>\u00a018, 18; 28,16-20) [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn64\">64<\/a>]. Este Colegio, en cuanto compuesto de muchos, expresa la variedad y universalidad del Pueblo de Dios; y en cuanto agrupado bajo una sola Cabeza, la unidad de la grey de Cristo. Dentro de este Colegio los Obispos, respetando fielmente el primado y preeminencia de su Cabeza, gozan de potestad propia para bien de sus propios fieles, incluso para bien de toda la Iglesia porque el Esp\u00edritu Santo consolida sin cesar su estructura org\u00e1nica y su concordia. La potestad suprema sobre la Iglesia universal que posee este Colegio se ejercita de modo solemne en el concilio ecum\u00e9nico. No hay concilio ecum\u00e9nico si no es aprobado o, al menos, aceptado como tal por el sucesor de Pedro. Y es prerrogativa del Romano Pont\u00edfice convocar estos concilios ecum\u00e9nicos, presidirlos y confirmarlos [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn65\">65<\/a>]. Esta misma potestad colegial puede ser ejercida por los Obispos dispersos por el mundo a una con el Papa, con tal que la Cabeza del Colegio los llame a una acci\u00f3n colegial o, por lo menos, apruebe la acci\u00f3n unida de \u00e9stos o la acepte libremente, para que sea un verdadero acto colegial.<\/p>\n<p>23. La uni\u00f3n colegial se manifiesta tambi\u00e9n en las mutuas relaciones de cada Obispo con las Iglesias particulares y con la Iglesia universal. El Romano Pont\u00edfice, como sucesor de Pedro, es el principio y fundamento perpetuo y visible de unidad as\u00ed de los Obispos como de la multitud de los fieles [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn66\">66<\/a>]. Por su parte, los Obispos son, individualmente, el principio y fundamento visible de unidad en sus Iglesias particulares [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn67\">67<\/a>], formadas a imagen de la Iglesia universal, en las cuales y a base de las cuales se constituye la Iglesia cat\u00f3lica, una y \u00fanica [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn68\">68<\/a>]. Por eso, cada Obispo representa a su Iglesia, y todos juntos con el Papa representan a toda la Iglesia en el v\u00ednculo de la paz, del amor y de la unidad.<\/p>\n<p>Cada uno de los Obispos que es puesto al frente de una Iglesia particular, ejerce su poder pastoral sobre la porci\u00f3n del Pueblo de Dios a \u00e9l encomendada, no sobre las otras Iglesias ni sobre la Iglesia universal. Pero en cuanto miembros del Colegio episcopal y como leg\u00edtimos sucesores de los Ap\u00f3stoles, todos y cada uno, en virtud de la instituci\u00f3n y precepto de Cristo [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn69\">69<\/a>], est\u00e1n obligados a tener por la Iglesia universal aquella solicitud que, aunque no se ejerza por acto de jurisdicci\u00f3n, contribuye, sin embargo, en gran manera al desarrollo de la Iglesia universal. Deben, pues, todos los Obispos promover y defender la unidad de la fe y la disciplina com\u00fan de toda la Iglesia, instruir a los fieles en el amor de todo el Cuerpo m\u00edstico de Cristo, especialmente de los miembros pobres, de los que sufren y de los que son perseguidos por la justicia (cf.\u00a0<i>Mt<\/i>\u00a05,10); promover, en fin, toda actividad que sea com\u00fan a toda la Iglesia, particularmente en orden a la dilataci\u00f3n de la fe y a la difusi\u00f3n de la luz de la verdad plena entre todos los hombres. Por lo dem\u00e1s, es cierto que, rigiendo bien la propia Iglesia como porci\u00f3n de la Iglesia universal, contribuyen eficazmente al bien de todo el Cuerpo m\u00edstico, que es tambi\u00e9n el cuerpo de las Iglesias [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn70\">70<\/a>].<\/p>\n<p>El cuidado de anunciar el Evangelio en todo el mundo pertenece al Cuerpo de los Pastores, ya que a todos ellos, en com\u00fan, dio Cristo el mandato, imponi\u00e9ndoles un oficio com\u00fan, seg\u00fan explic\u00f3 ya el papa Celestino a los Padres del Concilio de Efeso [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn71\">71<\/a>]. Por tanto, todos los Obispos, en cuanto se lo permite el desempe\u00f1o de su propio oficio, est\u00e1n obligados a colaborar entre s\u00ed y con el sucesor de Pedro, a quien particularmente le ha sido confiado el oficio excelso de propagar el nombre cristiano [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn72\">72<\/a>]. Por lo cual deben socorrer con todas sus fuerzas a las misiones, ya sea con operarios para la mies, ya con ayudas espirituales y materiales; bien directamente por s\u00ed mismos, bien estimulando la ardiente cooperaci\u00f3n de los fieles. Procuren, pues, finalmente, los Obispos, seg\u00fan el venerable ejemplo de la antig\u00fcedad, prestar con agrado una fraterna ayuda a las otras Iglesias, especialmente a las m\u00e1s vecinas y a las m\u00e1s pobres, dentro de esta universal sociedad de la caridad.<\/p>\n<p>La divina Providencia ha hecho que varias Iglesias fundadas en diversas regiones por los Ap\u00f3stoles y sus sucesores, al correr de los tiempos, se hayan reunido en numerosos grupos estables, org\u00e1nicamente unidos, los cuales, quedando a salvo la unidad de la fe y la \u00fanica constituci\u00f3n divina de la Iglesia universal, tienen una disciplina propia, unos ritos lit\u00fargicos y un patrimonio teol\u00f3gico y espiritual propios. Entre las cuales, algunas, concretamente las antiguas Iglesias patriarcales, como madres en la fe, engendraron a otras como hijas y han quedado unidas con ellas hasta nuestros d\u00edas con v\u00ednculos m\u00e1s estrechos de caridad en la vida sacramental y en la mutua observancia de derechos y deberes [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn73\">73<\/a>]. Esta variedad de las Iglesias locales, tendente a la unidad, manifiesta con mayor evidencia la catolicidad de la Iglesia indivisa. De modo an\u00e1logo, las Conferencias episcopales hoy en d\u00eda pueden desarrollar una obra m\u00faltiple y fecunda, a fin de que el afecto colegial tenga una aplicaci\u00f3n concreta.<\/p>\n<p>24. Los Obispos, en cuanto sucesores de los Ap\u00f3stoles, reciben del Se\u00f1or, a quien ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra, la misi\u00f3n de ense\u00f1ar a todas las gentes y de predicar el Evangelio a toda creatura, a fin de que todos los hombres consigan la salvaci\u00f3n por medio de la fe, del bautismo y del cumplimiento de los mandamientos (cf.\u00a0<i>Mt<\/i>\u00a028,18-20;\u00a0<i>Mc<\/i>\u00a016,15-16;\u00a0<i>Hch<\/i>\u00a026, 17 s). Para el desempe\u00f1o de esta misi\u00f3n, Cristo Se\u00f1or prometi\u00f3 a los Ap\u00f3stoles el Esp\u00edritu Santo, y lo envi\u00f3 desde el cielo el d\u00eda de Pentecost\u00e9s, para que, confortados con su virtud, fuesen sus testigos hasta los confines de la tierra ante las gentes, los pueblos y los reyes (cf.\u00a0<i>Hch<\/i>\u00a01,8; 2, 1 ss; 9,15). Este encargo que el Se\u00f1or confi\u00f3 a los pastores de su pueblo es un verdadero servicio, que en la Sagrada Escritura se llama con toda propiedad diacon\u00eda, o sea ministerio (cf.\u00a0<i>Hch<\/i>\u00a01,17 y 25; 21,19;<i>Rm<\/i>\u00a011,13;\u00a0<i>1Tm<\/i>\u00a01,12).<\/p>\n<p>La misi\u00f3n can\u00f3nica de los Obispos puede hacerse por las leg\u00edtimas costumbres que no hayan sido revocadas por la potestad suprema y universal de la Iglesia, o por leyes dictadas o reconocidas por la misma autoridad, o directamente por el mismo sucesor de Pedro; y ning\u00fan Obispo puede ser elevado a tal oficio contra la voluntad de \u00e9ste, o sea cuando \u00e9l niega la comuni\u00f3n apost\u00f3lica [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn74\">74<\/a>].<\/p>\n<p>25. Entre los principales oficios de los Obispos se destaca la predicaci\u00f3n del Evangelio [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn75\">75<\/a>]. Porque los Obispos son los pregoneros de la fe que ganan nuevos disc\u00edpulos para Cristo y son los maestros aut\u00e9nticos, o sea los que est\u00e1n dotados de la autoridad de Cristo, que predican al pueblo que les ha sido encomendado la fe que ha de ser cre\u00edda y ha de ser aplicada a la vida, y la ilustran bajo la luz del Esp\u00edritu Santo, extrayendo del tesoro de la Revelaci\u00f3n cosas nuevas y viejas (cf.\u00a0<i>Mt<\/i>\u00a013, 52), la hacen fructificar y con vigilancia apartan de su grey los errores que la amenazan (cf.\u00a0<i>2 Tm<\/i>\u00a04,1-4). Los Obispos, cuando ense\u00f1an en comuni\u00f3n con el Romano Pont\u00edfice, deben ser respetados por todos como testigos de la verdad divina y cat\u00f3lica; los fieles, por su parte, en materia de fe y costumbres, deben aceptar el juicio de su Obispo, dado en nombre de Cristo, y deben adherirse a \u00e9l con religioso respeto. Este obsequio religioso de la voluntad y del entendimiento de modo particular ha de ser prestado al magisterio aut\u00e9ntico del Romano Pont\u00edfice aun cuando no hable\u00a0<i>ex cathedra<\/i>; de tal manera que se reconozca con reverencia su magisterio supremo y con sinceridad se preste adhesi\u00f3n al parecer expresado por \u00e9l, seg\u00fan su manifiesta mente y voluntad, que se colige principalmente ya sea por la \u00edndole de los documentos, ya sea por la frecuente proposici\u00f3n de la misma doctrina, ya sea por la forma de decirlo.<\/p>\n<p>Aunque cada uno de los Prelados no goce por si de la prerrogativa de la infalibilidad, sin embargo, cuando, aun estando dispersos por el orbe, pero manteniendo el v\u00ednculo de comuni\u00f3n entre s\u00ed y con el sucesor de Pedro, ense\u00f1ando aut\u00e9nticamente en materia de fe y costumbres, convienen en que una doctrina ha de ser tenida como definitiva, en ese caso proponen infaliblemente la doctrina de Cristo [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn76\">76<\/a>]. Pero todo esto se realiza con mayor claridad cuando, reunidos en concilio ecum\u00e9nico, son para la Iglesia universal los maestros y jueces de la fe y costumbres, a cuyas definiciones hay que adherirse con la sumisi\u00f3n de la fe [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn77\">77<\/a>].<\/p>\n<p>Esta infalibilidad que el divino Redentor quiso que tuviese su Iglesia cuando define la doctrina de fe y costumbres, se extiende tanto cuanto abarca el dep\u00f3sito de la Revelaci\u00f3n, que debe ser custodiado santamente y expresado con fidelidad. El Romano Pont\u00edfice, Cabeza del Colegio episcopal, goza de esta misma infalibilidad en raz\u00f3n de su oficio cuando, como supremo pastor y doctor de todos los fieles, que confirma en la fe a sus hermanos (cf.\u00a0<i>Lc<\/i>\u00a022,32), proclama de una forma definitiva la doctrina de fe y costumbres [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn78\">78<\/a>]. Por esto se afirma, con raz\u00f3n, que sus definiciones son irreformables por s\u00ed mismas y no por el consentimiento de la Iglesia, por haber sido proclamadas bajo la asistencia del Esp\u00edritu Santo, prometida a \u00e9l en la persona de San Pedro, y no necesitar de ninguna aprobaci\u00f3n de otros ni admitir tampoco apelaci\u00f3n a otro tribunal. Porque en esos casos, el Romano Pont\u00edfice no da una sentencia como persona privada, sino que, en calidad de maestro supremo de la Iglesia universal, en quien singularmente reside el carisma de la infalibilidad de la Iglesia misma, expone o defiende la doctrina de la fe cat\u00f3lica [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn79\">79<\/a>]. La infalibilidad prometida a la Iglesia reside tambi\u00e9n en el Cuerpo de los Obispos cuando ejerce el supremo magisterio en uni\u00f3n con el sucesor de Pedro. A estas definiciones nunca puede faltar el asenso de la Iglesia por la acci\u00f3n del mismo Esp\u00edritu Santo, en virtud de la cual la grey toda de Cristo se mantiene y progresa en la unidad de la fe [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn80\">80<\/a>].<\/p>\n<p>Mas cuando el Romano Pont\u00edfice o el Cuerpo de los Obispos juntamente con \u00e9l definen una doctrina, lo hacen siempre de acuerdo con la misma Revelaci\u00f3n, a la cual deben atenerse y conformarse todos, y la cual es \u00edntegramente transmitida por escrito o por tradici\u00f3n a trav\u00e9s de la sucesi\u00f3n leg\u00edtima de los Obispos, y especialmente por cuidado del mismo Romano Pont\u00edfice, y, bajo la luz del Esp\u00edritu de verdad, es santamente conservada y fielmente expuesta en la Iglesia [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn81\">81<\/a>]. El Romano Pont\u00edfice y los Obispos, por raz\u00f3n de su oficio y la importancia del asunto, trabajan celosamente con los medios oportunos [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn82\">82<\/a>] para investigar adecuadamente y para proponer de una manera apta esta Revelaci\u00f3n; y no aceptan ninguna nueva revelaci\u00f3n p\u00fablica como perteneciente al divino dep\u00f3sito de la fe [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn83\">83<\/a>].<\/p>\n<p>26. El Obispo, por estar revestido de la plenitud del sacramento del orden, es \u00abel administrador de la gracia del supremo sacerdocio\u00bb [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn84\">84<\/a>], sobre todo en la Eucarist\u00eda, que \u00e9l mismo celebra o procura que sea celebrada [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn85\">85<\/a>], y mediante la cual la Iglesia vive y crece continuamente. Esta Iglesia de Cristo est\u00e1 verdaderamente presente en todas las leg\u00edtimas reuniones locales de los fieles, que, unidas a sus pastores, reciben tambi\u00e9n en el Nuevo Testamento el nombre de iglesias [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn86\">86<\/a>]. Ellas son, en su lugar, el Pueblo nuevo, llamado por Dios en el Esp\u00edritu Santo y en gran plenitud (cf.\u00a0<i>1 Ts<\/i>\u00a01,5). En ellas se congregan los fieles por la predicaci\u00f3n del Evangelio de Cristo y se celebra el misterio de la Cena del Se\u00f1or \u00abpara que por medio del cuerpo y de la sangre del Se\u00f1or quede unida toda la fraternidad\u00bb [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn87\">87<\/a>]. En toda comunidad de altar, bajo el sagrado ministerio del Obispo [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn88\">88<\/a>], se manifiesta el s\u00edmbolo de aquella caridad y \u00abunidad del Cuerpo m\u00edstico, sin la cual no puede haber salvaci\u00f3n\u00bb [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn89\">89<\/a>]. En estas comunidades, aunque sean frecuentemente peque\u00f1as y pobres o vivan en la dispersi\u00f3n, est\u00e1 presente Cristo, por cuya virtud se congrega la Iglesia una, santa, cat\u00f3lica y apost\u00f3lica [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn90\">90<\/a>]. Pues \u00abla participaci\u00f3n del cuerpo y sangre de Cristo hace que pasemos a ser aquello que recibimos\u00bb [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn91\">91<\/a>].<\/p>\n<p>Ahora bien, toda leg\u00edtima celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00eda es dirigida por el Obispo, a quien ha sido confiado el oficio de ofrecer a la Divina Majestad el culto de la religi\u00f3n cristiana y de reglamentarlo en conformidad con los preceptos del Se\u00f1or y las leyes de la Iglesia, precisadas m\u00e1s concretamente para su di\u00f3cesis seg\u00fan su criterio.<\/p>\n<p>As\u00ed, los Obispos, orando y trabajando por el pueblo, difunden de muchas maneras y con abundancia la plenitud de la santidad de Cristo. Por medio del ministerio de la palabra comunican la virtud de Dios a los creyentes para la salvaci\u00f3n (cf.\u00a0<i>Rm<\/i>\u00a01,16), y por medio de los sacramentos, cuya administraci\u00f3n leg\u00edtima y fructuosa regulan ellos con su autoridad [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn92\">92<\/a>], santifican a los fieles. Ellos disponen la administraci\u00f3n del bautismo, por medio del cual se concede la participaci\u00f3n en el sacerdocio regio de Cristo. Ellos son los ministros originarios de la confirmaci\u00f3n, los dispensadores de las sagradas \u00f3rdenes y los moderadores de la disciplina penitencial; y ellos sol\u00edcitamente exhortan e instruyen a sus pueblos para que participen con fe y reverencia en la liturgia y, sobre todo, en el santo sacrificio de la Misa. Ellos, finalmente, deben edificar a sus s\u00fabditos con el ejemplo de su vida, guardando su conducta de todo mal y, en la medida que puedan y con la ayuda de Dios transform\u00e1ndola en bien, para llegar, juntamente con la grey que les ha sido confiada, a la vida eterna [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn93\">93<\/a>].<\/p>\n<p>27. Los Obispos rigen, como vicarios y legados de Cristo, las Iglesias particulares que les han sido encomendadas [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn94\">94<\/a>], con sus consejos, con sus exhortaciones, con sus ejemplos, pero tambi\u00e9n con su autoridad y sacra potestad, de la que usan \u00fanicamente para edificar a su grey en la verdad y en la santidad, teniendo en cuenta que el que es mayor ha de hacerse como el menor, y el que ocupa el primer puesto, como el servidor (cf.\u00a0<i>Lc<\/i>\u00a022, 26-27). Esta potestad que personalmente ejercen en nombre de Cristo es propia, ordinaria e inmediata, aunque su ejercicio est\u00e9 regulado en definitiva por la suprema autoridad de la Iglesia y pueda ser circunscrita dentro de ciertos l\u00edmites con miras a la utilidad de la Iglesia o de los fieles. En virtud de esta potestad, los Obispos tienen el sagrado derecho, y ante Dios el deber, de legislar sobre sus s\u00fabditos, de juzgarlos y de regular todo cuanto pertenece a la organizaci\u00f3n del culto y del apostolado.<\/p>\n<p>A ellos se les conf\u00eda plenamente el oficio pastoral, o sea el cuidado habitual y cotidiano de sus ovejas, y no deben considerarse como vicarios de los Romanos Pont\u00edfices, ya que ejercen potestad propia y son, en verdad, los jefes de los pueblos que gobiernan [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn95\">95<\/a>] As\u00ed, pues, su potestad no es anulada por la potestad suprema y universal, sino que, por el contrario, es afirmada, robustecida y defendida [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn96\">96<\/a>], puesto que el Esp\u00edritu Santo mantiene indefectiblemente la forma de gobierno que Cristo Se\u00f1or estableci\u00f3 en su Iglesia.<\/p>\n<p>El Obispo, enviado por el Padre de familias a gobernar su familia, tenga siempre ante los ojos el ejemplo del Buen Pastor, que vino no a ser servido, sino a servir (cf.\u00a0<i>Mt<\/i>\u00a020,28;\u00a0<i>Mc<\/i>\u00a010,45) y a dar la vida por sus ovejas (cf.\u00a0<i>Jn<\/i>\u00a010,11). Tomado de entre los hombres y rodeado \u00e9l mismo de flaquezas, puede apiadarse de los ignorantes y equivocados (<i>Hb<\/i>\u00a05,1-2). No se niegue a o\u00edr a sus s\u00fabditos, a los que, como a verdaderos hijos suyos, alimenta y a quienes exhorta a cooperar animosamente con \u00e9l. Consciente de que ha de dar cuenta a Dios de sus almas (cf.\u00a0<i>Hb<\/i>\u00a013,17), trabaje con la oraci\u00f3n, con la predicaci\u00f3n y con todas las obras de caridad tanto por ellos como por los que todav\u00eda no son de la \u00fanica grey, a los cuales tenga como encomendados en el Se\u00f1or. El mismo, siendo, como San Pablo, deudor para con todos, est\u00e9 dispuesto a evangelizar a todos (cf.\u00a0<i>Rm<\/i>\u00a01,14-15) y a exhortar a sus fieles a la actividad apost\u00f3lica y misionera. Los fieles, por su parte, deben estar unidos a su Obispo como la Iglesia a Jesucristo, y como Jesucristo al Padre, para que todas las cosas se armonicen en la unidad [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn97\">97<\/a>] y crezcan para gloria de Dios (cf.\u00a0<i>2 Co<\/i>\u00a04,15).<\/p>\n<p>28. Cristo, a quien el Padre santific\u00f3 y envi\u00f3 al mundo (cf.\u00a0<i>Jn<\/i>\u00a010,36), ha hecho part\u00edcipes de su consagraci\u00f3n y de su misi\u00f3n, por medio de sus Ap\u00f3stoles, a los sucesores de \u00e9stos, es decir, a los Obispos [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn98\">98<\/a>], los cuales han encomendado leg\u00edtimamente el oficio de su ministerio, en distinto grado, a diversos sujetos en la Iglesia. As\u00ed, el ministerio eclesi\u00e1stico, de instituci\u00f3n divina, es ejercido en diversos \u00f3rdenes por aquellos que ya desde antiguo vienen llam\u00e1ndose Obispos, presb\u00edteros y di\u00e1conos [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn99\">99<\/a>]. Los presb\u00edteros, aunque no tienen la cumbre del pontificado y dependen de los Obispos en el ejercicio de su potestad, est\u00e1n, sin embargo, unidos con ellos en el honor del sacerdocio[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn100\">100<\/a>] y, en virtud del sacramento del orden [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn101\">101<\/a>], han sido consagrados como verdaderos sacerdotes del Nuevo Testamento [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn102\">102<\/a>], a imagen de Cristo, sumo y eterno Sacerdote (cf.\u00a0<i>Hb<\/i>\u00a05,1-10; 7,24; 9,11-28), para predicar el Evangelio y apacentar a los fieles y para celebrar el culto divino. Participando, en el grado propio de su ministerio, del oficio del \u00fanico Mediador, Cristo (cf.\u00a0<i>1 Tm<\/i>\u00a02,5), anuncian a todos la divina palabra. Pero su oficio sagrado lo ejercen, sobre todo, en el culto o asamblea eucar\u00edstica, donde, obrando en nombre de Cristo [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn103\">103<\/a>]y proclamando su misterio, unen las oraciones de los fieles al sacrificio de su Cabeza y representan y aplican [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn104\">104<\/a>] en el sacrificio de la Misa, hasta la venida del Se\u00f1or (cf.\u00a0<i>1 Co<\/i>\u00a011,26), el \u00fanico sacrificio del Nuevo Testamento, a saber: el de Cristo, que se ofrece a s\u00ed mismo al Padre, una vez por todas, como hostia inmaculada (cf.\u00a0<i>Hb<\/i>\u00a09,11-28). Para con los fieles arrepentidos o enfermos desempe\u00f1an principalmente el ministerio de la reconciliaci\u00f3n y del alivio, y presentan a Dios Padre las necesidades y s\u00faplicas de los fieles (cf.\u00a0<i>Hb<\/i>\u00a05,1-13). Ejerciendo, en la medida de su autoridad, el oficio de Cristo, Pastor y Cabeza [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn105\">105<\/a>], re\u00fanen la familia de Dios como una fraternidad, animada con esp\u00edritu de unidad [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn106\">106<\/a>], y la conducen a Dios Padre por medio de Cristo en el Esp\u00edritu. En medio de la grey le adoran en esp\u00edritu y en verdad (cf.\u00a0<i>Jn<\/i>\u00a04,24). Se afanan, finalmente, en la palabra y en la ense\u00f1anza (cf.\u00a0<i>1 Tm<\/i>\u00a05,17), creyendo aquello que leen cuando meditan la ley del Se\u00f1or, ense\u00f1ando aquello que creen, imitando lo que ense\u00f1an [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn107\">107<\/a>].<\/p>\n<p>Los presb\u00edteros, pr\u00f3vidos cooperadores del Orden episcopal [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn108\">108<\/a>] y ayuda e instrumento suyo, llamados para servir al Pueblo de Dios, forman, junto con su Obispo, un solo presbiterio [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn109\">109<\/a>], dedicado a diversas ocupaciones. En cada una de las congregaciones locales de fieles representan al Obispo, con el que est\u00e1n confiada y animosamente unidos, y toman sobre s\u00ed una parte de la carga y solicitud pastoral y la ejercen en el diario trabajo. Ellos, bajo la autoridad del Obispo, santifican y rigen la porci\u00f3n de la grey del Se\u00f1or a ellos encomendada, hacen visible en cada lugar a la Iglesia universal y prestan eficaz ayuda en la edificaci\u00f3n de todo el Cuerpo de Cristo (cf.\u00a0<i>Ef<\/i>\u00a04,12), Preocupados siempre por el bien de los hijos de Dios, procuren cooperar en el trabajo pastoral de toda la di\u00f3cesis e incluso de toda la Iglesia. Por esta participaci\u00f3n en el sacerdocio y en la misi\u00f3n, los presb\u00edteros reconozcan verdaderamente al Obispo como a padre suyo y obed\u00e9zcanle reverentemente. El Obispo, por su parte, considere a los sacerdotes, sus cooperadores, como hijos y amigos, a la manera en que Cristo a sus disc\u00edpulos no los llama ya siervos, sino amigos (cf.\u00a0<i>Jn<\/i>15,15). Todos los sacerdotes, tanto diocesanos como religiosos, est\u00e1n, pues, adscritos al Cuerpo episcopal, por raz\u00f3n del orden y del ministerio, y sirven al bien de toda la Iglesia seg\u00fan vocaci\u00f3n y gracia de cada cual.<\/p>\n<p>En virtud de la com\u00fan ordenaci\u00f3n sagrada y de la com\u00fan misi\u00f3n, todos los presb\u00edteros se unen entre s\u00ed en \u00edntima fraternidad, que debe manifestarse en espont\u00e1nea y gustosa ayuda mutua, tanto espiritual como material, tanto pastoral como personal, en las reuniones, en la comuni\u00f3n de vida, de trabajo y de caridad.<\/p>\n<p>Respecto de los fieles, a quienes han engendrado espiritualmente por el bautismo y la doctrina (cf.\u00a0<i>1 Co<\/i>\u00a04,15;<i>1 P<\/i>\u00a01,23), tengan la solicitud de padres en Cristo. Haci\u00e9ndose de buena gana modelos de la grey (cf.\u00a0<i>\u00a01 P<\/i>\u00a05,3), gobiernen y sirvan a su comunidad local de tal manera, que \u00e9sta merezca ser llamada con el nombre que es gala del \u00fanico y total Pueblo de Dios, es decir, Iglesia de Dios (cf.\u00a0<i>1 Co<\/i>\u00a01,2;\u00a0<i>2 Co<\/i>\u00a01,1 y\u00a0<i>passim<\/i>). Acu\u00e9rdense de que, con su conducta de cada d\u00eda y con su solicitud, deben mostrar a los fieles e infieles, a los cat\u00f3licos y no cat\u00f3licos, la imagen del verdadero ministerio sacerdotal y pastoral, y de que est\u00e1n obligados a dar a todos el testimonio de verdad y de vida, y de que, como buenos pastores, han de buscar tambi\u00e9n a aquellos (cf.\u00a0<i>Lc<\/i>\u00a015,4- 7) que, bautizados en la Iglesia cat\u00f3lica, abandonaron la pr\u00e1ctica de los sacramentos o incluso han perdido la fe.<\/p>\n<p>Como el mundo entero cada d\u00eda tiende m\u00e1s a la unidad civil, econ\u00f3mica y social, conviene tanto m\u00e1s que los sacerdotes, uniendo sus esfuerzos y cuidados bajo la gu\u00eda de los Obispos y del Sumo Pont\u00edfice, eviten toda causa de dispersi\u00f3n, para que todo el g\u00e9nero humano venga a la unidad de la familia de Dios.<\/p>\n<p>29. En el grado inferior de la Jerarqu\u00eda est\u00e1n los di\u00e1conos, que reciben la imposici\u00f3n de las manos \u00abno en orden al sacerdocio, sino en orden al ministerio\u00bb[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn110\">110<\/a>]. As\u00ed, confortados con la gracia sacramental, en comuni\u00f3n con el Obispo y su presbiterio, sirven al Pueblo de Dios en el ministerio de la liturgia, de la palabra y de la caridad. Es oficio propio del di\u00e1cono, seg\u00fan le fuere asignado por la autoridad competente, administrar solemnemente el bautismo, reservar y distribuir la Eucarist\u00eda, asistir al matrimonio y bendecirlo en nombre de la Iglesia, llevar el vi\u00e1tico a los moribundos, leer la Sagrada Escritura a los fieles, instruir y exhortar al pueblo, presidir el culto y oraci\u00f3n de los fieles, administrar los sacramentales, presidir el rito de los funerales y sepultura. Dedicados a los oficios de la caridad y de la administraci\u00f3n, recuerden los di\u00e1conos el aviso del bienaventurado Policarpo: \u00abMisericordiosos, diligentes, procediendo conforme a la verdad del Se\u00f1or, que se hizo servidor de todos\u00bb [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn111\">111<\/a>].<\/p>\n<p>Ahora bien, como estos oficios, necesarios en gran manera a la vida de la Iglesia, seg\u00fan la disciplina actualmente vigente de la Iglesia latina, dif\u00edcilmente pueden ser desempe\u00f1ados en muchas regiones, se podr\u00e1 restablecer en adelante el diaconado como grado propio y permanente de la Jerarqu\u00eda. Corresponde a las distintas Conferencias territoriales de Obispos, de acuerdo con el mismo Sumo Pont\u00edfice, decidir si se cree oportuno y en d\u00f3nde el establecer estos di\u00e1conos para la atenci\u00f3n de los fieles. Con el consentimiento del Romano Pont\u00edfice, este diaconado podr\u00e1 ser conferido a varones de edad madura, aunque est\u00e9n casados, y tambi\u00e9n a j\u00f3venes id\u00f3neos, para quienes debe mantenerse firme la ley del celibato.<\/p>\n<p>________________________________________________________________________________________<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref37\">37<\/a>] Cf. Conc. Vat. I, const. dogm. de Ecclesia Christi <i>Pastor aeternus:<\/i> Denz. 1821 (3.050s.).<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref38\">38<\/a>] Cf. Conc. Flor., <i>Decretum pro Graecis:<\/i> Denz. 694 (1307), y Con. Vat. I, ibid.: Denz., 1826 (3059).<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref39\">39<\/a>] Cf. <i>Liber sacramentorum<\/i> S. Gregorio, <i>Praefacio in Cathedra S. Petri, in natali S. Mathiae et S. Thomae<\/i>: PL 78, 50, 51 et 152; cf. Cod. Vat. Lat 3548, f. 19. San Hiliario, <i>In Ps<\/i>. 67, 10: PL 9, 450; CSEL, 22, p.286. San Jer\u00f3nimo, <i>Adv. Iovin<\/i>. 1, 26: PL 23, 247A. San Agust\u00edn, <i>In Ps.<\/i>,86, 4: PL 37, 1103. San Gregorio, M., <i>Mor. in Iob<\/i>, XXVIII V: PL 76, 455-456. Primasio, <i>Comm. in Ap.<\/i> V: PL 68, 924BC. Pascasio Radb., <i>In Mt.<\/i> 1. 8, c. 16: PL 120, 561C. Cf. Le\u00f3n XIII, carta <i>Et sane<\/i>, 17 dic. 1888: AAS 21 (1888) 321.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref40\">40<\/a>] Cf. <i>Hech<\/i>, 6, 2-6; 11, 30; 13, 1; 14, 23; 20, 17; <i>1 Tes<\/i>, 5, 12-13; <i>Flp<\/i>, 1, 1.; Col 4, 11 y<i>passim<\/i>.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref41\">41<\/a>] Cf. <i>Hech<\/i>, 20, 25-27; <i>2 Tm<\/i>, 4, 6 s, comparado con <i>1 Tm<\/i>, 5, 22; <i>2 Tm<\/i>, 2, 2; <i>Tit<\/i> 1, 5; San Clem. Rom., <i>Ad Cor.<\/i> 44, 3; ed. Funk, I, p. 156.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref42\">42<\/a>] San Clem. Rom., <i>Ad Cor.<\/i> 44, 2; ed. Funk, I, p. 154s.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref43\">43<\/a>] Cf. Tertul., <i>Praescr. haer.<\/i> 32: PL 2, 52s. S. Ignacio, M., passim.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref44\">44<\/a>] Cf. Tertul., <i>Praescr. haer.<\/i> 32: PL 2, 63.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref45\">45<\/a>] Cf. Sam Ireneo, <i>Adv. haer.<\/i> III, 3, 1: PG 7, 848A; Harvey, 2, 8; Sagnard, p. 100 s.: \u00abmanifestatam\u00bb.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref46\">46<\/a>] Cf. San Ireneo, <i>Adv. haer.<\/i> III, 2, 2: PG 7, 847; Harvey, 2, 7; Sagnard, p. 100: \u00abcustoditur\u00bb; cf. ib. IV, 26, 2; col. 1053; Harvey, 2, 236, y IV, 33, 8; col. 1077; Harvey, 2, 262.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref47\">47<\/a>] San Ign. M., <i>Philad<\/i>. praef.: ed. Funk, I, p. 264.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref48\">48<\/a>] San Ign. M., <i>Philad<\/i>. 1, 1; <i>Magn<\/i>. 6, 1; ed. Funk, I, p\u00e1ginas 264 y 234.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref49\">49<\/a>] San Clemente Rom., l. c., 42, 3-4; 44, 3-4; 57, 1-2: ed. Funk, I, 152, 156, 171s. San Ignacio M., <i>Philad<\/i>., 2; <i>Smyrn.<\/i> 8; <i>Magn.<\/i> 3; <i>Trall.<\/i> 7; ed. Funk, I. pp. 265s; 282; 232; 246s, etc. San Justino, <i>Apol<\/i>, 1, 65: PG 6, 428; San Cipriano, <i>Epist<\/i>. passim.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref50\">50<\/a>] Cf. Le\u00f3n XIII, enc. <i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/leo_xiii\/encyclicals\/documents\/hf_l-xiii_enc_29061896_satis-cognitum_sp.html\">Satis cognitum<\/a><\/i>, 29 jun. 1896: ASS 28 (1895-96), p. 732.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref51\">51<\/a>] Cf. Conc. Trid., decr. <i>De sacr. Ordinis<\/i>, c.3 4: Denz. 960 (1768); Conc. Vat. I, const. Dogm. de Ecclesia Christi Pastor aeternus c. 4: Denz. 1828 (3061). P\u00edo XII, enc. <i>Mystici Corporis<\/i>, 29 jun. 1943: AAS 35 (1943) 209 y 212. Cod. Iur. Can., 329, \u00a7 1.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref52\">52<\/a>] Cf. Le\u00f3n XIII, ep\u00edst. <i>Et sane<\/i>, 17 dic. 1888: AAS 21 (1888) 321s.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref53\">53<\/a>] Cf. San Le\u00f3n M., <i>Serm.<\/i> 5, 3: PL 54, 154.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref54\">54<\/a>] Conc. Trid., ses. 23, c. 3, cita <i>2 Tm<\/i>, 1, 6-7, para demostrar que el orden es verdadero sacramento: Denz., 959 (1766).<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref55\">55<\/a>] En la <i>Trad. Apost.<\/i>, 3, ed. Botte, <i>Sources Chr\u00e9t.<\/i>, pp. 27-30, al obispo se le atribuye \u00abel primado del sacerdocio\u00bb. Cf. <i>Sacramentarium Leonianum<\/i>, ed. C. Mohlberg, <i>Sacramentarium Veronense<\/i> (Romae 1955) p. 119: \u00abpara el ministerio del sumo sacerdocio&#8230; Completa en tus sacerdotes la cima del misterio\u00bb&#8230;: Idem, <i>Liber Sacramentorum Romanae Ecclesiae<\/i> (Romae1960) pp. 121-122: \u00abConfi\u00e9reles, Se\u00f1or, la c\u00e1tedra episcopal para regir tu iglesia y a todo el pueblo\u00bb. Cf. PL 78, 224.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref56\">56<\/a>] Cf. <i>Trad. Apost.<\/i>, 2, ed. Botte, p. 27.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref57\">57<\/a>] Conc. Trid., ses. 23, c. 4, ense\u00f1a que el sacramento del orden imprime car\u00e1cter indeleble: Denz. 960 (1767). Cf. Juan XXIII, aloc. <i>Iubilate Deo<\/i>, 8 mayo 1960: AAS 52 (1960) 446. Pablo VI, homil\u00eda en Bas. Vaticana, 20 octubre 1963: AAS 55 (1963) 1014.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref58\">58<\/a>] San Cipriano, <i>Epist.<\/i> 63, 14 (PL 4, 386; Hartel, III B, p. 713): \u00abel sacerdote hace las veces de Cristo\u00bb. San J. Cris\u00f3stomo, <i>In 2 Tim.<\/i> hom., 2, 4 (PG 62, 612): \u00abel sacerdote es s\u00edmbolo de Cristo\u00bb. San Ambrosio, <i>In Ps.<\/i> 38, 25-26: PL 14, 1051-52; CSEL, 64, 203-204. Ambrosiaster, <i>In 1 Tim.<\/i> 5, 19: PL 17, 479C e <i>In Eph.<\/i>, 4, 11-12: col. 387C. Teodoro Mops., <i>Hom. Catech.<\/i> XV, 21 y 24; ed. Tonneau, p. 497 y 503. Hesiquio Hieros., <i>In Lev.<\/i> 2, 9, 23: PG 93, 894B.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref59\">59<\/a>] Cf. Eusebio, <i>Hist. Eccl.<\/i> V, 24, 10: GCS II, 1, p. 495; ed. Bardy. Sources Chr\u00e9t. II, p. 69. Dionisio, en Eusebio, ibid., VII, 5, 2: GCS II, 2, p. 638s; Bardy, II, pp. 168 s.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref60\">60<\/a>] Cf. sobre los Concilios antiguos, Eusebio, <i>Hist. <\/i><i>Eccl.<\/i> V, 23-24: GCS II, 1, p. 488 ss.; Bardy, II, p. 66ss, <i>et passim<\/i>. Conc. Niceno, can., 5; <i>Conc. Oec. Decr.<\/i>, p. 7.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref61\">61<\/a>] Tertuliano, <i>De ieiun<\/i>., 13: PL 2, 972B; CSEL 20, p.292, l\u00edn. 13-16.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref62\">62<\/a>] San Cipriano, <i>Epist<\/i>., 56, 3; Hartel, III B, p. 649; Bayard, p. 154.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref63\">63<\/a>] Cf. <i>Relatio<\/i> oficial de Zinelli, en el Conc. Vat. I: Mansi, 52, 1.109C.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref64\">64<\/a>] Cf. Conc. Vat. I, esquema de la const. dogm. II, De Ecclesia Christi, c. 4: Mansi, 53, 310. Cf.<i>Relatio<\/i> Kleutgen <i>de schemate reformato<\/i>: Mansi, 53, 321 B-322 B y la declaraci\u00f3n de Zinelli: Mansi, 52, 1110A. cfr. tambi\u00e9n San Le\u00f3n M., <i>Serm.<\/i> 4, 3: PL 54, 151A.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref65\">65<\/a>] Cf. <i>Cod. Iur. Can<\/i>. can. 222 y 227.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref66\">66<\/a>] Cf. Conc. Vat. I. const. dogm. <i>Pastor aeternus<\/i>: Denz. 1821 (3050s).<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref67\">67<\/a>] Cf. San Cipriano, <i>Epist.<\/i> 66, 8 (Hartel, III, 2 p. 733): \u00abel obispo en la Iglesia y la Iglesia en el obispo\u00bb.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref68\">68<\/a>] Cf. San Cipriano, <i>Epist.<\/i> 55, 24 (Hartel, p. 642, l\u00edn. 13): \u00ab\u00fanica Iglesia, dividida en muchos miembros por todo el mundo\u00bb. <i>Epist.<\/i> 36, 4: Hartel, p. 575, l\u00edn. 20-21.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref69\">69<\/a>] Cf. P\u00edo XII, enc. <i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/pius_xii\/encyclicals\/documents\/hf_p-xii_enc_21041957_fidei-donum_sp.html\">Fidei Donum<\/a><\/i>, 21 abr. 1957: AAS 49 (1957) 237.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref70\">70<\/a>] Cf. San Hilario Pict., <i>In Ps.<\/i> 14, 3: PL 9, 206; CSEL, 22, p. 86. San Gregorio M., <i>Moral<\/i>. IV, 7, 12: PL 75, 643C. Ps. Basilio, <i>In Is<\/i>. 15, 296: PG 30, 637C.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref71\">71<\/a>] San Celestino, <i>Epist.<\/i> 18, 1-2, <i>ad Conc. Eph.<\/i>: PL 50, 505AB; Schwartz, <i>Acta Conc. Oec.<\/i> I, 1, 1, p. 22. Cf. Benedicto XV. epist. apost. <i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/benedict_xv\/apost_letters\/documents\/hf_ben-xv_apl_19191130_maximum-illud_sp.html\">Maximum illud<\/a><\/i>: AAS 11 (1919) 440. P\u00edo XI, enc.<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/pius_xi\/encyclicals\/documents\/hf_p-xi_enc_19260228_rerum-ecclesiae_sp.html\">Rerum Ecclesiae<\/a><\/i>, 28 febr. 1926: AAS 18 (1926) 69. P\u00edo XII, enc. <i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/pius_xii\/encyclicals\/documents\/hf_p-xii_enc_21041957_fidei-donum_sp.html\">Fidei Donum<\/a><\/i>, l. c.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref72\">72<\/a>] Le\u00f3n XIII, enc. <i>Grande munus<\/i>, 30 sept. 1880: AAS 13 (1880) 145. Cf.<i>Cod. Iur. Can.<\/i> can. 1327; can. 1350 \u00a7 2.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref73\">73<\/a>] Sobre los derechos de las Sedes patriarcales, cf. Conc. Niceno, can. 6 <i>de Alexandria et Antiochia<\/i>, y can. 7 <i>de Hierosolymis:<\/i> <i>Conc. Oec. Decr.<\/i>, p. 8. Conc. Later. IV, a\u00f1o 1215, constit. V: <i>De dignitate Patriarcharum:<\/i> ibid., p. 212, Conc. Ferr.-Flor.: ibid. p. 504.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref74\">74<\/a>] Cf. <i>Cod. Iuris pro Eccl. Orient.<\/i>, can. 216-314: \u00abde Patriarchis\u00bb; can. 324-339: \u00abde Archiepiscopis maioribus\u00bb; \u00a0can. 362-391: \u00abde aliis dignatariis\u00bb, especialmente los can. 238 \u00a7 3; 216. 240. 251. 255: \u00abde Episcopis a Patriarcha nominadis.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref75\">75<\/a>] Cf. Conc. Trid., decr. <i>De reform.<\/i> ses. 5 can. 2 n. 9 y ses. 24 can. 4: <i>Conc. Oec., Decr.<\/i>, p. 645 y 739.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref76\">76<\/a>] Cf. Conc. Vat. I. const. dogm. <i>Dei Filius<\/i>, 3: Denz. 1712 (3011). Cf. nota al esquema I <i>De Eccl.<\/i> (tomada de San Rob. Belarmino): Mansi, 51, 579C; tambi\u00e9n el esquema reformado de la constituci\u00f3n II De <i>Ecclesia Christi<\/i> con el comentario de Kleutgen: Mansi, 53, 313AB, P\u00edo IX ep\u00edst.<i>Tuas libenter<\/i>: Denz., 1638 (2879).<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref77\">77<\/a>] Cf. <i>Cod. Iur. Can.<\/i>, can. 1322-1323.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref78\">78<\/a>] Cf. Conc. Vat. I. const. dogm. <i>Pastor aeternus<\/i>: Denz., 1839 (3074).<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref79\">79<\/a>] Cf. la exposici\u00f3n de Gasser al Conc. Vat. I: Mansi, 52, 1213AC.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref80\">80<\/a>] Cf. Gasser, ibid.: Mansi, 1214A.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref81\">81<\/a>] Cf. Gasser, ibid.: Mansi, 1215CD, 1216-1217A.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref82\">82<\/a>] Gasser, ib.: Mansi, 1213.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref83\">83<\/a>] Conc. Vat. I. const. dogm. <i>Pastor aeternus<\/i>, 4: Denz. 1836 (3070).<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref84\">84<\/a>] Oraci\u00f3n de la consagraci\u00f3n episcopal en el rito bizantino: <i>Euchologion to mega<\/i> (Romae 1873) p. 139.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref85\">85<\/a>] Cf. San Ignacio M., <i>Smyrn.<\/i> 8, 1; ed. Funk, I, p. 282.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref86\">86<\/a>] Cf. <i>Hch<\/i> 8, 1; 14, 22-23; 20, 17 y passim.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref87\">87<\/a>] Oraci\u00f3n moz\u00e1rabe: PL 96, 759 B.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref88\">88<\/a>] Cf. San Ignacio M., <i>Smyrn.<\/i>, 8, 1; ed. Funk, I, p. 282.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref89\">89<\/a>] Santo Tom\u00e1s, <i>Summa Theol.<\/i>, III, q. 73, a. 3.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref90\">90<\/a>] Cf. San Agust\u00edn, <i>C. Faustum<\/i>, 12, 20; PL 42, 265; <i>Serm<\/i>., 57, 7: PL 38, 389, etc.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref91\">91<\/a>] San Le\u00f3n M., <i>Serm.<\/i> 63, 7: PL 54, 357C.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref92\">92<\/a>] Cf. <i>Traditio Apostolica<\/i> Hippolity, 2-3; ed. Botte, p. 26-30.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref93\">93<\/a>] Cf. el texto de <i>examen<\/i> al comienzo de la consagraci\u00f3n episcopal, y la <i>oraci\u00f3n<\/i> al final de la misa de dicha consagraci\u00f3n, despu\u00e9s del <i>Te Deum<\/i>.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref94\">94<\/a>] Benedicto XIV, breve <i>Romana Ecclesia<\/i>, 5 oct. 1752, \u00a7 1: <i>Bullarium Benedicti XIV<\/i>, t. IV (Romae 1758) 21: \u00abEl obispo es figura de Cristo y vicario del mismo\u00bb. P\u00edo XII enc. <i>Mystici Corporis<\/i>, l. c., p. 21: \u00abCada obispo apacienta y rige en nombre de Cristo el reba\u00f1o particular que se le ha confiado\u00bb.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref95\">95<\/a>] Cf. Le\u00f3n XIII. enc. <i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/leo_xiii\/encyclicals\/documents\/hf_l-xiii_enc_29061896_satis-cognitum_sp.html\">Satis cognitum<\/a>,<\/i> 29 jun. 1896: AAS 28 (1895-96) 732. Id. ep\u00edst. <i>Officio sanctissimo<\/i>, 22 dic. 1887: AAS 20 (1887) 264. P\u00edo IX, carta apost. ad Episcopos Germaniae, 12 marzo 1875, y aloc. consist. 15 marzo 1875: Denz. 2113-3117, en la nueva ed. solamente.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref96\">96<\/a>] Cf. Conc. Vat. I, const. dogm. <i>Pastor aeternus<\/i> 3: Denz. 1828 (3061). Cf. la <i>Relatio<\/i> de Zinelli: Mansi, 52, 1114D.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref97\">97<\/a>] Cf. S. Ignacio M., <i>Ad Ephes.<\/i> 5, 1: ed. Funk, I, p. 216.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref98\">98<\/a>] Cf. S. Ignacio M., <i>Ad Ephes.<\/i> 5, 1: ed. Funk, 1, p. 218.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref99\">99<\/a>] Cf. Conc. Trid., <i>De sacr. Ordinis<\/i>, c. 2: Denz. 958 (1765) y can. 6: Denz., 966 (1776).<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref100\">100<\/a>] Cf. Inocencio I, <i>Epist. ad Decentium<\/i>: PL 20, 554A: Mansi, 3, 1029; Denz., 98 (215): \u00abLos presb\u00edteros, aunque son sacerdotes segundos, no tienen, sin embargo, la cima del pontificado\u00bb. San Cipriano, <i>Epist.<\/i> 61, 3: ed. Hartel, p. 696.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref101\">101<\/a>] Cf. Conc. Trid., l.c.: Denz., 956a-968 (1763-1778), y especialmente el can. 7: Denz., 967 (1777). P\u00edo XII, const. apost. <i>Sacramentum Ordinis<\/i>: Denz., 2301 (3857-61).<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref102\">102<\/a>] Cf. Inocencio I, l. c. San Gregorio Nac., <i>Apol.<\/i> II, 22: PG 35, 432B. Ps.-Dionisio, <i>Eccl. Hier.<\/i>, 1, 2: PG 3, 372D.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref103\">103<\/a>] Cf. Conc. Trid., ses. 22: Denz. 940 (1743). P\u00edo XII, enc. <i>Mediator Dei<\/i>, 20 nov. 1947: AAS 39 (1947) 553. Denz. 2300 (3850).<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref104\">104<\/a>] Cf. Conc. Trid., ses. 22: Denz., 938 (1.739-40). Concilio Vaticano II, const. sobre la sagrada liturgia <i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19631204_sacrosanctum-concilium_sp.html\">Sacrosanctum Concilium<\/a><\/i>, n. 7 y n. 47: AAS 56 (1964) 100-103<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref105\">105<\/a>] Cf. P\u00edo XII, enc. <i>Mediator Dei,<\/i> l. c., n. 67.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref106\">106<\/a>] Cf. San Cipriano, <i>Epist.<\/i> 11, 3: PL 4, 242B: Hartel, II 2, p. 497.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref107\">107<\/a>] Cf.<i>Pontifical Romano<\/i>, ordenaci\u00f3n de los presb\u00edteros , en la imposici\u00f3n de los ornamentos.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref108\">108<\/a>] Cf.<i>Pontifical Romano,<\/i>ordenaci\u00f3n de los presb\u00edteros, en el prefacio.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref109\">109<\/a>] Cf. San Ignacio M., <i>Philad.<\/i> 4: ed. Funk, I, p. 266. San Cornelio I, en San Cipriano, <i>Epist.<\/i>48, 2: Hartel, III, 2. p. 610.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref110\">110<\/a>] <i>Constitutiones Ecclesiae aegyptiacae<\/i> III, 2: ed. Funk, <i>Didascalia<\/i>, II, p. 103. <i>Statuta Eccl. Ant.<\/i> 37-41: Mansi, 3, 954.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref111\">111<\/a>] San Policarpo, <i>Ad Phil.<\/i> 5, 2 (ed. Funk, I, p. 300): Cristo es llamado \u00abel di\u00e1cono constituido para todos\u00bb. Cf. <i>Didach\u00e9<\/i> 15, 1: ibid., p. 32. San Ignacio M., <i>Trall.<\/i> 2, 3: ibid., p. 242.<i>Constitutiones Apostolorum,<\/i> 8. 28, 4: ed. Funk, <i>Didascalia<\/i> I, p. 530.<\/p>\n<div class=\"sharelinks\" style=\"\">\n\t<a title=\"Cap\u00edtulo III: Constituci\u00f3n Jer\u00e1rquica\" rel=\"nofollow\" target=\"_blank\" href=\"http:\/\/www.facebook.com\/sharer.php?u=https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=871\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"56\" height=\"20\" alt=\"facebook\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/plugins\/facebook-google-twitter-share\/images\/facebook.png?resize=56%2C20&#038;ssl=1\"><\/a>\n\t<a title=\"Cap\u00edtulo III: Constituci\u00f3n Jer\u00e1rquica\" rel=\"nofollow\" target=\"_blank\" href=\"https:\/\/plus.google.com\/share?url=https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=871\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"60\" height=\"20\" alt=\"google plus\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/plugins\/facebook-google-twitter-share\/images\/googleplus.png?resize=60%2C20&#038;ssl=1\"><\/a>\n\t<a title=\"Cap\u00edtulo III: Constituci\u00f3n Jer\u00e1rquica\" Nagar\" rel=\"nofollow\" target=\"_blank\" href=\"http:\/\/twitter.com\/home?status=Cap\u00edtulo III: Constituci\u00f3n Jer\u00e1rquica https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=871\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"70\" height=\"20\" alt=\"twitter\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/plugins\/facebook-google-twitter-share\/images\/twitter.png?resize=70%2C20&#038;ssl=1\"><\/a>\n\t<\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CAP\u00cdTULO III:\u00a0CONSTITUCI\u00d3N JER\u00c1RQUICA DE LA IGLESIA, Y PARTICULARMENTE EL EPISCOPADO 18. Para apacentar el Pueblo de Dios y acrecentarlo siempre, Cristo Se\u00f1or instituy\u00f3 en su Iglesia diversos ministerios, ordenados al bien de todo el Cuerpo. Pues los ministros que poseen la sacra potestad est\u00e1n al servicio de sus hermanos, a fin de que todos cuantos &hellip; <\/p>\n<p><a class=\"more-link btn\" href=\"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=871\">Seguir leyendo<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":869,"parent":856,"menu_order":3,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"footnotes":""},"class_list":["post-871","page","type-page","status-publish","has-post-thumbnail","hentry","nodate","item-wrap"],"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/P2YM3J-e3","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_likes_enabled":false,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/871","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages"}],"about":[{"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/page"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=871"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/871\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":874,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/871\/revisions\/874"}],"up":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/856"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/869"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=871"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}