{"id":875,"date":"2013-01-08T13:28:18","date_gmt":"2013-01-08T12:28:18","guid":{"rendered":"http:\/\/arzmadrid.es\/svsc\/wp\/?page_id=875"},"modified":"2013-01-08T13:28:18","modified_gmt":"2013-01-08T12:28:18","slug":"capitulo-iv-los-laicos","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=875","title":{"rendered":"Cap\u00edtulo IV: Los Laicos"},"content":{"rendered":"<h1 align=\"center\"><span style=\"color: #800080;\"><b>CAP\u00cdTULO IV:\u00a0<\/b><b><i>LOS LAICOS<\/i><\/b><\/span><\/h1>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/arzmadrid.es\/svsc\/wp\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/jmj2011-2.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"876\" data-permalink=\"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?attachment_id=876\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/jmj2011-2.jpg?fit=700%2C466&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"700,466\" data-comments-opened=\"0\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"jmj2011-2\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-medium-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/jmj2011-2.jpg?fit=300%2C199&amp;ssl=1\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/jmj2011-2.jpg?fit=700%2C466&amp;ssl=1\" class=\"alignleft size-thumbnail wp-image-876\" alt=\"jmj2011-2\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/arzmadrid.es\/svsc\/wp\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/jmj2011-2-150x150.jpg?resize=150%2C150\" width=\"150\" height=\"150\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/jmj2011-2.jpg?resize=150%2C150&amp;ssl=1 150w, https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/jmj2011-2.jpg?zoom=2&amp;resize=150%2C150 300w, https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/jmj2011-2.jpg?zoom=3&amp;resize=150%2C150 450w\" sizes=\"auto, (max-width: 150px) 100vw, 150px\" \/><\/a>30. El santo Concilio, una vez que ha declarado las funciones de la Jerarqu\u00eda, vuelve gozoso su atenci\u00f3n al estado de aquellos fieles cristianos que se llaman laicos. Porque, si todo lo que se ha dicho sobre el Pueblo de Dios se dirige por igual a laicos, religiosos y cl\u00e9rigos, sin embargo, a los laicos, hombres y mujeres, por raz\u00f3n de su condici\u00f3n y misi\u00f3n, les ata\u00f1en particularmente ciertas cosas, cuyos fundamentos han de ser considerados con mayor cuidado a causa de las especiales circunstancias de nuestro tiempo. Los sagrados Pastores conocen perfectamente cu\u00e1nto contribuyen los laicos al bien de la Iglesia entera. Saben los Pastores que no han sido instituidos por Cristo para asumir por s\u00ed solos toda la misi\u00f3n salv\u00edfica de la Iglesia en el mundo, sino que su eminente funci\u00f3n consiste en apacentar a los fieles y reconocer sus servicios y carismas de tal suerte que todos, a su modo, cooperen un\u00e1nimemente en la obra com\u00fan. Pues es necesario que todos, \u00ababrazados a la verdad en todo crezcamos en caridad, lleg\u00e1ndonos a Aquel que es nuestra cabeza, Cristo, de quien todo el cuerpo, trabado y unido por todos los ligamentos que lo unen y nutren para la operaci\u00f3n propia de cada miembro, crece y se perfecciona en la caridad\u00bb (<i>Ef<\/i> 4.15-16).<\/p>\n<p>31. Con el nombre de laicos se designan aqu\u00ed todos los fieles cristianos, a excepci\u00f3n de los miembros del orden sagrado y los del estado religioso aprobado por la Iglesia. Es decir, los fieles que, en cuanto incorporados a Cristo por el bautismo, integrados al Pueblo de Dios y hechos part\u00edcipes, a su modo, de la funci\u00f3n sacerdotal, prof\u00e9tica y real de Cristo, ejercen en la Iglesia y en el mundo la misi\u00f3n de todo el pueblo cristiano en la parte que a ellos corresponde.<\/p>\n<p>El car\u00e1cter secular es propio y peculiar de los laicos. Pues los miembros del orden sagrado, aun cuando alguna vez pueden ocuparse de los asuntos seculares incluso ejerciendo una profesi\u00f3n secular, est\u00e1n destinados principal y expresamente al sagrado ministerio por raz\u00f3n de su particular vocaci\u00f3n. En tanto que los religiosos, en virtud de su estado, proporcionan un preclaro e inestimable testimonio de que el mundo no puede ser transformado ni ofrecido a Dios sin el esp\u00edritu de las bienaventuranzas. A los laicos corresponde, por propia vocaci\u00f3n, tratar de obtener el reino de Dios gestionando los asuntos temporales y orden\u00e1ndolos seg\u00fan Dios. Viven en el siglo, es decir, en todos y cada uno de los deberes y ocupaciones del mundo, y en las condiciones ordinarias de la vida familiar y social, con las que su existencia est\u00e1 como entretejida. All\u00ed est\u00e1n llamados por Dios, para que, desempe\u00f1ando su propia profesi\u00f3n guiados por el esp\u00edritu evang\u00e9lico, contribuyan a la santificaci\u00f3n del mundo como desde dentro, a modo de fermento. Y as\u00ed hagan manifiesto a Cristo ante los dem\u00e1s, primordialmente mediante el testimonio de su vida, por la irradiaci\u00f3n de la fe, la esperanza y la caridad. Por tanto, de manera singular, a ellos corresponde iluminar y ordenar las realidades temporales a las que est\u00e1n estrechamente vinculados, de tal modo que sin cesar se realicen y progresen conforme a Cristo y sean para la gloria del Creador y del Redentor.<\/p>\n<p>32. Por designio divino, la santa Iglesia est\u00e1 organizada y se gobierna sobre la base de una admirable variedad. \u00abPues a la manera que en un solo cuerpo tenemos muchos miembros, y todos los miembros no tienen la misma funci\u00f3n, as\u00ed nosotros, siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo, pero cada miembro est\u00e1 al servicio de los otros miembros\u00bb (<i>Rm<\/i> 12,4-5).<\/p>\n<p>Por tanto, el Pueblo de Dios, por El elegido, es uno: \u00abun Se\u00f1or, una fe, un bautismo\u00bb (<i>Ef<\/i> 4,5). Es com\u00fan la dignidad de los miembros, que deriva de su regeneraci\u00f3n en Cristo; com\u00fan la gracia de la filiaci\u00f3n; com\u00fan la llamada a la perfecci\u00f3n: una sola salvaci\u00f3n, \u00fanica la esperanza e indivisa la caridad. No hay, de consiguiente, en Cristo y en la Iglesia ninguna desigualdad por raz\u00f3n de la raza o de la nacionalidad, de la condici\u00f3n social o del sexo, porque \u00abno hay jud\u00edo ni griego, no hay siervo o libre, no hay var\u00f3n ni mujer. Pues todos vosotros sois \u00abuno\u00bb en Cristo Jes\u00fas\u00bb (<i>Ga<\/i> 3,28 gr.; cf. <i>Col<\/i> 3,11).<\/p>\n<p>Si bien en la Iglesia no todos van por el mismo camino, sin embargo, todos est\u00e1n llamados a la santidad y han alcanzado id\u00e9ntica fe por la justicia de Dios (cf. <i>2 P<\/i> 1,1). Aun cuando algunos, por voluntad de Cristo, han sido constituidos doctores, dispensadores de los misterios y pastores para los dem\u00e1s, existe una aut\u00e9ntica igualdad entre todos en cuanto a la dignidad y a la acci\u00f3n com\u00fan a todos los fieles en orden a la edificaci\u00f3n del Cuerpo de Cristo. Pues la distinci\u00f3n que el Se\u00f1or estableci\u00f3 entre los sagrados ministros y el resto del Pueblo de Dios lleva consigo la solidaridad, ya que los Pastores y los dem\u00e1s fieles est\u00e1n vinculados entre s\u00ed por rec\u00edproca necesidad. Los Pastores de la Iglesia, siguiendo el ejemplo del Se\u00f1or, p\u00f3nganse al servicio los unos de los otros y al de los restantes fieles; \u00e9stos, a su vez, asocien gozosamente su trabajo al de los Pastores y doctores. De esta manera, todos rendir\u00e1n un m\u00faltiple testimonio de admirable unidad en el Cuerpo de Cristo. Pues la misma diversidad de gracias, servicio y funciones congrega en la unidad a los hijos de Dios, porque \u00abtodas&#8230; estas cosas son obra del \u00fanico e id\u00e9ntico Esp\u00edritu\u00bb (<i>1 Co<\/i> 12,11).<\/p>\n<p>Los laicos, del mismo modo que por la benevolencia divina tienen como hermano a Cristo, quien, siendo Se\u00f1or de todo, no vino a ser servido, sino a servir (cf. <i>Mt<\/i> 20,28), tambi\u00e9n tienen por hermanos a los que, constituidos en el sagrado ministerio, ense\u00f1ando, santificando y gobernando con la autoridad de Cristo, apacientan a la familia de Dios, de tal suerte que sea cumplido por todos el nuevo mandamiento de la caridad. A cuyo prop\u00f3sito dice bellamente San Agust\u00edn: \u00abSi me asusta lo que soy para vosotros, tambi\u00e9n me consuela lo que soy con vosotros. Para vosotros soy obispo, con vosotros soy cristiano. Aquel nombre expresa un deber, \u00e9ste una gracia; aqu\u00e9l indica un peligro, \u00e9ste la salvaci\u00f3n\u00bb [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn112\">112<\/a>].<\/p>\n<p>33. Los laicos congregados en el Pueblo de Dios e integrados en el \u00fanico Cuerpo de Cristo bajo una sola Cabeza, cualesquiera que sean, est\u00e1n llamados, a fuer de miembros vivos, a contribuir con todas sus fuerzas, las recibidas por el beneficio del Creador y las otorgadas por la gracia del Redentor, al crecimiento de la Iglesia y a su continua santificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Ahora bien, el apostolado de los laicos es participaci\u00f3n en la misma misi\u00f3n salv\u00edfica de la Iglesia, apostolado al que todos est\u00e1n destinados por el Se\u00f1or mismo en virtud del bautismo y de la confirmaci\u00f3n. Y los sacramentos, especialmente la sagrada Eucarist\u00eda, comunican y alimentan aquel amor hacia Dios y hacia los hombres que es el alma de todo apostolado. Los laicos est\u00e1n especialmente llamados a hacer presente y operante a la Iglesia en aquellos lugares y circunstancias en que s\u00f3lo puede llegar a ser sal de la tierra a trav\u00e9s de ellos [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn113\">113<\/a>]. As\u00ed, todo laico, en virtud de los dones que le han sido otorgados, se convierte en testigo y simult\u00e1neamente en vivo instrumento de la misi\u00f3n de la misma Iglesia en la medida del don de Cristo (<i>Ef<\/i> 4,7).<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de este apostolado, que incumbe absolutamente a todos los cristianos, los laicos tambi\u00e9n puede ser llamados de diversos modos a una colaboraci\u00f3n m\u00e1s inmediata con el apostolado de la Jerarqu\u00eda [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn114\">114<\/a>], al igual que aquellos hombres y mujeres que ayudaban al ap\u00f3stol Pablo en la evangelizaci\u00f3n, trabajando mucho en el Se\u00f1or (cf. <i>Flp<\/i> 4,3; <i>Rm<\/i> 16,3ss). Por lo dem\u00e1s, poseen aptitud de ser asumidos por la Jerarqu\u00eda para ciertos cargos eclesi\u00e1sticos, que habr\u00e1n de desempe\u00f1ar con una finalidad espiritual.<\/p>\n<p>As\u00ed, pues, incumbe a todos los laicos la preclara empresa de colaborar para que el divino designio de salvaci\u00f3n alcance m\u00e1s y m\u00e1s a todos los hombres de todos los tiempos y en todas las partes de la tierra. De consiguiente, \u00e1braseles por doquier el camino para que, conforme a sus posibilidades y seg\u00fan las necesidades de los tiempos, tambi\u00e9n ellos participen celosamente en la obra salv\u00edfica de la Iglesia.<\/p>\n<p>34. Dado que Cristo Jes\u00fas, supremo y eterno Sacerdote, quiere continuar su testimonio y su servicio por medio de los laicos, los vivifica con su Esp\u00edritu y los impulsa sin cesar a toda obra buena y perfecta.<\/p>\n<p>Pues a quienes asocia \u00edntimamente a su vida y a su misi\u00f3n, tambi\u00e9n les hace part\u00edcipes de su oficio sacerdotal con el fin de que ejerzan el culto espiritual para gloria de Dios y salvaci\u00f3n de los hombres. Por lo cual los laicos, en cuanto consagrados a Cristo y ungidos por el Esp\u00edritu Santo, son admirablemente llamados y dotados, para que en ellos se produzcan siempre los m\u00e1s ub\u00e9rrimos frutos del Esp\u00edritu. Pues todas sus obras, sus oraciones e iniciativas apost\u00f3licas, la vida conyugal y familiar, el cotidiano trabajo, el descanso de alma y de cuerpo, si son hechos en el Esp\u00edritu, e incluso las mismas pruebas de la vida si se sobrellevan pacientemente, se convierten en sacrificios espirituales, aceptables a Dios por Jesucristo (cf. <i>1 P<\/i> 2, 5), que en la celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00eda se ofrecen piados\u00edsimamente al Padre junto con la oblaci\u00f3n del cuerpo del Se\u00f1or. De este modo, tambi\u00e9n los laicos, como adoradores que en todo lugar act\u00faan santamente, consagran el mundo mismo a Dios.<\/p>\n<p>35. Cristo, el gran Profeta, que proclam\u00f3 el reino del Padre con el testimonio de la vida y con el poder de la palabra, cumple su misi\u00f3n prof\u00e9tica hasta la plena manifestaci\u00f3n de la gloria, no s\u00f3lo a trav\u00e9s de la Jerarqu\u00eda, que ense\u00f1a en su nombre y con su poder, sino tambi\u00e9n por medio de los laicos, a quienes, consiguientemente, constituye en testigos y les dota del sentido de la fe y de la gracia de la palabra (cf. <i>Hch<\/i> 2, 17-18; <i>Ap<\/i> 19, 10) para que la virtud del Evangelio brille en la vida diaria, familiar y social. Se manifiestan como hijos de la promesa en la medida en que, fuertes en la fe y en la esperanza, aprovechan el tiempo presente (<i>Ef<\/i> 5, 16; <i>Col<\/i> 4, 5) y esperan con paciencia la gloria futura (cf. <i>Rm<\/i> 8, 25). Pero no escondan esta esperanza en el interior de su alma, antes bien manifi\u00e9stenla, incluso a trav\u00e9s de las estructuras de la vida secular, en una constante renovaci\u00f3n y en un forcejeo \u00abcon los dominadores de este mundo tenebroso, contra los esp\u00edritus malignos\u00bb (<i>Ef<\/i> 6, 12).<\/p>\n<p>Al igual que los sacramentos de la Nueva Ley, con los que se alimenta la vida y el apostolado de los fieles, prefiguran el cielo nuevo y la tierra nueva (cf. <i>Ap<\/i> 21, 1), as\u00ed los laicos quedan constituidos en poderosos pregoneros de la fe en la cosas que esperamos (cf. <i>Hb<\/i> 11, 1) cuando, sin vacilaci\u00f3n, unen a la vida seg\u00fan la fe la profesi\u00f3n de esa fe. Tal evangelizaci\u00f3n, es decir, el anuncio de Cristo pregonado por el testimonio de la vida y por la palabra, adquiere una caracter\u00edstica espec\u00edfica y una eficacia singular por el hecho de que se lleva a cabo en las condiciones comunes del mundo.<\/p>\n<p>En esta tarea resalta el gran valor de aquel estado de vida santificado por un especial sacramento, a saber, la vida matrimonial y familiar. En ella el apostolado de los laicos halla una ocasi\u00f3n de ejercicio y una escuela preclara si la religi\u00f3n cristiana penetra toda la organizaci\u00f3n de la vida y la transforma m\u00e1s cada d\u00eda. Aqu\u00ed los c\u00f3nyuges tienen su propia vocaci\u00f3n: el ser mutuamente y para sus hijos testigos de la fe y del amor de Cristo. La familia cristiana proclama en voz muy alta tanto las presentes virtudes del reino de Dios como la esperanza de la vida bienaventurada. De tal manera, con su ejemplo y su testimonio arguye al mundo de pecado e ilumina a los que buscan la verdad.<\/p>\n<p>Por consiguiente, los laicos, incluso cuando est\u00e1n ocupados en los cuidados temporales, pueden y deben desplegar una actividad muy valiosa en orden a la evangelizaci\u00f3n del mundo. Ya que si algunos de ellos, cuando faltan los sagrados ministros o cuando \u00e9stos se ven impedidos por un r\u00e9gimen de persecuci\u00f3n, les suplen en ciertas funciones sagradas, seg\u00fan sus posibilidades, y si otros muchos agotan todas sus energ\u00edas en la acci\u00f3n apost\u00f3lica, es necesario, sin embargo, que todos contribuyan a la dilataci\u00f3n y al crecimiento del reino de Dios en el mundo. Por ello, ded\u00edquense los laicos a un conocimiento m\u00e1s profundo de la verdad revelada y pidan a Dios con instancia el don de la sabidur\u00eda.<\/p>\n<p>36. Cristo, habi\u00e9ndose hecho obediente hasta la muerte y habiendo sido por ello exaltado por el Padre (cf. <i>Flp<\/i> 2, 8-9), entr\u00f3 en la gloria de su reino. A El est\u00e1n sometidas todas las cosas, hasta que El se someta a S\u00ed mismo y todo lo creado al Padre, a fin de que Dios sea todo en todas las cosas (cf.<i>1 Co<\/i> 15, 27-28). Este poder lo comunic\u00f3 a sus disc\u00edpulos, para que tambi\u00e9n ellos queden constituidos en soberana libertad, y por su abnegaci\u00f3n y santa vida venzan en s\u00ed mismos el reino del pecado (cf. <i>Rm<\/i> 6, 12). M\u00e1s a\u00fan, para que, sirviendo a Cristo tambi\u00e9n en los dem\u00e1s, conduzcan en humildad y paciencia a sus hermanos al Rey, cuyo servicio equivale a reinar. Tambi\u00e9n por medio de los fieles laicos el Se\u00f1or desea dilatar su reino: \u00abreino de verdad y de vida, reino de santidad y de gracia, reino de justicia, de amor y de paz\u00bb [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn115\">115<\/a>]. Un reino en el cual la misma creaci\u00f3n ser\u00e1 liberada de la servidumbre de la corrupci\u00f3n para participar la libertad de la gloria de los hijos de Dios (cf. <i>Rm<\/i>8, 21). Grande, en verdad, es la promesa, y excelso el mandato dado a los disc\u00edpulos: \u00abTodas las cosas son vuestras, pero vosotros sois de Cristo, y Cristo es de Dios\u00bb (<i>1 Co<\/i> 3, 23).<\/p>\n<p>Deben, por tanto, los fieles conocer la \u00edntima naturaleza de todas las criaturas, su valor y su ordenaci\u00f3n a la gloria de Dios. Incluso en las ocupaciones seculares deben ayudarse mutuamente a una vida m\u00e1s santa, de tal manera que el mundo se impregne del esp\u00edritu de Cristo y alcance su fin con mayor eficacia en la justicia, en la caridad y en la paz. En el cumplimiento de este deber universal corresponde a los laicos el lugar m\u00e1s destacado. Por ello, con su competencia en los asuntos profanos y con su actividad elevada desde dentro por la gracia de Cristo, contribuyan eficazmente a que los bienes creados, de acuerdo con el designio del Creador y la iluminaci\u00f3n de su Verbo, sean promovidos, mediante el trabajo humano, la t\u00e9cnica y la cultura civil, para utilidad de todos los hombres sin excepci\u00f3n; sean m\u00e1s convenientemente distribuidos entre ellos y, a su manera, conduzcan al progreso universal en la libertad humana y cristiana. As\u00ed Cristo, a trav\u00e9s de los miembros de la Iglesia, iluminar\u00e1 m\u00e1s y m\u00e1s con su luz salvadora a toda la sociedad humana.<\/p>\n<p>Igualmente coordinen los laicos sus fuerzas para sanear las estructuras y los ambientes del mundo cuando inciten al pecado, de manera que todas estas cosas sean conformes a las normas de la justicia y m\u00e1s bien favorezcan que obstaculicen la pr\u00e1ctica de las virtudes. Obrando de este modo, impregnar\u00e1n de valor moral la cultura y las realizaciones humanas. Con este proceder simult\u00e1neamente se prepara mejor el campo del mundo para la siembra de la palabra divina, y a la Iglesia se le abren m\u00e1s de par en par las puertas por las que introducir en el mundo el mensaje de la paz.<\/p>\n<p>Conforme lo exige la misma econom\u00eda de la salvaci\u00f3n, los fieles aprendan a distinguir con cuidado los derechos y deberes que les conciernen por su pertenencia a la Iglesia y los que les competen en cuanto miembros de la sociedad humana. Esfu\u00e9rcense en conciliarlos entre s\u00ed, teniendo presente que en cualquier asunto temporal deben guiarse por la conciencia cristiana, dado que ninguna actividad humana, ni siquiera en el dominio temporal, puede substraerse al imperio de Dios. En nuestro tiempo es sumamente necesario que esta distinci\u00f3n y simult\u00e1nea armon\u00eda resalte con suma claridad en la actuaci\u00f3n de los fieles, a fin de que la misi\u00f3n de la Iglesia pueda responder con mayor plenitud a los peculiares condicionamientos del mundo actual. Porque as\u00ed como ha de reconocerse que la ciudad terrena, justamente entregada a las preocupaciones del siglo, se rige por principios propios, con la misma raz\u00f3n se debe rechazar la funesta doctrina que pretende construir la sociedad prescindiendo en absoluto de la religi\u00f3n y que ataca y elimina la libertad religiosa de los ciudadanos [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn116\">116<\/a>].<\/p>\n<p>37. Los laicos, al igual que todos los fieles cristianos, tienen el derecho de recibir con abundancia [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn117\">117<\/a>] de los sagrados Pastores los auxilios de los bienes espirituales de la Iglesia, en particular la palabra de Dios y les sacramentos. Y manifi\u00e9stenles sus necesidades y sus deseos con aquella libertad y confianza que conviene a los hijos de Dios y a los hermanos en Cristo. Conforme a la ciencia, la competencia y el prestigio que poseen, tienen la facultad, m\u00e1s a\u00fan, a veces el deber, de exponer su parecer acerca de los asuntos concernientes al bien de la Iglesia [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn118\">118<\/a>]. Esto h\u00e1gase, si las circunstancias lo requieren, a trav\u00e9s de instituciones establecidas para ello por la Iglesia, y siempre en veracidad, fortaleza y prudencia, con reverencia y caridad hacia aquellos que, por raz\u00f3n de su sagrado ministerio, personifican a Cristo.<\/p>\n<p>Los laicos, como los dem\u00e1s fieles, siguiendo el ejemplo de Cristo, que con su obediencia hasta la muerte abri\u00f3 a todos los hombres el dichoso camino de la libertad de los hijos de Dios, acepten con prontitud de obediencia cristiana aquello que los Pastores sagrados, en cuanto representantes de Cristo, establecen en la Iglesia en su calidad de maestros y gobernantes. Ni dejen de encomendar a Dios en la oraci\u00f3n a sus Prelados, que vigilan cuidadosamente como quienes deben rendir cuenta por nuestras almas, a fin de que hagan esto con gozo y no con gemidos (cf. <i>Hb<\/i> 13,17).<\/p>\n<p>Por su parte, los sagrados Pastores reconozcan y promuevan la dignidad y responsabilidad de los laicos en la Iglesia. Recurran gustosamente a su prudente consejo, encomi\u00e9ndenles con confianza cargos en servicio de la Iglesia y denles libertad y oportunidad para actuar; m\u00e1s a\u00fan, an\u00edmenles incluso a emprender obras por propia iniciativa. Consideren atentamente ante Cristo, con paterno amor, las iniciativas, los ruegos y los deseos provenientes de los laicos [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn119\">119<\/a>]. En cuanto a la justa libertad que a todos corresponde en la sociedad civil, los Pastores la acatar\u00e1n respetuosamente.<\/p>\n<p>Son de esperar much\u00edsimos bienes para la Iglesia de este trato familiar entre los laicos y los Pastores; as\u00ed se robustece en los seglares el sentido de la propia responsabilidad, se fomenta su entusiasmo y se asocian m\u00e1s f\u00e1cilmente las fuerzas de los laicos al trabajo de los Pastores. Estos, a su vez, ayudados por la experiencia de los seglares, est\u00e1n en condiciones de juzgar con m\u00e1s precisi\u00f3n y objetividad tanto los asuntos espirituales como los temporales, de forma que la Iglesia entera, robustecida por todos sus miembros, cumpla con mayor eficacia su misi\u00f3n en favor de la vida del mundo.<\/p>\n<p>38. Cada laico debe ser ante el mundo un testigo de la resurrecci\u00f3n y de la vida del Se\u00f1or Jes\u00fas y una se\u00f1al del Dios vivo. Todos juntos y cada uno de por s\u00ed deben alimentar al mundo con frutos espirituales (cf. <i>Ga<\/i> 5, 22) y difundir en \u00e9l el esp\u00edritu de que est\u00e1n animados aquellos pobres, mansos y pac\u00edficos, a quienes el Se\u00f1or en el Evangelio proclam\u00f3 bienaventurados (cf. <i>Mt<\/i> 5, 3-9). En una palabra, \u00ablo que el alma es en el cuerpo, esto han de ser los cristianos en el mundo\u00bb [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn120\">120<\/a>].<\/p>\n<p>________________________________________________________________________________________<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref112\">112<\/a>] San Agust\u00edn, <i>Serm.<\/i> 340, 1: PL 38, 1483.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref113\">113<\/a>] Cf. P\u00edo XI, enc. <i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/pius_xi\/encyclicals\/documents\/hf_p-xi_enc_19310515_quadragesimo-anno_sp.html\">Quadragesimo anno<\/a><\/i>, 15 mayo 1931: AAS 23 (1931) 221s. P\u00edo XII, aloc.<i>De quelle consolation<\/i>, 14 oct. 1951: AAS 43 (1951) 790s.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref114\">114<\/a>] Cf. P\u00edo XII. aloc. <i>Six ans se sont \u00e9coul\u00e9s<\/i>, 5 oct. 1957: AAS 49 (1957) 927.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref115\">115<\/a>] <i>Misal Romano<\/i>, del Prefacio de la fiesta de Cristo Rey.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref116\">116<\/a>] Cf. Le\u00f3n XIII, enc. <i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/leo_xiii\/encyclicals\/documents\/hf_l-xiii_enc_01111885_immortale-dei_sp.html\">Immortale Dei<\/a><\/i>, 1 nov. 1885: AAS 18 (1885) 166ss. Id. enc. <i>Sapientiae christianae<\/i>, 10 enero 1890: ASS 22 (1889-90) 397ss. P\u00edo XII. aloc. <i>Alla vostra filiale<\/i>, 23 marzo 1958: AAS 50 (1958) 220: \u00abla legitima sana laicit\u00e0 dello Stato\u00bb.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref117\">117<\/a>] Cf. <i>Cod. Iur. Can<\/i>. can. 682.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref118\">118<\/a>] Cf. P\u00edo XII, aloc.<i>De quelle consolation<\/i>, l. c., p. 789: \u00abEn las batallas decisivas, es muchas veces del frente, de donde salen las m\u00e1s felices iniciativas&#8230;\u00bb. Id. aloc. <i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/pius_xii\/speeches\/1950\/documents\/hf_p-xii_spe_19500217_la-presse_sp.html\">L&#8217;importance de la presse catholique<\/a><\/i>, 17 febr. 1950: AAS 42 (1950) 256.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref119\">119<\/a>] Cf. <i>1 Tes<\/i>, 5, 19 y <i>1 Jn<\/i>, 4, 1.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref120\">120<\/a>] <i>Epist. ad Diognetum<\/i> 6: ed. Funk, I, p. 400. Cf. San Juan Cris\u00f3stomo,<i>In Mt.<\/i>hom. 46 (47) 2: PG 58, 478, del fermento en la masa.<\/p>\n<div class=\"sharelinks\" style=\"\">\n\t<a title=\"Cap\u00edtulo IV: Los Laicos\" rel=\"nofollow\" target=\"_blank\" href=\"http:\/\/www.facebook.com\/sharer.php?u=https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=875\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"56\" height=\"20\" alt=\"facebook\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/plugins\/facebook-google-twitter-share\/images\/facebook.png?resize=56%2C20&#038;ssl=1\"><\/a>\n\t<a title=\"Cap\u00edtulo IV: Los Laicos\" rel=\"nofollow\" target=\"_blank\" href=\"https:\/\/plus.google.com\/share?url=https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=875\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"60\" height=\"20\" alt=\"google plus\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/plugins\/facebook-google-twitter-share\/images\/googleplus.png?resize=60%2C20&#038;ssl=1\"><\/a>\n\t<a title=\"Cap\u00edtulo IV: Los Laicos\" Nagar\" rel=\"nofollow\" target=\"_blank\" href=\"http:\/\/twitter.com\/home?status=Cap\u00edtulo IV: Los Laicos https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=875\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"70\" height=\"20\" alt=\"twitter\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/plugins\/facebook-google-twitter-share\/images\/twitter.png?resize=70%2C20&#038;ssl=1\"><\/a>\n\t<\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CAP\u00cdTULO IV:\u00a0LOS LAICOS 30. El santo Concilio, una vez que ha declarado las funciones de la Jerarqu\u00eda, vuelve gozoso su atenci\u00f3n al estado de aquellos fieles cristianos que se llaman laicos. Porque, si todo lo que se ha dicho sobre el Pueblo de Dios se dirige por igual a laicos, religiosos y cl\u00e9rigos, sin embargo, &hellip; <\/p>\n<p><a class=\"more-link btn\" href=\"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=875\">Seguir leyendo<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":876,"parent":856,"menu_order":4,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"footnotes":""},"class_list":["post-875","page","type-page","status-publish","has-post-thumbnail","hentry","nodate","item-wrap"],"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/P2YM3J-e7","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_likes_enabled":false,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/875","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages"}],"about":[{"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/page"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=875"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/875\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":877,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/875\/revisions\/877"}],"up":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/856"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/876"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=875"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}