{"id":878,"date":"2013-01-08T13:32:37","date_gmt":"2013-01-08T12:32:37","guid":{"rendered":"http:\/\/arzmadrid.es\/svsc\/wp\/?page_id=878"},"modified":"2013-01-08T13:33:10","modified_gmt":"2013-01-08T12:33:10","slug":"capitulo-v-vocacion-a-la-santidad","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=878","title":{"rendered":"Cap\u00edtulo V: Vocaci\u00f3n a la Santidad"},"content":{"rendered":"<h1 align=\"center\"><span style=\"color: #800080;\"><b>CAP\u00cdTULO V:\u00a0<\/b><b><i>UNIVERSAL VOCACI\u00d3N A LA SANTIDAD<\/i><\/b><\/span><b><i><br \/>\n<\/i><\/b><\/h1>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/arzmadrid.es\/svsc\/wp\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/1599-1600_The_Calling_of_Saint_Matthew_1599-1600_4.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"879\" data-permalink=\"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?attachment_id=879\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/1599-1600_The_Calling_of_Saint_Matthew_1599-1600_4.jpg?fit=750%2C1097&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"750,1097\" data-comments-opened=\"0\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"1599-1600_The_Calling_of_Saint_Matthew_1599-1600_4\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-medium-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/1599-1600_The_Calling_of_Saint_Matthew_1599-1600_4.jpg?fit=205%2C300&amp;ssl=1\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/1599-1600_The_Calling_of_Saint_Matthew_1599-1600_4.jpg?fit=700%2C1024&amp;ssl=1\" class=\"alignleft size-thumbnail wp-image-879\" alt=\"1599-1600_The_Calling_of_Saint_Matthew_1599-1600_4\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/arzmadrid.es\/svsc\/wp\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/1599-1600_The_Calling_of_Saint_Matthew_1599-1600_4-150x150.jpg?resize=150%2C150\" width=\"150\" height=\"150\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/1599-1600_The_Calling_of_Saint_Matthew_1599-1600_4.jpg?resize=150%2C150&amp;ssl=1 150w, https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/1599-1600_The_Calling_of_Saint_Matthew_1599-1600_4.jpg?zoom=2&amp;resize=150%2C150 300w, https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/1599-1600_The_Calling_of_Saint_Matthew_1599-1600_4.jpg?zoom=3&amp;resize=150%2C150 450w\" sizes=\"auto, (max-width: 150px) 100vw, 150px\" \/><\/a>39. La Iglesia, cuyo misterio est\u00e1 exponiendo el sagrado Concilio, creemos que es indefectiblemente santa. Pues Cristo, el Hijo de Dios, quien con el Padre y el Esp\u00edritu Santo es proclamado \u00abel \u00fanico Santo\u00bb [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn121\">121<\/a>], am\u00f3 a la Iglesia como a su esposa, entreg\u00e1ndose a S\u00ed mismo por ella para santificarla (cf. <i>Ef<\/i> 5,25-26), la uni\u00f3 a S\u00ed como su propio cuerpo y la enriqueci\u00f3 con el don del Esp\u00edritu Santo para gloria de Dios. Por ello, en la Iglesia, todos, lo mismo quienes pertenecen a la Jerarqu\u00eda que los apacentados por ella, est\u00e1n llamados a la santidad, seg\u00fan aquello del Ap\u00f3stol: \u00abPorgue \u00e9sta es la voluntad de Dios, vuestra santificaci\u00f3n\u00bb (<i>1 Ts<\/i> 4, 3; cf. <i>Ef<\/i> 1, 4). Esta santidad de la Iglesia se manifiesta y sin cesar debe manifestarse en los frutos de gracia que el Esp\u00edritu produce en los fieles. Se expresa multiformemente en cada uno de los que, con edificaci\u00f3n de los dem\u00e1s, se acercan a la perfecci\u00f3n de la caridad en su propio g\u00e9nero de vida; de manera singular aparece en la pr\u00e1ctica de los com\u00fanmente llamados consejos evang\u00e9licos. Esta pr\u00e1ctica de los consejos, que, por impulso del Esp\u00edritu Santo, muchos cristianos han abrazado tanto en privado como en una condici\u00f3n o estado aceptado por la Iglesia, proporciona al mundo y debe proporcionarle un espl\u00e9ndido testimonio y ejemplo de esa santidad.<\/p>\n<p>40. El divino Maestro y Modelo de toda perfecci\u00f3n, el Se\u00f1or Jes\u00fas, predic\u00f3 a todos y cada uno de sus disc\u00edpulos, cualquiera que fuese su condici\u00f3n, la santidad de vida, de la que El es iniciador y consumador: \u00abSed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto\u00bb (<i>Mt<\/i> 5, 48) [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn122\">122<\/a>]. Envi\u00f3 a todos el Esp\u00edritu Santo para que los mueva interiormente a amar a Dios con todo el coraz\u00f3n, con toda el alma, con toda la mente y con todas las fuerzas (cf. <i>M<\/i>t 12,30) y a amarse mutuamente como Cristo les am\u00f3 (cf. <i>Jn<\/i>13,34; 15,12). Los seguidores de Cristo, llamados por Dios no en raz\u00f3n de sus obras, sino en virtud del designio y gracia divinos y justificados en el Se\u00f1or Jes\u00fas, han sido hechos por el bautismo, sacramento de la fe, verdaderos hijos de Dios y part\u00edcipes de la divina naturaleza, y, por lo mismo, realmente santos. En consecuencia, es necesario que con la ayuda de Dios conserven y perfeccionen en su vida la santificaci\u00f3n que recibieron. El Ap\u00f3stol les amonesta a vivir \u00abcomo conviene a los santos\u00bb (<i>Ef<\/i> 5, 3) y que como \u00abelegidos de Dios, santos y amados, se revistan de entra\u00f1as de misericordia, benignidad, humildad, modestia, paciencia\u00bb (<i>Col<\/i> 3, 12) y produzcan los frutos del Esp\u00edritu para la santificaci\u00f3n (cf. <i>Ga<\/i> 5, 22; <i>Rm<\/i> 6, 22). Pero como todos caemos en muchas faltas (cf. <i>St<\/i> 3,2), continuamente necesitamos la misericordia de Dios y todos los d\u00edas debemos orar: \u00abPerd\u00f3nanos nuestras deudas\u00bb (<i>Mt<\/i> 6, 12) [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn123\">123<\/a>].<\/p>\n<p>Es, pues, completamente claro que todos los fieles, de cualquier estado o condici\u00f3n, est\u00e1n llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfecci\u00f3n de la caridad [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn124\">124<\/a>], y esta santidad suscita un nivel de vida m\u00e1s humano incluso en la sociedad terrena. En el logro de esta perfecci\u00f3n empe\u00f1en los fieles las fuerzas recibidas seg\u00fan la medida de la donaci\u00f3n de Cristo, a fin de que, siguiendo sus huellas y hechos conformes a su imagen, obedeciendo en todo a la voluntad del Padre, se entreguen con toda su alma a la gloria de Dios y al servicio del pr\u00f3jimo. As\u00ed, la santidad del Pueblo de Dios producir\u00e1 abundantes frutos, como brillantemente lo demuestra la historia de la Iglesia con la vida de tantos santos.<\/p>\n<p>41. Una misma es la santidad que cultivan, en los m\u00faltiples g\u00e9neros de vida y ocupaciones, todos los que son guiados por el Esp\u00edritu de Dios, y obedientes a la voz del Padre, ador\u00e1ndole en esp\u00edritu y verdad, siguen a Cristo pobre, humilde y cargado con la cruz, a fin de merecer ser hechos part\u00edcipes de su gloria. Pero cada uno debe caminar sin vacilaci\u00f3n por el camino de la fe viva, que engendra la esperanza y obra por la caridad, seg\u00fan los dones y funciones que le son propios.<\/p>\n<p>En primer lugar es necesario que los Pastores de la grey de Cristo, a imagen del sumo y eterno Sacerdote, Pastor y Obispo de nuestras almas, desempe\u00f1en su ministerio santamente y con entusiasmo, humildemente y con fortaleza. As\u00ed cumplido, ese ministerio ser\u00e1 tambi\u00e9n para ellos un magn\u00edfico medio de santificaci\u00f3n. Los elegidos para la plenitud del sacerdocio son dotados de la gracia sacramental, con la que, orando, ofreciendo el sacrificio y predicando, por medio de todo tipo de preocupaci\u00f3n episcopal y de servicio, puedan cumplir perfectamente el cargo de la caridad pastoral [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn125\">125<\/a>]. No teman entregar su vida por las ovejas, y, hechos modelo para la grey (cf.<i>1 P<\/i>5,3), estimulen a la Iglesia, con su ejemplo, a una santidad cada d\u00eda mayor.<\/p>\n<p>Los presb\u00edteros, a semejanza del orden de los Obispos, cuya corona espiritual forman [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn126\">126<\/a>] al participar de su gracia ministerial por Cristo, eterno y \u00fanico Mediador, crezcan en el amor de Dios y del pr\u00f3jimo por el diario desempe\u00f1o de su oficio. Conserven el v\u00ednculo de la comuni\u00f3n sacerdotal, abunden en todo bien espiritual y sean para todos un vivo testimonio de Dios [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn127\">127<\/a>], \u00e9mulos de aquellos sacerdotes que en el decurso de los siglos, con frecuencia en un servicio humilde y oculto, dejaron un preclaro ejemplo de santidad, cuya alabanza se difunde en la Iglesia de Dios. Mientras oran y ofrecen el sacrificio, como es su deber, por los propios fieles y por todo el Pueblo de Dios, sean conscientes de lo que hacen e imiten lo que traen entre manos [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn128\">128<\/a>]; las preocupaciones apost\u00f3licas, los peligros y contratiempos, no s\u00f3lo no les sean un obst\u00e1culo, antes bien asciendan por ellos a una m\u00e1s alta santidad, alimentando y fomentando su acci\u00f3n en la abundancia de la contemplaci\u00f3n para consuelo de toda la Iglesia de Dios. Todos los presb\u00edteros y en especial aquellos que por el peculiar t\u00edtulo de su ordenaci\u00f3n son llamados sacerdotes diocesanos, tengan presente cu\u00e1nto favorece a su santificaci\u00f3n la fiel uni\u00f3n y generosa cooperaci\u00f3n con su propio Obispo.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n son part\u00edcipes de la misi\u00f3n y gracia del supremo Sacerdote, de un modo particular, los ministros de orden inferior. Ante todo, los di\u00e1conos, quienes, sirviendo a los misterios de Cristo y de la Iglesia [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn129\">129<\/a>] deben conservarse inmunes de todo vicio, agradar a Dios y hacer acopio de todo bien ante los hombres (cf. <i>1 Tm<\/i> 3,8-10 y 12-13). Los. cl\u00e9rigos, que, llamados por el Se\u00f1or y destinados a su servicio, se preparan, bajo la vigilancia de los Pastores, para los deberes del ministerio, est\u00e1n obligados a ir adaptando su mentalidad y sus corazones a tan excelsa elecci\u00f3n: asiduos en la oraci\u00f3n, fervorosos en el amor, preocupados de continuo por todo lo que es verdadero, justo y decoroso, realizando todo para gloria y honor de Dios. A los cuales se a\u00f1aden aquellos laicos elegidos por Dios que son llamados por el Obispo para que se entreguen por completo a las tareas apost\u00f3licas, y trabajan en el campo del Se\u00f1or con fruto abundante [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn130\">130<\/a>].<\/p>\n<p>Los esposos y padres cristianos, siguiendo su propio camino, mediante la fidelidad en el amor, deben sostenerse mutuamente en la gracia a lo largo de toda la vida e inculcar la doctrina cristiana y las virtudes evang\u00e9licas a los hijos amorosamente recibidos de Dios. De esta manera ofrecen a todos el ejemplo de un incansable y generoso amor, contribuyen al establecimiento de la fraternidad en la caridad y se constituyen en testigos y colaboradores de la fecundidad de la madre Iglesia, como s\u00edmbolo y participaci\u00f3n de aquel amor con que Cristo am\u00f3 a su Esposa y se entreg\u00f3 a S\u00ed mismo por ella [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn131\">131<\/a>]. Ejemplo parecido lo proporcionan, de otro modo, quienes viven en estado de viudez o de celibato, los cuales tambi\u00e9n pueden contribuir no poco a la santidad y a la actividad de la Iglesia. Aquellos que est\u00e1n dedicados a trabajos muchas veces fatigosos deben encontrar en esas ocupaciones humanas su propio perfeccionamiento, el medio de ayudar a sus conciudadanos y de contribuir a elevar el nivel de la sociedad entera y de la creaci\u00f3n. Pero tambi\u00e9n es necesario que imiten en su activa caridad a Cristo, cuyas manos se ejercitaron en los trabajos manuales y que contin\u00faan trabajando en uni\u00f3n con el Padre para la salvaci\u00f3n de todos. Gozosos en la esperanza, ayud\u00e1ndose unos a otros a llevar sus cargas, asciendan mediante su mismo trabajo diario, a una m\u00e1s alta santidad, incluso con proyecci\u00f3n apost\u00f3lica.<\/p>\n<p>Sepan tambi\u00e9n que est\u00e1n especialmente unidos a Cristo, paciente por la salvaci\u00f3n del mundo, aquellos que se encuentran oprimidos por la pobreza, la enfermedad, los achaques y otros muchos sufrimientos, o los que padecen persecuci\u00f3n por la justicia. A ellos el Se\u00f1or, en el Evangelio, les proclam\u00f3 bienaventurados, y \u00abel Dios de toda gracia, que nos llam\u00f3 a su eterna gloria en Cristo Jes\u00fas, despu\u00e9s de un breve padecer, los perfeccionar\u00e1 y afirmar\u00e1, los fortalecer\u00e1 y consolidar\u00e1\u00bb (<i>1 P<\/i>5, 10).<\/p>\n<p>Por tanto, todos los fieles cristianos, en las condiciones, ocupaciones o circunstancias de su vida, y a trav\u00e9s de todo eso, se santificar\u00e1n m\u00e1s cada d\u00eda si lo aceptan todo con fe de la mano del Padre celestial y colaboran con la voluntad divina, haciendo manifiesta a todos, incluso en su dedicaci\u00f3n a las tareas temporales, la caridad con que Dios am\u00f3 al mundo.<\/p>\n<p>42. \u00abDios es caridad, y el que permanece en la caridad permanece en Dios y Dios en \u00e9l\u00bb (<i>1 Jn<\/i> 4, 16). Y Dios difundi\u00f3 su caridad en nuestros corazones por el Esp\u00edritu Santo, que se nos ha dado (cf.<i>Rm<\/i> 5, 5). Por consiguiente, el primero y m\u00e1s imprescindible don es la caridad, con la que amamos a Dios sobre todas las cosas y al pr\u00f3jimo por El. Pero, a fin de que la caridad crezca en el alma como una buena semilla y fructifique, todo fiel debe escuchar de buena gana la palabra de Dios y poner por obra su voluntad con la ayuda de la gracia. Participar frecuentemente en los sacramentos, sobre todo en la Eucarist\u00eda, y en las funciones sagradas. Aplicarse asiduamente a la oraci\u00f3n, a la abnegaci\u00f3n de s\u00ed mismo, al sol\u00edcito servicio de los hermanos y al ejercicio de todas las virtudes. Pues la caridad, como v\u00ednculo de perfecci\u00f3n y plenitud de la ley (cf. <i>Col<\/i> 3, 14; <i>Rm<\/i> 3, 10), rige todos los medios de santificaci\u00f3n, los informa y los conduce a su fin [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn132\">132<\/a>]. De ah\u00ed que la caridad para con Dios y para con el pr\u00f3jimo sea el signo distintivo del verdadero disc\u00edpulo de Cristo.<\/p>\n<p>Dado que Jes\u00fas, el Hijo de Dios, manifest\u00f3 su amor entregando su vida por nosotros, nadie tiene mayor amor que el que entrega su vida por El y por sus hermanos (cf. 1 <i>Jn<\/i> 3,16; <i>Jn<\/i> 15,13). Pues bien: algunos cristianos, ya desde los primeros tiempos, fueron llamados, y seguir\u00e1n si\u00e9ndolo siempre, a dar este supremo testimonio de amor ante todos, especialmente ante los perseguidores. Por tanto, el martirio, en el que el disc\u00edpulo se asemeja al Maestro, que acept\u00f3 libremente la muerte por la salvaci\u00f3n del mundo, y se conforma a El en la efusi\u00f3n de su sangre, es estimado por la Iglesia como un don eximio y la suprema prueba de amor, Y, si es don concedido a pocos, sin embargo, todos deben estar prestos a confesar a Cristo delante de los hombres y a seguirle, por el camino de la cruz, en medio de las persecuciones que nunca faltan a la Iglesia.<\/p>\n<p>La santidad de la Iglesia tambi\u00e9n se fomenta de una manera especial con los m\u00faltiples consejos que el Se\u00f1or propone en el Evangelio para que los observen sus disc\u00edpulos [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn133\">133<\/a>]. Entre ellos destaca el precioso don de la divina gracia, concedido a algunos por el Padre (cf. <i>Mt<\/i> 19, 11; <i>1 Co<\/i> 7, 7) para que se consagren a solo Dios con un coraz\u00f3n que en la virginidad o en el celibato se mantiene m\u00e1s f\u00e1cilmente indiviso (cf. <i>1 Co<\/i> 7, 32-34) [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn134\">134<\/a>]. Esta perfecta continencia por el reino de los cielos siempre ha sido tenida en la m\u00e1s alta estima por la Iglesia, como se\u00f1al y est\u00edmulo de la caridad y como un manantial extraordinario de espiritual fecundidad en el mundo.<\/p>\n<p>La Iglesia medita la advertencia del Ap\u00f3stol, quien, estimulando a los fieles a la caridad, les exhorta a que tengan en s\u00ed los mismos sentimientos que tuvo Cristo, el cual \u00abse anonad\u00f3 a s\u00ed mismo tomando la forma de esclavo&#8230;, hecho obediente hasta la muerte\u00bb (<i>Flp<\/i> 2, 7-8), y por nosotros \u00abse hizo pobre, siendo rico\u00bb (<i>2 Co<\/i> 8, 9). Y como es necesario que los disc\u00edpulos den siempre testimonio de esta caridad y humildad de Cristo imit\u00e1ndola, la madre Iglesia goza de que en su seno se hallen muchos varones v mujeres que siguen m\u00e1s de cerca el anonadamiento del Salvador y dan un testimonio m\u00e1s evidente de \u00e9l al abrazar la pobreza en la libertad de los hijos de Dios y al renunciar a su propia voluntad. A saber: aquellos que, en materia de perfecci\u00f3n, se someten a un hombre por Dios m\u00e1s all\u00e1 de lo mandado, a fin de hacerse m\u00e1s plenamente conformes a Cristo obediente [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn135\">135<\/a>].<\/p>\n<p>Quedan, pues, invitados y aun obligados todos los fieles cristianos a buscar insistentemente la santidad y la perfecci\u00f3n dentro del propio estado. Est\u00e9n todos atentos a encauzar rectamente sus afectos, no sea que el uso de las cosas del mundo y un apego a las riquezas contrario al esp\u00edritu de pobreza evang\u00e9lica les impida la prosecuci\u00f3n de la caridad perfecta. Acord\u00e1ndose de la advertencia del Ap\u00f3stol: Los que usan de este mundo no se detengan en eso, porque los atractivos de este mundo pasan (cf. <i>1 Co<\/i> 7, 31 gr.) [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn136\">136<\/a>].<\/p>\n<p>________________________________________________________________________________________<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref121\">121<\/a>] Misal Romano, <i>Gloria in excelsis<\/i>. Cf. <i>Lc<\/i>, 1, 35; <i>Mc<\/i>, 1, 24;<i>Lc<\/i>, 4, 34; <i>Jn<\/i>, 6, 69 (<i>ho hagios tou Theou<\/i>); <i>Hch<\/i> 3, 14; 4, 27 y 30;<i>Heb<\/i>, 7, 26; <i>1 Jn<\/i>, 2, 20; <i>Ap<\/i>, 3, 7.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref122\">122<\/a>] Cf. Or\u00edgenes, <i>Comm. Rom.<\/i> 7, 7: PG 14, 1122B. Ps.- Macario, <i>De Oratione<\/i>, 11: PG 34, 861AB. Santo Tom\u00e1s,<i>Summa Theol.<\/i>, II-II, q. 184, a. 3.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref123\">123<\/a>] Cf. San Agust\u00edn, <i>Retract.<\/i> II, 18: PL 32, 637s. P\u00edo XII, enc. <i>Mystici Corporis<\/i>, 29 jun. 1943: AAS 35 (1943) 225.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref124\">124<\/a>] Cf. P\u00edo XI, enc. <i>Rerum omnium<\/i>, 26 enero 1923: AAS 15 (1923)50 y 59-60: enc. <i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/pius_xi\/encyclicals\/documents\/hf_p-xi_enc_31121930_casti-connubii_sp.html\">Casti connubii<\/a><\/i>, 31 dic. 1930: AAS 22 (1930) 548. P\u00edo XII, const. apost. <i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/pius_xii\/apost_constitutions\/documents\/hf_p-xii_apc_19470202_provida-mater-ecclesia_sp.html\">Provida Mater<\/a><\/i>, 2 febr. 1947; AAS 39 (1947) 117; aloc. <i>Annus sacer<\/i>, 8 dic. 1950: AAS 43 (1951) 27-28; aloc. <i>Nel darvi<\/i>, 1 jul. 1956: AAS 48 (1956) 574s.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref125\">125<\/a>] Cf. Santo Tom\u00e1s, <i>Summa Theol.<\/i>, II-II, q. 184, a. 5 y 6. <i>De perf. vitae spir.<\/i> c. 18. Or\u00edgenes,<i>In Is.<\/i> hom., 6, 1: PG 13, 239.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref126\">126<\/a>] Cf. San Ignacio M., <i>Magn.<\/i> 13, 1: ed. Funk, I p. 241.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref127\">127<\/a>] Cf. S. P\u00edo X, exhort., <i>Haerent animo<\/i>, 4 agos. 1908: AAS 41 (1908) 560s.<i>Cod. Iur Can.<\/i>can. 124. P\u00edo XI. enc. <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/pius_xi\/encyclicals\/documents\/hf_p-xi_enc_19351220_ad-catholici-sacerdotii_sp.html\"><i>Ad catholici sacerdotii<\/i>,<\/a> 20 dic. 1935: AAS 28 (1936) 22.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref128\">128<\/a>] Cf. Pontifical Romano, <i>De ordinatione presbyterorum<\/i>, en la Exhortaci\u00f3n inicial.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref129\">129<\/a>] Cf. S. Ignacio M., <i>Trall.<\/i> 2, 3: ed. Funk, I p.244.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref130\">130<\/a>] Cf. P\u00edo XII, aloc. <i>Sous la maternelle protection<\/i>, 9 dic. 1957: AAS 50 (1958) 36.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref131\">131<\/a>] P\u00edo XI, enc.<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/pius_xi\/encyclicals\/documents\/hf_p-xi_enc_31121930_casti-connubii_sp.html\">Casti connubii<\/a><\/i>, 31 dic. 1930: AAS 22 (1930) 548s. \u00a0San Juan Cris\u00f3stomo, <i>In Ephes.<\/i> hom., 20, 2: PG 62, 136ss.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref132\">132<\/a>] Cf. San Agust\u00edn, <i>Enchir.<\/i> 121, 32: PL 40, 288. Santo Tom\u00e1s, <i>Summa Theol.<\/i> II-II, q. 184, a. 1. P\u00edo XII, exhort. apost. <i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/pius_xii\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-xii_exh_19500923_menti-nostrae_sp.html\">Menti nostrae<\/a><\/i>, 23 sept. 1950: AAS 42 (1950) 660.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref133\">133<\/a>] Sobre los consejos en general, cf. Or\u00edgenes, <i>Comm. Rom.<\/i> X 14: PG 14, 1275B. San Agust\u00edn,<i>De S. virginitate<\/i>, 15, 15: PL 40, 403. Santo Tom\u00e1s,<i>Summa Theol.<\/i>, I-II, q. 100, a. 2c (al final); II-II, q. 44, a. 4, ad 3.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref134\">134<\/a>] Sobre la excelencia de la sagrada virginidad, cf. Tertuliano, <i>Exhort. cast.<\/i> 10: PL 2, 925C. San Cipriano, <i>Hab. virg.<\/i>, 3 y 22: PL 4, 443B y 461 As. San Atanasio (?), <i>De virg.<\/i>: PG 28, 252ss. San J. Cris\u00f3stomo, <i>De virg<\/i>.: PG 48, 533ss.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref135\">135<\/a>] Sobre la pobreza espiritual cf. <i>Mt<\/i> 5, 3 y 19, 21; <i>Mc<\/i> 10, 21, <i>Lc<\/i> 18, 22. Sobre la obediencia se aduce el ejemplo de Cristo en <i>Jn<\/i> 4, 4 y 6, 38; <i>Flp<\/i> 2, 8-10; <i>Hb<\/i> 10, 5-7. Los Santo Padres y los fundadores de las \u00d3rdenes ofrecen textos abundantes.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref136\">136<\/a>] Sobre la pr\u00e1ctica efectiva de los consejos, que no se imponen a todos, cf. San J. Cris\u00f3stomo<i>In Mt<\/i>. hom., 7, 7: PG 57, 81s. San Ambrosio, <i>De viduis<\/i>, 4, 23: PL 16, 241s.<\/p>\n<div class=\"sharelinks\" style=\"\">\n\t<a title=\"Cap\u00edtulo V: Vocaci\u00f3n a la Santidad\" rel=\"nofollow\" target=\"_blank\" href=\"http:\/\/www.facebook.com\/sharer.php?u=https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=878\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"56\" height=\"20\" alt=\"facebook\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/plugins\/facebook-google-twitter-share\/images\/facebook.png?resize=56%2C20&#038;ssl=1\"><\/a>\n\t<a title=\"Cap\u00edtulo V: Vocaci\u00f3n a la Santidad\" rel=\"nofollow\" target=\"_blank\" href=\"https:\/\/plus.google.com\/share?url=https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=878\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"60\" height=\"20\" alt=\"google plus\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/plugins\/facebook-google-twitter-share\/images\/googleplus.png?resize=60%2C20&#038;ssl=1\"><\/a>\n\t<a title=\"Cap\u00edtulo V: Vocaci\u00f3n a la Santidad\" Nagar\" rel=\"nofollow\" target=\"_blank\" href=\"http:\/\/twitter.com\/home?status=Cap\u00edtulo V: Vocaci\u00f3n a la Santidad https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=878\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"70\" height=\"20\" alt=\"twitter\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/plugins\/facebook-google-twitter-share\/images\/twitter.png?resize=70%2C20&#038;ssl=1\"><\/a>\n\t<\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CAP\u00cdTULO V:\u00a0UNIVERSAL VOCACI\u00d3N A LA SANTIDAD 39. La Iglesia, cuyo misterio est\u00e1 exponiendo el sagrado Concilio, creemos que es indefectiblemente santa. Pues Cristo, el Hijo de Dios, quien con el Padre y el Esp\u00edritu Santo es proclamado \u00abel \u00fanico Santo\u00bb [121], am\u00f3 a la Iglesia como a su esposa, entreg\u00e1ndose a S\u00ed mismo por ella &hellip; <\/p>\n<p><a class=\"more-link btn\" href=\"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=878\">Seguir leyendo<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":879,"parent":856,"menu_order":5,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"footnotes":""},"class_list":["post-878","page","type-page","status-publish","has-post-thumbnail","hentry","nodate","item-wrap"],"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/P2YM3J-ea","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_likes_enabled":false,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/878","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages"}],"about":[{"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/page"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=878"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/878\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":881,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/878\/revisions\/881"}],"up":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/856"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/879"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=878"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}