{"id":882,"date":"2013-01-08T13:36:35","date_gmt":"2013-01-08T12:36:35","guid":{"rendered":"http:\/\/arzmadrid.es\/svsc\/wp\/?page_id=882"},"modified":"2013-01-08T13:36:50","modified_gmt":"2013-01-08T12:36:50","slug":"capitulo-vi-los-religiosos","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=882","title":{"rendered":"Cap\u00edtulo VI: Los Religiosos"},"content":{"rendered":"<h1 align=\"center\"><span style=\"color: #800080;\"><b>CAP\u00cdTULO VI:\u00a0<\/b><b><i>LOS RELIGIOSOS<\/i><\/b><\/span><\/h1>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/arzmadrid.es\/svsc\/wp\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/5244_9_45f564cda5356.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"883\" data-permalink=\"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?attachment_id=883\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/5244_9_45f564cda5356.jpg?fit=400%2C267&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"400,267\" data-comments-opened=\"0\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"5244_9_45f564cda5356\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-medium-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/5244_9_45f564cda5356.jpg?fit=300%2C200&amp;ssl=1\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/5244_9_45f564cda5356.jpg?fit=400%2C267&amp;ssl=1\" class=\"alignleft size-thumbnail wp-image-883\" alt=\"5244_9_45f564cda5356\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/arzmadrid.es\/svsc\/wp\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/5244_9_45f564cda5356-150x150.jpg?resize=150%2C150\" width=\"150\" height=\"150\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/5244_9_45f564cda5356.jpg?resize=150%2C150&amp;ssl=1 150w, https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/5244_9_45f564cda5356.jpg?zoom=2&amp;resize=150%2C150 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 150px) 100vw, 150px\" \/><\/a>43. Los consejos evang\u00e9licos de castidad consagrada a Dios, de pobreza y de obediencia, como fundados en las palabras y ejemplos del Se\u00f1or, y recomendados por los Ap\u00f3stoles y Padres, as\u00ed como por los doctores y pastores de la Iglesia, son un don divino que la Iglesia recibi\u00f3 de su Se\u00f1or y que con su gracia conserva siempre La autoridad de la Iglesia, bajo la gu\u00eda del Esp\u00edritu Santo, se preocup\u00f3 de interpretar estos consejos, de regular su pr\u00e1ctica e incluso de fijar formas estables de vivirlos. Esta es la causa de que, como en \u00e1rbol que se ramifica espl\u00e9ndido y pujante en el campo del Se\u00f1or partiendo de una semilla puesta por Dios, se hayan desarrollado formas diversas de vida solitaria o comunitaria y variedad de familias que acrecientan los recursos ya para provecho de los propios miembros, ya para bien de todo el Cuerpo de Cristo [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn137\">137<\/a>]. Y es que esas familias ofrecen a sus miembros las ventajas de una mayor estabilidad en el g\u00e9nero de vida, una doctrina experimentada para conseguir la perfecci\u00f3n, una comuni\u00f3n fraterna en el servicio de Cristo y una libertad robustecida por la obediencia, de tal manera que puedan cumplir con seguridad y guardar fielmente su profesi\u00f3n y avancen con esp\u00edritu alegre por la senda de la caridad [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn138\">138<\/a>].<\/p>\n<p>Este estado, si se atiende a la constituci\u00f3n divina y jer\u00e1rquica de la Iglesia, no es intermedio entre el de los cl\u00e9rigos y el de los laicos, sino que de uno y otro algunos cristianos son llamados por Dios para poseer un don particular en la vida de la Iglesia y para que contribuyan a la misi\u00f3n salv\u00edfica de \u00e9sta, cada uno seg\u00fan su modo [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn139\">139<\/a>].<\/p>\n<p>44. El cristiano, mediante los votos u otros v\u00ednculos sagrados \u2014por su propia naturaleza semejantes a los votos\u2014, con los cuales se obliga a la pr\u00e1ctica de los tres susodichos consejos evang\u00e9licos, hace una total consagraci\u00f3n de s\u00ed mismo a Dios, amado sobre todas las cosas, de manera que se ordena al servicio de Dios y a su gloria por un t\u00edtulo nuevo y especial. Ya por el bautismo hab\u00eda muerto al pecado y estaba consagrado a Dios; sin embargo, para traer de la gracia bautismal fruto copioso, pretende, por la profesi\u00f3n de los consejos evang\u00e9licos, liberarse de los impedimentos que podr\u00edan apartarle del fervor de la caridad y de la perfecci\u00f3n del culto divino y se consagra m\u00e1s \u00edntimamente al servicio de Dios [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn140\">140<\/a>]. La consagraci\u00f3n ser\u00e1 tanto m\u00e1s perfecta cuanto, por v\u00ednculos m\u00e1s firmes y m\u00e1s estables, represente mejor a Cristo, unido con v\u00ednculo indisoluble a su Iglesia.<\/p>\n<p>Pero como los consejos evang\u00e9licos, mediante la caridad hacia la que impulsan [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn141\">141<\/a>], unen especialmente con la Iglesia y con su misterio a quienes los practican, es necesario que la vida espiritual de \u00e9stos se consagre tambi\u00e9n al provecho de toda la Iglesia. De aqu\u00ed nace el deber de trabajar seg\u00fan las fuerzas y seg\u00fan la forma de la propia vocaci\u00f3n, sea con la oraci\u00f3n, sea tambi\u00e9n con el ministerio apost\u00f3lico, para que el reino de Cristo se asiente y consolide en las almas y para dilatarlo por todo el mundo. Por lo cual la Iglesia protege y favorece la \u00edndole propia de los diversos institutos religiosos.<\/p>\n<p>As\u00ed, pues, la profesi\u00f3n de los consejos evang\u00e9licos aparece como un s\u00edmbolo que puede y debe atraer eficazmente a todos los miembros de la Iglesia a cumplir sin desfallecimiento los deberes de la vida cristiana. Y como el Pueblo de Dios no tiene aqu\u00ed ciudad permanente, sino que busca la futura, el estado religioso, por librar mejor a sus seguidores de las preocupaciones terrenas, cumple tambi\u00e9n mejor, sea la funci\u00f3n de manifestar ante todos los fieles que los bienes celestiales se hallan ya presentes en este mundo, sea la de testimoniar la vida nueva y eterna conquistada por la redenci\u00f3n de Cristo, sea la de prefigurar la futura resurrecci\u00f3n y la gloria del reino celestial. El mismo estado imita m\u00e1s de cerca y representa perennemente en la Iglesia el g\u00e9nero de vida que el Hijo de Dios tom\u00f3 cuando vino a este mundo para cumplir la voluntad del Padre, y que propuso a los disc\u00edpulos que le segu\u00edan. Finalmente, proclama de modo especial la elevaci\u00f3n del reino de Dios sobre todo lo terreno y sus exigencias supremas; muestra tambi\u00e9n ante todos los hombres la soberana grandeza del poder de Cristo glorioso y la potencia infinita del Esp\u00edritu Santo, que obra maravillas en la Iglesia.<\/p>\n<p>Por consiguiente, el estado constituido por la profesi\u00f3n de los consejos evang\u00e9licos, aunque no pertenece a la estructura jer\u00e1rquica de la Iglesia, pertenece, sin embargo de manera indiscutible, a su vida y santidad.<\/p>\n<p>45. Siendo deber de la Jerarqu\u00eda eclesi\u00e1stica apacentar al Pueblo de Dios y conducirlo a los mejores pastos (cf. <i>Ez<\/i> 34, 14), a ella compete dirigir sabiamente con sus leyes la pr\u00e1ctica de los consejos evang\u00e9licos [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn142\">142<\/a>], mediante los cuales se fomenta singularmente la caridad para con Dios y para con el pr\u00f3jimo. La misma Jerarqu\u00eda, siguiendo d\u00f3cilmente el impulso del Esp\u00edritu Santo, admite las reglas propuestas por varones y mujeres ilustres, las aprueba aut\u00e9nticamente despu\u00e9s de haberlas revisado y asiste con su autoridad vigilante y protectora a los Institutos erigidos por todas partes para edificaci\u00f3n del Cuerpo de Cristo, con el fin de que en todo caso crezcan y florezcan seg\u00fan el esp\u00edritu de los fundadores.<\/p>\n<p>Para mejor proveer a las necesidades de toda la grey del Se\u00f1or, el Romano Pont\u00edfice, en virtud de su primado sobre la Iglesia universal, puede eximir a cualquier Instituto de perfecci\u00f3n y a cada uno de sus miembros de la jurisdicci\u00f3n de los Ordinarios de lugar y someterlos a su sola autoridad con vistas a la utilidad com\u00fan [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn143\">143<\/a>]. An\u00e1logamente pueden ser puestos bajo las propias autoridades patriarcales o encomendados a ellas. Los miembros de tales Institutos, en el cumplimiento de los deberes que tienen para con la Iglesia seg\u00fan su peculiar forma de vida, deben prestar a los Obispos reverencia y obediencia en conformidad con las leyes can\u00f3nicas, por raz\u00f3n de su autoridad pastoral en las Iglesias particulares y por la necesaria unidad y concordia en el trabajo apost\u00f3lico [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn144\">144<\/a>].<\/p>\n<p>La Iglesia no s\u00f3lo eleva mediante su sanci\u00f3n la profesi\u00f3n religiosa a la dignidad de estado can\u00f3nico, sino que, adem\u00e1s, con su acci\u00f3n lit\u00fargica, la presenta como un estado consagrado a Dios. Ya que la Iglesia misma, con la autoridad que Dios le confi\u00f3, recibe los votos de quienes la profesan, les alcanza de Dios, mediante su oraci\u00f3n p\u00fablica, los auxilios y la gracia, los encomienda a Dios y les imparte la bendici\u00f3n espiritual, asociando su oblaci\u00f3n al sacrificio eucar\u00edstico.<\/p>\n<p>46. Los religiosos cuiden con atenta solicitud de que, por su medio, la Iglesia muestre de hecho mejor cada d\u00eda ante fieles e infieles a Cristo, ya entregado a la contemplaci\u00f3n en el monte, ya anunciando el reino de Dios a las multitudes, o curando a los enfermos y pacientes y convirtiendo a los pecadores al buen camino, o bendiciendo a los ni\u00f1os y haciendo bien a todos, siempre, sin embargo, obediente a la voluntad del Padre que lo envi\u00f3 [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn145\">145<\/a>]<\/p>\n<p>Tengan todos bien entendido que la profesi\u00f3n de los consejos evang\u00e9licos, aunque implica la renuncia de bienes que indudablemente han de ser estimados en mucho, no es, sin embargo, un impedimento para el verdadero desarrollo de la persona humana, antes por su propia naturaleza lo favorece en gran medida. Porque los consejos, abrazados voluntariamente seg\u00fan la personal vocaci\u00f3n de cada uno, contribuyen no poco a la purificaci\u00f3n del coraz\u00f3n y a la libertad espiritual, estimulan continuamente el fervor de la caridad y, sobre todo, como demuestra el ejemplo de tantos santos fundadores, son capaces de asemejar m\u00e1s al cristiano con el g\u00e9nero de vida virginal y pobre que- Cristo Se\u00f1or escogi\u00f3 para si y que abraz\u00f3 su Madre, la Virgen. Y nadie piense que los religiosos, por su consagraci\u00f3n, se hacen extra\u00f1os a los hombres o in\u00fatiles para la sociedad terrena. Porque, si bien en algunos casos no sirven directamente a sus contempor\u00e1neos, los tienen, sin embargo, presentes de manera m\u00e1s \u00edntima en las entra\u00f1as de Cristo y cooperan espiritualmente con ellos, para que la edificaci\u00f3n de la ciudad terrena se funde siempre en el Se\u00f1or y se ordene a El, no sea que trabajen en vano quienes la edifican [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn146\">146<\/a>].<\/p>\n<p>Por lo cual, finalmente, el sagrado S\u00ednodo confirma y alaba a los varones y mujeres, a los Hermanos y Hermanas que en los monasterios, o en las escuelas y hospitales, o en las misiones, hermosean a la Esposa de Cristo con la perseverante y humilde fidelidad en la susodicha consagraci\u00f3n y prestan a todos los hombres los m\u00e1s generosos y variados servicios.<\/p>\n<p>47. Todo el que ha sido llamado a la profesi\u00f3n de los consejos esm\u00e9rese por perseverar y aventajarse en la vocaci\u00f3n a la que fue llamado por Dios, para una m\u00e1s abundante santidad de la Iglesia y para mayor gloria de la Trinidad, una e indivisible, que en Cristo y por Cristo es la fuente y origen de toda santidad.<\/p>\n<p>________________________________________________________________________________________<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref137\">137<\/a>] Cf. Rosweydus, <i>Vitae Patrum<\/i>, (Amberes, 1628), <i>Apophtegmata Patrum<\/i>: PG 65. Paladio,<i>Historia Lausiaca<\/i>: PG 34, 995ss.: ed. C. Butler, Cambridge, 1898 (1904). P\u00edo XI, const. apost.<i>Umbratilem<\/i>, 8 jul. 1924: AAS 16 (1924) 386-387. P\u00edo XII, aloc. <i>Nous sommes heureux<\/i>, 11 abr. 1958: AAS 50 (1958) 283.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref138\">138<\/a>] Pablo VI, aloc. <i>Magno gaudio<\/i>, 23 mayo 1964: AAS 56 (1964) 566.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref139\">139<\/a>] Cf. <i>Cod. Iur.<\/i> Can. can 487 y 488, 4\u00ba. P\u00edo XII. aloc. <i>Annus sacer<\/i>, 8 dic. 1950: AAS 43 (1951) 27s. Id. const. apost. <i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/pius_xii\/apost_constitutions\/documents\/hf_p-xii_apc_19470202_provida-mater-ecclesia_sp.html\">Provida Mater<\/a><\/i>, 2 febr. 1947: AAS 39 (1947) 120ss.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref140\">140<\/a>] Pablo VI, l.c., p. 567.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref141\">141<\/a>] Cf. Santo Tom\u00e1s, <i>Summa Theol.<\/i> II-II, q. 184, a 3 y q. 188 a. 2. San Buenaventura, Opusc. XI, <i>Apologia Pauperum<\/i>, c. 3, 3: ed. Opera Quaracchi, t. 8 (1898) p. 245a.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref142\">142<\/a>] Cf. Conc. Vat. I, esquema <i>De Ecclesia Christi<\/i>, c. 15, y anot. 48: Mansi, 51, 549s y 619s. Le\u00f3n XII, epist. <i>Au milieu des consolations<\/i>, 23 dic. 1900: AAS 33 (1900-01) 361. P\u00edo XII, const. apost. <i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/pius_xii\/apost_constitutions\/documents\/hf_p-xii_apc_19470202_provida-mater-ecclesia_sp.html\">Provida Mater<\/a><\/i>, l. c., p. 114s.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref143\">143<\/a>] Cf. Le\u00f3n XIII, const. <i>Romanos Pontifices<\/i>, 8 mayo 1881: AAS 13 (1880-81) 483. P\u00edo XII, aloc. <i>Annus sacer<\/i>, 8 dic. 1950: AAS 43 (1951) 28s.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref144\">144<\/a>] Cf. P\u00edo XII, aloc. <i>Annus sacer<\/i>, l.c., p. 28. Id., const. apost. <i>Sedes Sapientiae<\/i>, 21 mayo 1956: AAS 48 (1956) 355. Pablo VI, aloc. \u00a0<i>Magno gaudio<\/i>, 23 mayo 1964: AAS 56 (1964) 570-571.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref145\">145<\/a>] Cf. P\u00edo XII, enc. <i>Mystici Corpori<\/i>s, 29 jun. 1943: AAS 35 (1943) 214 s.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref146\">146<\/a>] Cf. P\u00edo XII, aloc. <i>Annus sacer<\/i>, l. c., p. 30; aloc. <i>Sous la maternelle protection<\/i>, 9 dic. 1957: AAS 50 (1958) 39s.<\/p>\n<div class=\"sharelinks\" style=\"\">\n\t<a title=\"Cap\u00edtulo VI: Los Religiosos\" rel=\"nofollow\" target=\"_blank\" href=\"http:\/\/www.facebook.com\/sharer.php?u=https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=882\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"56\" height=\"20\" alt=\"facebook\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/plugins\/facebook-google-twitter-share\/images\/facebook.png?resize=56%2C20&#038;ssl=1\"><\/a>\n\t<a title=\"Cap\u00edtulo VI: Los Religiosos\" rel=\"nofollow\" target=\"_blank\" href=\"https:\/\/plus.google.com\/share?url=https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=882\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"60\" height=\"20\" alt=\"google plus\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/plugins\/facebook-google-twitter-share\/images\/googleplus.png?resize=60%2C20&#038;ssl=1\"><\/a>\n\t<a title=\"Cap\u00edtulo VI: Los Religiosos\" Nagar\" rel=\"nofollow\" target=\"_blank\" href=\"http:\/\/twitter.com\/home?status=Cap\u00edtulo VI: Los Religiosos https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=882\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"70\" height=\"20\" alt=\"twitter\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/plugins\/facebook-google-twitter-share\/images\/twitter.png?resize=70%2C20&#038;ssl=1\"><\/a>\n\t<\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CAP\u00cdTULO VI:\u00a0LOS RELIGIOSOS 43. 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