{"id":889,"date":"2013-01-08T13:48:46","date_gmt":"2013-01-08T12:48:46","guid":{"rendered":"http:\/\/arzmadrid.es\/svsc\/wp\/?page_id=889"},"modified":"2013-01-08T13:49:21","modified_gmt":"2013-01-08T12:49:21","slug":"889-2","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=889","title":{"rendered":"Cap\u00edtulo VIII: La Virgen Mar\u00eda"},"content":{"rendered":"<h1 align=\"center\"><span style=\"color: #800080;\"><b>CAP\u00cdTULO VIII:\u00a0<\/b><b><i>LA SANT\u00cdSIMA VIRGEN MAR\u00cdA, MADRE DE DIOS,\u00a0<\/i><\/b><b><i>EN EL MISTERIO DE CRISTO Y DE LA IGLESIA<\/i><\/b><\/span><\/h1>\n<h2><span style=\"color: #800080;\"><b>I. Introducci\u00f3n<\/b><\/span><\/h2>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/arzmadrid.es\/svsc\/wp\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/10136_650.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"890\" data-permalink=\"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?attachment_id=890\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/10136_650.jpg?fit=650%2C939&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"650,939\" data-comments-opened=\"0\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"10136_650\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-medium-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/10136_650.jpg?fit=207%2C300&amp;ssl=1\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/10136_650.jpg?fit=650%2C939&amp;ssl=1\" class=\"alignleft size-thumbnail wp-image-890\" alt=\"10136_650\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/arzmadrid.es\/svsc\/wp\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/10136_650-150x150.jpg?resize=150%2C150\" width=\"150\" height=\"150\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/10136_650.jpg?resize=150%2C150&amp;ssl=1 150w, https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/10136_650.jpg?zoom=2&amp;resize=150%2C150 300w, https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/10136_650.jpg?zoom=3&amp;resize=150%2C150 450w\" sizes=\"auto, (max-width: 150px) 100vw, 150px\" \/><\/a>52. Queriendo Dios, infinitamente sabio y misericordioso, llevar a cabo la redenci\u00f3n del mundo, \u00abal llegar la plenitud de los tiempos, envi\u00f3 a su Hijo, nacido de mujer, &#8230; para que recibi\u00e9semos la adopci\u00f3n de hijos\u00bb (<i>Ga<\/i> 4, 4-5). \u00abEl cual, por nosotros los hombres y por nuestra salvaci\u00f3n, descendi\u00f3 de los cielos y por obra del Esp\u00edritu Santo se encarn\u00f3 de la Virgen Mar\u00eda\u00bb [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn172\">172<\/a>]. Este misterio divino de la salvaci\u00f3n nos es revelado y se contin\u00faa en la Iglesia, que fue fundada por el Se\u00f1or como cuerpo suyo, y en la que los fieles, unidos a Cristo Cabeza y en comuni\u00f3n con todos sus santos, deben venerar tambi\u00e9n la memoria \u00aben primer lugar de la gloriosa siempre Virgen Mar\u00eda, Madre de nuestro Dios y Se\u00f1or Jesucristo\u00bb [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn173\">173<\/a>]<\/p>\n<p>53. Efectivamente, la Virgen Mar\u00eda, que al anuncio del \u00e1ngel recibi\u00f3 al Verbo de Dios en su alma y en su cuerpo y dio la Vida al mundo, es reconocida y venerada como verdadera Madre de Dios y del Redentor. Redimida de modo eminente, en previsi\u00f3n de los m\u00e9ritos de su Hijo, y unida a El con un v\u00ednculo estrecho e indisoluble, est\u00e1 enriquecida con la suma prerrogativa y dignidad de ser la Madre de Dios Hijo, y por eso hija predilecta del Padre y sagrario del Esp\u00edritu Santo; con el don de una gracia tan extraordinaria aventaja con creces a todas las otras criaturas, celestiales y terrenas. Pero a la vez est\u00e1 unida, en la estirpe de Ad\u00e1n, con todos los hombres que necesitan de la salvaci\u00f3n; y no s\u00f3lo eso, \u00absino que es verdadera madre de los miembros (de Cristo)&#8230;, por haber cooperado con su amor a que naciesen en la Iglesia los fieles, que son miembros de aquella Cabeza\u00bb [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn174\">174<\/a>]. Por ese motivo es tambi\u00e9n proclamada como miembro excelent\u00edsimo y enteramente singular de la Iglesia y como tipo y ejemplar acabad\u00edsimo de la misma en la fe y en la caridad, y a quien la Iglesia cat\u00f3lica, instruida por el Esp\u00edritu Santo, venera, como a madre amant\u00edsima, con afecto de piedad filial,<\/p>\n<p>54. Por eso, el sagrado Concilio, al exponer la doctrina sobre la Iglesia, en la que el divino Redentor obra la salvaci\u00f3n, se propone explicar cuidadosamente tanto la funci\u00f3n de la Sant\u00edsima Virgen en el misterio del Verbo encarnado y del Cuerpo m\u00edstico cuanto los deberes de los hombres redimidos para con la Madre de Dios, Madre de Cristo y Madre de los hombres, especialmente de los fieles, sin tener la intenci\u00f3n de proponer una doctrina completa sobre Mar\u00eda ni resolver las cuestiones que a\u00fan no ha dilucidado plenamente la investigaci\u00f3n de los te\u00f3logos. As\u00ed, pues, siguen conservando sus derechos las opiniones que en las escuelas cat\u00f3licas se proponen libremente acerca de aquella que, despu\u00e9s de Cristo, ocupa en la santa Iglesia el lugar m\u00e1s alto y a la vez el m\u00e1s pr\u00f3ximo a nosotros [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn175\">175<\/a>].<\/p>\n<h2><span style=\"color: #800080;\"><b>II. Funci\u00f3n de la Sant\u00edsima Virgen en la econom\u00eda de la salvaci\u00f3n<\/b><\/span><\/h2>\n<p>55. Los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento y la Tradici\u00f3n venerable manifiestan de un modo cada vez m\u00e1s claro la funci\u00f3n de la Madre del Salvador en la econom\u00eda de la salvaci\u00f3n y vienen como a ponerla delante de los ojos. En efecto, los libros del Antiguo Testamento narran la historia de la salvaci\u00f3n, en la que paso a paso se prepara la venida de Cristo al mundo Estos primeros documentos, tal como se leen en la Iglesia y tal como se interpretan a la luz de una revelaci\u00f3n ulterior y plena, evidencian poco a poco, de una forma cada vez m\u00e1s clara, la figura de la mujer Madre del Redentor. Bajo esta luz aparece ya prof\u00e9ticamente bosquejada en la promesa de victoria sobre la serpiente, hecha a los primeros padres ca\u00eddos en pecado (cf. <i>Gen<\/i> 3, 15). Asimismo, ella es la Virgen que concebir\u00e1 y dar\u00e1 a luz un Hijo, que se llamar\u00e1 Emmanuel (cf. <i>Is<\/i> 7,14; comp. con <i>Mi<\/i> 5, 2-3; <i>Mt<\/i>1, 22-23). Ella sobresale entre los humildes y pobres del Se\u00f1or, que confiadamente esperan y reciben de El la salvaci\u00f3n. Finalmente, con ella misma, Hija excelsa de Si\u00f3n, tras la prolongada espera de la promesa, se cumple la plenitud de los tiempos y se instaura la nueva econom\u00eda, al tomar de ella la naturaleza humana el Hijo de Dios, a fin de librar al hombre del pecado mediante los misterios de su humanidad.<\/p>\n<p>56. Pero el Padre de la misericordia quiso que precediera a la encarnaci\u00f3n la aceptaci\u00f3n de la Madre predestinada, para que de esta manera, as\u00ed como la mujer contribuy\u00f3 a la muerte, tambi\u00e9n la mujer contribuyese a la vida. Lo cual se cumple de modo eminent\u00edsimo en la Madre de Jes\u00fas por haber dado al mundo la Vida misma que renueva todas las cosas y por haber sido adornada por Dios con los dones dignos de un oficio tan grande. Por lo que nada tiene de extra\u00f1o que entre los Santos Padres prevaleciera la costumbre de llamar a la Madre de Dios totalmente santa e inmune de toda mancha de pecado, como plasmada y hecha una nueva criatura por el Esp\u00edritu Santo [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn176\">176<\/a>]. Enriquecida desde el primer instante de su concepci\u00f3n con el resplandor de una santidad enteramente singular, la Virgen Nazarena, por orden de Dios, es saludada por el \u00e1ngel de la Anunciaci\u00f3n como \u00abllena de gracia\u00bb (cf. <i>Lc<\/i> 1, 28), a la vez que ella responde al mensajero celestial: \u00abHe aqu\u00ed la esclava del Se\u00f1or, h\u00e1gase en m\u00ed seg\u00fan tu palabra\u00bb (<i>Lc<\/i> 1, 38).<\/p>\n<p>As\u00ed Mar\u00eda, hija de Ad\u00e1n, al aceptar el mensaje divino, se convirti\u00f3 en Madre de Jes\u00fas, y al abrazar de todo coraz\u00f3n y sin entorpecimiento de pecado alguno la voluntad salv\u00edfica de Dios, se consagr\u00f3 totalmente como esclava del Se\u00f1or a la persona y a la obra de su Hijo, sirviendo con diligencia al misterio de la redenci\u00f3n con El y bajo El, con la gracia de Dios omnipotente. Con raz\u00f3n, pues, piensan los Santos Padres que Mar\u00eda no fue un instrumento puramente pasivo en las manos de Dios, sino que cooper\u00f3 a la salvaci\u00f3n de los hombres con fe y obediencia libres. Como dice San Ireneo, \u00abobedeciendo, se convirti\u00f3 en causa de salvaci\u00f3n para s\u00ed misma y para todo el g\u00e9nero humano\u00bb [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn177\">177<\/a>]. Por eso no pocos Padres antiguos afirman gustosamente con \u00e9l en su predicaci\u00f3n que \u00abel nudo de la desobediencia de Eva fue desatado por la obediencia de Mar\u00eda; que lo atado por la virgen Eva con su incredulidad, fue desatado por la virgen Mar\u00eda mediante su fe\u00bb [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn178\">178<\/a>]; y compar\u00e1ndola con Eva, llaman a Mar\u00eda \u00abMadre de los vivientes\u00bb[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn179\">179<\/a>], afirmando a\u00fan con mayor frecuencia que \u00abla muerte vino por Eva, la vida por Mar\u00eda\u00bb [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn180\">180<\/a>].<\/p>\n<p>57. Esta uni\u00f3n de la Madre con el Hijo en la obra de la salvaci\u00f3n se manifiesta desde el momento de la concepci\u00f3n virginal de Cristo hasta su muerte. En primer lugar, cuando Mar\u00eda, poni\u00e9ndose con presteza en camino para visitar a Isabel, fue proclamada por \u00e9sta bienaventurada a causa de su fe en la salvaci\u00f3n prometida, a la vez que el Precursor salt\u00f3 de gozo en el seno de su madre (cf. <i>Lc<\/i> 1, 41-45); y en el nacimiento, cuando la Madre de Dios, llena de gozo, present\u00f3 a los pastores y a los Magos a su Hijo primog\u00e9nito, que, lejos de menoscabar, consagr\u00f3 su integridad virginal [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn181\">181<\/a>]. Y cuando hecha la ofrenda propia de los pobres lo present\u00f3 al Se\u00f1or en el templo y oy\u00f3 profetizar a Sime\u00f3n que el Hijo ser\u00eda signo de contradicci\u00f3n y que una espada atravesar\u00eda el alma de la Madre, para que se descubran los pensamientos de muchos corazones (cf. <i>Lc<\/i> 2, 34-35). Despu\u00e9s de haber perdido al Ni\u00f1o Jes\u00fas y haberlo buscado con angustia, sus padres lo encontraron en el templo, ocupado en las cosas de su Padre, y no entendieron la respuesta del Hijo. Pero su Madre conservaba todo esto en su coraz\u00f3n para meditarlo (cf. <i>Lc<\/i> 2, 41-51).<\/p>\n<p>58. En la vida p\u00fablica de Jes\u00fas aparece reveladoramente su Madre ya desde el principio, cuando en las bodas de Can\u00e1 de Galilea, movida a misericordia, suscit\u00f3 con su intercesi\u00f3n el comienzo de los milagros de Jes\u00fas Mes\u00edas (cf. <i>Jn<\/i> 2, 1-11). A lo largo de su predicaci\u00f3n acogi\u00f3 las palabras con que su Hijo, exaltando el reino por encima de las condiciones y lazos de la carne y de la sangre, proclam\u00f3 bienaventurados (cf. <i>Mc<\/i> 3, 35; <i>Lc<\/i> 11, 27-28) a los que escuchan y guardan la palabra de Dios, como ella lo hac\u00eda fielmente (cf. <i>Lc<\/i> 2, 29 y 51). As\u00ed avanz\u00f3 tambi\u00e9n la Sant\u00edsima Virgen en la peregrinaci\u00f3n de la fe, y mantuvo fielmente su uni\u00f3n con el Hijo hasta la cruz, junto a la cual, no sin designio divino, se mantuvo erguida (cf. <i>Jn<\/i> 19, 25), sufriendo profundamente con su Unig\u00e9nito y asoci\u00e1ndose con entra\u00f1as de madre a su sacrificio, consintiendo amorosamente en la inmolaci\u00f3n de la v\u00edctima que ella misma hab\u00eda engendrado; y, finalmente, fue dada por el mismo Cristo Jes\u00fas agonizante en la cruz como madre al disc\u00edpulo con estas palabras: \u00abMujer, he ah\u00ed a tu hijo\u00bb (cf. <i>Jn<\/i>19,26-27) [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn182\">182<\/a>].<\/p>\n<p>59. Por no haber querido Dios manifestar solemnemente el misterio de la salvaci\u00f3n humana antes de derramar el Esp\u00edritu prometido por Cristo, vemos que los Ap\u00f3stoles, antes del d\u00eda de Pentecost\u00e9s, \u00abperseveraban un\u00e1nimes en la oraci\u00f3n con algunas mujeres, con Mar\u00eda, la Madre de Jes\u00fas, y con los hermanos de \u00e9ste\u00bb (<i>Hch<\/i> 1, 14), y que tambi\u00e9n Mar\u00eda imploraba con sus oraciones el don del Esp\u00edritu, que en la Anunciaci\u00f3n ya la hab\u00eda cubierto a ella con su sombra. Finalmente, la Virgen Inmaculada, preservada inmune de toda mancha de culpa original [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn183\">183<\/a>], terminado el decurso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn184\">184<\/a>] y fue ensalzada por el Se\u00f1or como Reina universal con el fin de que se asemejase de forma m\u00e1s plena a su Hijo, Se\u00f1or de se\u00f1ores (cf. <i>Ap<\/i> 19, 16) y vencedor del pecado y de la muerte [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn185\">185<\/a>].<\/p>\n<h2><span style=\"color: #800080;\"><b>III. La Sant\u00edsima Virgen y la Iglesia<\/b><\/span><\/h2>\n<p>60. Uno solo es nuestro Mediador seg\u00fan las palabra del Ap\u00f3stol: \u00abPorque uno es Dios, y uno tambi\u00e9n el Mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jes\u00fas, que se entreg\u00f3 a s\u00ed mismo para redenci\u00f3n de todos\u00bb (<i>1 Tm<\/i> 2, 5-6). Sin embargo, la misi\u00f3n maternal de Mar\u00eda para con los hombres no oscurece ni disminuye en modo alguno esta mediaci\u00f3n \u00fanica de Cristo, antes bien sirve para demostrar su poder. Pues todo el influjo salv\u00edfico de la Sant\u00edsima Virgen sobre los hombres no dimana de una necesidad ineludible, sino del divino benepl\u00e1cito y de la superabundancia de los m\u00e9ritos de Cristo; se apoya en la mediaci\u00f3n de \u00e9ste, depende totalmente de ella y de la misma saca todo su poder. Y, lejos de impedir la uni\u00f3n inmediata de los creyentes con Cristo, la fomenta.<\/p>\n<p>61. La Sant\u00edsima Virgen, predestinada desde toda la eternidad como Madre de Dios juntamente con la encarnaci\u00f3n del Verbo, por disposici\u00f3n de la divina Providencia, fue en la tierra la Madre excelsa del divino Redentor, compa\u00f1era singularmente generosa entre todas las dem\u00e1s criaturas y humilde esclava del Se\u00f1or. Concibiendo a Cristo, engendr\u00e1ndolo, aliment\u00e1ndolo, present\u00e1ndolo al Padre en el templo, padeciendo con su Hijo cuando mor\u00eda en la cruz, cooper\u00f3 en forma enteramente impar a la obra del Salvador con la obediencia, la fe, la esperanza y la ardiente caridad con el fin de restaurar la vida sobrenatural de las almas. Por eso es nuestra madre en el orden de la gracia.<\/p>\n<p>62. Esta maternidad de Mar\u00eda en la econom\u00eda de gracia perdura sin cesar desde el momento del asentimiento que prest\u00f3 fielmente en la Anunciaci\u00f3n, y que mantuvo sin vacilar al pie de la cruz hasta la consumaci\u00f3n perpetua de todos los elegidos. Pues, asunta a los cielos, no ha dejado esta misi\u00f3n salvadora, sino que con su m\u00faltiple intercesi\u00f3n contin\u00faa obteni\u00e9ndonos los dones de la salvaci\u00f3n eterna [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn186\">186<\/a>]. Con su amor materno se cuida de los hermanos de su Hijo, que todav\u00eda peregrinan y hallan en peligros y ansiedad hasta que sean conducidos a la patria bienaventurada. Por este motivo, la Sant\u00edsima Virgen es invocada en la Iglesia con los t\u00edtulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn187\">187<\/a>]. Lo cual, embargo, ha de entenderse de tal manera que no reste ni a\u00f1ada a la dignidad y eficacia de Cristo, \u00fanico Mediador [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn188\">188<\/a>].<\/p>\n<p>Jam\u00e1s podr\u00e1 compararse criatura alguna con el Verbo encarnado y Redentor; pero as\u00ed como el sacerdocio Cristo es participado tanto por los ministros sagrados cuanto por el pueblo fiel de formas diversas, y como la bondad de Dios se difunde de distintas maneras sobre las criaturas, as\u00ed tambi\u00e9n la mediaci\u00f3n \u00fanica del Redentor no excluye, sino que suscita en las criaturas diversas clases de cooperaci\u00f3n, participada de la \u00fanica fuente.<\/p>\n<p>La Iglesia no duda en confesar esta funci\u00f3n subordinada de Mar\u00eda, la experimenta continuamente y la recomienda a la piedad de los fieles, para que, apoyados en esta protecci\u00f3n maternal, se unan con mayor intimidad al Mediador y Salvador.<\/p>\n<p>63. La Virgen Sant\u00edsima, por el don y la prerrogativa de la maternidad divina, que la une con el Hijo Redentor, y por sus gracias y dones singulares, est\u00e1 tambi\u00e9n \u00edntimamente unida con la Iglesia. Como ya ense\u00f1\u00f3 San Ambrosio, la Madre de Dios es tipo de la Iglesia en el orden de la fe, de la caridad y de la uni\u00f3n perfecta con Cristo [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn189\">189<\/a>]. Pues en el misterio de la Iglesia, que con raz\u00f3n es llamada tambi\u00e9n madre y virgen, precedi\u00f3 la Sant\u00edsima Virgen, present\u00e1ndose de forma eminente y singular como modelo tanto de la virgen como de la madre [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn190\">190<\/a>]. Creyendo y obedeciendo, engendr\u00f3 en la tierra al mismo Hijo del Padre, y sin conocer var\u00f3n, cubierta con la sombra del Esp\u00edritu Santo, como una nueva Eva, que presta su fe exenta de toda duda, no a la antigua serpiente, sino al mensajero de Dios, dio a luz al Hijo, a quien Dios constituy\u00f3 primog\u00e9nito entre muchos hermanos (cf. <i>Rm<\/i> 8,29), esto es, los fieles, a cuya generaci\u00f3n y educaci\u00f3n coopera con amor materno.<\/p>\n<p>64. La Iglesia, contemplando su profunda santidad e imitando su caridad y cumpliendo fielmente la voluntad del Padre, se hace tambi\u00e9n madre mediante la palabra de Dios aceptada con fidelidad, pues por la predicaci\u00f3n y el bautismo engendra a una vida nueva e inmortal a los hijos concebidos por obra del Esp\u00edritu Santo y nacidos de Dios. Y es igualmente virgen, que guarda pura e \u00edntegramente la fe prometida al Esposo, y a imitaci\u00f3n de la Madre de su Se\u00f1or, por la virtud del Esp\u00edritu Santo, conserva virginalmente una fe \u00edntegra, una esperanza s\u00f3lida y una caridad sincera [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn191\">191<\/a>].<\/p>\n<p>65. Mientas la Iglesia ha alcanzado en la Sant\u00edsima Virgen la perfecci\u00f3n, en virtud de la cual no tiene mancha ni arruga (cf. <i>Ef<\/i> 5, 27), los fieles luchan todav\u00eda por crecer en santidad, venciendo enteramente al pecado, y por eso levantan sus ojos a Mar\u00eda, que resplandece como modelo de virtudes para toda la comunidad de los elegidos. La Iglesia, meditando piadosamente sobre ella y contempl\u00e1ndola a la luz del Verbo hecho hombre, llena de reverencia, entra m\u00e1s a fondo en el soberano misterio de la encarnaci\u00f3n y se asemeja cada d\u00eda m\u00e1s a su Esposo. Pues Mar\u00eda, que por su \u00edntima participaci\u00f3n en la historia de la salvaci\u00f3n re\u00fane en s\u00ed y refleja en cierto modo las supremas verdades de la fe, cuando es anunciada y venerada, atrae a los creyentes a su Hijo, a su sacrificio y al amor del Padre. La Iglesia, a su vez, glorificando a Cristo, se hace m\u00e1s semejante a su excelso Modelo, progresando continuamente en la fe, en la esperanza y en la caridad y buscando y obedeciendo en todo la voluntad divina. Por eso tambi\u00e9n la Iglesia, en su labor apost\u00f3lica, se fija con raz\u00f3n en aquella que engendr\u00f3 a Cristo, concebido del Esp\u00edritu Santo y nacido de la Virgen, para que tambi\u00e9n nazca y crezca por medio de la Iglesia en las almas de los fieles. La Virgen fue en su vida ejemplo de aquel amor maternal con que es necesario que est\u00e9n animados todos aquellos que, en la misi\u00f3n apost\u00f3lica de la Iglesia, cooperan a la regeneraci\u00f3n de los hombres.<\/p>\n<h2><span style=\"color: #800080;\"><b>IV. El culto de la Sant\u00edsima Virgen en la Iglesia<\/b><\/span><\/h2>\n<p>66. Mar\u00eda, ensalzada, por gracia de Dios, despu\u00e9s de su Hijo, por encima de todos los \u00e1ngeles y de todos los hombres, por ser Madre sant\u00edsima de Dios, que tom\u00f3 parte en los misterios de Cristo, es justamente honrada por la Iglesia con un culto especial. Y, ciertamente, desde los tiempos m\u00e1s antiguos, la Sant\u00edsima Virgen es venerada con el t\u00edtulo de \u00abMadre de Dios\u00bb, a cuyo amparo los fieles suplicantes se acogen en todos sus peligros y necesidades [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn192\">192<\/a>]. Por este motivo, principalmente a partir del Concilio de Efeso, ha crecido maravillosamente el culto del Pueblo de Dios hacia Mar\u00eda en veneraci\u00f3n y en amor, en la invocaci\u00f3n e imitaci\u00f3n, de acuerdo con sus prof\u00e9ticas palabras: \u00abTodas las generaciones me llamar\u00e1n bienaventurada, porque ha hecho en mi maravillas el Poderoso\u00bb (<i>Lc<\/i> 1, 48-49). Este culto, tal como existi\u00f3 siempre en la Iglesia., a pesar de ser enteramente singular, se distingue esencialmente del culto de adoraci\u00f3n tributado al Verbo encarnado, lo mismo que al Padre y al Esp\u00edritu Santo, y lo favorece eficazmente, ya que las diversas formas de piedad hacia la Madre de Dios que la Iglesia ha venido aprobando dentro de los limites de la doctrina sana y ortodoxa, de acuerdo con las condiciones de tiempos y lugares y teniendo en cuenta el temperamento y manera de ser de los fieles, hacen que, al ser honrada la Madre, el Hijo, por raz\u00f3n del cual son todas las cosas (cf. <i>Col<\/i> 1, 15-16) y en el que plugo al Padre eterno \u00abque habitase toda la plenitud\u00bb (<i>Col<\/i> 1,19), sea mejor conocido, amado, glorificado, y que, a la vez, sean mejor cumplidos sus mandamientos.<\/p>\n<p>67. El santo Concilio ense\u00f1a de prop\u00f3sito esta doctrina cat\u00f3lica y amonesta a la vez a todos los hijos de la Iglesia que fomenten con generosidad el culto a la Sant\u00edsima Virgen, particularmente el lit\u00fargico; que estimen en mucho las pr\u00e1cticas y los ejercicios de piedad hacia ella recomendados por el Magisterio en el curso de los siglos y que observen escrupulosamente cuanto en los tiempos pasados fue decretado acerca del culto a las im\u00e1genes de Cristo, de la Sant\u00edsima Virgen y de los santos[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn193\">193<\/a>]. Y exhorta encarecidamente a los te\u00f3logos y a los predicadores de la palabra divina a que se abstengan con cuidado tanto de toda falsa exageraci\u00f3n cuanto de una excesiva mezquindad de alma al tratar de la singular dignidad de la Madre de Dios [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn194\">194<\/a>]. Cultivando el estudio de la Sagrada Escritura, de los Santos Padres y Doctores y de las liturgias de la Iglesia bajo la direcci\u00f3n del Magisterio, expliquen rectamente los oficios y los privilegios de la Sant\u00edsima Virgen, que siempre tienen por fin a Cristo, origen de toda verdad, santidad y piedad. En las expresiones o en las palabras eviten cuidadosamente todo aquello que pueda inducir a error a los hermanos separados o a cualesquiera otras personas acerca de la verdadera doctrina de la Iglesia. Recuerden, finalmente, los fieles que la verdadera devoci\u00f3n no consiste ni en un sentimentalismo est\u00e9ril y transitorio ni en una vana credulidad, sino que procede de la fe aut\u00e9ntica, que nos induce a reconocer la excelencia de la Madre de Dios, que nos impulsa a un amor filial hacia nuestra Madre y a la imitaci\u00f3n de sus virtudes.<\/p>\n<h2><span style=\"color: #800080;\"><b>V. Mar\u00eda, signo de esperanza cierta y de consuelo para el Pueblo peregrinante de Dios<\/b><\/span><\/h2>\n<p>68. Mientras tanto, la Madre de Jes\u00fas, de la misma manera que, glorificada ya en los cielos en cuerpo y en alma, es imagen y principio de la Iglesia que habr\u00e1 de tener su cumplimiento en la vida futura, as\u00ed en la tierra precede con su luz al peregrinante Pueblo de Dios como signo de esperanza cierta y de consuelo hasta que llegue el d\u00eda del Se\u00f1or (cf. <i>2 P<\/i> 3,10).<\/p>\n<p>69. Es motivo de gran gozo y consuelo para este santo Concilio el que tambi\u00e9n entre los hermanos separados no falten quienes tributan el debido honor a la Madre del Se\u00f1or y Salvador, especialmente entre los Orientales, que concurren con impulso ferviente y \u00e1nimo devoto al culto de la siempre Virgen Madre de Dios [<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftn195\">195<\/a>]. Ofrezcan todos los fieles s\u00faplicas apremiantes a la Madre de Dios y Madre de los hombres para que ella, que ayud\u00f3 con sus oraciones a la Iglesia naciente, tambi\u00e9n ahora, ensalzada en el cielo por encima de todos los \u00e1ngeles y bienaventurados, interceda en la comuni\u00f3n de todos los santos ante su Hijo hasta que todas las familias de los pueblos, tanto los que se honran con el t\u00edtulo de cristianos como los que todav\u00eda desconocen a su Salvador, lleguen a reunirse felizmente, en paz y concordia, en un solo Pueblo de Dios, para gloria de la Sant\u00edsima e indivisible Trinidad.<\/p>\n<p>Todas y cada una de las cosas establecidas en esta Constituci\u00f3n dogm\u00e1tica han obtenido el benepl\u00e1cito de los Padres del Sacrosanto Concilio. Y Nos, con la potestad apost\u00f3lica que nos ha sido conferida por Cristo, juntamente con los venerables Padres, las aprobamos,<\/p>\n<p>decretamos y estatuimos en el Esp\u00edritu Santo, y ordenamos que lo as\u00ed decretado conciliarmente sea promulgado para gloria de Dios.<\/p>\n<p><i>Roma, en San Pedro, d\u00eda 21 de noviembre de 1964.<\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><b><i>Yo,\u00a0<\/i><\/b><b>Pablo,<\/b><b><i>Obispo de la Iglesia cat\u00f3lica.<\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\">________________________________________________________________________________________<\/p>\n<p>\u00a0[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref171\">171<\/a>] Cf. Conc. Vaticano II, const. sobre la liturgia <i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19631204_sacrosanctum-concilium_sp.html\">Sacrosanctum Concilium<\/a><\/i>, c. 1, n. 8: AAS 56 (1964) 401.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref172\">172<\/a>] S\u00edmbolo constantinopolitano: Mansi, 3, 566. Cf. Conc. Efesino, ibid. 4, 1130 (cf. ibid., 2, 665 y 4, 1071); Conc. Calcedonense, ib. 7, 111-116; Conc. Constantinopolitano II, ibid. 9, 375-396, Misal Romano, en el <i>Credo.<\/i><\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref173\">173<\/a>] Misal Romano, en el Canon.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref174\">174<\/a>] S. August\u00edn, <i>De s. virginitate<\/i>, 6: PL 40, 399.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref175\">175<\/a>] Cf. Pablo VI, <i>Alocuci\u00f3n en el Concilio<\/i>, die 4 dic. 1963: AAS 56 (1964) 37.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref176\">176<\/a>] Cf. San Germ\u00e1n Const., <i>Hom. in Annunt. Deiparae<\/i>: PG 98, 328A; <i>In Dorm.<\/i>, 2, 357. Anastasio Antioch., <i>Serm.<\/i> 2. <i>de Annunt.<\/i> 2: PG 89, 1377 AB; <i>Serm.<\/i> 3, 2: col. 1388C. San Andr\u00e9s Cret., <i>Can. in B. V. Nat.<\/i> 4: PG 97, 1321B; <i>In B. V. Nat.<\/i> 1, 812A; <i>Hom. in dorm.<\/i> 1, 1068C. San Sofronio, <i>Or.<\/i> 2 <i>in Annunt.<\/i> 18: PG 87 (3), 3237BD.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref177\">177<\/a>] San Ireneo, <i>Ad. haer.<\/i> III, 22, 4: PG 7, 959 A; Harvey, 2, 123.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref178\">178<\/a>] San Ireneo, <i>ibid<\/i>.; Harvey, 2, 124.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref179\">179<\/a>] San Epifanio, <i>Haer<\/i>. 78, 18: PG 42, 728CD-729AB.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref180\">180<\/a>] San Jer\u00f3nimo, <i>Epist.<\/i> 22, 21: PL 22, 408. Cf. San Agust\u00edn, <i>Serm.<\/i> 51, 2, 3: PL 38, 335; <i>Serm.<\/i>232, 2: \u00a01108. San Cirilo Jeros., <i>Catech.<\/i> 12, 15: PG 33, 741AB. San J. Cris\u00f3stomo, <i>In Ps.<\/i> 44, 7: PG 55, 193. San J. Damasceno, <i>Hom. 2 in dorm. B. M. V.<\/i> 3: PG 96, 728.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref181\">181<\/a>] Cf. Conc. Lateranense, a\u00f1o 649, can. 3: Mansi, 10, 1151. San Le\u00f3n M., <i>Epist. ad Flav<\/i>.: PL 54, 759, Conc. Calcedonense: Mansi, 7, 462. San Ambrosio, <i>De instit. virg.<\/i>: PL 16, 320.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref182\">182<\/a>] Cf. P\u00edo XII, enc. <i>Mystici Corporis<\/i>, 29 jun. 1943: AAS 35 (1943) 247-248.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref183\">183<\/a>] Cf. P\u00edo IX, bula <i>Ineffabilis<\/i>, 8 dic. 1854: Acta Pii IX, 1, I, p. 616: Denz., 1641 (2803).<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref184\">184<\/a>] Cf. P\u00edo XII, const. apost. <i>Munificentissimus<\/i>, 1 nov. 1950: AAS 42 (1950); Denz. 2333 (3903). Cf. San J. Damasceno, <i>Enc. in dorm. Dei genitricis<\/i> hom. 2 y 3: PG 96, 722-762, en especial \u00a0728B. San Germ\u00e1n Constantinop., <i>In S. Dei gen. dorm.<\/i> serm. 1: PG 98 (3), 340-348; serm., 3: 361. San Modesto Hier., <i>In dorm. SS. Deiparae<\/i>: PG 86 (2); 3277-3312.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref185\">185<\/a>] Cf. P\u00edo XII, enc. <i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/pius_xii\/encyclicals\/documents\/hf_p-xii_enc_11101954_ad-caeli-reginam_sp.html\">Ad caeli Reginam<\/a><\/i>, 11 oct. 1954: AAS 46 (1954) 633-636; Denz., 3913ss. Cf. San Andr\u00e9s Cret., <i>Hom. 3 in dorm. SS. Deiparae<\/i>: PG 97, 1089-1109. San J. Damasceno, <i>De fide orth.<\/i> IV, 14: PG94, 1153-1161.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref186\">186<\/a>] Cf. Kleutgen, texto reformado <i>De mysterio Verbi incarnati<\/i>, c. 4: Mansi, 53, 290. Cf. San Andr\u00e9s Cret., <i>In nat. Mariae<\/i>, serm. 4: PG 97, 865A. S. Germ\u00e1n Constantinop., <i>In annunt. Deiparae<\/i>: PG 98, 321BC. <i>In dorm. Deiparae<\/i>, III: 361D. San J. Damasceno, <i>In dorm. B. V. Mariae<\/i> hom. 1, 8: PG 96, 712BC-713A.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref187\">187<\/a>] Cf. Le\u00f3n XIII, enc. <i>Adiutricem populi<\/i>, 5 sept. 1895: AAS 15 (1895-96) 303. San P\u00edo X, enc. <i>Ad diem illum<\/i>, 2 febr. 1904: Acta I, p. 154; Denz. 1978a (3370). P\u00edo XI, enc.<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/pius_xi\/encyclicals\/documents\/hf_p-xi_enc_08051928_miserentissimus-redemptor_sp.html\">Miserentissimus<\/a><\/i>, 8 mayo 1928: AAS 20 (1928) 178. P\u00edo XII, mensaje radiof., 13 mayo 1946: AAS 38 (1964) 266.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref188\">188<\/a>] San Ambrosio, <i>Epist.<\/i> 63: PL 16, 1218.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref189\">189<\/a>] San Ambrosio, <i>Expos. <\/i><i>Lc<\/i>. II 7: PL 15, 1555.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref190\">190<\/a>] Cf. Ps.-Pedro Dam., <i>Serm.<\/i> 63: PL 144, 861AB. Godofredo de San V\u00edctor, <i>In nat. B. M.<\/i>, ms. Par\u00eds, Mazarine, 1002 fol. 109r. Gerhohus Reich. <i>De gloria et honore Filii hominis<\/i>, 10: PL 194, 1105AB.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref191\">191<\/a>] San Ambrosio, <i>Expos. Lc.<\/i>II 7 y X 24-25: PL 15, 1555 y 1810. San Agust\u00edn, <i>In Io. Tr.<\/i>, 13, 12: PL 35, 1499. Cf. <i>Serm<\/i>. 191, 2, 3: PL 38, 1010, etc. Cf. tambi\u00e9n Ven. Beda,<i>In Lc. expos<\/i>. I, c. 2: PL 92, 330. Isaac de Stella, <i>Serm.<\/i> 51: PL 194, 1863A.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref192\">192<\/a>] Cf. Breviario Romano, ant\u00edfona \u00abSub tuum praesidium\u00bb, de las primeras v\u00edsperas del Oficio Parvo de la Sant\u00edsima Virgen.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref193\">193<\/a>] Cf. Conc. Niceno II, a\u00f1o 187: Mansi, 13, 378-379; Denz. 302 (600-601). Conc. Trident., ses. 25: Mansi, 33, 171-172.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref194\">194<\/a>] Cf. P\u00edo XII, mensaje radiof., 24 oct. 1954: AAS 46 (1954) 679; enc. <i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/pius_xii\/encyclicals\/documents\/hf_p-xii_enc_11101954_ad-caeli-reginam_sp.html\">Ad caeli Reginam<\/a><\/i><i>,<\/i> 11 oct. 1954: AAS 46 (1954) 637.<\/p>\n<p>[<a title=\"\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html#_ftnref195\">195<\/a>] Cf. P\u00edo XI, enc. <i>Ecclesiam Dei<\/i>, 12 nov. 1923: AAS 15 (1923) 581. P\u00edo XII, enc. <i>Fulgens corona<\/i>, 8 sept. 1953: AAS 45 (1953), 590-591.<\/p>\n<div class=\"sharelinks\" style=\"\">\n\t<a title=\"Cap\u00edtulo VIII: La Virgen Mar\u00eda\" rel=\"nofollow\" target=\"_blank\" href=\"http:\/\/www.facebook.com\/sharer.php?u=https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=889\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"56\" height=\"20\" alt=\"facebook\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/plugins\/facebook-google-twitter-share\/images\/facebook.png?resize=56%2C20&#038;ssl=1\"><\/a>\n\t<a title=\"Cap\u00edtulo VIII: La Virgen Mar\u00eda\" rel=\"nofollow\" target=\"_blank\" href=\"https:\/\/plus.google.com\/share?url=https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=889\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"60\" height=\"20\" alt=\"google plus\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/plugins\/facebook-google-twitter-share\/images\/googleplus.png?resize=60%2C20&#038;ssl=1\"><\/a>\n\t<a title=\"Cap\u00edtulo VIII: La Virgen Mar\u00eda\" Nagar\" rel=\"nofollow\" target=\"_blank\" href=\"http:\/\/twitter.com\/home?status=Cap\u00edtulo VIII: La Virgen Mar\u00eda https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=889\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"70\" height=\"20\" alt=\"twitter\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/plugins\/facebook-google-twitter-share\/images\/twitter.png?resize=70%2C20&#038;ssl=1\"><\/a>\n\t<\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CAP\u00cdTULO VIII:\u00a0LA SANT\u00cdSIMA VIRGEN MAR\u00cdA, MADRE DE DIOS,\u00a0EN EL MISTERIO DE CRISTO Y DE LA IGLESIA I. Introducci\u00f3n 52. Queriendo Dios, infinitamente sabio y misericordioso, llevar a cabo la redenci\u00f3n del mundo, \u00abal llegar la plenitud de los tiempos, envi\u00f3 a su Hijo, nacido de mujer, &#8230; para que recibi\u00e9semos la adopci\u00f3n de hijos\u00bb (Ga &hellip; <\/p>\n<p><a class=\"more-link btn\" href=\"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=889\">Seguir leyendo<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":890,"parent":856,"menu_order":8,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"footnotes":""},"class_list":["post-889","page","type-page","status-publish","has-post-thumbnail","hentry","nodate","item-wrap"],"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/P2YM3J-el","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_likes_enabled":false,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/889","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages"}],"about":[{"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/page"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=889"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/889\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":892,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/889\/revisions\/892"}],"up":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/856"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/890"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=889"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}