{"id":984,"date":"2013-01-15T12:41:11","date_gmt":"2013-01-15T11:41:11","guid":{"rendered":"http:\/\/arzmadrid.es\/svsc\/wp\/?page_id=984"},"modified":"2013-01-15T12:41:11","modified_gmt":"2013-01-15T11:41:11","slug":"proemio","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=984","title":{"rendered":"Proemio"},"content":{"rendered":"<h1 align=\"center\"><span style=\"color: #800080;\"><b>PROEMIO<\/b><\/span><\/h1>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/arzmadrid.es\/svsc\/wp\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/unidad.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"982\" data-permalink=\"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?attachment_id=982\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/unidad.jpg?fit=320%2C312&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"320,312\" data-comments-opened=\"0\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"unidad\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-medium-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/unidad.jpg?fit=300%2C292&amp;ssl=1\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/unidad.jpg?fit=320%2C312&amp;ssl=1\" class=\"aligncenter size-medium wp-image-982\" alt=\"unidad\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/arzmadrid.es\/svsc\/wp\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/unidad-300x292.jpg?resize=300%2C292\" width=\"300\" height=\"292\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/unidad.jpg?resize=300%2C292&amp;ssl=1 300w, https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/unidad.jpg?w=320&amp;ssl=1 320w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Uni\u00f3n \u00edntima de la Iglesia con la familia humana universal<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>1. Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los disc\u00edpulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su coraz\u00f3n. La comunidad cristiana est\u00e1 integrada por hombres que, reunidos en Cristo, son guiados por el Esp\u00edritu Santo en su peregrinar hacia el reino del Padre y han recibido la buena nueva de la salvaci\u00f3n para comunicarla a todos. La Iglesia por ello se siente \u00edntima y realmente solidaria del genero humano y de su historia.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Destinatarios de la palabra conciliar<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>2. Por ello, el Concilio Vaticano II, tras haber profundizado en el misterio de la Iglesia, se dirige ahora no s\u00f3lo a los hijos de la Iglesia cat\u00f3lica y a cuantos invocan a Cristo, sino a todos los hombres, con el deseo de anunciar a todos c\u00f3mo entiende la presencia y la acci\u00f3n de la Iglesia en el mundo actual.<\/p>\n<p>Tiene pues, ante s\u00ed la Iglesia al mundo, esto es, la entera familia humana con el conjunto universal de las realidades entre las que \u00e9sta vive; el mundo, teatro de la historia humana, con sus afanes, fracasos y victorias; el mundo, que los cristianos creen fundado y conservado por el amor del Creador, esclavizado bajo la servidumbre del pecado, pero liberado por Cristo, crucificado y resucitado, roto el poder del demonio, para que el mundo se transforme seg\u00fan el prop\u00f3sito divino y llegue a su consumaci\u00f3n.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Al servicio del hombre<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>3. En nuestros d\u00edas, el g\u00e9nero humano, admirado de sus propios descubrimientos y de su propio poder, se formula con frecuencia preguntas angustiosas sobre la evoluci\u00f3n presente del mundo, sobre el puesto y la misi\u00f3n del hombre en el universo, sobre el sentido de sus esfuerzos individuales y colectivos, sobre el destino \u00faltimo de las cosas y de la humanidad. El Concilio, testigo y expositor de la fe de todo el Pueblo de Dios congregado por Cristo, no puede dar prueba mayor de solidaridad, respeto y amor a toda la familia humana que la de dialogar con ella acerca de todos estos problemas, aclar\u00e1rselos a la luz del Evangelio y poner a disposici\u00f3n del g\u00e9nero humano el poder salvador que la Iglesia, conducida por el Esp\u00edritu Santo, ha recibido de su Fundador. Es la persona del hombre la que hay que salvar. Es la sociedad humana la que hay que renovar. Es, por consiguiente, el hombre; pero el hombre todo entero, cuerpo y alma, coraz\u00f3n y conciencia, inteligencia y voluntad, quien ser\u00e1 el objeto central de las explicaciones que van a seguir.<\/p>\n<p>Al proclamar el Concilio la alt\u00edsima vocaci\u00f3n del hombre y la divina semilla que en \u00e9ste se oculta, ofrece al g\u00e9nero humano la sincera colaboraci\u00f3n de la Iglesia para lograr la fraternidad universal que responda a esa vocaci\u00f3n. No impulsa a la Iglesia ambici\u00f3n terrena alguna. S\u00f3lo desea una cosa: continuar, bajo la gu\u00eda del Esp\u00edritu, la obra misma de Cristo, quien vino al mundo para dar testimonio de la verdad, para salvar y no para juzgar, para servir y no para ser servido.<\/p>\n<p align=\"center\">\n<h2 align=\"center\"><b><span style=\"color: #800080;\">EXPOSICI\u00d3N PRELIMINAR:\u00a0<\/span><br \/>\n<\/b><b style=\"color: #800080;\">SITUACI\u00d3N DEL HOMBRE EN EL MUNDO DE HOY<\/b><\/h2>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Esperanzas y temores<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>4. Para cumplir esta misi\u00f3n es deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de la \u00e9poca e interpretarlos a la luz del Evangelio, de forma que, acomod\u00e1ndose a cada generaci\u00f3n, pueda la Iglesia responder a los perennes interrogantes de la humanidad sobre el sentido de la vida presente y de la vida futura y sobre la mutua relaci\u00f3n de ambas. Es necesario por ello conocer y comprender el mundo en que vivimos, sus esperanzas, sus aspiraciones y el sesgo dram\u00e1tico que con frecuencia le caracteriza. He aqu\u00ed algunos rasgos fundamentales del mundo moderno.<\/p>\n<p>El g\u00e9nero humano se halla en un per\u00edodo nuevo de su historia, caracterizado por cambios profundos y acelerados, que progresivamente se extienden al universo entero. Los provoca el hombre con su inteligencia y su dinamismo creador; pero recaen luego sobre el hombre, sobre sus juicios y deseos individuales y colectivos, sobre sus modos de pensar y sobre su comportamiento para con las realidades y los hombres con quienes convive. Tan es as\u00ed esto, que se puede ya hablar de una verdadera metamorfosis social y cultural, que redunda tambi\u00e9n en la vida religiosa.<\/p>\n<p>Como ocurre en toda crisis de crecimiento, esta transformaci\u00f3n trae consigo no leves dificultades. As\u00ed mientras el hombre ampl\u00eda extraordinariamente su poder, no siempre consigue someterlo a su servicio. Quiere conocer con profundidad creciente su intimidad espiritual, y con frecuencia se siente m\u00e1s incierto que nunca de s\u00ed mismo. Descubre paulatinamente las leyes de la vida social, y duda sobre la orientaci\u00f3n que a \u00e9sta se debe dar.<\/p>\n<p>Jam\u00e1s el g\u00e9nero humano tuvo a su disposici\u00f3n tantas riquezas, tantas posibilidades, tanto poder econ\u00f3mico. Y, sin embargo, una gran parte de la humanidad sufre hambre y miseria y son muchedumbre los que no saben leer ni escribir. Nunca ha tenido el hombre un sentido tan agudo de su libertad, y entretanto surgen nuevas formas de esclavitud social y psicol\u00f3gica. Mientras el mundo siente con tanta viveza su propia unidad y la mutua interdependencia en ineludible solidaridad, se ve, sin embargo, grav\u00edsimamente dividido por la presencia de fuerzas contrapuestas. Persisten, en efecto, todav\u00eda agudas tensiones pol\u00edticas, sociales, econ\u00f3micas, raciales e ideol\u00f3gicas, y ni siquiera falta el peligro de una guerra que amenaza con destruirlo todo. Se aumenta la comunicaci\u00f3n de las ideas; sin embargo, aun las palabras definidoras de los conceptos m\u00e1s fundamentales revisten sentidos harto diversos en las distintas ideolog\u00edas. Por \u00faltimo, se busca con insistencia un orden temporal m\u00e1s perfecto, sin que avance paralelamente el mejoramiento de los esp\u00edritus.<\/p>\n<p>Afectados por tan compleja situaci\u00f3n, muchos de nuestros contempor\u00e1neos dif\u00edcilmente llegan a conocer los valores permanentes y a compaginarlos con exactitud al mismo tiempo con los nuevos descubrimientos. La inquietud los atormenta, y se preguntan, entre angustias y esperanzas, sobre la actual evoluci\u00f3n del mundo. El curso de la historia presente en un desaf\u00edo al hombre que le obliga a responder.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Cambios profundos<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>5. La turbaci\u00f3n actual de los esp\u00edritus y la transformaci\u00f3n de las condiciones de vida est\u00e1n vinculadas a una revoluci\u00f3n global m\u00e1s amplia, que da creciente importancia, en la formaci\u00f3n del pensamiento, a las ciencias matem\u00e1ticas y naturales y a las que tratan del propio hombre; y, en el orden pr\u00e1ctico, a la t\u00e9cnica y a las ciencias de ella derivadas. El esp\u00edritu cient\u00edfico modifica profundamente el ambiente cultural y las maneras de pensar. La t\u00e9cnica con sus avances est\u00e1 transformando la faz de la tierra e intenta ya la conquista de los espacios interplanetarios.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n sobre el tiempo aumenta su imperio la inteligencia humana, ya en cuanto al pasado, por el conocimiento de la historia; ya en cuanto al futuro, por la t\u00e9cnica prospectiva y la planificaci\u00f3n. Los progresos de las ciencias biol\u00f3gicas, psicol\u00f3gicas y sociales permiten al hombre no s\u00f3lo conocerse mejor, sino aun influir directamente sobre la vida de las sociedades por medio de m\u00e9todos t\u00e9cnicos. Al mismo tiempo, la humanidad presta cada vez mayor atenci\u00f3n a la previsi\u00f3n y ordenaci\u00f3n de la expansi\u00f3n demogr\u00e1fica.<\/p>\n<p>La propia historia est\u00e1 sometida a un proceso tal de aceleraci\u00f3n, que apenas es posible al hombre seguirla. El g\u00e9nero humano corre una misma suerte y no se diversifica ya en varias historias dispersas. La humanidad pasa as\u00ed de una concepci\u00f3n m\u00e1s bien est\u00e1tica de la realidad a otra m\u00e1s din\u00e1mica y evolutiva, de donde surge un nuevo conjunto de problemas que exige nuevos an\u00e1lisis y nuevas s\u00edntesis.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Cambios en el orden social<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>6. Por todo ello, son cada d\u00eda m\u00e1s profundos los cambios que experimentan las comunidades locales tradicionales, como la familia patriarcal, el clan, la tribu, la aldea, otros diferentes grupos, y las mismas relaciones de la convivencia social.<\/p>\n<p>El tipo de sociedad industrial se extiende paulatinamente, llevando a algunos pa\u00edses a una econom\u00eda de opulencia y transformando profundamente concepciones y condiciones milenarias de la vida social. La civilizaci\u00f3n urbana tiende a un predominio an\u00e1logo por el aumento de las ciudades y de su poblaci\u00f3n y por la tendencia a la urbanizaci\u00f3n, que se extiende a las zonas rurales.<\/p>\n<p>Nuevos y mejores medios de comunicaci\u00f3n social contribuyen al conocimiento de los hechos y a difundir con rapidez y expansi\u00f3n m\u00e1ximas los modos de pensar y de sentir, provocando con ello muchas repercusiones simult\u00e1neas.<\/p>\n<p>Y no debe subestimarse el que tantos hombres, obligados a emigrar por varios motivos, cambien su manera de vida.<\/p>\n<p>De esta manera, las relaciones humanas se multiplican sin cesar y el mismo tiempo la propia<i>socializaci\u00f3n<\/i> crea nuevas relaciones, sin que ello promueva siempre, sin embargo, el adecuado proceso de maduraci\u00f3n de la persona y las relaciones aut\u00e9nticamente personales (<i>personalizaci\u00f3n<\/i>).<\/p>\n<p>Esta evoluci\u00f3n se manifiesta sobre todo en las naciones que se benefician ya de los progresos econ\u00f3micos y t\u00e9cnicos; pero tambi\u00e9n act\u00faa en los pueblos en v\u00edas de desarrollo, que aspiran a obtener para s\u00ed las ventajas de la industrializaci\u00f3n y de la urbanizaci\u00f3n. Estos \u00faltimos, sobre todo los que poseen tradiciones m\u00e1s antiguas, sienten tambi\u00e9n la tendencia a un ejercicio m\u00e1s perfecto y personal de la libertad.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Cambios psicol\u00f3gicos, morales y religiosos<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>7. El cambio de mentalidad y de estructuras somete con frecuencia a discusi\u00f3n las ideas recibidas. Esto se nota particularmente entre j\u00f3venes, cuya impaciencia e incluso a veces angustia, les lleva a rebelarse. Conscientes de su propia funci\u00f3n en la vida social, desean participar r\u00e1pidamente en ella. Por lo cual no rara vez los padres y los educadores experimentan dificultades cada d\u00eda mayores en el cumplimiento de sus tareas.<\/p>\n<p>Las instituciones, las leyes, las maneras de pensar y de sentir, heredadas del pasado, no siempre se adaptan bien al estado actual de cosas. De ah\u00ed una grave perturbaci\u00f3n en el comportamiento y aun en las mismas normas reguladoras de \u00e9ste.<\/p>\n<p>Las nuevas condiciones ejercen influjo tambi\u00e9n sobre la vida religiosa. Por una parte, el esp\u00edritu cr\u00edtico m\u00e1s agudizado la purifica de un concepto m\u00e1gico del mundo y de residuos supersticiosos y exige cada vez m\u00e1s una adhesi\u00f3n verdaderamente personal y operante a la fe, lo cual hace que muchos alcancen un sentido m\u00e1s vivo de lo divino. Por otra parte, muchedumbres cada vez m\u00e1s numerosas se alejan pr\u00e1cticamente de la religi\u00f3n. La negaci\u00f3n de Dios o de la religi\u00f3n no constituye, como en \u00e9pocas pasadas, un hecho ins\u00f3lito e individual; hoy d\u00eda, en efecto, se presenta no rara vez como exigencia del progreso cient\u00edfico y de un cierto humanismo nuevo. En muchas regiones esa negaci\u00f3n se encuentra expresada no s\u00f3lo en niveles filos\u00f3ficos, sino que inspira ampliamente la literatura, el arte, la interpretaci\u00f3n de las ciencias humanas y de la historia y la misma legislaci\u00f3n civil. Es lo que explica la perturbaci\u00f3n de muchos.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Los desequilibrios del mundo moderno<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>8. Una tan r\u00e1pida mutaci\u00f3n, realizada con frecuencia bajo el signo del desorden, y la misma conciencia agudizada de las antinomias existentes hoy en el mundo, engendran o aumentan contradicciones y desequilibrios.<\/p>\n<p>Surgen muchas veces en el propio hombre el desequilibrio entre la inteligencia pr\u00e1ctica moderna y una forma de conocimiento te\u00f3rico que no llega a dominar y ordenar la suma de sus conocimientos en s\u00edntesis satisfactoria. Brota tambi\u00e9n el desequilibrio entre el af\u00e1n por la eficacia pr\u00e1ctica y las exigencias de la conciencia moral, y no pocas veces entre las condiciones de la vida colectiva y a las exigencias de un pensamiento personal y de la misma contemplaci\u00f3n. Surge, finalmente, el desequilibrio entre la especializaci\u00f3n profesional y la visi\u00f3n general de las cosas.<\/p>\n<p>Aparecen discrepancias en la familia, debidas ya al peso de las condiciones demogr\u00e1ficas, econ\u00f3micas y sociales, ya a los conflictos que surgen entre las generaciones que se van sucediendo, ya a las nuevas relaciones sociales entre los dos sexos.<\/p>\n<p>Nacen tambi\u00e9n grandes discrepancias raciales y sociales de todo g\u00e9nero. Discrepancias entre los pa\u00edses ricos, los menos ricos y los pobres. Discrepancias, por \u00faltimo, entre las instituciones internacionales, nacidas de la aspiraci\u00f3n de los pueblos a la paz, y las ambiciones puestas al servicio de la expansi\u00f3n de la propia ideolog\u00eda o los ego\u00edsmos colectivos existentes en las naciones y en otras entidades sociales.<\/p>\n<p>Todo ello alimenta la mutua desconfianza y la hostilidad, los conflictos y las desgracias, de los que el hombre es, a la vez, causa y v\u00edctima.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Aspiraciones m\u00e1s universales de la humanidad<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>9. Entre tanto, se afianza la convicci\u00f3n de que el g\u00e9nero humano puede y debe no s\u00f3lo perfeccionar su dominio sobre las cosas creadas, sino que le corresponde adem\u00e1s establecer un orden pol\u00edtico, econ\u00f3mico y social que est\u00e9 m\u00e1s al servicio del hombre y permita a cada uno y a cada grupo afirmar y cultivar su propia dignidad.<\/p>\n<p>De aqu\u00ed las instantes reivindicaciones econ\u00f3micas de much\u00edsimos, que tienen viva conciencia de que la carencia de bienes que sufren se debe a la injusticia o a una no equitativa distribuci\u00f3n. Las naciones en v\u00eda de desarrollo, como son las independizadas recientemente, desean participar en los bienes de la civilizaci\u00f3n moderna, no s\u00f3lo en el plano pol\u00edtico, sino tambi\u00e9n en el orden econ\u00f3mico, y desempe\u00f1ar libremente su funci\u00f3n en el mundo. Sin embargo, est\u00e1 aumentando a diario la distancia que las separa de las naciones m\u00e1s ricas y la dependencia incluso econ\u00f3mica que respecto de \u00e9stas padecen. Los pueblos hambrientos interpelan a los pueblos opulentos.<\/p>\n<p>La mujer, all\u00ed donde todav\u00eda no lo ha logrado, reclama la igualdad de derecho y de hecho con el hombre. Los trabajadores y los agricultores no s\u00f3lo quieren ganarse lo necesario para la vida, sino que quieren tambi\u00e9n desarrollar por medio del trabajo sus dotes personales y participar activamente en la ordenaci\u00f3n de la vida econ\u00f3mica, social, pol\u00edtica y cultural. Por primera vez en la historia, todos los pueblos est\u00e1n convencidos de que los beneficios de la cultura pueden y deben extenderse realmente a todas las naciones.<\/p>\n<p>Pero bajo todas estas reivindicaciones se oculta una aspiraci\u00f3n m\u00e1s profunda y m\u00e1s universal: las personas y los grupos sociales est\u00e1n sedientos de una vida plena y de una vida libre, digna del hombre, poniendo a su servicio las inmensas posibilidades que les ofrece el mundo actual. Las naciones, por otra parte, se esfuerzan cada vez m\u00e1s por formar una comunidad universal.<\/p>\n<p>De esta forma, el mundo moderno aparece a la vez poderoso y d\u00e9bil, capaz de lo mejor y de lo peor, pues tiene abierto el camino para optar entre la libertad o la esclavitud, entre el progreso o el retroceso, entre la fraternidad o el odio. El hombre sabe muy bien que est\u00e1 en su mano el dirigir correctamente las fuerzas que \u00e9l ha desencadenado, y que pueden aplastarle o servirle. Por ello se interroga a s\u00ed mismo.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Los interrogantes m\u00e1s profundos del hombre<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>10. En realidad de verdad, los desequilibrios que fatigan al mundo moderno est\u00e1n conectados con ese otro desequilibrio fundamental que hunde sus ra\u00edces en el coraz\u00f3n humano. Son muchos los elementos que se combaten en el propio interior del hombre. A fuer de criatura, el hombre experimenta m\u00faltiples limitaciones; se siente, sin embargo, ilimitado en sus deseos y llamado a una vida superior. Atra\u00eddo por muchas solicitaciones, tiene que elegir y que renunciar. M\u00e1s a\u00fan, como enfermo y pecador, no raramente hace lo que no quiere y deja de hacer lo que querr\u00eda llevar a cabo. Por ello siente en s\u00ed mismo la divisi\u00f3n, que tantas y tan graves discordias provoca en la sociedad. Son much\u00edsimos los que, tarados en su vida por el materialismo pr\u00e1ctico, no quieren saber nada de la clara percepci\u00f3n de este dram\u00e1tico estado, o bien, oprimidos por la miseria, no tienen tiempo para ponerse a considerarlo. Otros esperan del solo esfuerzo humano la verdadera y plena liberaci\u00f3n de la humanidad y abrigan el convencimiento de que el futuro del hombre sobre la tierra saciar\u00e1 plenamente todos sus deseos. Y no faltan, por otra parte, quienes, desesperando de poder dar a la vida un sentido exacto, alaban la insolencia de quienes piensan que la existencia carece de toda significaci\u00f3n propia y se esfuerzan por darle un sentido puramente subjetivo. Sin embargo, ante la actual evoluci\u00f3n del mundo, son cada d\u00eda m\u00e1s numerosos los que se plantean o los que acometen con nueva penetraci\u00f3n las cuestiones m\u00e1s fundamentales: \u00bfQu\u00e9 es el hombre? \u00bfCu\u00e1l es el sentido del dolor, del mal, de la muerte, que, a pesar de tantos progresos hechos, subsisten todav\u00eda? \u00bfQu\u00e9 valor tienen las victorias logradas a tan caro precio? \u00bfQu\u00e9 puede dar el hombre a la sociedad? \u00bfQu\u00e9 puede esperar de ella? \u00bfQu\u00e9 hay despu\u00e9s de esta vida temporal?.<\/p>\n<p>Cree la Iglesia que Cristo, muerto y resucitado por todos, da al hombre su luz y su fuerza por el Esp\u00edritu Santo a fin de que pueda responder a su m\u00e1xima vocaci\u00f3n y que no ha sido dado bajo el cielo a la humanidad otro nombre en el que sea necesario salvarse. Igualmente cree que la clave, el centro y el fin de toda la historia humana se halla en su Se\u00f1or y Maestro. Afirma adem\u00e1s la Iglesia que bajo la superficie de lo cambiante hay muchas cosas permanentes, que tienen su \u00faltimo fundamento en Cristo, quien existe ayer, hoy y para siempre. Bajo la luz de Cristo, imagen de Dios invisible, primog\u00e9nito de toda la creaci\u00f3n, el Concilio habla a todos para esclarecer el misterio del hombre y para cooperar en el hallazgo de soluciones que respondan a los principales problemas de nuestra \u00e9poca.<\/p>\n<div class=\"sharelinks\" style=\"\">\n\t<a title=\"Proemio\" rel=\"nofollow\" target=\"_blank\" href=\"http:\/\/www.facebook.com\/sharer.php?u=https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=984\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"56\" height=\"20\" alt=\"facebook\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/plugins\/facebook-google-twitter-share\/images\/facebook.png?resize=56%2C20&#038;ssl=1\"><\/a>\n\t<a title=\"Proemio\" rel=\"nofollow\" target=\"_blank\" href=\"https:\/\/plus.google.com\/share?url=https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=984\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"60\" height=\"20\" alt=\"google plus\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/plugins\/facebook-google-twitter-share\/images\/googleplus.png?resize=60%2C20&#038;ssl=1\"><\/a>\n\t<a title=\"Proemio\" Nagar\" rel=\"nofollow\" target=\"_blank\" href=\"http:\/\/twitter.com\/home?status=Proemio https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=984\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"70\" height=\"20\" alt=\"twitter\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/plugins\/facebook-google-twitter-share\/images\/twitter.png?resize=70%2C20&#038;ssl=1\"><\/a>\n\t<\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>PROEMIO Uni\u00f3n \u00edntima de la Iglesia con la familia humana universal 1. Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los disc\u00edpulos de Cristo. Nada hay verdaderamente &hellip; <\/p>\n<p><a class=\"more-link btn\" href=\"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=984\">Seguir leyendo<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":982,"parent":980,"menu_order":1,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"footnotes":""},"class_list":["post-984","page","type-page","status-publish","has-post-thumbnail","hentry","nodate","item-wrap"],"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/P2YM3J-fS","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_likes_enabled":false,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/984","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages"}],"about":[{"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/page"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=984"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/984\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":985,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/984\/revisions\/985"}],"up":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/980"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/982"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=984"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}