{"id":988,"date":"2013-01-15T12:47:05","date_gmt":"2013-01-15T11:47:05","guid":{"rendered":"http:\/\/arzmadrid.es\/svsc\/wp\/?page_id=988"},"modified":"2013-01-15T12:47:05","modified_gmt":"2013-01-15T11:47:05","slug":"capitulo-i-la-dignidad-de-la-persona-humana","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=988","title":{"rendered":"Cap\u00edtulo I: La Dignidad de la Persona Humana"},"content":{"rendered":"<h1 align=\"center\"><span style=\"color: #800080;\"><b>CAP\u00cdTULO I:\u00a0<\/b><b>LA DIGNIDAD DE LA PERSONA HUMANA<\/b><\/span><\/h1>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/arzmadrid.es\/svsc\/wp\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/conciencia-moral.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"989\" data-permalink=\"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?attachment_id=989\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/conciencia-moral.jpg?fit=500%2C414&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"500,414\" data-comments-opened=\"0\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"conciencia-moral\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-medium-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/conciencia-moral.jpg?fit=300%2C248&amp;ssl=1\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/conciencia-moral.jpg?fit=500%2C414&amp;ssl=1\" class=\"aligncenter size-medium wp-image-989\" alt=\"conciencia-moral\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/arzmadrid.es\/svsc\/wp\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/conciencia-moral-300x248.jpg?resize=300%2C248\" width=\"300\" height=\"248\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/conciencia-moral.jpg?resize=300%2C248&amp;ssl=1 300w, https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/conciencia-moral.jpg?w=500&amp;ssl=1 500w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>El hombre, imagen de Dios<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>12. Creyentes y no creyentes est\u00e1n generalmente de acuerdo en este punto: todos los bienes de la tierra deben ordenarse en funci\u00f3n del hombre, centro y cima de todos ellos.<\/p>\n<p>Pero, \u00bfqu\u00e9 es el hombre? Muchas son las opiniones que el hombre se ha dado y se da sobre s\u00ed mismo. Diversas e incluso contradictorias. Exalt\u00e1ndose a s\u00ed mismo como regla absoluta o hundi\u00e9ndose hasta la desesperaci\u00f3n. La duda y la ansiedad se siguen en consecuencia. La Iglesia siente profundamente estas dificultades, y, aleccionada por la Revelaci\u00f3n divina, puede darles la respuesta que perfile la verdadera situaci\u00f3n del hombre, d\u00e9 explicaci\u00f3n a sus enfermedades y permita conocer simult\u00e1neamente y con acierto la dignidad y la vocaci\u00f3n propias del hombre.<\/p>\n<p>La Biblia nos ense\u00f1a que el hombre ha sido creado \u00aba imagen de Dios\u00bb, con capacidad para conocer y amar a su Creador, y que por Dios ha sido constituido se\u00f1or de la entera creaci\u00f3n visible para gobernarla y usarla glorificando a Dios. \u00bfQu\u00e9 es el hombre para que t\u00fa te acuerdes de \u00e9l? \u00bfO el hijo del hombre para que te cuides de \u00e9l? Apenas lo has hecho inferior a los \u00e1ngeles al coronarlo de gloria y esplendor. T\u00fa lo pusiste sobre la obra de tus manos. Todo fue puesto por ti debajo de sus pies (<i>Ps<\/i> 8, 5-7).<\/p>\n<p>Pero Dios no cre\u00f3 al hombre en solitario. Desde el principio los hizo hombre y mujer (<i>Gen<\/i> l,27). Esta sociedad de hombre y mujer es la expresi\u00f3n primera de la comuni\u00f3n de personas humanas. El hombre es, en efecto, por su \u00edntima naturaleza, un ser social, y no puede vivir ni desplegar sus cualidades sin relacionarse con los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Dios, pues, nos dice tambi\u00e9n la Biblia, <i>mir\u00f3 cuanto hab\u00eda hecho, y lo juzg\u00f3 muy bueno<\/i> (<i>Gen<\/i>1,31).<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>El pecado<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>13. Creado por Dios en la justicia, el hombre, sin embargo, por instigaci\u00f3n del demonio, en el propio exordio de la historia, abus\u00f3 de su libertad, levant\u00e1ndose contra Dios y pretendiendo alcanzar su propio fin al margen de Dios. Conocieron a Dios, pero no le glorificaron como a Dios. Obscurecieron su est\u00fapido coraz\u00f3n y prefirieron servir a la criatura, no al Creador. Lo que la Revelaci\u00f3n divina nos dice coincide con la experiencia. El hombre, en efecto, cuando examina su coraz\u00f3n, comprueba su inclinaci\u00f3n al mal y se siente anegado por muchos males, que no pueden tener origen en su santo Creador. Al negarse con frecuencia a reconocer a Dios como su principio, rompe el hombre la debida subordinaci\u00f3n a su fin \u00faltimo, y tambi\u00e9n toda su ordenaci\u00f3n tanto por lo que toca a su propia persona como a las relaciones con los dem\u00e1s y con el resto de la creaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Es esto lo que explica la divisi\u00f3n \u00edntima del hombre. Toda la vida humana, la individual y la colectiva, se presenta como lucha, y por cierto dram\u00e1tica, entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas. M\u00e1s todav\u00eda, el hombre se nota incapaz de dome\u00f1ar con eficacia por s\u00ed solo los ataques del mal, hasta el punto de sentirse como aherrojado entre cadenas. Pero el Se\u00f1or vino en persona para liberar y vigorizar al hombre, renov\u00e1ndole interiormente y expulsando al pr\u00edncipe de este mundo (cf. <i>Io<\/i>12,31), que le reten\u00eda en la esclavitud del pecado. El pecado rebaja al hombre, impidi\u00e9ndole lograr su propia plenitud.<\/p>\n<p>A la luz de esta Revelaci\u00f3n, la sublime vocaci\u00f3n y la miseria profunda que el hombre experimenta hallan simult\u00e1neamente su \u00faltima explicaci\u00f3n.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Constituci\u00f3n del hombre<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>14. En la unidad de cuerpo y alma, el hombre, por su misma condici\u00f3n corporal, es una s\u00edntesis del universo material, el cual alcanza por medio del hombre su m\u00e1s alta cima y alza la voz para la libre alabanza del Creador. No debe, por tanto, despreciar la vida corporal, sino que, por el contrario, debe tener por bueno y honrar a su propio cuerpo, como criatura de Dios que ha de resucitar en el \u00faltimo d\u00eda. Herido por el pecado, experimenta, sin embargo, la rebeli\u00f3n del cuerpo. La propia dignidad humana pide, pues, que glorifique a Dios en su cuerpo y no permita que lo esclavicen las inclinaciones depravadas de su coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>No se equivoca el hombre al afirmar su superioridad sobre el universo material y al considerarse no ya como part\u00edcula de la naturaleza o como elemento an\u00f3nimo de la ciudad humana. Por su interioridad es, en efecto, superior al universo entero; a esta profunda interioridad retorna cuando entra dentro de su coraz\u00f3n, donde Dios le aguarda, escrutador de los corazones, y donde \u00e9l personalmente, bajo la mirada de Dios, decide su propio destino. Al afirmar, por tanto, en s\u00ed mismo la espiritualidad y la inmortalidad de su alma, no es el hombre juguete de un espejismo ilusorio provocado solamente por las condiciones f\u00edsicas y sociales exteriores, sino que toca, por el contrario, la verdad m\u00e1s profunda de la realidad.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Dignidad de la inteligencia, verdad y sabidur\u00eda<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>15. Tiene raz\u00f3n el hombre, participante de la luz de la inteligencia divina, cuando afirma que por virtud de su inteligencia es superior al universo material. Con el ejercicio infatigable de su ingenio a lo largo de los siglos, la humanidad ha realizado grandes avances en las ciencias positivas, en el campo de la t\u00e9cnica y en la esfera de las artes liberales. Pero en nuestra \u00e9poca ha obtenido \u00e9xitos extraordinarios en la investigaci\u00f3n y en el dominio del mundo material. Siempre, sin embargo, ha buscado y ha encontrado una verdad m\u00e1s profunda. La inteligencia no se ci\u00f1e solamente a los fen\u00f3menos. Tiene capacidad para alcanzar la realidad inteligible con verdadera certeza, aunque a consecuencia del pecado est\u00e9 parcialmente oscurecida y debilitada.<\/p>\n<p>Finalmente, la naturaleza intelectual de la persona humana se perfecciona y debe perfeccionarse por medio de la sabidur\u00eda, la cual atrae con suavidad la mente del hombre a la b\u00fasqueda y al amor de la verdad y del bien. Imbuido por ella, el hombre se alza por medio de lo visible hacia lo invisible.<\/p>\n<p>Nuestra \u00e9poca, m\u00e1s que ninguna otra, tiene necesidad de esta sabidur\u00eda para humanizar todos los nuevos descubrimientos de la humanidad. El destino futuro del mundo corre peligro si no forman hombres m\u00e1s instruidos en esta sabidur\u00eda. Debe advertirse a este respecto que muchas naciones econ\u00f3micamente pobres, pero ricas en esta sabidur\u00eda, pueden ofrecer a las dem\u00e1s una extraordinaria aportaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Con el don del Esp\u00edritu Santo, el hombre llega por la fe a contemplar y saborear el misterio del plan divino.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Dignidad de la conciencia moral<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>16. En lo m\u00e1s profundo de su conciencia descubre el hombre la existencia de una ley que \u00e9l no se dicta a s\u00ed mismo, pero a la cual debe obedecer, y cuya voz resuena, cuando es necesario, en los o\u00eddos de su coraz\u00f3n, advirti\u00e9ndole que debe amar y practicar el bien y que debe evitar el mal: haz esto, evita aquello. Porque el hombre tiene una ley escrita por Dios en su coraz\u00f3n, en cuya obediencia consiste la dignidad humana y por la cual ser\u00e1 juzgado personalmente. La conciencia es el n\u00facleo m\u00e1s secreto y el sagrario del hombre, en el que \u00e9ste se siente a solas con Dios, cuya voz resuena en el recinto m\u00e1s \u00edntimo de aqu\u00e9lla. Es la conciencia la que de modo admirable da a conocer esa ley cuyo cumplimiento consiste en el amor de Dios y del pr\u00f3jimo. La fidelidad a esta conciencia une a los cristianos con los dem\u00e1s hombres para buscar la verdad y resolver con acierto los numerosos problemas morales que se presentan al individuo y a la sociedad. Cuanto mayor es el predominio de la recta conciencia, tanto mayor seguridad tienen las personas y las sociedades para apartarse del ciego capricho y para someterse a las normas objetivas de la moralidad. No rara vez, sin embargo, ocurre que yerra la conciencia por ignorancia invencible, sin que ello suponga la p\u00e9rdida de su dignidad. Cosa que no puede afirmarse cuando el hombre se despreocupa de buscar la verdad y el bien y la conciencia se va progresivamente entenebreciendo por el h\u00e1bito del pecado.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Grandeza de la libertad<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>17. La orientaci\u00f3n del hombre hacia el bien s\u00f3lo se logra con el uso de la libertad, la cual posee un valor que nuestros contempor\u00e1neos ensalzan con entusiasmo. Y con toda raz\u00f3n. Con frecuencia, sin embargo, la fomentan de forma depravada, como si fuera pura licencia para hacer cualquier cosa, con tal que deleite, aunque sea mala. La verdadera libertad es signo eminente de la imagen divina en el hombre. Dios ha querido dejar al hombre en manos de su propia decisi\u00f3n para que as\u00ed busque espont\u00e1neamente a su Creador y, adhiri\u00e9ndose libremente a \u00e9ste, alcance la plena y bienaventurada perfecci\u00f3n. La dignidad humana requiere, por tanto, que el hombre act\u00fae seg\u00fan su conciencia y libre elecci\u00f3n, es decir, movido e inducido por convicci\u00f3n interna personal y no bajo la presi\u00f3n de un ciego impulso interior o de la mera coacci\u00f3n externa. El hombre logra esta dignidad cuando, liberado totalmente de la cautividad de las pasiones, tiende a su fin con la libre elecci\u00f3n del bien y se procura medios adecuados para ello con eficacia y esfuerzo crecientes. La libertad humana, herida por el pecado, para dar la m\u00e1xima eficacia a esta ordenaci\u00f3n a Dios, ha de apoyarse necesariamente en la gracia de Dios. Cada cual tendr\u00e1 que dar cuanta de su vida ante el tribunal de Dios seg\u00fan la conducta buena o mala que haya observado.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>El misterio de la muerte<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>18. El m\u00e1ximo enigma de la vida humana es la muerte. El hombre sufre con el dolor y con la disoluci\u00f3n progresiva del cuerpo. Pero su m\u00e1ximo tormento es el temor por la desaparici\u00f3n perpetua. Juzga con instinto certero cuando se resiste a aceptar la perspectiva de la ruina total y del adi\u00f3s definitivo. La semilla de eternidad que en s\u00ed lleva, por se irreducible a la sola materia, se levanta contra la muerte. Todos los esfuerzos de la t\u00e9cnica moderna, por muy \u00fatiles que sea, no pueden calmar esta ansiedad del hombre: la pr\u00f3rroga de la longevidad que hoy proporciona la biolog\u00eda no puede satisfacer ese deseo del m\u00e1s all\u00e1 que surge ineluctablemente del coraz\u00f3n humano.<\/p>\n<p>Mientras toda imaginaci\u00f3n fracasa ante la muerte, la Iglesia, aleccionada por la Revelaci\u00f3n divina, afirma que el hombre ha sido creado por Dios para un destino feliz situado m\u00e1s all\u00e1 de las fronteras de la miseria terrestre. La fe cristiana ense\u00f1a que la muerte corporal, que entr\u00f3 en la historia a consecuencia del pecado, ser\u00e1 vencida cuando el omnipotente y misericordioso Salvador restituya al hombre en la salvaci\u00f3n perdida por el pecado. Dios ha llamado y llama al hombre a adherirse a El con la total plenitud de su ser en la perpetua comuni\u00f3n de la incorruptible vida divina. Ha sido Cristo resucitado el que ha ganado esta victoria para el hombre, liber\u00e1ndolo de la muerte con su propia muerte. Para todo hombre que reflexione, la fe, apoyada en s\u00f3lidos argumentos, responde satisfactoriamente al interrogante angustioso sobre el destino futuro del hombre y al mismo tiempo ofrece la posibilidad de una comuni\u00f3n con nuestros mismos queridos hermanos arrebatados por la muerte, d\u00e1ndonos la esperanza de que poseen ya en Dios la vida verdadera.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Formas y ra\u00edces del ate\u00edsmo<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>19. La raz\u00f3n m\u00e1s alta de la dignidad humana consiste en la vocaci\u00f3n del hombre a la uni\u00f3n con Dios. Desde su mismo nacimiento, el hombre es invitado al di\u00e1logo con Dios. Existe pura y simplemente por el amor de Dios, que lo cre\u00f3, y por el amor de Dios, que lo conserva. Y s\u00f3lo se puede decir que vive en la plenitud de la verdad cuando reconoce libremente ese amor y se conf\u00eda por entero a su Creador. Muchos son, sin embargo, los que hoy d\u00eda se desentienden del todo de esta \u00edntima y vital uni\u00f3n con Dios o la niegan en forma expl\u00edcita. Es este ate\u00edsmo uno de los fen\u00f3menos m\u00e1s graves de nuestro tiempo. Y debe ser examinado con toda atenci\u00f3n.<\/p>\n<p>La palabra \u00abate\u00edsmo\u00bb designa realidades muy diversas. Unos niegan a Dios expresamente. Otros afirman que nada puede decirse acerca de Dios. Los hay que someten la cuesti\u00f3n teol\u00f3gica a un an\u00e1lisis metodol\u00f3gico tal, que reputa como in\u00fatil el propio planteamiento de la cuesti\u00f3n. Muchos, rebasando indebidamente los l\u00edmites sobre esta base puramente cient\u00edfica o, por el contrario, rechazan sin excepci\u00f3n toda verdad absoluta. Hay quienes exaltan tanto al hombre, que dejan sin contenido la fe en Dios, ya que les interesa m\u00e1s, a lo que parece, la afirmaci\u00f3n del hombre que la negaci\u00f3n de Dios. Hay quienes imaginan un Dios por ellos rechazado, que nada tiene que ver con el Dios del Evangelio. Otros ni siquiera se plantean la cuesti\u00f3n de la existencia de Dios, porque, al parecer, no sienten inquietud religiosa alguna y no perciben el motivo de preocuparse por el hecho religiosos. Adem\u00e1s, el ate\u00edsmo nace a veces como violenta protesta contra la existencia del mal en el mundo o como adjudicaci\u00f3n indebida del car\u00e1cter absoluto a ciertos bienes humanos que son considerados pr\u00e1cticamente como suced\u00e1neos de Dios. La misma civilizaci\u00f3n actual, no en s\u00ed misma, pero s\u00ed por su sobrecarga de apego a la tierra, puede dificultar en grado notable el acceso del hombre a Dios.<\/p>\n<p>Quienes voluntariamente pretenden apartar de su coraz\u00f3n a Dios y soslayar las cuestiones religiosas, desoyen el dictamen de su conciencia y, por tanto, no carecen de culpa. Sin embargo, tambi\u00e9n los creyentes tienen en esto su parte de responsabilidad. Porque el ate\u00edsmo, considerado en su total integridad, no es un fen\u00f3meno originario, sino un fen\u00f3meno derivado de varias causas, entre las que se debe contar tambi\u00e9n la reacci\u00f3n cr\u00edtica contra las religiones, y, ciertamente en algunas zonas del mundo, sobre todo contra la religi\u00f3n cristiana. Por lo cual, en esta g\u00e9nesis del ate\u00edsmo pueden tener parte no peque\u00f1a los propios creyentes, en cuanto que, con el descuido de la educaci\u00f3n religiosa, o con la exposici\u00f3n inadecuada de la doctrina, o incluso con los defectos de su vida religiosa, moral y social, han velado m\u00e1s bien que revelado el genuino rostro de Dios y de la religi\u00f3n.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>El ate\u00edsmo sistem\u00e1tico<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>20. Con frecuencia, el ate\u00edsmo moderno reviste tambi\u00e9n la forma sistem\u00e1tica, la cual, dejando ahora otras causas, lleva el af\u00e1n de autonom\u00eda humana hasta negar toda dependencia del hombre respecto de Dios. Los que profesan este ate\u00edsmo afirman que la esencia de la libertad consiste en que el hombre es el fin de s\u00ed mismo, el \u00fanico art\u00edfice y creador de su propia historia. Lo cual no puede conciliarse, seg\u00fan ellos, con el reconocimiento del Se\u00f1or, autor y fin de todo, o por lo menos tal afirmaci\u00f3n de Dios es completamente superflua. El sentido de poder que el progreso t\u00e9cnico actual da al hombre puede favorecer esta doctrina.<\/p>\n<p>Entre las formas del ate\u00edsmo moderno debe mencionarse la que pone la liberaci\u00f3n del hombre principalmente en su liberaci\u00f3n econ\u00f3mica y social. Pretende este ate\u00edsmo que la religi\u00f3n, por su propia naturaleza, es un obst\u00e1culo para esta liberaci\u00f3n, porque, al orientar el esp\u00edritu humano hacia una vida futura ilusoria, apartar\u00eda al hombre del esfuerzo por levantar la ciudad temporal. Por eso, cuando los defensores de esta doctrina logran alcanzar el dominio pol\u00edtico del Estado, atacan violentamente a la religi\u00f3n, difundiendo el ate\u00edsmo, sobre todo en materia educativa, con el uso de todos los medios de presi\u00f3n que tiene a su alcance el poder p\u00fablico.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Actitud de la Iglesia ante el ate\u00edsmo<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>21. La Iglesia, fiel a Dios y fiel a los hombres, no puede dejar de reprobar con dolor, pero con firmeza, como hasta ahora ha reprobado, esas perniciosas doctrinas y conductas, que son contrarias a la raz\u00f3n y a la experiencia humana universal y privan al hombre de su innata grandeza.<\/p>\n<p>Quiere, sin embargo, conocer las causas de la negaci\u00f3n de Dios que se esconden en la mente del hombre ateo. Consciente de la gravedad de los problemas planteados por el ate\u00edsmo y movida por el amor que siente a todos los hombres, la Iglesia juzga que los motivos del ate\u00edsmo deben ser objeto de serio y m\u00e1s profundo examen.<\/p>\n<p>La Iglesia afirma que el reconocimiento de Dios no se opone en modo alguno a la dignidad humana, ya que esta dignidad tiene en el mismo Dios su fundamento y perfecci\u00f3n. Es Dios creador el que constituye al hombre inteligente y libre en la sociedad. Y, sobre todo, el hombre es llamado, como hijo, a la uni\u00f3n con Dios y a la participaci\u00f3n de su felicidad. Ense\u00f1a adem\u00e1s la Iglesia que la esperanza escatol\u00f3gica no merma la importancia de las tareas temporales, sino que m\u00e1s bien proporciona nuevos motivos de apoyo para su ejercicio. Cuando, por el contrario, faltan ese fundamento divino y esa esperanza de la vida eterna, la dignidad humana sufre lesiones grav\u00edsimas -es lo que hoy con frecuencia sucede-, y los enigmas de la vida y de la muerte, de la culpa y del dolor, quedan sin solucionar, llevando no raramente al hombre a la desesperaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Todo hombre resulta para s\u00ed mismo un problema no resuelto, percibido con cierta obscuridad. Nadie en ciertos momentos, sobre todo en los acontecimientos m\u00e1s importantes de la vida, puede huir del todo el interrogante referido. A este problema s\u00f3lo Dios da respuesta plena y totalmente cierta; Dios, que llama al hombre a pensamientos m\u00e1s altos y a una b\u00fasqueda m\u00e1s humilde de la verdad.<\/p>\n<p>El remedio del ate\u00edsmo hay que buscarlo en la exposici\u00f3n adecuada de la doctrina y en la integridad de vida de la Iglesia y de sus miembros. A la Iglesia toca hacer presentes y como visibles a Dios Padre y a su Hijo encarnado con la continua renovaci\u00f3n y purificaci\u00f3n propias bajo la gu\u00eda del Esp\u00edritu Santo. Esto se logra principalmente con el testimonio de una fe viva y adulta, educada para poder percibir con lucidez las dificultades y poderlas vencer. Numerosos m\u00e1rtires dieron y dan preclaro testimonio de esta fe, la cual debe manifestar su fecundidad imbuyendo toda la vida, incluso la profana, de los creyentes, e impuls\u00e1ndolos a la justicia y al amor, sobre todo respecto del necesitado. Mucho contribuye, finalmente, a esta afirmaci\u00f3n de la presencia de Dios el amor fraterno de los fieles, que con esp\u00edritu un\u00e1nime colaboran en la fe del Evangelio y se alzan como signo de unidad.<\/p>\n<p>La Iglesia, aunque rechaza en forma absoluta el ate\u00edsmo, reconoce sinceramente que todos los hombres, creyentes y no creyentes, deben colaborar en la edificaci\u00f3n de este mundo, en el que viven en com\u00fan. Esto no puede hacerse sin un prudente y sincero di\u00e1logo. Lamenta, pues, la Iglesia la discriminaci\u00f3n entre creyentes y no creyentes que algunas autoridades pol\u00edticas, negando los derechos fundamentales de la persona humana, establecen injustamente. Pide para los creyentes libertad activa para que puedan levantar en este mundo tambi\u00e9n un templo a Dios. E invita cort\u00e9smente a los ateos a que consideren sin prejuicios el Evangelio de Cristo.<\/p>\n<p>La Iglesia sabe perfectamente que su mensaje est\u00e1 de acuerdo con los deseos m\u00e1s profundos del coraz\u00f3n humano cuando reivindica la dignidad de la vocaci\u00f3n del hombre, devolviendo la esperanza a quienes desesperan ya de sus destinos m\u00e1s altos. Su mensaje, lejos de empeque\u00f1ecer al hombre, difunde luz, vida y libertad para el progreso humano. Lo \u00fanico que puede llenar el coraz\u00f3n del hombre es aquello que \u00abnos hiciste, Se\u00f1or, para ti, y nuestro coraz\u00f3n est\u00e1 inquieto hasta que descanse en ti\u00bb.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Cristo, el Hombre nuevo<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>22. En realidad, el misterio del hombre s\u00f3lo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado. Porque Ad\u00e1n, el primer hombre, era figura del que hab\u00eda de venir, es decir, Cristo nuestro Se\u00f1or, Cristo, el nuevo Ad\u00e1n, en la misma revelaci\u00f3n del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocaci\u00f3n. Nada extra\u00f1o, pues, que todas las verdades hasta aqu\u00ed expuestas encuentren en Cristo su fuente y su corona.<\/p>\n<p>El que es <i>imagen de Dios invisible<\/i> (<i>Col<\/i> 1,15) es tambi\u00e9n el hombre perfecto, que ha devuelto a la descendencia de Ad\u00e1n la semejanza divina, deformada por el primer pecado. En \u00e9l, la naturaleza humana asumida, no absorbida, ha sido elevada tambi\u00e9n en nosotros a dignidad sin igual. El Hijo de Dios con su encarnaci\u00f3n se ha unido, en cierto modo, con todo hombre. Trabaj\u00f3 con manos de hombre, pens\u00f3 con inteligencia de hombre, obr\u00f3 con voluntad de hombre, am\u00f3 con coraz\u00f3n de hombre. Nacido de la Virgen Mar\u00eda, se hizo verdaderamente uno de los nuestros, semejantes en todo a nosotros, excepto en el pecado.<\/p>\n<p>Cordero inocente, con la entrega lib\u00e9rrima de su sangre nos mereci\u00f3 la vida. En El Dios nos reconcili\u00f3 consigo y con nosotros y nos liber\u00f3 de la esclavitud del diablo y del pecado, por lo que cualquiera de nosotros puede decir con el Ap\u00f3stol: El Hijo de Dios <i>me am\u00f3 y se entreg\u00f3 a s\u00ed mismo por m\u00ed<\/i> (<i>Gal<\/i> 2,20). Padeciendo por nosotros, nos dio ejemplo para seguir sus pasos y, adem\u00e1s abri\u00f3 el camino, con cuyo seguimiento la vida y la muerte se santifican y adquieren nuevo sentido.<\/p>\n<p>El hombre cristiano, conformado con la imagen del Hijo, que es el Primog\u00e9nito entre muchos hermanos, recibe <i>las primicias del Esp\u00edritu<\/i> (<i>Rom<\/i> 8,23), las cuales le capacitan para cumplir la ley nueva del amor. Por medio de este Esp\u00edritu, que es <i>prenda de la herencia<\/i> (<i>Eph<\/i> 1,14), se restaura internamente todo el hombre hasta que llegue <i>la redenci\u00f3n del cuerpo<\/i> (<i>Rom<\/i> 8,23). Si el Esp\u00edritu de Aquel que resucit\u00f3 a Jes\u00fas de entre los muertos habita en vosotros, el que resucit\u00f3 a Cristo Jes\u00fas de entre los muertos dar\u00e1 tambi\u00e9n vida a vuestros cuerpos mortales por virtud de su Esp\u00edritu que habita en vosotros (<i>Rom<\/i> 8,11). Urgen al cristiano la necesidad y el deber de luchar, con muchas tribulaciones, contra el demonio, e incluso de padecer la muerte. Pero, asociado al misterio pascual, configurado con la muerte de Cristo, llegar\u00e1, corroborado por la esperanza, a la resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p>Esto vale no solamente para los cristianos, sino tambi\u00e9n para todos los hombres de buena voluntad, en cuyo coraz\u00f3n obra la gracia de modo invisible. Cristo muri\u00f3 por todos, y la vocaci\u00f3n suprema del hombre en realidad es una sola, es decir, la divina. En consecuencia, debemos creer que el Esp\u00edritu Santo ofrece a todos la posibilidad de que, en la forma de s\u00f3lo Dios conocida, se asocien a este misterio pascual.<\/p>\n<p>Este es el gran misterio del hombre que la Revelaci\u00f3n cristiana esclarece a los fieles. Por Cristo y en Cristo se ilumina el enigma del dolor y de la muerte, que fuera del Evangelio nos envuelve en absoluta obscuridad. Cristo resucit\u00f3; con su muerte destruy\u00f3 la muerte y nos dio la vida, para que, hijos en el Hijo, clamemos en el Esp\u00edritu: <i>Abba!,\u00a1Padre!<\/i><\/p>\n<div class=\"sharelinks\" style=\"\">\n\t<a title=\"Cap\u00edtulo I: La Dignidad de la Persona Humana\" rel=\"nofollow\" target=\"_blank\" href=\"http:\/\/www.facebook.com\/sharer.php?u=https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=988\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"56\" height=\"20\" alt=\"facebook\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/plugins\/facebook-google-twitter-share\/images\/facebook.png?resize=56%2C20&#038;ssl=1\"><\/a>\n\t<a title=\"Cap\u00edtulo I: La Dignidad de la Persona Humana\" rel=\"nofollow\" target=\"_blank\" href=\"https:\/\/plus.google.com\/share?url=https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=988\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"60\" height=\"20\" alt=\"google plus\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/plugins\/facebook-google-twitter-share\/images\/googleplus.png?resize=60%2C20&#038;ssl=1\"><\/a>\n\t<a title=\"Cap\u00edtulo I: La Dignidad de la Persona Humana\" Nagar\" rel=\"nofollow\" target=\"_blank\" href=\"http:\/\/twitter.com\/home?status=Cap\u00edtulo I: La Dignidad de la Persona Humana https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=988\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"70\" height=\"20\" alt=\"twitter\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/plugins\/facebook-google-twitter-share\/images\/twitter.png?resize=70%2C20&#038;ssl=1\"><\/a>\n\t<\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CAP\u00cdTULO I:\u00a0LA DIGNIDAD DE LA PERSONA HUMANA El hombre, imagen de Dios 12. Creyentes y no creyentes est\u00e1n generalmente de acuerdo en este punto: todos los bienes de la tierra deben ordenarse en funci\u00f3n del hombre, centro y cima de todos ellos. Pero, \u00bfqu\u00e9 es el hombre? Muchas son las opiniones que el hombre se &hellip; <\/p>\n<p><a class=\"more-link btn\" href=\"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=988\">Seguir leyendo<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":989,"parent":986,"menu_order":1,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"footnotes":""},"class_list":["post-988","page","type-page","status-publish","has-post-thumbnail","hentry","nodate","item-wrap"],"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/P2YM3J-fW","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_likes_enabled":false,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/988","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages"}],"about":[{"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/page"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=988"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/988\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":990,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/988\/revisions\/990"}],"up":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/986"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/989"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=988"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}