{"id":991,"date":"2013-01-15T12:53:29","date_gmt":"2013-01-15T11:53:29","guid":{"rendered":"http:\/\/arzmadrid.es\/svsc\/wp\/?page_id=991"},"modified":"2013-01-15T12:54:04","modified_gmt":"2013-01-15T11:54:04","slug":"capitulo-ii-la-comunidad-humana","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=991","title":{"rendered":"Cap\u00edtulo II: La Comunidad Humana"},"content":{"rendered":"<h1 align=\"center\"><span style=\"color: #800080;\"><b>CAP\u00cdTULO II: LA COMUNIDAD HUMANA<\/b><\/span><\/h1>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/arzmadrid.es\/svsc\/wp\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/gente-comunidad1.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"992\" data-permalink=\"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?attachment_id=992\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/gente-comunidad1.jpg?fit=567%2C406&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"567,406\" data-comments-opened=\"0\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"gente-comunidad1\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-medium-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/gente-comunidad1.jpg?fit=300%2C214&amp;ssl=1\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/gente-comunidad1.jpg?fit=567%2C406&amp;ssl=1\" class=\"aligncenter size-medium wp-image-992\" alt=\"gente-comunidad1\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/arzmadrid.es\/svsc\/wp\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/gente-comunidad1-300x214.jpg?resize=300%2C214\" width=\"300\" height=\"214\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/gente-comunidad1.jpg?resize=300%2C214&amp;ssl=1 300w, https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/gente-comunidad1.jpg?w=567&amp;ssl=1 567w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Prop\u00f3sito del Concilio<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>23. Entre los principales aspectos del mundo actual hay que se\u00f1alar la multiplicaci\u00f3n de las relaciones mutuas entre los hombres. Contribuye sobremanera a este desarrollo el moderno progreso t\u00e9cnico. Sin embargo, la perfecci\u00f3n del coloquio fraterno no est\u00e1 en ese progreso, sino m\u00e1s hondamente en la comunidad que entre las personas se establece, la cual exige el mutuo respeto de su plena dignidad espiritual. La Revelaci\u00f3n cristiana presta gran ayuda para fomentar esta comuni\u00f3n interpersonal y al mismo tiempo nos lleva a una m\u00e1s profunda comprensi\u00f3n de las leyes que regulan la vida social, y que el Creador grab\u00f3 en la naturaleza espiritual y moral del hombre.<\/p>\n<p>Como el Magisterio de la Iglesia en recientes documentos ha expuesto ampliamente la doctrina cristiana sobre la sociedad humana, el Concilio se limita a recordar tan s\u00f3lo algunas verdades fundamentales y exponer sus fundamentos a la luz de la Revelaci\u00f3n. A continuaci\u00f3n subraya ciertas consecuencias que de aqu\u00e9llas fluyen, y que tienen extraordinaria importancia en nuestros d\u00edas.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>\u00cdndole comunitaria de la vocaci\u00f3n humana seg\u00fan el plan de Dios<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>24. Dios, que cuida de todos con paterna solicitud, ha querido que los hombres constituyan una sola familia y se traten entre s\u00ed con esp\u00edritu de hermanos. Todos han sido creados a imagen y semejanza de Dios, quien hizo de uno todo el linaje humano y para poblar toda la haz de la tierra (<i>Act<\/i> 17,26), y todos son llamados a un solo e id\u00e9ntico fin, esto es, Dios mismo.<\/p>\n<p>Por lo cual, el amor de Dios y del pr\u00f3jimo es el primero y el mayor mandamiento. La Sagrada Escritura nos ense\u00f1a que el amor de Dios no puede separarse del amor del pr\u00f3jimo: &#8230; <i>cualquier otro precepto en esta sentencia se resume : Amar\u00e1s al pr\u00f3jimo como a ti mismo &#8230; El amor es el cumplimiento de la ley <\/i>(<i>Rom<\/i> 13,9-10; cf. <i>1 Io<\/i> 4,20). Esta doctrina posee hoy extraordinaria importancia a causa de dos hechos: la creciente interdependencia mutua de los hombres y la unificaci\u00f3n asimismo creciente del mundo.<\/p>\n<p>M\u00e1s a\u00fan, el Se\u00f1or, cuando ruega al Padre que <i>todos sean uno, como nosotros tambi\u00e9n somos uno<\/i> (<i>Io<\/i> 17,21-22), abriendo perspectivas cerradas a la raz\u00f3n humana, sugiere una cierta semejanza entre la uni\u00f3n de las personas divinas y la uni\u00f3n de los hijos de Dios en la verdad y en la caridad. Esta semejanza demuestra que el hombre, \u00fanica criatura terrestre a la que Dios ha amado por s\u00ed mismo, no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de s\u00ed mismo a los dem\u00e1s.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Interdependencia entre la persona humana y la sociedad<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>25. La \u00edndole social del hombre demuestra que el desarrollo de la persona humana y el crecimiento de la propia sociedad est\u00e1n mutuamente condicionados. porque el principio, el sujeto y el fin de todas las instituciones sociales es y debe ser la persona humana, la cual, por su misma naturaleza, tiene absoluta necesidad de la vida social. La vida social no es, pues, para el hombre sobrecarga accidental. Por ello, a trav\u00e9s del trato con los dem\u00e1s, de la reciprocidad de servicios, del di\u00e1logo con los hermanos, la vida social engrandece al hombre en todas sus cualidades y le capacita para responder a su vocaci\u00f3n.<\/p>\n<p>De los v\u00ednculos sociales que son necesarios para el cultivo del hombre, unos, como la familia y la comunidad pol\u00edtica, responden m\u00e1s inmediatamente a su naturaleza profunda; otros, proceden m\u00e1s bien de su libre voluntad. En nuestra \u00e9poca, por varias causas, se multiplican sin cesar las conexiones mutuas y las interdependencias; de aqu\u00ed nacen diversas asociaciones e instituciones tanto de derecho p\u00fablico como de derecho privado. Este fen\u00f3meno, que recibe el nombre de socializaci\u00f3n, aunque encierra algunos peligros, ofrece, sin embargo, muchas ventajas para consolidar y desarrollar las cualidades de la persona humana y para garantizar sus derechos.<\/p>\n<p>Mas si la persona humana, en lo tocante al cumplimiento de su vocaci\u00f3n, incluida la religiosa, recibe mucho de esta vida en sociedad, no se puede, sin embargo, negar que las circunstancias sociales en que vive y en que est\u00e1 como inmersa desde su infancia, con frecuencia le apartan del bien y le inducen al mal. Es cierto que las perturbaciones que tan frecuentemente agitan la realidad social proceden en parte de las tensiones propias de las estructuras econ\u00f3micas, pol\u00edticas y sociales. Pero proceden, sobre todo, de la soberbia y del ego\u00edsmo humanos, que trastornan tambi\u00e9n el ambiente social. Y cuando la realidad social se ve viciada por las consecuencias del pecado, el hombre, inclinado ya al mal desde su nacimiento, encuentra nuevos est\u00edmulos para el pecado, los cuales s\u00f3lo pueden vencerse con denodado esfuerzo ayudado por la gracia.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>La promoci\u00f3n del bien com\u00fan<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>26. La interdependencia, cada vez m\u00e1s estrecha, y su progresiva universalizaci\u00f3n hacen que el bien com\u00fan -esto es, el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro m\u00e1s pleno y m\u00e1s f\u00e1cil de la propia perfecci\u00f3n- se universalice cada vez m\u00e1s, e implique por ello derechos y obligaciones que miran a todo el g\u00e9nero humano. Todo grupo social debe tener en cuenta las necesidades y las leg\u00edtimas aspiraciones de los dem\u00e1s grupos; m\u00e1s a\u00fan, debe tener muy en cuenta el bien com\u00fan de toda la familia humana.<\/p>\n<p>Crece al mismo tiempo la conciencia de la excelsa dignidad de la persona humana, de su superioridad sobre las cosas y de sus derechos y deberes universales e inviolables. Es, pues, necesario que se facilite al hombre todo lo que \u00e9ste necesita para vivir una vida verdaderamente humana, como son el alimento, el vestido, la vivienda, el derecho a la libre elecci\u00f3n de estado ya fundar una familia, a la educaci\u00f3n, al trabajo, a la buena fama, al respeto, a una adecuada informaci\u00f3n, a obrar de acuerdo con la norma recta de su conciencia, a la protecci\u00f3n de la vida privada y a la justa libertad tambi\u00e9n en materia religiosa.<\/p>\n<p>El orden social, pues, y su progresivo desarrollo deben en todo momento subordinarse al bien de la persona, ya que el orden real debe someterse al orden personal, y no al contrario. El propio Se\u00f1or lo advirti\u00f3 cuando dijo que el s\u00e1bado hab\u00eda sido hecho para el hombre, y no el hombre para el s\u00e1bado. El orden social hay que desarrollarlo a diario, fundarlo en la verdad, edificarlo sobre la justicia, vivificarlo por el amor. Pero debe encontrar en la libertad un equilibrio cada d\u00eda m\u00e1s humano. Para cumplir todos estos objetivos hay que proceder a una renovaci\u00f3n de los esp\u00edritus y a profundas reformas de la sociedad.<\/p>\n<p>El Esp\u00edritu de Dios, que con admirable providencia gu\u00eda el curso de los tiempos y renueva la faz de la tierra, no es ajeno a esta evoluci\u00f3n. Y, por su parte, el fermento evang\u00e9lico ha despertado y despierta en el coraz\u00f3n del hombre esta irrefrenable exigencia de la dignidad.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>El respeto a la persona humana<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>27. Descendiendo a consecuencias pr\u00e1cticas de m\u00e1xima urgencia, el Concilio inculca el respeto al hombre, de forma de cada uno, sin excepci\u00f3n de nadie, debe considerar al pr\u00f3jimo como otro yo, cuidando en primer lugar de su vida y de los medios necesarios para vivirla dignamente, no sea que imitemos a aquel rico que se despreocup\u00f3 por completo del pobre L\u00e1zaro.<\/p>\n<p>En nuestra \u00e9poca principalmente urge la obligaci\u00f3n de acercarnos a todos y de servirlos con eficacia cuando llegue el caso, ya se trate de ese anciano abandonado de todos, o de ese trabajador extranjero despreciado injustamente, o de ese desterrado, o de ese hijo ileg\u00edtimo que debe aguantar sin raz\u00f3n el pecado que \u00e9l no cometi\u00f3, o de ese hambriento que recrimina nuestra conciencia recordando la palabra del Se\u00f1or: <i>Cuantas veces hicisteis eso a uno de estos mis hermanos menores, a mi me lo hicisteis<\/i>. (<i>Mt<\/i> 25,40).<\/p>\n<p>No s\u00f3lo esto. Cuanto atenta contra la vida -homicidios de cualquier clase, genocidios, aborto, eutanasia y el mismo suicidio deliberado-; cuanto viola la integridad de la persona humana, como, por ejemplo, las mutilaciones, las torturas morales o f\u00edsicas, los conatos sistem\u00e1ticos para dominar la mente ajena; cuanto ofende a la dignidad humana, como son las condiciones infrahumanas de vida, las detenciones arbitrarias, las deportaciones, la esclavitud, la prostituci\u00f3n, la trata de blancas y de j\u00f3venes; o las condiciones laborales degradantes, que reducen al operario al rango de mero instrumento de lucro, sin respeto a la libertad y a la responsabilidad de la persona humana: todas estas pr\u00e1cticas y otras parecidas son en s\u00ed mismas infamantes, degradan la civilizaci\u00f3n humana, deshonran m\u00e1s a sus autores que a sus v\u00edctimas y son totalmente contrarias al honor debido al Creador.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Respeto y amor a los adversarios<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>28. Quienes sienten u obran de modo distinto al nuestro en materia social, pol\u00edtica e incluso religiosa, deben ser tambi\u00e9n objeto de nuestro respeto y amor. Cuanto m\u00e1s humana y caritativa sea nuestra comprensi\u00f3n \u00edntima de su manera de sentir, mayor ser\u00e1 la facilidad para establecer con ellos el di\u00e1logo.<\/p>\n<p>Esta caridad y esta benignidad en modo alguno deben convertirse en indiferencia ante la verdad y el bien. M\u00e1s a\u00fan, la propia caridad exige el anuncio a todos los hombres de la verdad saludable. Pero es necesario distinguir entre el error, que siempre debe ser rechazado, y el hombre que yerra, el cual conserva la dignidad de la persona incluso cuando est\u00e1 desviado por ideas falsas o insuficientes en materia religiosa. Dios es el \u00fanico juez y escrutador del coraz\u00f3n humano. Por ello, nos proh\u00edbe juzgar la culpabilidad interna de los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>La doctrina de Cristo pide tambi\u00e9n que perdonemos las injurias. El precepto del amor se extiende a todos los enemigos. Es el mandamiento de la Nueva Ley: \u00abHab\u00e9is o\u00eddo que se dijo: \u00abAmar\u00e1s a tu pr\u00f3jimo y aborrecer\u00e1s a tu enemigo\u00bb. Pero yo os digo : \u00abAmad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian y orad por lo que os persiguen y calumnian\u00bb\u00bb (<i>Mt<\/i> 5,43-44).<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>La igualdad esencial entre los hombres y la justicia social<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>29. La igualdad fundamental entre todos los hombres exige un reconocimiento cada vez mayor. Porque todos ellos, dotados de alma racional y creados a imagen de Dios, tienen la misma naturaleza y el mismo origen. Y porque, redimidos por Cristo, disfrutan de la misma vocaci\u00f3n y de id\u00e9ntico destino.<\/p>\n<p>Es evidente que no todos los hombres son iguales en lo que toca a la capacidad f\u00edsica y a las cualidades intelectuales y morales. Sin embargo, toda forma de discriminaci\u00f3n en los derechos fundamentales de la persona, ya sea social o cultural, por motivos de sexo, raza, color, condici\u00f3n social, lengua o religi\u00f3n, debe ser vencida y eliminada por ser contraria al plan divino. En verdad, es lamentable que los derechos fundamentales de la persona no est\u00e9n todav\u00eda protegidos en la forma debida por todas partes. Es lo que sucede cuando se niega a la mujer el derecho de escoger libremente esposo y de abrazar el estado de vida que prefiera o se le impide tener acceso a una educaci\u00f3n y a una cultura iguales a las que se conceden al hombre.<\/p>\n<p>M\u00e1s a\u00fan, aunque existen desigualdades justas entre los hombres, sin embargo, la igual dignidad de la persona exige que se llegue a una situaci\u00f3n social m\u00e1s humana y m\u00e1s justa. Resulta escandaloso el hecho de las excesivas desigualdades econ\u00f3micas y sociales que se dan entre los miembros y los pueblos de una misma familia humana. Son contrarias a la justicia social, a la equidad, a la dignidad de la persona humana y a la paz social e internacional.<\/p>\n<p>Las instituciones humanas, privadas o p\u00fablicas, esfu\u00e9rcense por ponerse al servicio de la dignidad y del fin del hombre. Luchen con energ\u00eda contra cualquier esclavitud social o pol\u00edtica y respeten, bajo cualquier r\u00e9gimen pol\u00edtico, los derechos fundamentales del hombre. M\u00e1s a\u00fan, estas instituciones deben ir respondiendo cada vez m\u00e1s a las realidades espirituales, que son las m\u00e1s profundas de todas, aunque es necesario todav\u00eda largo plazo de tiempo para llegar al final deseado.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Hay que superar la \u00e9tica individualista<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>30. La profunda y r\u00e1pida transformaci\u00f3n de la vida exige con suma urgencia que no haya nadie que, por despreocupaci\u00f3n frente a la realidad o por pura inercia, se conforme con una \u00e9tica meramente individualista. El deber de justicia y caridad se cumple cada vez m\u00e1s contribuyendo cada uno al bien com\u00fan seg\u00fan la propia capacidad y la necesidad ajena, promoviendo y ayudando a las instituciones, as\u00ed p\u00fablicas como privadas, que sirven para mejorar las condiciones de vida del hombre. Hay quienes profesan amplias y generosas opiniones, pero en realidad viven siempre como si nunca tuvieran cuidado alguno de las necesidades sociales. No s\u00f3lo esto; en varios pa\u00edses son muchos los que menosprecian las leyes y las normas sociales. No pocos, con diversos subterfugios y fraudes, no tienen reparo en soslayar los impuestos justos u otros deberes para con la sociedad. Algunos subestiman ciertas normas de la vida social; por ejemplo, las referentes a la higiene o las normas de la circulaci\u00f3n, sin preocuparse de que su descuido pone en peligro la vida propia y la vida del pr\u00f3jimo.<\/p>\n<p>La aceptaci\u00f3n de las relaciones sociales y su observancia deben ser consideradas por todos como uno de los principales deberes del hombre contempor\u00e1neo. Porque cuanto m\u00e1s se unifica el mundo, tanto m\u00e1s los deberes del hombre rebasan los l\u00edmites de los grupos particulares y se extiende poco a poco al universo entero. Ello es imposible si los individuos y los grupos sociales no cultivan en s\u00ed mismo y difunden en la sociedad las virtudes morales y sociales, de forma que se conviertan verdaderamente en hombres nuevos y en creadores de una nueva humanidad con el auxilio necesario de la divina gracia.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Responsabilidad y participaci\u00f3n<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>31. Para que cada uno pueda cultivar con mayor cuidado el sentido de su responsabilidad tanto respecto a s\u00ed mismo como de los varios grupos sociales de los que es miembro, hay que procurar con suma diligencia una m\u00e1s amplia cultura espiritual, vali\u00e9ndose para ello de los extraordinarios medios de que el g\u00e9nero humano dispone hoy d\u00eda. Particularmente la educaci\u00f3n de los j\u00f3venes, sea el que sea el origen social de \u00e9stos, debe orientarse de tal modo, que forme hombres y mujeres que no s\u00f3lo sean personas cultas, sino tambi\u00e9n de generoso coraz\u00f3n, de acuerdo con las exigencias perentorias de nuestra \u00e9poca.<\/p>\n<p>Pero no puede llegarse a este sentido de la responsabilidad si no se facilitan al hombre condiciones de vida que le permitan tener conciencia de su propia dignidad y respondan a su vocaci\u00f3n, entreg\u00e1ndose a Dios ya los dem\u00e1s. La libertad humana con frecuencia se debilita cuando el hombre cae en extrema necesidad, de la misma manera que se envilece cuando el hombre, satisfecho por una vida demasiado f\u00e1cil, se encierra como en una dorada soledad. Por el contrario, la libertad se vigoriza cuando el hombre acepta las inevitables obligaciones de la vida social, toma sobre s\u00ed las multiformes exigencias de la convivencia humana y se obliga al servicio de la comunidad en que vive.<\/p>\n<p>Es necesario por ello estimular en todos la voluntad de participar en los esfuerzos comunes. Merece alabanza la conducta de aquellas naciones en las que la mayor parte de los ciudadanos participa con verdadera libertad en la vida p\u00fablica. Debe tenerse en cuenta, sin embargo, la situaci\u00f3n real de cada pa\u00eds y el necesario vigor de la autoridad p\u00fablica. Para que todos los ciudadanos se sientan impulsados a participar en la vida de los diferentes grupos de integran el cuerpo social, es necesario que encuentren en dichos grupos valores que los atraigan y los dispongan a ponerse al servicio de los dem\u00e1s. Se puede pensar con toda raz\u00f3n que el porvenir de la humanidad est\u00e1 en manos de quienes sepan dar a las generaciones venideras razones para vivir y razones para esperar.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>El Verbo encarnado y la solidaridad humana<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>32. Dios cre\u00f3 al hombre no para vivir aisladamente, sino para formar sociedad. De la misma manera, Dios \u00abha querido santificar y salvar a los hombres no aisladamente, sin conexi\u00f3n alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo que le confesara en verdad y le sirviera santamente\u00bb. Desde el comienzo de la historia de la salvaci\u00f3n, Dios ha elegido a los hombres no solamente en cuanto individuos, sino tambi\u00e9n a cuanto miembros de una determinada comunidad. A los que eligi\u00f3 Dios manifestando su prop\u00f3sito, denomin\u00f3 <i>pueblo suyo<\/i> (<i>Ex<\/i> 3,7-12), con el que adem\u00e1s estableci\u00f3 un pacto en el monte Sina\u00ed.<\/p>\n<p>Esta \u00edndole comunitaria se perfecciona y se consuma en la obra de Jesucristo. El propio Verbo encarnado quiso participar de la vida social humana. Asisti\u00f3 a las bodas de Can\u00e1, baj\u00f3 a la casa de Zaqueo, comi\u00f3 con publicanos y pecadores. Revel\u00f3 el amor del Padre y la excelsa vocaci\u00f3n del hombre evocando las relaciones m\u00e1s comunes de la vida social y sirvi\u00e9ndose del lenguaje y de las im\u00e1genes de la vida diaria corriente. Someti\u00e9ndose voluntariamente a las leyes de su patria, santific\u00f3 los v\u00ednculos humanos, sobre todo los de la familia, fuente de la vida social. Eligi\u00f3 la vida propia de un trabajador de su tiempo y de su tierra.<\/p>\n<p>En su predicaci\u00f3n mand\u00f3 claramente a los hijos de Dios que se trataran como hermanos. Pidi\u00f3 en su oraci\u00f3n que todos sus disc\u00edpulos fuesen uno. M\u00e1s todav\u00eda, se ofreci\u00f3 hasta la muerte por todos, como Redentor de todos. Nadie tiene mayor amor que este de dar uno la vida por sus amigos (<i>Io<\/i>15,13). Y orden\u00f3 a los Ap\u00f3stoles predicar a todas las gentes la nueva ang\u00e9lica, para que la humanidad se hiciera familia de Dios, en la que la plenitud de la ley sea el amor.<\/p>\n<p>Primog\u00e9nito entre muchos hermanos, constituye, con el don de su Esp\u00edritu, una nueva comunidad fraterna entre todos los que con fe y caridad le reciben despu\u00e9s de su muerte y resurrecci\u00f3n, esto es, en su Cuerpo, que es la Iglesia, en la que todos, miembros los unos de los otros, deben ayudarse mutuamente seg\u00fan la variedad de dones que se les hayan conferido.<\/p>\n<p>Esta solidaridad debe aumentarse siempre hasta aquel d\u00eda en que llegue su consumaci\u00f3n y en que los hombres, salvador por la gracia, como familia amada de Dios y de Cristo hermano, dar\u00e1n a Dios gloria perfecta.<\/p>\n<div class=\"sharelinks\" style=\"\">\n\t<a title=\"Cap\u00edtulo II: La Comunidad Humana\" rel=\"nofollow\" target=\"_blank\" href=\"http:\/\/www.facebook.com\/sharer.php?u=https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=991\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"56\" height=\"20\" alt=\"facebook\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/plugins\/facebook-google-twitter-share\/images\/facebook.png?resize=56%2C20&#038;ssl=1\"><\/a>\n\t<a title=\"Cap\u00edtulo II: La Comunidad Humana\" rel=\"nofollow\" target=\"_blank\" href=\"https:\/\/plus.google.com\/share?url=https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=991\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"60\" height=\"20\" alt=\"google plus\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/plugins\/facebook-google-twitter-share\/images\/googleplus.png?resize=60%2C20&#038;ssl=1\"><\/a>\n\t<a title=\"Cap\u00edtulo II: La Comunidad Humana\" Nagar\" rel=\"nofollow\" target=\"_blank\" href=\"http:\/\/twitter.com\/home?status=Cap\u00edtulo II: La Comunidad Humana https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=991\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"70\" height=\"20\" alt=\"twitter\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/plugins\/facebook-google-twitter-share\/images\/twitter.png?resize=70%2C20&#038;ssl=1\"><\/a>\n\t<\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CAP\u00cdTULO II: LA COMUNIDAD HUMANA Prop\u00f3sito del Concilio 23. Entre los principales aspectos del mundo actual hay que se\u00f1alar la multiplicaci\u00f3n de las relaciones mutuas entre los hombres. Contribuye sobremanera a este desarrollo el moderno progreso t\u00e9cnico. Sin embargo, la perfecci\u00f3n del coloquio fraterno no est\u00e1 en ese progreso, sino m\u00e1s hondamente en la comunidad &hellip; <\/p>\n<p><a class=\"more-link btn\" href=\"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=991\">Seguir leyendo<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":992,"parent":986,"menu_order":2,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"footnotes":""},"class_list":["post-991","page","type-page","status-publish","has-post-thumbnail","hentry","nodate","item-wrap"],"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/P2YM3J-fZ","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_likes_enabled":false,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/991","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages"}],"about":[{"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/page"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=991"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/991\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":994,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/991\/revisions\/994"}],"up":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/986"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/992"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=991"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}