{"id":995,"date":"2013-01-15T13:07:04","date_gmt":"2013-01-15T12:07:04","guid":{"rendered":"http:\/\/arzmadrid.es\/svsc\/wp\/?page_id=995"},"modified":"2013-01-15T13:07:04","modified_gmt":"2013-01-15T12:07:04","slug":"capitulo-iii-la-actividad-humana-en-el-mundo","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=995","title":{"rendered":"Cap\u00edtulo III: La Actividad Humana en el Mundo"},"content":{"rendered":"<h1 align=\"center\"><span style=\"color: #800080;\"><b>CAP\u00cdTULO III: LA ACTIVIDAD HUMANA EN EL MUNDO<\/b><\/span><\/h1>\n<p align=\"center\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/arzmadrid.es\/svsc\/wp\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/trabajo.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"996\" data-permalink=\"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?attachment_id=996\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/trabajo.jpg?fit=460%2C323&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"460,323\" data-comments-opened=\"0\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"trabajo\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-medium-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/trabajo.jpg?fit=300%2C210&amp;ssl=1\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/trabajo.jpg?fit=460%2C323&amp;ssl=1\" class=\"aligncenter size-medium wp-image-996\" alt=\"trabajo\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/arzmadrid.es\/svsc\/wp\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/trabajo-300x210.jpg?resize=300%2C210\" width=\"300\" height=\"210\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/trabajo.jpg?resize=300%2C210&amp;ssl=1 300w, https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/trabajo.jpg?w=460&amp;ssl=1 460w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Planteamiento del problema<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>33. Siempre se ha esforzado el hombre con su trabajo y con su ingenio en perfeccionar su vida; pero en nuestros d\u00edas, gracias a la ciencia y la t\u00e9cnica, ha logrado dilatar y sigue dilatando el campo de su dominio sobre casi toda la naturaleza, y, con ayuda sobre todo el aumento experimentado por los diversos medios de intercambio entre las naciones, la familia humana se va sintiendo y haciendo una \u00fanica comunidad en el mundo. De lo que resulta que gran n\u00famero de bienes que antes el hombre esperaba alcanzar sobre todo de las fuerzas superiores, hoy los obtiene por s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>Ante este gigantesco esfuerzo que afecta ya a todo el g\u00e9nero humano, surgen entre los hombres muchas preguntas. \u00bfQu\u00e9 sentido y valor tiene esa actividad? \u00bfCu\u00e1l es el uso que hay que hacer de todas estas cosas? \u00bfA qu\u00e9 fin deben tender los esfuerzos de individuos y colectividades? La Iglesia, custodio del dep\u00f3sito de la palabra de Dios, del que manan los principios en el orden religioso y moral, sin que siempre tenga a manos respuesta adecuada a cada cuesti\u00f3n, desea unir la luz de la Revelaci\u00f3n al saber humano para iluminar el camino recientemente emprendido por la humanidad.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Valor de la actividad humana<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>34. Una cosa hay cierta para los creyentes: la actividad humana individual y colectiva o el conjunto ingente de esfuerzos realizados por el hombre a lo largo de los siglos para lograr mejores condiciones de vida, considerado en s\u00ed mismo, responde a la voluntad de Dios. Creado el hombre a imagen de Dios, recibi\u00f3 el mandato de gobernar el mundo en justicia y santidad, sometiendo a s\u00ed la tierra y cuanto en ella se contiene, y de orientar a Dios la propia persona y el universo entero, reconociendo a Dios como Creador de todo, de modo que con el sometimiento de todas las cosas al hombre sea admirable el nombre de Dios en el mundo.<\/p>\n<p>Esta ense\u00f1anza vale igualmente para los quehaceres m\u00e1s ordinarios. Porque los hombres y mujeres que, mientras procuran el sustento para s\u00ed y su familia, realizan su trabajo de forma que resulte provechoso y en servicio de la sociedad, con raz\u00f3n pueden pensar que con su trabajo desarrollan la obra del Creador, sirven al bien de sus hermanos y contribuyen de modo personal a que se cumplan los designios de Dios en la historia.<\/p>\n<p>Los cristianos, lejos de pensar que las conquistas logradas por el hombre se oponen al poder de Dios y que la criatura racional pretende rivalizar con el Creador, est\u00e1n, por el contrario, persuadidos de que las victorias del hombre son signo de la grandeza de Dios y consecuencia de su inefable designio. Cuanto m\u00e1s se acrecienta el poder del hombre, m\u00e1s amplia es su responsabilidad individual y colectiva. De donde se sigue que el mensaje cristiano no aparta a los hombres de la edificaci\u00f3n del mundo si los lleva a despreocuparse del bien ajeno, sino que, al contrario, les impone como deber el hacerlo.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Ordenaci\u00f3n de la actividad humana<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>35. La actividad humana, as\u00ed como procede del hombre, as\u00ed tambi\u00e9n se ordena al hombre. Pues \u00e9ste con su acci\u00f3n no s\u00f3lo transforma las cosas y la sociedad, sino que se perfecciona a s\u00ed mismo. Aprende mucho, cultiva sus facultades, se supera y se trasciende. Tal superaci\u00f3n, rectamente entendida, es m\u00e1s importante que las riquezas exteriores que puedan acumularse. El hombre vale m\u00e1s por lo que es que por lo que tiene. Asimismo, cuanto llevan a cabo los hombres para lograr m\u00e1s justicia, mayor fraternidad y un m\u00e1s humano planteamiento en los problemas sociales, vale m\u00e1s que los progresos t\u00e9cnicos. Pues dichos progresos pueden ofrecer, como si dij\u00e9ramos, el material para la promoci\u00f3n humana, pero por s\u00ed solos no pueden llevarla a cabo.<\/p>\n<p>Por tanto, est\u00e1 es la norma de la actividad humana: que, de acuerdo con los designios y voluntad divinos, sea conforme al aut\u00e9ntico bien del g\u00e9nero humano y permita al hombre, como individuo y como miembro de la sociedad, cultivar y realizar \u00edntegramente su plena vocaci\u00f3n.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>La justa autonom\u00eda de la realidad terrena<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>36. Muchos de nuestros contempor\u00e1neos parecen temer que, por una excesivamente estrecha vinculaci\u00f3n entre la actividad humana y la religi\u00f3n, sufra trabas la autonom\u00eda del hombre, de la sociedad o de la ciencia.<\/p>\n<p>Si por autonom\u00eda de la realidad se quiere decir que las cosas creadas y la sociedad misma gozan de propias leyes y valores, que el hombre ha de descubrir, emplear y ordenar poco a poco, es absolutamente leg\u00edtima esta exigencia de autonom\u00eda. No es s\u00f3lo que la reclamen imperiosamente los hombres de nuestro tiempo. Es que adem\u00e1s responde a la voluntad del Creador. Pues, por la propia naturaleza de la creaci\u00f3n, todas las cosas est\u00e1n dotadas de consistencia, verdad y bondad propias y de un propio orden regulado, que el hombre debe respetar con el reconocimiento de la metodolog\u00eda particular de cada ciencia o arte. Por ello, la investigaci\u00f3n met\u00f3dica en todos los campos del saber, si est\u00e1 realizada de una forma aut\u00e9nticamente cient\u00edfica y conforme a las normas morales, nunca ser\u00e1 en realidad contraria a la fe, porque las realidades profanas y las de la fe tienen su origen en un mismo Dios. M\u00e1s a\u00fan, quien con perseverancia y humildad se esfuerza por penetrar en los secretos de la realidad, est\u00e1 llevado, aun sin saberlo, como por la mano de Dios, quien, sosteniendo todas las cosas, da a todas ellas el ser. Son, a este respecto, de deplorar ciertas actitudes que, por no comprender bien el sentido de la leg\u00edtima autonom\u00eda de la ciencia, se han dado algunas veces entre los propios cristianos; actitudes que, seguidas de agrias pol\u00e9micas, indujeron a muchos a establecer una oposici\u00f3n entre la ciencia y la fe.<\/p>\n<p>Pero si <i>autonom\u00eda de lo temporal<\/i> quiere decir que la realidad creada es independiente de Dios y que los hombres pueden usarla sin referencia al Creador, no hay creyente alguno a quien se le oculte la falsedad envuelta en tales palabras. La criatura sin el Creador desaparece. Por lo dem\u00e1s, cuantos creen en Dios, sea cual fuere su religi\u00f3n, escucharon siempre la manifestaci\u00f3n de la voz de Dios en el lenguaje de la creaci\u00f3n. M\u00e1s a\u00fan, por el olvido de Dios la propia criatura queda oscurecida.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Deformaci\u00f3n de la actividad humana por el pecado<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>37. La Sagrada Escritura, con la que est\u00e1 de acuerdo la experiencia de los siglos, ense\u00f1a a la familia humana que el progreso altamente beneficioso para el hombre tambi\u00e9n encierra, sin embargo, gran tentaci\u00f3n, pues los individuos y las colectividades, subvertida la jerarqu\u00eda de los valores y mezclado el bien con el mal, no miran m\u00e1s que a lo suyo, olvidando lo ajeno. Lo que hace que el mundo no sea ya \u00e1mbito de una aut\u00e9ntica fraternidad, mientras el poder acrecido de la humanidad est\u00e1 amenazando con destruir al propio g\u00e9nero humano.<\/p>\n<p>A trav\u00e9s de toda la historia humana existe una dura batalla contra el poder de las tinieblas, que, iniciada en los or\u00edgenes del mundo, durar\u00e1, como dice el Se\u00f1or, hasta el d\u00eda final. Enzarzado en esta pelea, el hombre ha de luchar continuamente para acatar el bien, y s\u00f3lo a costa de grandes esfuerzos, con la ayuda de la gracia de Dios, es capaz de establecer la unidad en s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>Por ello, la Iglesia de Cristo, confiando en el designio del Creador, a la vez que reconoce que el progreso puede servir a la verdadera felicidad humana, no puede dejar de hacer o\u00edr la voz del Ap\u00f3stol cuando dice: No quer\u00e1is vivir conforme a este mundo (<i>Rom<\/i> 12,2); es decir, conforme a aquel esp\u00edritu de vanidad y de malicia que transforma en instrumento de pecado la actividad humana, ordenada al servicio de Dios y de los hombres.<\/p>\n<p>A la hora de saber c\u00f3mo es posible superar tan deplorable miseria, la norma cristiana es que hay que purificar por la cruz y la resurrecci\u00f3n de Cristo y encauzar por caminos de perfecci\u00f3n todas las actividades humanas, las cuales, a causa de la soberbia y el ego\u00edsmo, corren diario peligro. El hombre, redimido por Cristo y hecho, en el Esp\u00edritu Santo, nueva criatura, puede y debe amar las cosas creadas por Dios. Pues de Dios las recibe y las mira y respeta como objetos salidos de las manos de Dios. D\u00e1ndole gracias por ellas al Bienhechor y usando y gozando de las criaturas en pobreza y con libertad de esp\u00edritu, entra de veras en posesi\u00f3n del mundo como quien nada tiene y es due\u00f1o de todo: <i>Todo es vuestro; vosotros sois de Cristo, y Cristo es de Dios<\/i> (<i>I Cor<\/i> 3,22-23).<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Perfecci\u00f3n de la actividad humana en el misterio pascual<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>38. El Verbo de Dios, por quien fueron hechas todas las cosas, hecho El mismo carne y habitando en la tierra, entr\u00f3 como hombre perfecto en la historia del mundo, asumi\u00e9ndola y recapitul\u00e1ndola en s\u00ed mismo. El es quien nos revela <i>que Dios es amor<\/i> (<i>1 Io<\/i> 4,8), a la vez que nos ense\u00f1a que la ley fundamental de la perfecci\u00f3n humana, es el mandamiento nuevo del amor. As\u00ed, pues, a los que creen en la caridad divina les da la certeza de que abrir a todos los hombres los caminos del amor y esforzarse por instaurar la fraternidad universal no son cosas in\u00fatiles. Al mismo tiempo advierte que esta caridad no hay que buscarla \u00fanicamente en los acontecimientos importantes, sino, ante todo, en la vida ordinaria. El, sufriendo la muerte por todos nosotros, pecadores, nos ense\u00f1a con su ejemplo a llevar la cruz que la carne y el mundo echan sobre los hombros de los que buscan la paz y la justicia. Constituido Se\u00f1or por su resurrecci\u00f3n, Cristo, al que le ha sido dada toda potestad en el cielo y en la tierra, obra ya por la virtud de su Esp\u00edritu en el coraz\u00f3n del hombre, no s\u00f3lo despertando el anhelo del siglo futuro, sino alentando, purificando y robusteciendo tambi\u00e9n con ese deseo aquellos generosos prop\u00f3sitos con los que la familia humana intenta hacer m\u00e1s llevadera su propia vida y someter la tierra a este fin. Mas los dones del Esp\u00edritu Santo son diversos: si a unos llama a dar testimonio manifiesto con el anhelo de la morada celestial y a mantenerlo vivo en la familia humana, a otros los llama para que se entreguen al servicio temporal de los hombres, y as\u00ed preparen la materia del reino de los cielos. Pero a todos les libera, para que, con la abnegaci\u00f3n propia y el empleo de todas las energ\u00edas terrenas en pro de la vida, se proyecten hacia las realidades futuras, cuando la propia humanidad se convertir\u00e1n en oblaci\u00f3n acepta a Dios.<\/p>\n<p>El Se\u00f1or dej\u00f3 a los suyos prenda de tal esperanza y alimento para el camino en aquel sacramento de la fe en el que los elementos de la naturaleza, cultivados por el hombre, se convierten en el cuerpo y sangre gloriosos con la cena de la comuni\u00f3n fraterna y la degustaci\u00f3n del banquete celestial.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Tierra nueva y cielo nuevo<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>39. Ignoramos el tiempo en que se har\u00e1 la consumaci\u00f3n de la tierra y de la humanidad. Tampoco conocemos de qu\u00e9 manera se transformar\u00e1 el universo. La figura de este mundo, afeada por el pecado, pasa, pero Dios nos ense\u00f1a que nos prepara una nueva morada y una nueva tierra donde habita la justicia, y cuya bienaventuranza es capaz de saciar y rebasar todos los anhelos de paz que surgen en el coraz\u00f3n humano. Entonces, vencida la muerte, los hijos de Dios resucitar\u00e1n en Cristo, y lo que fue sembrado bajo el signo de la debilidad y de la corrupci\u00f3n, se revestir\u00e1 de incorruptibilidad, y, permaneciendo la caridad y sus obras, se ver\u00e1n libres de la servidumbre de la vanidad todas las criaturas, que Dios cre\u00f3 pensando en el hombre.<\/p>\n<p>Se nos advierte que de nada le sirve al hombre ganar todo el mundo si se pierde a s\u00ed mismo. No obstante, la espera de una tierra nueva no debe amortiguar, sino m\u00e1s bien aliviar, la preocupaci\u00f3n de perfeccionar esta tierra, donde crece el cuerpo de la nueva familia humana, el cual puede de alguna manera anticipar un vislumbre del siglo nuevo. Por ello, aunque hay que distinguir cuidadosamente progreso temporal y crecimiento del reino de Cristo, sin embargo, el primero, en cuanto puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana, interesa en gran medida al reino de Dios.<\/p>\n<p>Pues los bienes de la dignidad humana, la uni\u00f3n fraterna y la libertad; en una palabra, todos los frutos excelentes de la naturaleza y de nuestro esfuerzo, despu\u00e9s de haberlos propagado por la tierra en el Esp\u00edritu del Se\u00f1or y de acuerdo con su mandato, volveremos a encontrarlos limpios de toda mancha, iluminados y trasfigurados, cuando Cristo entregue al Padre el reino eterno y universal: \u00abreino de verdad y de vida; reino de santidad y gracia; reino de justicia, de amor y de paz\u00bb. El reino est\u00e1 ya misteriosamente presente en nuestra tierra; cuando venga el Se\u00f1or, se consumar\u00e1 su perfecci\u00f3n.<\/p>\n<div class=\"sharelinks\" style=\"\">\n\t<a title=\"Cap\u00edtulo III: La Actividad Humana en el Mundo\" rel=\"nofollow\" target=\"_blank\" href=\"http:\/\/www.facebook.com\/sharer.php?u=https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=995\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"56\" height=\"20\" alt=\"facebook\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/plugins\/facebook-google-twitter-share\/images\/facebook.png?resize=56%2C20&#038;ssl=1\"><\/a>\n\t<a title=\"Cap\u00edtulo III: La Actividad Humana en el Mundo\" rel=\"nofollow\" target=\"_blank\" href=\"https:\/\/plus.google.com\/share?url=https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=995\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"60\" height=\"20\" alt=\"google plus\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/plugins\/facebook-google-twitter-share\/images\/googleplus.png?resize=60%2C20&#038;ssl=1\"><\/a>\n\t<a title=\"Cap\u00edtulo III: La Actividad Humana en el Mundo\" Nagar\" rel=\"nofollow\" target=\"_blank\" href=\"http:\/\/twitter.com\/home?status=Cap\u00edtulo III: La Actividad Humana en el Mundo https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=995\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"70\" height=\"20\" alt=\"twitter\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/plugins\/facebook-google-twitter-share\/images\/twitter.png?resize=70%2C20&#038;ssl=1\"><\/a>\n\t<\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CAP\u00cdTULO III: LA ACTIVIDAD HUMANA EN EL MUNDO Planteamiento del problema 33. Siempre se ha esforzado el hombre con su trabajo y con su ingenio en perfeccionar su vida; pero en nuestros d\u00edas, gracias a la ciencia y la t\u00e9cnica, ha logrado dilatar y sigue dilatando el campo de su dominio sobre casi toda la &hellip; <\/p>\n<p><a class=\"more-link btn\" href=\"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=995\">Seguir leyendo<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":996,"parent":986,"menu_order":3,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"footnotes":""},"class_list":["post-995","page","type-page","status-publish","has-post-thumbnail","hentry","nodate","item-wrap"],"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/P2YM3J-g3","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_likes_enabled":false,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/995","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages"}],"about":[{"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/page"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=995"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/995\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":997,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/995\/revisions\/997"}],"up":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/986"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/996"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=995"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}