{"id":998,"date":"2013-01-15T13:14:10","date_gmt":"2013-01-15T12:14:10","guid":{"rendered":"http:\/\/arzmadrid.es\/svsc\/wp\/?page_id=998"},"modified":"2013-01-15T13:14:10","modified_gmt":"2013-01-15T12:14:10","slug":"capitulo-iv-mision-de-la-iglesia-en-el-mundo","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=998","title":{"rendered":"Cap\u00edtulo IV: Misi\u00f3n de la Iglesia en el Mundo"},"content":{"rendered":"<h1 align=\"center\"><span style=\"color: #800080;\"><b>CAP\u00cdTULO IV: MISI\u00d3N DE LA IGLESIA<br \/>\nEN EL MUNDO CONTEMPOR\u00c1NEO<\/b><\/span><\/h1>\n<p align=\"center\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/arzmadrid.es\/svsc\/wp\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/1185998008_0a7d989f58.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"999\" data-permalink=\"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?attachment_id=999\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/1185998008_0a7d989f58.jpg?fit=500%2C326&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"500,326\" data-comments-opened=\"0\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"1185998008_0a7d989f58\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-medium-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/1185998008_0a7d989f58.jpg?fit=300%2C195&amp;ssl=1\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/1185998008_0a7d989f58.jpg?fit=500%2C326&amp;ssl=1\" class=\"aligncenter size-medium wp-image-999\" alt=\"1185998008_0a7d989f58\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/arzmadrid.es\/svsc\/wp\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/1185998008_0a7d989f58-300x195.jpg?resize=300%2C195\" width=\"300\" height=\"195\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/1185998008_0a7d989f58.jpg?resize=300%2C195&amp;ssl=1 300w, https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/1185998008_0a7d989f58.jpg?w=500&amp;ssl=1 500w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Relaci\u00f3n mutua entre la Iglesia y el mundo<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>40. Todo lo que llevamos dicho sobre la dignidad de la persona, sobre la comunidad humana, sobre el sentido profundo de la actividad del hombre, constituye el fundamento de la relaci\u00f3n entre la Iglesia y el mundo, y tambi\u00e9n la base para el mutuo di\u00e1logo. Por tanto, en este cap\u00edtulo, presupuesto todo lo que ya ha dicho el Concilio sobre el misterio de la Iglesia, va a ser objeto de consideraci\u00f3n la misma Iglesia en cuanto que existe en este mundo y vive y act\u00faa con \u00e9l.<\/p>\n<p>Nacida del amor del Padre Eterno, fundada en el tiempo por Cristo Redentor, reunida en el Esp\u00edritu Santo, la Iglesia tiene una finalidad escatol\u00f3gica y de salvaci\u00f3n, que s\u00f3lo en el mundo futuro podr\u00e1 alcanzar plenamente. Est\u00e1 presente ya aqu\u00ed en la tierra, formada por hombres, es decir, por miembros de la ciudad terrena que tienen la vocaci\u00f3n de formar en la propia historia del g\u00e9nero humano la familia de los hijos de Dios, que ha de ir aumentando sin cesar hasta la venida del Se\u00f1or. Unida ciertamente por razones de los bienes eternos y enriquecida por ellos, esta familia ha sido \u00abconstituida y organizada por Cristo como sociedad en este mundo\u00bb y est\u00e1 dotada de \u00ablos medios adecuados propios de una uni\u00f3n visible y social\u00bb. De esta forma, la Iglesia, \u00abentidad social visible y comunidad espiritual\u00bb, avanza juntamente con toda la humanidad, experimenta la suerte terrena del mundo, y su raz\u00f3n de ser es actuar como fermento y como alma de la sociedad, que debe renovarse en Cristo y transformarse en familia de Dios.<\/p>\n<p>Esta compenetraci\u00f3n de la ciudad terrena y de la ciudad eterna s\u00f3lo puede percibirse por la fe; m\u00e1s a\u00fan, es un misterio permanente de la historia humana que se ve perturbado por el pecado hasta la plena revelaci\u00f3n de la claridad de los hijos de Dios. Al buscar su propio fin de salvaci\u00f3n, la Iglesia no s\u00f3lo comunica la vida divina al hombre, sino que adem\u00e1s difunde sobre el universo mundo, en cierto modo, el reflejo de su luz, sobre todo curando y elevando la dignidad de la persona, consolidando la firmeza de la sociedad y dotando a la actividad diaria de la humanidad de un sentido y de una significaci\u00f3n mucho m\u00e1s profundos. Cree la Iglesia que de esta manera, por medio de sus hijos y por medio de su entera comunidad, puede ofrecer gran ayuda para dar un sentido m\u00e1s humano al hombre a su historia.<\/p>\n<p>La Iglesia cat\u00f3lica de buen grado estima mucho todo lo que en este orden han hecho y hacen las dem\u00e1s Iglesias cristianas o comunidades eclesi\u00e1sticas con su obra de colaboraci\u00f3n. Tiene asimismo la firme persuasi\u00f3n de que el mundo, a trav\u00e9s de las personas individuales y de toda la sociedad humana, con sus cualidades y actividades, puede ayudarla mucho y de m\u00faltiples maneras en la preparaci\u00f3n del Evangelio. Exp\u00f3nense a continuaci\u00f3n algunos principios generales para promover acertadamente este mutuo intercambio y esta mutua ayuda en todo aquello que en cierta manera es com\u00fan a la Iglesia y al mundo.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Ayuda que la Iglesia procura prestar a cada hombre<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>41. El hombre contempor\u00e1neo camina hoy hacia el desarrollo pleno de su personalidad y hacia el descubrimiento y afirmaci\u00f3n crecientes de sus derechos. Como a la Iglesia se ha confiado la manifestaci\u00f3n del misterio de Dios, que es el fin \u00faltimo del hombre, la Iglesia descubre con ello al hombre el sentido de la propia existencia, es decir, la verdad m\u00e1s profunda acerca del ser humano. Bien sabe la Iglesia que s\u00f3lo Dios, al que ella sirve, responde a las aspiraciones m\u00e1s profundas del coraz\u00f3n humano, el cual nunca se sacia plenamente con solos los alimentos terrenos. Sabe tambi\u00e9n que el hombre, atra\u00eddo sin cesar por el Esp\u00edritu de Dios, nunca jam\u00e1s ser\u00e1 del todo indiferente ante el problema religioso, como los prueban no s\u00f3lo la experiencia de los siglos pasados, sino tambi\u00e9n m\u00faltiples testimonios de nuestra \u00e9poca. Siempre desear\u00e1 el hombre saber, al menos confusamente, el sentido de su vida, de su acci\u00f3n y de su muerte. La presencia misma de la Iglesia le recuerda al hombre tales problemas; pero es s\u00f3lo Dios, quien cre\u00f3 al hombre a su imagen y lo redimi\u00f3 del pecado, el que puede dar respuesta cabal a estas preguntas, y ello por medio de la Revelaci\u00f3n en su Hijo, que se hizo hombre. El que sigue a Cristo, Hombre perfecto, se perfecciona cada vez m\u00e1s en su propia dignidad de hombre.<\/p>\n<p>Apoyada en esta fe, la Iglesia puede rescatar la dignidad humana del incesante cambio de opiniones que, por ejemplo, deprimen excesivamente o exaltan sin moderaci\u00f3n alguna el cuerpo humano. No hay ley humana que pueda garantizar la dignidad personal y la libertad del hombre con la seguridad que comunica el Evangelio de Cristo, confiado a la Iglesia. El Evangelio enuncia y proclama la libertad de los hijos de Dios, rechaza todas las esclavitudes, que derivan, en \u00faltima instancia, del pecado; respeta santamente la dignidad de la conciencia y su libre decisi\u00f3n; advierte sin cesar que todo talento humano debe redundar en servicio de Dios y bien de la humanidad; encomienda, finalmente, a todos a la caridad de todos. Esto corresponde a la ley fundamental de la econom\u00eda cristiana. Porque, aunque el mismo Dios es Salvador y Creador, e igualmente, tambi\u00e9n Se\u00f1or de la historia humana y de la historia de la salvaci\u00f3n, sin embargo, en esta misma ordenaci\u00f3n divina, la justa autonom\u00eda de lo creado, y sobre todo del hombre, no se suprime, sino que m\u00e1s bien se restituye a su propia dignidad y se ve en ella consolidada.<\/p>\n<p>La Iglesia, pues, en virtud del Evangelio que se le ha confiado, proclama los derechos del hombre y reconoce y estima en mucho el dinamismo de la \u00e9poca actual, que est\u00e1 promoviendo por todas partes tales derechos. Debe, sin embargo, lograrse que este movimiento quede imbuido del esp\u00edritu evang\u00e9lico y garantizado frente a cualquier apariencia de falsa autonom\u00eda. Acecha, en efecto, la tentaci\u00f3n de juzgar que nuestros derechos personales solamente son salvados en su plenitud cuando nos vemos libres de toda norma divina. Por ese camino, la dignidad humano no se salva; por el contrario, perece.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Ayuda que la Iglesia procura dar a la sociedad humana<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>42. La uni\u00f3n de la familia humana cobra sumo vigor y se completa con la unidad, fundada en Cristo, de la familia constituida por los hijos de Dios.<\/p>\n<p>La misi\u00f3n propia que Cristo confi\u00f3 a su Iglesia no es de orden pol\u00edtico, econ\u00f3mico o social. El fin que le asign\u00f3 es de orden religioso. Pero precisamente de esta misma misi\u00f3n religiosa derivan funciones, luces y energ\u00edas que pueden servir para establecer y consolidar la comunidad humana seg\u00fan la ley divina. M\u00e1s a\u00fan, donde sea necesario, seg\u00fan las circunstancias de tiempo y de lugar, la misi\u00f3n de la Iglesia puede crear, mejor dicho, debe crear, obras al servicio de todos, particularmente de los necesitados, como son, por ejemplo, las obras de misericordia u otras semejantes.<\/p>\n<p>La Iglesia reconoce, adem\u00e1s, cuanto de bueno se halla en el actual dinamismo social: sobre todo la evoluci\u00f3n hacia la unidad, el proceso de una sana socializaci\u00f3n civil y econ\u00f3mica. La promoci\u00f3n de la unidad concuerda con la misi\u00f3n \u00edntima de la Iglesia, ya que ella es \u00aben Cristo como sacramento, o sea signo e instrumento de la uni\u00f3n \u00edntima con Dios y de la unidad de todo el g\u00e9nero humano\u00bb. Ense\u00f1a as\u00ed al mundo que la genuina uni\u00f3n social exterior procede de la uni\u00f3n de los esp\u00edritus y de los corazones, esto es, de la fe y de la caridad, que constituyen el fundamento indisoluble de su unidad en el Esp\u00edritu Santo. Las energ\u00edas que la Iglesia puede comunicar a la actual sociedad humana radican en esa fe y en esa caridad aplicadas a la vida pr\u00e1ctica. No radican en el mero dominio exterior ejercido con medios puramente humanos.<\/p>\n<p>Como, por otra parte, en virtud de su misi\u00f3n y naturaleza, no est\u00e1 ligada a ninguna forma particular de civilizaci\u00f3n humana ni a sistema alguno pol\u00edtico, econ\u00f3mico y social, la Iglesia, por esta su universalidad, puede constituir un v\u00ednculo estrech\u00edsimo entre las diferentes naciones y comunidades humanas, con tal que \u00e9stas tengan confianza en ella y reconozcan efectivamente su verdadera libertad para cumplir tal misi\u00f3n. Por esto, la Iglesia advierte a sus hijos, y tambi\u00e9n a todos los hombres, a que con este familiar esp\u00edritu de hijos de Dios superen todas las desavenencias entre naciones y razas y den firmeza interna a las justas asociaciones humanas.<\/p>\n<p>El Concilio aprecia con el mayor respeto cuanto de verdadero, de bueno y de justo se encuentra en las variad\u00edsimas instituciones fundadas ya o que incesantemente se fundan en la humanidad. Declara, adem\u00e1s, que la Iglesia quiere ayudar y fomentar tales instituciones en lo que de ella dependa y puede conciliarse con su misi\u00f3n propia. Nada desea tanto como desarrollarse libremente, en servicio de todos, bajo cualquier r\u00e9gimen pol\u00edtico que reconozca los derechos fundamentales de la persona y de la familia y los imperativos del bien com\u00fan.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Ayuda que la Iglesia, a trav\u00e9s de sus hijos,\u00a0<\/i><\/b><b><i>procura prestar al dinamismo humano<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>43. El Concilio exhorta a los cristianos, ciudadanos de la ciudad temporal y de la ciudad eterna, a cumplir con fidelidad sus deberes temporales, guiados siempre por el esp\u00edritu evang\u00e9lico. Se equivocan los cristianos que, pretextando que no tenemos aqu\u00ed ciudad permanente, pues buscamos la futura, consideran que pueden descuidar las tareas temporales, sin darse cuanta que la propia fe es un motivo que les obliga al m\u00e1s perfecto cumplimiento de todas ellas seg\u00fan la vocaci\u00f3n personal de cada uno. Pero no es menos grave el error de quienes, por el contrario, piensan que pueden entregarse totalmente del todo a la vida religiosa, pensando que \u00e9sta se reduce meramente a ciertos actos de culto y al cumplimiento de determinadas obligaciones morales. El divorcio entre la fe y la vida diaria de muchos debe ser considerado como uno de los m\u00e1s graves errores de nuestra \u00e9poca. Ya en el Antiguo Testamento los profetas reprend\u00edan con vehemencia semejante esc\u00e1ndalo. Y en el Nuevo Testamento sobre todo, Jesucristo personalmente conminaba graves penas contra \u00e9l. No se creen, por consiguiente, oposiciones artificiales entre las ocupaciones profesionales y sociales, por una parte, y la vida religiosa por otra. El cristiano que falta a sus obligaciones temporales, falta a sus deberes con el pr\u00f3jimo; falta, sobre todo, a sus obligaciones para con Dios y pone en peligro su eterna salvaci\u00f3n. Siguiendo el ejemplo de Cristo, quien ejerci\u00f3 el artesanado, al\u00e9grense los cristianos de poder ejercer todas sus actividades temporales haciendo una s\u00edntesis vital del esfuerzo humano, familiar, profesional, cient\u00edfico o t\u00e9cnico, con los valores religiosos, bajo cuya alt\u00edsima jerarqu\u00eda todo coopera a la gloria de Dios.<\/p>\n<p>Competen a los laicos propiamente, aunque no exclusivamente, las tareas y el dinamismo seculares. Cuando act\u00faan, individual o colectivamente, como ciudadanos del mundo, no solamente deben cumplir las leyes propias de cada disciplina, sino que deben esforzarse por adquirir verdadera competencia en todos los campos. Gustosos colaboren con quienes buscan id\u00e9nticos fines. Conscientes de las exigencias de la fe y vigorizados con sus energ\u00edas, acometan sin vacilar, cuando sea necesario, nuevas iniciativas y ll\u00e9venlas a buen t\u00e9rmino. A la conciencia bien formada del seglar toca lograr que la ley divina quede grabada en la ciudad terrena. De los sacerdotes, los laicos pueden esperar orientaci\u00f3n e impulso espiritual,. Pero no piensen que sus pastores est\u00e1n siempre en condiciones de poderles dar inmediatamente soluci\u00f3n concreta en todas las cuestiones, aun graves, que surjan. No es \u00e9sta su misi\u00f3n. Cumplen m\u00e1s bien los laicos su propia funci\u00f3n con la luz de la sabidur\u00eda cristiana y con la observancia atenta de la doctrina del Magisterio.<\/p>\n<p>Muchas veces suceder\u00e1 que la propia concepci\u00f3n cristiana de la vida les inclinar\u00e1 en ciertos casos a elegir una determinada soluci\u00f3n. Pero podr\u00e1 suceder, como sucede frecuentemente y con todo derecho, que otros fieles, guiados por una no menor sinceridad, juzguen del mismo asunto de distinta manera. En estos casos de soluciones divergentes aun al margen de la intenci\u00f3n de ambas partes, muchos tienen f\u00e1cilmente a vincular su soluci\u00f3n con el mensaje evang\u00e9lico. Entiendan todos que en tales casos a nadie le est\u00e1 permitido reivindicar en exclusiva a favor de su parecer la autoridad de la Iglesia. Procuren siempre hacerse luz mutuamente con un di\u00e1logo sincero, guardando la mutua caridad y la solicitud primordial pro el bien com\u00fan.<\/p>\n<p>Los laicos, que desempe\u00f1an parte activa en toda la vida de la Iglesia, no solamente est\u00e1n obligados a cristianizar el mundo, sino que adem\u00e1s su vocaci\u00f3n se extiende a ser testigos de Cristo en todo momento en medio de la sociedad humana.<\/p>\n<p>Los Obispos, que han recibido la misi\u00f3n de gobernar a la Iglesia de Dios, prediquen, juntamente con sus sacerdotes, el mensaje de Cristo, de tal manera que toda la actividad temporal de los fieles quede como inundada por la luz del Evangelio. Recuerden todos los pastores, adem\u00e1s, que son ellos los que con su trato y su trabajo pastoral diario exponen al mundo el rostro de la Iglesia, que es el que sirve a los hombres para juzgar la verdadera eficacia del mensaje cristiano. Con su vida y con sus palabras, ayudados por los religiosos y por sus fieles, demuestren que la Iglesia, aun por su sola presencia, portadora de todos sus dones, es fuente inagotable de las virtudes de que tan necesitado anda el mundo de hoy. Capac\u00edtense con insistente af\u00e1n para participar en el di\u00e1logo que hay que entablar con el mundo y con los hombres de cualquier opini\u00f3n. Tengan sobre todo muy en el coraz\u00f3n las palabras del Concilio: \u00abComo el mundo entero tiende cada d\u00eda m\u00e1s a la unidad civil, econ\u00f3mica y social, conviene tanto m\u00e1s que los sacerdotes, uniendo sus esfuerzos y cuidados bajo la gu\u00eda de los Obispos y del Sumo Pont\u00edfice, eviten toda causa de dispersi\u00f3n, para que todo el g\u00e9nero humano venga a la unidad de la familia de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>Aunque la Iglesia, pro la virtud del Esp\u00edritu Santo, se ha mantenido como esposa fiel de su Se\u00f1or y nunca ha cesado de ser signo de salvaci\u00f3n en el mundo, sabe, sin embargo, muy bien que no siempre, a lo largo de su prolongada historia, fueron todos sus miembros, cl\u00e9rigos o laicos, fieles al esp\u00edritu de Dios. Sabe tambi\u00e9n la Iglesia que a\u00fan hoy d\u00eda es mucha la distancia que se da entre el mensaje que ella anuncia y la fragilidad humana de los mensajeros a quienes est\u00e1 confiado el Evangelio. Dejando a un lado el juicio de la historia sobre estas deficiencias, debemos, sin embargo, tener conciencia de ellas y combatirlas con m\u00e1xima energ\u00eda para que no da\u00f1en a la difusi\u00f3n del Evangelio. De igual manera comprende la Iglesia cu\u00e1nto le queda a\u00fan por madurar, por su experiencia de siglos, en la relaci\u00f3n que debe mantener con el mundo. Dirigida por el Esp\u00edritu Santo, la Iglesia, como madre, no cesa de \u00abexhortar a sus hijos a la purificaci\u00f3n y a la renovaci\u00f3n para que brille con mayor claridad la se\u00f1al de Cristo en el rostro de la Iglesia\u00bb.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Ayuda que la Iglesia recibe del mundo moderno<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>44. Interesa al mundo reconocer a la Iglesia como realidad social y fermento de la historia. De igual manera, la Iglesia reconoce los muchos beneficios que ha recibido de la evoluci\u00f3n hist\u00f3rica del g\u00e9nero humano.<\/p>\n<p>La experiencia del pasado, el progreso cient\u00edfico, los tesoros escondidos en las diversas culturas, permiten conocer m\u00e1s a fondo la naturaleza humana, abren nuevos caminos para la verdad y aprovechan tambi\u00e9n a la Iglesia. Esta, desde el comienzo de su historia, aprendi\u00f3 a expresar el mensaje cristiano con los conceptos y en la lengua de cada pueblo y procur\u00f3 ilustrarlo adem\u00e1s con el saber filos\u00f3fico. Procedi\u00f3 as\u00ed a fin de adaptar el Evangelio a nivel del saber popular y a las exigencias de los sabios en cuanto era posible. Esta adaptaci\u00f3n de la predicaci\u00f3n de la palabra revelada debe mantenerse como ley de toda la evangelizaci\u00f3n. Porque as\u00ed en todos los pueblos se hace posible expresar el mensaje cristiano de modo apropiado a cada uno de ellos y al mismo tiempo se fomenta un vivo intercambio entre la Iglesia y las diversas culturas. Para aumentar este trato sobre todo en tiempos como los nuestros, en que las cosas cambian tan r\u00e1pidamente y tanto var\u00edan los modos de pensar, la Iglesia necesita de modo muy peculiar la ayuda de quienes por vivir en el mundo, sean o no sean creyentes, conocen a fondo las diversas instituciones y disciplinas y comprenden con claridad la raz\u00f3n \u00edntima de todas ellas. Es propio de todo el Pueblo de Dios, pero principalmente de los pastores y de los te\u00f3logos, auscultar, discernir e interpretar, con la ayuda del Esp\u00edritu Santo, las m\u00faltiples voces de nuestro tiempo y valorarlas a la luz de la palabra divina, a fin de que la Verdad revelada pueda ser mejor percibida, mejor entendida y expresada en forma m\u00e1s adecuada.<\/p>\n<p>La Iglesia, por disponer de una estructura social visible, se\u00f1al de su unidad en Cristo, puede enriquecerse, y de hecho se enriquece tambi\u00e9n, con la evoluci\u00f3n de la vida social, no porque le falte en la constituci\u00f3n que Cristo le dio elemento alguno, sino para conocer con mayor profundidad esta misma constituci\u00f3n, para expresarla de forma m\u00e1s perfecta y para adaptarla con mayor acierto a nuestros tiempos. La Iglesia reconoce agradecida que tanto en el conjunto de su comunidad como en cada uno de sus hijos recibe ayuda variada de parte de los hombres de toda clase o condici\u00f3n. Porque todo el que promueve la comunidad humana en el orden de la familia, de la cultura, de la vida econ\u00f3mico-social, de la vida pol\u00edtica, as\u00ed nacional como internacional, proporciona no peque\u00f1a ayuda, seg\u00fan el plan divino, tambi\u00e9n a la comunidad eclesial, ya que \u00e9sta depende asimismo de las realidades externas. M\u00e1s a\u00fan, la Iglesia confiesa que le han sido de mucho provecho y le pueden ser todav\u00eda de provecho la oposici\u00f3n y aun la persecuci\u00f3n de sus contrarios.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #800080;\"><b><i>Cristo, alfa y omega<\/i><\/b><\/span><\/h3>\n<p>45. La Iglesia, al prestar ayuda al mundo y al recibir del mundo m\u00faltiple ayuda, s\u00f3lo pretende una cosa: el advenimiento del reino de Dios y la salvaci\u00f3n de toda la humanidad. Todo el bien que el Pueblo de Dios puede dar a la familia humana al tiempo de su peregrinaci\u00f3n en la tierra, deriva del hecho de que la Iglesia es \u00absacramento universal de salvaci\u00f3n\u00bb, que manifiesta y al mismo tiempo realiza el misterio del amor de Dios al hombre.<\/p>\n<p>El Verbo de Dios, por quien todo fue hecho, se encarn\u00f3 para que, Hombre perfecto, salvar\u00e1 a todos y recapitulara todas las cosas. El Se\u00f1or es el fin de la historia humana, punto de convergencia hacia el cual tienden los deseos de la historia y de la civilizaci\u00f3n, centro de la humanidad, gozo del coraz\u00f3n humano y plenitud total de sus aspiraciones. El es aquel a quien el Padre resucit\u00f3, exalt\u00f3 y coloc\u00f3 a su derecha, constituy\u00e9ndolo juez de vivos y de muertos. Vivificados y reunidos en su Esp\u00edritu, caminamos como peregrinos hacia la consumaci\u00f3n de la historia humana, la cual coincide plenamente con su amoroso designio: \u00abRestaurar en Cristo todo lo que hay en el cielo y en la tierra\u00bb (<i>Eph<\/i> 1,10).<\/p>\n<p>He aqu\u00ed que dice el Se\u00f1or: \u00abVengo presto, y conmigo mi recompensa, para dar a cada uno seg\u00fan sus obra. Yo soy el alfa y la omega, el primero y el \u00faltimo, el principio y el fin\u00bb (<i>Apoc<\/i> 22,12-13).<\/p>\n<div class=\"sharelinks\" style=\"\">\n\t<a title=\"Cap\u00edtulo IV: Misi\u00f3n de la Iglesia en el Mundo\" rel=\"nofollow\" target=\"_blank\" href=\"http:\/\/www.facebook.com\/sharer.php?u=https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=998\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"56\" height=\"20\" alt=\"facebook\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/plugins\/facebook-google-twitter-share\/images\/facebook.png?resize=56%2C20&#038;ssl=1\"><\/a>\n\t<a title=\"Cap\u00edtulo IV: Misi\u00f3n de la Iglesia en el Mundo\" rel=\"nofollow\" target=\"_blank\" href=\"https:\/\/plus.google.com\/share?url=https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=998\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"60\" height=\"20\" alt=\"google plus\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/plugins\/facebook-google-twitter-share\/images\/googleplus.png?resize=60%2C20&#038;ssl=1\"><\/a>\n\t<a title=\"Cap\u00edtulo IV: Misi\u00f3n de la Iglesia en el Mundo\" Nagar\" rel=\"nofollow\" target=\"_blank\" href=\"http:\/\/twitter.com\/home?status=Cap\u00edtulo IV: Misi\u00f3n de la Iglesia en el Mundo https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=998\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"70\" height=\"20\" alt=\"twitter\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/svsc.archimadrid.es\/wp-content\/plugins\/facebook-google-twitter-share\/images\/twitter.png?resize=70%2C20&#038;ssl=1\"><\/a>\n\t<\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CAP\u00cdTULO IV: MISI\u00d3N DE LA IGLESIA EN EL MUNDO CONTEMPOR\u00c1NEO Relaci\u00f3n mutua entre la Iglesia y el mundo 40. Todo lo que llevamos dicho sobre la dignidad de la persona, sobre la comunidad humana, sobre el sentido profundo de la actividad del hombre, constituye el fundamento de la relaci\u00f3n entre la Iglesia y el mundo, &hellip; <\/p>\n<p><a class=\"more-link btn\" href=\"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/?page_id=998\">Seguir leyendo<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":999,"parent":986,"menu_order":4,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"footnotes":""},"class_list":["post-998","page","type-page","status-publish","has-post-thumbnail","hentry","nodate","item-wrap"],"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/P2YM3J-g6","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_likes_enabled":false,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/998","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages"}],"about":[{"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/page"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=998"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/998\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1000,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/998\/revisions\/1000"}],"up":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/986"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/999"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/svsc.archimadrid.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=998"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}